Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

domingo, 27 de diciembre de 2015

La Jornada de la Sagrada Familia en nuestra Diócesis


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Fiesta de la Sagrada Familia (ciclo C)
Admirable intercambio

¿Qué celebramos en la Navidad? Parece una pregunta ingenua en medio de estos ajetreados días; sin embargo, la experiencia nos dice –¡bien sabemos todos!– que no siempre está clara la motivación religiosa de estas santas fiestas de la Navidad. Muchas de las felicitaciones que recibimos y enviamos están llenas de bellas palabras y deseos idílicos de paz, alegría…, que, a veces, descuidan hasta la mínima referencia cristiana. Más aún, prodigan las imágenes de árboles, nieve, renos…, pero sin referencia alguna al misterio de Jesucristo. Los programas de radio y televisión multiplican los mensajes y las imágenes dirigidos a conmover el puro sentimiento humano, tal vez para satisfacer las competitivas campañas de recaudación generosa para proyectos solidarios. Hasta la decoración de las calles de muchas ciudades se limita a un concierto de colores, formas e imágenes que decoran y divierten, pero no hablan, ni comunican ya el gozo y sentido cristiano de la Navidad. ¡Claro que pueden ser aspectos positivos y loables que engloban a toda la sociedad y las familias, cristianas y no cristianas, creyentes e indiferentes! Pero el cristiano, aquel que vive su fe, no puede limitarse y conformarse a vivir esta Navidad.
Cuando uno entra en el misterio de estos días, en las celebraciones litúrgicas, en los textos bíblicos proclamados y en las oraciones de la Iglesia descubre a Jesucristo en el misterio de su Nacimiento, de su Natividad (de ahí se deriva la palabra Navidad). Celebramos el misterio del Nacimiento de Jesucristo, que, siendo Dios, se hace hombre «por nosotros y para nuestra salvación». Todos los años me impacta la impresionante oración colecta de la Misa del día de Navidad, atribuida al Papa san León Magno y en la que no habla de san José ni de la Virgen María, ni de los pastores, ni siquiera del nacimiento de Belén. Esta oración nos transporta a un misterio mucho más profundo. ¿Cuál es? Que Dios ama tanto a la humanidad que ha querido hacerse hombre para conducir a todos los hombres hacia El. Es decir, que pedimos a Dios Padre en ese día «compartir la divinidad de aquel que se ha dignado participar de nuestra humanidad». Si meditáramos bien este contenido comprenderíamos que es revolucionario. Parafraseando el texto podríamos decir que Dios se hace hombre para que el hombre vuelva a Dios. Así lo expresa también el Prefacio III de Navidad, al afirmar que por Cristo «hoy resplandece el maravilloso intercambio de nuestra redención: porque, al asumir tu Verbo nuestra debilidad, no solo asume dignidad eterna la naturaleza humana, sino que esta unión admirable nos hace a nosotros eternos».
¡Admirable intercambio entre Dios y los hombres, entre lo visible y lo invisible, entre lo temporal y lo eterno! Este es el verdadero misterio y sentido de la Navidad: el amor de Dios a la humanidad manifestado en Jesucristo que nace, pobre, humilde, en el seno de una familia en la que María y José se entregan para que pueda crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres», como proclama el Evangelio de Lucas. Esa Sagrada Familia se convierte en la verdadera escuela de Jesús, en la que aprende el amor entre hijos y padres, el valor del sacrificio y del trabajo, es iniciado en la fe y amistad con Dios Padre, y donde experimenta también el sufrimiento de los padres cuando le encuentran en el templo de Jerusalén. La familia, a imagen de la Sagrada Familia, está llamada a ser el seno donde madura el ser humano y cristiano, un instrumento para crecer («Jesús iba creciendo»). Oremos en esta fiesta por los matrimonios, por los padres y por los hijos. ¡Qué el Señor bendiga a nuestras familias!

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos



Evangelio

Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.


Lucas 2, 41-52




jueves, 24 de diciembre de 2015

Felicitación navideña Hermandad de las Cinco Llagas



"La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea"

SÓCRATES



La Hermandad de las Sagradas Cinco Llagas de Cristo de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera le desea feliz Navidad y un año 2016 repleto de salud, paz, amor y autenticidad. 


sábado, 19 de diciembre de 2015

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Cuarto Domingo de Adviento (ciclo C)
Bendita

