Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

lunes, 18 de diciembre de 2017

El Delegado de la Madrugada, don Carlos Ríos, compartió con nosotros el segundo día de Triduo a nuestra Amantísima Titular





Destacados del segundo día del Triduo a María Santísima de la Esperanza




Estamos en este segundo día que coincide con el Domingo. Un día dedicado al Señor, de descanso, para estar con la familia. Y hemos escuchado las lecturas de este tercer Domingo de Adviento. Un Domingo que nos invita a la alegría.
Hay un refrán que dice: " Ríe y reirán contigo; llora y te quedarás solo".
Las lecturas de hoy nos llaman a eso, a la alegría, porque los cristianos deberíamos ser personas alegres, porque el mensaje que llevamos es un mensaje de felicidad.
Estamos en la semana previa a la Navidad. Un Dios que nos quiere alegres y que se hizo hombre por nosotros.
Parece que nos gusta más el dolor del Viernes Santo que la alegría del Sábado de Gloria.
Nos pueden decir que nos olvidamos de los problemas y dificultades de la vida: un familiar enfermo o recientemente fallecido... Pero San Pablo nos decía que desbordaba de gozo en toda tribulación. Porque si ya estamos salvados, no hay ningún problema en el mundo que nos pueda quitar esa paz y esa felicidad.
Decía también San Pablo "¿quién nos apartará del amor de Dios?" Ni la dificultad, ni la espada...
Por eso la Iglesia un año más en este tercer Domingo de Adviento nos recuerda que como cristianos debemos estar alegres. Porque, además, cómo vamos a convencer a los demás si nos ven con cara triste, de angustia o de diarrea. Debemos ser portadores de esa alegría y de esa salvación.

El mensaje de San Pablo es el que hoy yo quiero transmitir: Estad siempre alegres.


domingo, 17 de diciembre de 2017

Destacados del primer día del Triduo a María Santísima de la Esperanza





Empezamos este Solemne Triduo y lo hacemos en pleno tiempo de Adviento. Tiempo de preparación a estas fiestas de Navidad. En las que vamos a comprobar la intención de Dios: el salvar a todos los hombres.
Y María abre las puertas a esa salvación. Lo primero es agradecer a Dios que nos ha salvado, pero también agradecer a María que aceptara el ser la Madre de Salvador.
Cuántas veces acudimos a ella como intercesora. Pero hoy voy a referirme a Ella como modelo y como Maestra.
En María tenemos ciertos rasgos que nos ayudan a ser fieles. Primero, la ternura maternal. Unos brazos los suyos que acogen a todos. 
Pensar que somos una fraternidad. Aquí se habla, además de cofradías, de Hermandades. Qué bonita esa palabra. La Iglesia es una fraternidad. 
También como María proclamar la grandeza de Dios y su misericordia.
Nosotros también debemos, como María, dar a luz al Señor en el mundo de hoy.
Como María también saber decir sí a Dios. Siempre debemos confiar en Dios, sobre todo en los momentos difíciles. Ella vio que confiar en Él era la mejor solución.
Escuchar también la Palabra de Dios.
Como Ella, también, estar atentos a los sufrimientos del ser humano.
Y, como final, ser contemplativos: guardar como Ella en nuestro corazón lo que vemos. María es modelo de fe y de esperanza.
Tenemos también nosotros que tener esperanza en que las promesas del Salvador se cumplirán.

Que este Triduo sea para nosotros querer ser más fieles. 


