Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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domingo, 28 de octubre de 2012

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 46-52



Domingo 30º del tiempo ordinario


Al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, ten compasión de mí». Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.».


Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Comentario: Rvdo. P. D. Antonio Rivero L.C.

La situación del ciego es penosa y triste, como toda vida sin Jesús:

a) Es triste el destino de los ciegos. Su ceguera, su tiniebla continuada, el abandono que solían padecer en la sociedad, les obligaba casi siempre a la vida de mendicantes. Era un vivo retrato de la miseria humana y de la marginación social.

b) Pero esta ceguera de los ojos del cuerpo es símbolo de otras clases de ceguera. Hay personas que gozan de muy buena vista física, pero se puede decir que están ciegas espiritualmente. Esa parece ser la intención de que San Marcos sitúe este milagro en medio de otras escenas que subrayan la incredulidad de los judíos y la torpeza de entendederas de los apóstoles. Otros que se creían con más vista, no siguieron a Jesús. Bartimeo, sí.

c) Un poco nos podemos sentir todos representados por Bartimeo. Como cuando vamos al oculista a hacernos un chequeo de nuestra vista, podemos reflexionar sobre cómo va nuestra vida espiritual. Tal vez suframos de ceguera, o de miopía, o de astigmatismo, o de daltonismo o de presbicia espiritual. No vemos la mano de Dios en todo. No vemos la imagen de Cristo en el prójimo. Vamos como ciegos por la vida sin trascendencia, sin ilusión, sin amor. Vista cansada. Vista borrosa. Vista que confunde los colores.

Hoy Cristo se acerca, como se acercó a este ciego Bartimeo y nos pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? Para que Cristo realice este milagro, pide unas condiciones:

- Acercarme a la oración y a los sacramentos con fe, confianza, humildad, confesando la divinidad y el poderío de Cristo: Cristo puede y quiere curarme, pues es Dios.

- Ser valiente como este Bartimeo, que aunque le decían que se callase, él seguía gritando más fuerte, exponiéndose a golpes. Tenemos que hacer frente a tantas dificultades de personas que tal vez se rían de nosotros o nos echen en cara cosas.

- Y después de curado, seguir a Cristo e invitar a otros a acercarse a Él. ¡Hay tantos ciegos en nuestros caminos! Llevémosles a Cristo.