El cuarto y último Domingo del Adviento centra su mirada en la Virgen María. Ella es el último eslabón de la larga espera del pueblo de Israel en la que conf luyen las antiguas esperanzas mantenidas por los profetas. María también espera la inmediata venida del Señor.
El Evangelio de Lucas relata la visita de María a Isabel. Es un gesto de caridad. A pesar de estar ya embarazada y exponerse a los peligros del camino, sabe que su prima Isabel la necesita, y no duda en ponerse de camino «aprisa» para ayudarla. Ambas son agraciadas por el Señor con una concepción milagrosa; y ambas se manifiestan agradecidas por este magnífico don divino. La salutación dialogada entre ambas nos confirma en la fe. Isabel califica a María como «dichosa», feliz, bienaventurada porque ha creído y se ha fiado de Dios. Por eso, ha concebido en su seno y se ha convertido en «Madre del Señor», «Madre del Mesías», es decir, en cristófora (portadora de Cristo). Isabel confiesa que lo prometido por Dios a María misteriosamente se ha cumplido ya ante sus ojos. Lo proclama gozosamente en público y revela, asimismo, el misterio de Dios acontecido en ella.
Las humildes mujeres que apenas destacaban en aquel ambiente judío conocen el gran secreto de la historia de la salvación. Por eso, se proclama en este domingo la profecía de Miqueas dirigida a Belén: «Tú, Belén… pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel» (5,1). Lo pequeño e insignificante es lo elegido por Dios para cumplir las grandes maravillas a favor de su pueblo. Aunque el Evangelio centra su atención en María, expectante ante el nacimiento de su Hijo, aporta también una clave interpretativa para comprender el misterio de la Encarnación de Jesucristo. La Carta a los Hebreos afirma que la encarnación de Jesucristo es una ofrenda al Padre, un sacrificio querido por la voluntad de Dios y aceptado por su propio Hijo: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Jesús acepta la misión encomendada por el Padre y hace de sí mismo una oblación «hecha una vez para siempre», que culmina en su misterio pascual. Toda su vida es una ofrenda ofrecida al Padre por amor a la humanidad. Comienza en su Nacimiento y culmina en su Ascensión. Su Nacimiento, pues, hay que comprenderlo como el inicio de su vida entregada por amor. Como dice la Carta a los Filipenses «se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando como uno de tantos» (Flp 2,7).
A la luz de estos textos bíblicos, preparemos la fiesta solemne de la Natividad de Jesucristo. Para un cristiano no es solo una fiesta folclórica y familiar. Celebra el Misterio de Jesucristo. El Dios eterno se hace hombre, nace entre nosotros, para ofrecernos la salvación. Y esto es posible gracias a la disponibilidad vocacional de la Virgen María, que se ofrece también a Dios Padre para cumplir su voluntad. Como Cristo, como María y como otros muchos hermanos y hermanas a lo largo de la historia en la Iglesia, deberíamos decir con el testimonio diario de nuestra vida: « Adsum, ¡Señor, cuenta conmigo! ¡Estoy disponible! Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos



Evangelio

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».


Lucas 1, 39-45





Destacados de la predicación del P. Juan Jacinto del Castillo en el tercer día de Triduo a María Santísima de la Esperanza

El amor maternal -incondicional- de María y la protección de San José

La del 18 de diciembre es una fiesta mariana netamente mariana e hispana. Desde el siglo VII está en nuestro calendario. El Concilio de Toledo pidió  al Papa Gregorio una fiesta distinta al 25 de marzo (la Encarnación) que solía caer en Cuaresma o incluso en el Triduo Sacro.

Estamos en los 8 días previos al parto. Y todos los que han sido padres  saben lo que es estar esperando, la expectación de un parto, con el bolso preparado para salir rápidamente porque se desconoce el momento exacto en que tendrá lugar.

Yo tengo mucha fe en la nochebuena y la vivo con mucha intensidad: qué noche más hermosa y más milagrosa. Cuántos santos se han convertido contemplando el misterio del Niño en el pesebre... desde Santa Teresita al P. Foucauld.

De manera privilegiada, junto al niño, tenemos a la Madre. Una  mujer de una aldea insignificante. Una mujer analfabeta que andaría descalza toda su vida... pero ¿qué tiene esta mujer para que se pida una fiesta para ella a Roma? El éxito de esta mujer es que aporta a la Iglesia y a cada uno de nosotros lo más necesario.

Santa Teresita tenía histeria, un síndrome de abandono con cuatro años. Y superó su mal gracias a María.
Sí hiciéramos una encuesta sobre qué necesita cada uno, diríamos distintas cosas... pero lo que de verdad necesitamos es que nos quieran de verdad. Nos pueden querer porque somos divertidos, rentables, aportamos... pero en nuestro corazón necesitamos que nos quieran de verdad.

A veces nos ponemos una careta para que nos quieran. Pero lo que necesitamos es a alguien con quien no tengamos que ponernos ninguna careta. Eso en la vida lo tenemos o lo hemos tenido: es nuestra madre. Ella me quiere sin condiciones y además, gratis. Porque el amor es una experiencia de gratuidad. El personaje que a Santa Teresita podía amarla así era su madre, que perdió cuando tenía sólo cuatro años. Y fue la Virgen la que la curó. La Virgen de la Sonrisa era una imagen que tenía. Ella vio que la Virgen la sonreía. Y vio que ella era amada de verdad, que no tenía que hacer ningún papel.

Nosotros estamos aquí y encontramos lo que necesitamos de verdad. Ella nos aporta su maternidad, aquello que afecta a mí necesidad más imperiosa y más verdadera: el ser amado.

Alguien que se siente amado no necesita ir murmurando, ni en competición, ni dando puñaladas traperas,... y hablo también de nuestras cofradías.

No quiero olvidar la figura de San José en el Evangelio de hoy. Mientras que su devoción ha venido a menos, Santa Teresa de Ávila llamó a todos los conventos que fundó con el título de San José.


Y es que Dios se hizo obediente a San José. Cristo le está infinitamente en deuda. Le enseñó a trabajar, a leer, a ser un hombre. Si Dios está en deuda con él, es el Santo más importante, el que tiene más poder en el cielo. Que lo invoquemos como nuestro protector especial. 




viernes, 18 de diciembre de 2015

Destacados de la predicación del P. Juan Jacinto del Castillo en el segundo día de Triduo a María Santísima de la Esperanza

La humanidad de Cristo y la fe de María

Comenzamos las ferias privilegiadas del Adviento.  Hoy nos ofrece la Liturgia la genealogía de Jesús. Tantos nombres hebreos y arameos sin significación para nosotros… Hoy en día parece que hemos nacido todos como Garbancito, sin antepasados. Pero no venimos por generación espontánea. En nuestros genes vienen inscritos nuestros antepasados, con momentos de gloria y de absoluta vergüenza.

Si hubiéramos leído alguna vez la Biblia completa conoceríamos a todos estos personajes en los que están representadas toda la gloria y toda la debilidad de la humanidad. El Señor asume la Historia de la humanidad con todas sus grandezas y miserias.

En nuestra historia personal hay también momentos de grandeza y momentos de absoluta miseria. Pero el Señor lo asume todo.El Señor encaja los momentos preciosos y cuanto en nuestra vida hay de desechable. Y todo encaja en nuestra salvación.

La Virgen es la gran desconocida y hemos de tener más claves de interpretación del personaje femenino más grande de la Historia sólo superado por el propio Jesús.

A María sólo la podemos entender desde la fe. Aunque la fe la entendemos de modo pobre debido a nuestra cultura grecolatina. Es verdad que la fe tiene de conocimiento emocional, pero más que conocimiento, es un acto de la voluntad: yo confío en alguien, que es Dios.

Ella era una hija de Abrahám. Hoy en día todo el mundo viaja, pero en la antigüedad nadie se movía de su sitio. Las tribus no se despegaban apenas de su lugar de origen. Los antiguos esto lo sabían perfectamente. Y los que vieron salir a Abrahám de su casa y de su parentela pensaron que se había vuelto loco:fuera del clan no había vida. Pero confiado en Dios fue hacia ha una tierra que no conocía. Él sabía que caminaba hacia la vida porque tenía fe, se fiaba de Dios. 

Esto nos explica el salto en la fe de María: cuando llega el ángel y le dice que si quería ser madre del Señor, estaba firmando un cheque en blanco. María sufriría la alcahuetería de las vecinas –el destino de las que se quedan embarazadas sin marido, si no es la muerte, es el deshonor-. A María cuando firma el cheque en blanco a Dios, su mundo de Nazaret la señala con el dedo. A San José –que era justo- se lo tuvo que explicar un ángel, y por eso decide repudiarla en secreto: para que no la maten.

Ella firma el cheque en blanco a Dios: “Hágase tu voluntad”. Esa es la grandeza de la Virgen. Pensemos nosotros: ¿estamos dispuestos a firmar un cheque en blanco a Dios, o ante cualquier contrariedad comenzamos a chillar, quejarnos e incluso blasfemar?

Aunque todo sea oscuro hay que decir “hágase tu voluntad”. Porque será lo mejor. Y esa es la imitación que tenemos que tener de María, nuestra madre. Eso es lo que un devoto de María debe imitar; dejarse en manos de Dios como María lo hizo.

Insistimos mucho en la pureza, la virginidad… pero la  perla preciosa de María era su fe. Y eso mismo fue lo que hizo el Señor el Viernes Santo: colgado del árbol se siguió fiando del Padre; “en tus manos encomiendo mi espíritu”, que quiere decir “me fío de Ti”.

San Agustín decía que “María, mucho antes de haberlo engendrado en su seno, engendró al señor en su corazón”.




miércoles, 16 de diciembre de 2015

Destacados de la predicación del P. Juan Jacinto del Castillo en el primer día de Triduo a María Santísima de la Esperanza

María de Nazareth es raíz de nuestra esperanza

El nombre de Dios para esta mujer es la Llena de Gracia. La Gracia es Dios mismo. Dios colma a María. No podemos cosificar la Gracia. Si está llena de Gracia no queda en ella sitio para el pecado. Por eso es la toda Santa. La Pura Inmaculada Concepción. 

Ella entiende que es escogida por Dios. La Purísima. Es amada sin límites. Es el misterio de la redención. Ella era el tesoro de Dios. 

¿Por qué, en el fondo y en este mundo cofrade, somos tan envidiosos, y actuamos por pura venganza? Porque no hemos sabido escuchar la Palabra de Dios. 

Cuando metamos la pata debemos acudir de inmediato al Sagrario. Debemos sanar nuestro corazón. Y conocer el significado de la palabra misericordia. 






viernes, 11 de diciembre de 2015

Durante el 18, Solemne Ceremonia de Besamano de Nuestra Amantísima Titular en el día de su onomástica


                              Foto: N. H. D. José Soto Rodríguez

Solemne Triduo a María Santísima de la Esperanza los días 16, 17 y 18 de diciembre


Carta de nuestro Hermano Mayor

“No hay virtud más eminente, que el hacer,
sencillamente, lo que tenemos que hacer”

JOSÉ MARÍA PEMÁN, EXCELSO ESCRITOR Y ACADÉMICO



CARTA DEL HERMANO MAYOR AL CUERPO DE HERMANOS
FELICITACIÓN Y AGRADECIMIENTO EFEMÉRIDE LXXV ANIVERSARIO


Queridos hermanos de nuestra Hermandad de las Cinco Llagas: Paz y Bien.

Un fortísimo abrazo en la Esperanza de María. Resulta empresa harto difícil –por no decir imposible- condensar en apenas unos renglones los fructuosos y fructíferos resultados de la rotunda exitosa conmemoración del LXXV Aniversario de la Reorganización de nuestra Hermandad y cuya mies se debe, directa y exclusivamente, a todos cuantos habéis participado y trabajado a destajo tanto en la organización de tan notables actos como en la asistencia a los mismos. Tiempo habrá –de ahora en adelante- para el análisis y, sobre todo, para el disfrute ya sereno de la cosecha de esta riquísima siembra que tantísimas alegrías nos ha deparado a los artífices de una efeméride que además tan corporativamente ha sido acogida por la ciudad. Nuestro contento –como así hemos compartido unos con otros- es inmenso. Nos resta aún la gran sorpresa de un libro ensayístico –misceláneo- que contará con editorial y distribuidora por toda España y cuyas páginas recogerán, para memoria de las presentes y futuras generaciones- la idiosincrasia de esta Hermandad de las Cinco Llagas a partir de artículos especializados y rubricados por las voces más autorizadas –entre ellas las propias de los ponentes del programa de actos del LXXV Aniversario- y de capítulos dedicados tanto a la Historia y la intrahistoria –también gráfica- de nuestra institución cofradiera.

Mis palabras únicamente desean abanderar el sincero sentimiento de agradecimiento –de profundo agradecimiento- y de extensiva felicitación. Hemos vivido y disfrutado un hito histórico en nuestra Hermandad. El esfuerzo ha merecido la pena con creces. Nos hemos reído y emocionado juntos. Ni quiero ni puedo ni debo destacar ninguno de los felices momentos porque pecaría por defecto. Nuestros corazones son conscientes de la dimensión de lo alcanzado. Enseguida todos nos percatamos del realce –del fiel cumplimiento- de una programación de actividades que ha representado la suma de todas las iniciativas de los hermanos elevadas durante el periodo abierto para la libre y siempre agradecida propuestas de las mismas. Un millón de gracias y muchísimas felicidades, hermanos.

La celebración del LXXV Aniversario–con un denso programa de actos que ha abarcado desde el 21 de noviembre de 2014 (fecha en la que exactamente se cumplían las bodas de diamante de la aprobación de las Reglas) hasta el sábado 21 de noviembre del presente año 2015- ha deparado una suerte de aportaciones muy positivas para el seno interno de la Hermandad, rebasándose inclusive los objetivos marcados al comienzo de esta señalada celebración. Por un lado, de entrada, se ha estudiado en profundidad, se ha analizado con detenimiento y se ha puesto en valor el carisma fundacional de la Hermandad desde todas sus perspectivas: léase la eclesial, la histórica, la sociológica, la netamente cofradiera (en su doble vertiente estética y catequética) así como –en base a esta cimentación- el papel que ha de asumir la Hermandad tanto en la actualidad como a medio y largo plazo.

De otra parte, la apertura institucional de la Hermandad –hemos sacado la institución hacia el exterior (las jubilosas visitas oficiales a señeras cofradías de Sevilla son una buena muestra de ello) y asimismo se ha recibido en la Capilla del Voto la visita de conferenciantes y contertulios de Sevilla, de Cádiz, de San Fernando, etcétera. La programación de actos del LXXV Aniversario ha marcado igualmente la directriz de cuanto en lo sucesivo ha de ser tanto la línea formativa de la Hermandad –de hecho se proseguirán algunas de las pautas ya iniciadas durante estos últimos meses- y también la caritativa o de acción social –una de las iniciativas proyectadas, la inauguración de la Bolsa de Caridad Pedro Guerrero González, ya propicia la ininterrumpida donación mensual de litros de leche al Comedor de El Salvador. Por último, la estrecha e ilusionada convivencia, la intensificación del ambiente de fraternidad creado en el interior de la Hermandad a raíz del desarrollo de las convocatorias y las excursiones anunciadas.

De entre los actos más relevantes podríamos subrayar –sólo a guisa de ejemplo porque todos, absolutamente todos, han mantenido un nivel de incuestionable categoría- el grandioso Pregón –y toda la amalgama de mensajes de fondo y de exaltaciones de la idiosincrasia de la Hermandad que su contenido ha enaltecido-, la realidad del viejo anhelo de nuestra corporación nazarena consistente en el maravilloso retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis en la fachada principal de San Francisco, ponencias brillantísimas como la del cardenal Carlos Amigo Vallejo o la del cofrade y pregonero de la Semana Santa de Sevilla Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp o la mesa redonda sobre ‘El santo hábito nazareno’, las nutridas visitas institucionales (nos desplazábamos unas setenta personas de media) realizadas a Hermandades sevillanas como Pasión, la Amargura, la Macarena. El Gran Poder, los Gitanos, los Servitas o la Soledad de San Lorenzo, entre otras, así como la fundamental creación de la Bolsa de Caridad de la Hermandad bajo el nombre de quien fuese primer Hermano Mayor de la Reorganización y posterior sacerdote de ejemplar vida de servicio a favor de los más necesitados: Pedro Guerrero González.  

Como escribiera el excelso escritor y académico José María Pemán, “no hay virtud más eminente, que el hacer, sencillamente, lo que tenemos que hacer”. Y así hemos afrontado, desde el seno de nuestra Hermandad, esta efeméride: haciendo, sencillamente, aquello que debíamos hacer. Las resultantes de toda índole han rebasado las expectativas e incluso los objetivos primigenios. El Señor así lo ha querido. Y vosotros, con vuestro esfuerzo, vuestra ilusión y vuestro respaldo, así lo habéis –lo hemos- hecho posible. Que Dios os guarde en este sentimiento cofradiero tan claro y tan puro.

POR LA JUNTA DE SEÑORES OFICIALES

Juan Lupión Villar
HERMANO MAYOR


Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera, a nueve días del mes de diciembre del año de Gracia del Señor de dos mil quince.




Adoración Eucarística Perpetua

Adjuntamos folleto informativo de la Adoración Perpetua que se llevará a cabo en al convento de las MM Mínimas a partir del próximo día 14 de diciembre.



Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Tercer Domingo de Adviento (ciclo C)
Gaudete

« Gaudete in Domino semper. Estad siempre alegres en el Señor »: esta expresión, tomadas de la Carta a los Filipenses, inicial os textos de la Misa del tercer domingo de Ad viento, denominado en la tradición romana domingo Gaudete, precisamente por la primera palabra latina de la antífona de entrada de la misa propia de este día. Su traducción castellana es «alegraos, regocijaos, estad alegres», y resume magistralmente la teología de este clásico domingo de Adviento, que anticipa, de algún modo, el tono gozoso de las próximas fiestas del Nacimiento del Señor, como ayuda para perseverar en esta espera. Así lo expresa una de las oraciones de este día :« Concédenos llegar ala Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante».
La figura de Juan, el Bautista, sigue centrando la meditación bíblica de la Iglesia. Él prepara el camino al Señor y lo anuncia con sus palabras proféticas y sus gestos penitentes. El Evangelio de este domingo habla de ser generosos en vez de aprovecharse de los demás; de ser comprensivos y no extorsionar a nadie. Juan es humilde y no se presenta como el protagonista de la historia, buscando el aplauso público. Habla de Cristo, de quien es más que él y a quien no merece suplantar. Jesús sí es el Mesías; Juan, no. Hay que ser muy humilde y virtuoso para saber aceptar la propia realidad de cada uno. Y hay que ser muy caritativo para saber aceptar y dar lo que necesitan los demás.
Juan nos enseña que esta es la única forma de testimoniar convincentemente la verdad de la Buena Noticia a esta sociedad occidental del Norte, que algún filósofo no denomina ya «posmoderna», sino «poscristiana», porque abjura progresivamente de sus raíces más propias. Escuchaba hace tiempo que el primer milenio cristiano se caracterizó por el predominio de la palabra, tan importante en la evangelización de la primera hora y en la clarificación de la fe ante las primeras controversias. El segundo milenio se caracterizó por la imagen, desde los frescos románicos hasta la ultimísima técnica digital, para difundir y enseñar la fe. ¿Y el tercer milenio cristiano? ¿Por qué se ha de caracterizar? Por el testimonio. La gente actual está harta de palabras y de imágenes. Ya no cree en ellas. Solo la convence el testimonio, las obras, tal vez como a todas las generaciones pasadas. Como decía Pablo VI, hoy no es época de maestros, sino de testigos; y se es maestro porque se es testigo. Las palabras, por tanto, deben ir acompañadas por el testimonio de las obras, y viceversa. Juan no habla para contentar al pueblo, sino que expone en toda su radicalidad las exigencias de una auténtica conversión a Dios, por encima de los propios intereses personales.
Y esta es la actitud que genera la verdadera alegría en el corazón del cristiano; porque vive en verdad, ante Dios y ante los demás.
Hace no mucho tiempo leía la historia de la beata Mariam de Belén, mujer árabe, esclava y carmelita descalza, denominada más familiarmente la pequeña árabe o la arabita. En medio de una vida plagada de sufrimientos y contrariedades, fue consolada por algunas experiencias espirituales que ella relata con suma sencillez; y, entre ellas, me llamó la atención unas palabras, que ella pone en boca de la Virgen María, a modo de revelación, en plena juventud: «Vive siempre contenta». Tal vez sea este el mensaje central de este domingo en el camino de preparación al Nacimiento del Señor y muy en consonancia con el mensaje del Papa Francisco al hablarnos de la alegría que debe caracterizar hoy al cristiano en el anuncio del Evangelio. Querido lector, quienquiera que seas y en la situación en la que te encuentres, escucha estas palabras: «Vive siempre contento».


Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos






Evangelio

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?» Él contestó: « El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?». Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?» Él les contestó: «No hagáis extorsión a nadie, no os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga».
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.


Lucas 3, 10-18



Apertura del Jubileo de la Misericordia en la Diócesis de Jerez-Asidonia


Papa Francisco -Jubileo Extraordinario de la Misericordia - Apertura de la Puerta Santa el pasado día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción

jueves, 3 de diciembre de 2015

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Segundo Domingo de Adviento (ciclo C)
Juan

La figura de Juan ocupa un lugar central en la preparación bíblica y litúrgica del Adviento. La Iglesia nos invita a profundizar, no tanto en su figura y personalidad, sino en el contenido y urgencia de su mensaje. Lo primero es expresión de lo segundo. Juan es consciente de que ocupa un lugar crucial en la historia de la salvación: en él confluye la multisecular promesa mesiánica mantenida por los profetas, y corrobora con testimonio fidedigno que Dios cumple su palabra y envía al Mesías.
Juan es un profeta. El Evangelio se preocupa de situar en un tiempo histórico concreto la misión encargada por Dios a Juan y nos informa de que «fue dirigida la palabra de Dios a Juan» en el desierto. El Cántico de Zacarías, que todos los días canta la Iglesia en la oración matutina de Laudes, lo denomina «profeta del Dios Altísimo». Es el último eslabón de la larga cadena de profetas que han mantenido la espera mesiánica de Israel. Como ellos, anuncia la conversión como preparación indiscutible para acoger la salvación de Dios y denuncia los pecados del corazón humano y de las injusticias sociales de su tiempo.
Juan es el precursor. Es denominado también «más que profeta», porque conoce anticipadamente el momento designado en el plan de Dios para la llegada de su Mesías. Es el descubridor de su misterio. Sabe que el Mesías ya está en medio de su pueblo. Por eso, se convierte en el pródromos, el precursor, el que prepara no una salvación futura, sino el que revela la presencia escondida de Cristo ya en el mundo.
Juan es el bautista. Por eso, hace una llamada apremiante a todos los que quieren acoger la salvación de Dios y ofrece un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Juan es el bautizador, el que purifica con las aguas del río Jordán el pecado de Israel, como signo externo de una purificación interna.
Esta es la clave interpretativa de la metáfora usada ya por los profetas, –como Baruc– al hablar de los montes y colinas abajados y los valles encumbrados. La presencia de Dios trastoca incluso la naturaleza de la creación y del corazón. Muchos de nosotros somos «montes encumbrados» en la soberbia y el orgullo, en el despilfarro y el ansia de poder, que deben ser abajados. Y muchos, también, son «valles» rebajados y ocultos por la pobreza e indignidad humana, consentidas por la cultura moderna y la sociedad que formamos. Como nos recuerda el salmo 125, Dios no olvida a su pueblo desheredado en el exilio, sino que, con solicitud maternal, lo cuida y guía con seguridad. Dios no olvida a los pobres. La esperanza de este tiempo confía en la promesa divina a favor de los últimos, de los más necesitados. «Los valles serán encumbrados».
Precisamente porque Dios ha desvelado su misterio, su voluntad salvífica y su proyecto de amor para con todos, nos urge a nosotros a revestirnos de justicia y de misericordia. Ambas se necesitan mutuamente. Ambas son el resultado de la auténtica conversión del corazón, que busca la verdad con bondad y rectitud. Solo así podremos ser herederos de la promesa profética de Baruc: «Dios mostrará su esplendor a cuantos viven bajo el cielo», recordada en el pasaje evangélico de este domingo: «Todos verán la salvación de Dios».
Cercano ya el misterio de la encarnación de Jesucristo, vivamos este tiempo con especial intensidad, purificando nuestro corazón de todo lo que se oponga a la misericordia y a la justicia. Y confiemos en el Señor, porque, como nos recuerda hoy san Pablo: «Dios, que comenzó en nosotros la obra buena, Él mismo la llevará a término».

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos



Evangelio

En el año 15 del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios».


Lucas 3, 1-6




N.H.D. Juan Infante Jiménez, portavoz oficial de la comisión organizadora, comunica que por razones técnicas ajenas a la voluntad de la Hermandad de las Cinco Llagas y de la Hermandad de Pasión queda suspendida la zambomba prevista para el próximo domingo


domingo, 29 de noviembre de 2015

Broche de oro para una efeméride de diamante: ad maiorem Dei gloriam


Artículo de N. H. D. Marco A. Velo

En la barruntada prosperidad de su cosmopolita pensamiento filosófico, Descartes indicó –siempre según la imperecedera técnica del negro sobre blanco- que los soberanos tienen el derecho de modificar en algo las costumbres. Una conmemoración cofradiera –hablemos sin aspavientos ni retrancas de los gloriosos hábitos intramuros la Semana Santa- en parte troca, para enaltecerla, las habituales costumbres de la Hermandad celebrante. La nuestra de las Cinco Llagas ha cosechado al efecto una suerte de episódicas e incluso epidérmicas secuencias –a la Historia por la intrahistoria- que ya jamás olvidaremos –así soplen iracundamente los vientos de la desmemoria o de la a veces punzante amnesia colectiva-. Tiempo disfrutaremos –con el repente sintético de no pocas ocasiones contaremos- para acentuar el balance oportuno y propiciatorio. Como bien señalara el Hermano Mayor don Juan Lupión Villar en su breve y certero discurso de clausura del LXXV Aniversario de la Reorganización desde el atril de Sala Compañía tras el término encendido y ovacionado del Pregón conmemorativo, los resultados de tan fecundo programa de actividades ha rebasado con creces y por alto las expectativas depositadas inicialmente en su desarrollo y puntual ejecución.

Pero detengámonos sin digresiones en la referencia –de perimétrica sensibilidad corporativa- relativa a los dos actos (penúltimo y último) a modo de brocamantón de oro para una efeméride de diamante. Ad maiorem Dei gloriam. 20 de noviembre del año en curso de Gracia del Señor. En un repente se despejó la linealidad monocolor de la fachada principal de la iglesia de San Francisco. Minutos antes tres recentísimos máximos dirigentes de esta corporación nazarena –don Francisco Barra Bohórquez, don Juan Lupión Villar y el arriba firmante (sentados además juntos veinticuatro horas después enhebrando épocas de remembranzas y actualidad en la primera fila de Sala Compañía)- conciliaban ahora la satisfacción consumada y jamás consumida del viejo anhelo de sucesivas generaciones de cofrades de las Cinco Llagas: un retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis que a su vez haga las veces de asidero y evasión y reclamo y acogida de cuantos furtivos e inasibles e inaprensibles rezos precisen –con solicitud de urgencia y con prontitud irreemplazable- de la referencial hechura del Divino Nazareno Franciscano. Así también fue comentado con bemoles de valentía en entrevista concedida por nuestro histórico hermano José Soto Rodríguez a instancia de medios de comunicación: “Hemos tenido que esperar setenta y cinco años, sí, pero esta efeméride ha servido para que al fin podamos perpetuar el azulejo del Señor en la fachada de la iglesia”.

La designación del virtuoso don Manuel Castellano Sánchez  –esas fluviales manos capaces de despejar todo eclipse del dibujo imposible- era una apuesta sobre seguro.  Afirman los expertos en artes gráficas que el cartel ha de ser, inmutablemente, un grito pegado en la pared. El retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis entraña la lectura pictórica de toda la doctrina de Cristo en el allanado trazo de un relieve de emociones nunca contritas. El Señor que traspasa los muros de piedras de la invisibilidad para revelarse en paleta de credos y creencias. Ya no existen ni muros ni cerrojos ni horarios para el encuentro del Nazareno caminante con los suspiros –a menudo febriles de ignotas agonías- de sus miles de devotos. ¿Cuántos pactos quedarán sellados, de ahora en adelante, cuántos susurrantes promontorios de plegarias apenas esbozadas, cuánta luz sobre tiniebla de andar por casa, cuánta calma de algodón sobre los trasmundos del instinto, cuánto diálogo sobrehumano allí, en el rincón confesional de la Plaza Esteve? Sí, Pepe, setenta y cinco años después…

Sábado 21, jornada siguiente, hoja del calendario subsiguiente. Dos hombres –alto y corpulento el uno, menudo y delgado el otro- de traje negro ambos, de porte y señorío sendos, corbata al nudo y camisa blanca como la ancestral seña de identidad de la cofradía homenajeada, inmaculado pañuelo albo asomando sobre la baranda de un externo pecho de romance y caliente tintero. ¿Encima de las tablas, a ras de escenario? La antigua cruz de guía de la Hermandad –travesaños de horizontal trayectoria retrospectiva- dividía en cuatro los espacios de esta emoción que se amansa y se remansa y se agita y se filtra por la tupida red del recurso del método, de la purgación en garabatos de letra pendolista, de conversión cristiana según la oratoria a dos voces de la simetría, de los equilibrios, de las cristalizaciones de esta conmemoración tan cofradiera traducida hoy en hondones poéticos, en fascinación poemática. Patrimonio material e inmaterial hallan las uterinas confluencias literarias. Dos primerísimos espadas en la cuadratura del redondel de una faena que no requiere la portagayola de la temeraria inicial apertura. También lo sentenció Descartes: “no considero que el miedo o el espanto puedan ser loables o útiles”. Don José Luis Zarzana Palma y don Enrique Víctor de Mora Quirós –hermano veterano y hermano tácito y potencial respectivamente de ésta de las Llagas- no conocen las medias tintas de una estilográfica unigénita que escribe calidad de párrafo, amuleto de endíadis, edición no venal, declamación intertextual.

Enrique –recreando imaginariamente el capítulo múltiple del encargo de la imagen del Señor a Ramón Chaveli en su taller de la Plaza Mirabal- saca a la palestra cuatro nombres insignes –como códices nominales que irrigan sangre al corazón de la práctica totalidad de nuestros preclaros antecesores-: Pedro y Ramón Guerrero González, Manuel Martínez Arce y Pepe Gómez Morales. ¡Qué romance tan fidedignamente revivido! ¡Qué extrapolación de puño y letra al ábside y a los arbotantes del útero de aquel sacrosanto encuentro a la manera de la otrora clásica negociación de encargos de cofradías! ¡Qué propugnación para jalonar y erizar los vellos de la piel de una Hermandad entera y enteriza! Minutos después, y emergiendo de la garganta castiza de Zarzana Palma, la glosa color sepia de la primera salida del Señor a las calles de un Jerez hambriento de pan candeal y sediento de prosperidad económica. Padrenuestro en rima que levanta de sus asientos la ovación del público concurrente. Fotografías de Pereiras estampadas a una pantalla que es filme de sonoridad de versos cabalgantes sobre una ingrávida gravedad de sueños despiertos. Manuel Martínez Cano, hijo de Manuel Martínez Arce, y José Soto Rodríguez, hijo de José Soto Ruiz, se emocionan visiblemente al escuchar repetidamente el nombre de sus progenitores en los altavoces de una sala trasmutada in situ en cascada y almenaje de Hermandad que se forja allá donde el silencio habla y comunica y también allá donde la voz enmudece porque prioriza las acciones a las palabras. Dos poetas –tan de Ignacio Sánchez Mejías el primero, tan de Gerardo Diego el segundo-, algebristas del verbo -¡qué justo homenaje lírico a Manuel Guerrero Ramos!-, cumplieron a rajatabla con el encargo encomendado: poetizar la esencia de una idiosincrasia de minorías que sin embargo encandila a las mayorías de las generaciones –mutatis mutandis- abrigadas bajo el corchete de setenta y cinco años de testimonio y compostura. La Cena de Gala de Clausura en las prestigiosas y prestigiadas bodegas Álvaro Domecq fue brindis y convivencia y fraternal júbilo compartido. La ocasión merecía esta especialísima celebración al calor y al cobijo de los exquisitos caldos de la tierra. ¿Una leve modificación de la costumbre? Probablemente en Descartes encontremos el intríngulis de la respuesta. 











     Fotos: N. H. D. Manuel Piñero Dueñas y D. Juan Infante Jiménez

Aprobados por unanimidad el presupuesto y el programa de actividades del curso cofrade 2015-2016


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Primer Domingo de Adviento (ciclo C)
Vigilante espera

Cuando alguien pretende dialogar sobre temas cristianos con algunos miembros de sectas orientales, o con aquellos que están posicionados en la filosofía griega, o con los jóvenes universitarios fascinados por las obras de Nietzsche, comprueba que no solo es difícil el diálogo, sino que es casi imposible el mutuo entendimiento. No hay mala voluntad en los interlocutores, pero sí una diferente concepción del tiempo.
Para los primeros, la concepción del tiempo es circular: todo se repite cada cierto ciclo de años, nada hay nuevo y la humanidad está condenada al eterno retorno de todo y de todos. El universo es una burbuja hermética en el que la energía no desaparece, se transforma. Por eso creen en la reencarnación. Plantean un mundo falto de esperanza y abocado, como diría Sartre, a la nada, al vacío, al sinsentido. Por eso, la propuesta de estas filosofías orientales es la evasión del mundo presente, la dormición de todos los sentidos y estímulos para evitar el sufrimiento y procurar cuando antes la liberación de la actual condena existencial.
La concepción judeocristiana del tiempo es lineal. El tiempo se comprende como historia que tiene un principio y un final, y además es historia de salvación, abierta a la novedad, donde es posible la esperanza. Para los judíos y los cristianos el inicio del tiempo es Dios y el final de la historia es Dios. ¡Qué bien lo sintetizó san Agustín en aquella hermosa frase: «Nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti»; y san Pablo: «Él es origen, guía y meta del universo»!
Este domingo inauguramos un nuevo año litúrgico. Es día de año nuevo, en el que se nos regala un tiempo de gracia para celebrar el misterio de Jesucristo, principio y fin del año litúrgico, centro y culmen de toda la historia de la salvación.
Inauguramos también un nuevo Adviento para preparar la fiesta de la Natividad del Señor y meditar el misterio insondable de la Encarnación. Ciertamente, vivimos en una sociedad que ha asesinado el Adviento. Parece que, después de orar junto a la tumba de nuestros difuntos en noviembre, regresamos del cementerio y nos topamos con unas calles vestidas totalmente de Navidad. Sin embargo, la sabiduría multisecular de la Iglesia sigue convocando a los cristianos a situarse en Adviento, en tiempo de preparación y espera para las fiestas que se avecinan; porque sabe y ha experimentado que lo que no se prepara no se vive ni se valora.
El texto del Evangelio de Lucas proclamado en este domingo advierte de que habrá un final. Usando el lenguaje apocalíptico típicamente judío afirma que «habrá signos» que anunciarán el final del tiempo. Pero, como hemos señalado, el final del tiempo y de la historia es Dios: «Verán al Hijo del Hombre», al Señor glorioso que vuelve, como dice san Pablo en la segunda lectura, en gloria y majestad. ¿Qué hacer, entonces? Vivir el momento presente, el hoy de Dios, seguir adelante, en vigilante espera, «despiertos», con esperanza y confianza en Dios, comprometidos en esta preciosa misión de ser fermento y alma en el corazón del mundo. Y mientras dura este tiempo presente, ¡bien podríamos hacer nuestros hoy –ante el camino por recorrer en el nuevo año litúrgico– los sentimientos humildes del salmista: «Señor, enséñame tus caminos… instrúyeme en tus sendas… haz que camine con lealtad»!

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos



Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y las preocupaciones de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneros en pie ante el Hijo del Hombre».


Lucas 21, 25-28. 34-36