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

III Domingo de Adviento (ciclo B)
Dar testimonio de la luz

Durante estos días el carácter de las celebraciones de Adviento insiste en varios aspectos. No es fácil establecer un orden de prioridades entre las distintas ideas subrayadas por la liturgia, pero todas giran en torno a una realidad y un deseo. La realidad es que Dios sale a nuestro encuentro; y el deseo, que ese encuentro tenga lugar pronto. Los dos conceptos se vislumbran sin demasiada dificultad en las lecturas bíblicas y han continuado vivos no solo en las comunidades cristianas apostólicas, sino que llegan también hasta nosotros. En efecto, desde una perspectiva de más de 2.000 años de cristianismo observamos que, desde el nacimiento de la Iglesia, tanto la Escritura como el Pueblo de Dios ansían ese acontecimiento, precisamente porque ya ha sucedido: Dios ha salido al encuentro del hombre desde la creación del mundo. Sin embargo, rápidamente comprende que la intervención de Dios en la historia no se ha completado ni detenido. Tampoco se puede circunscribir a determinados episodios pasados de la misma, sino que ha continuarse hasta el final de la historia. De este modo se concreta la esperanza cristiana; una esperanza que es certeza absoluta de que esa presencia y acción sigue teniendo lugar y culminará al final de la historia. Si se entiende este razonamiento, se comprende mejor el origen de las preguntas a Juan Bautista por parte de los sacerdotes y levitas de Jerusalén.

«Yo no soy el Mesías»
La respuesta negativa de Juan: –«Yo no soy el Mesías»– indica dos realidades: la primera es que Juan sabía que, con la pregunta «tú quién eres», están tratando de averiguar si él es el Mesías esperado; la segunda es que Israel esperaba de nuevo la manifestación de Dios, lo deseaba y andaba buscando los signos que según la Escritura acompañarían la llegada del Cristo-Ungido, que es lo que significa la palabra Mesías. Si nos detenemos en la respuesta de Juan, observamos que el precursor niega ser el Mesías o alguno de los profetas que han vuelto a la vida: Elías o Moisés (señalado en el Evangelio como «el Profeta»). Esta negación es significativa, puesto que más allá de clarificar que él es alguien distinto a todos ellos, incrementa la tensión de la espera, puesto que con sus palabras señala que Jesús, el Salvador, está ya en medio de ellos, a pesar de que aún no lo conozcan. Vive entre ellos, pero aún no se ha manifestado en plenitud.

El modelo del Bautista
En cierto sentido hay un paralelismo entre la misión de la Iglesia y la de Juan Bautista. Es en la vida de la Iglesia donde sucede ese acontecimiento del encuentro entre Dios y el hombre. Asimismo, corresponde a ella avivar el deseo de que Jesucristo siga viniendo a nosotros, no solo al final de los tiempos, sino cada uno de nuestros días. Como «voz que grita en el desierto», al igual que Juan, también a nosotros nos corresponde mostrar a los demás quién es el verdadero Salvador y el único Mesías. Para ello, es primordial recordar a los hombres los lugares en los que es posible encontrarse con el Señor, así como denunciar a los mesías impostores, que pretenden usurpar su lugar, o a los falsos profetas que quieren anunciárnoslos. Debemos imitar del Bautista la humildad con la que dice lo que no es. Pese a ser uno de los protagonistas más señalados al comienzo del anuncio del Reino de Dios, las palabras del Evangelio referidas al Bautista insisten en que su misión es casi exclusivamente la de indicar quién es el Salvador y facilitar su acceso a él. Juan es testigo de la luz, la Iglesia es testigo de la luz y cada uno de nosotros hemos de serlo. Durante estos días se nos pide mirar a la figura de Juan Bautista como el modelo de nuestra actitud de creyentes: señalar a los demás que Dios se ha hecho presente y que no es una ficción, y fomentar el deseo de que venga a nuestro encuentro.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

               Juan 1, 6-8. 19-28







miércoles, 13 de diciembre de 2017

Recordatorio: el próximo sábado día 16, último día de nuestra CAMPAÑA DE NAVIDAD






El próximo sábado 16 de diciembre en horario de 17 a 20 horas en nuestra casa Hermandad es el último día de nuestra Campaña de Navidad. Rogamos a todos los que quieran participar que aporten allí alimentos no perecederos o dinero para paliar en lo posible las necesidades de nuestros hermanos más necesitados. Allí también se encuentra instalado el Belén de nuestra Hermandad y que ilustra este recordatorio.


Nuestra hermana Toñi Lozano, agraciada con el jamón del sorteo organizado por un grupo de hermanas







sábado, 9 de diciembre de 2017

Recordatorio: el próximo sábado comienza el Solemne Triduo a María Santísima de la Esperanza






Igualá de la cuadrilla de María Santísima de la Esperanza el próximo sábado 13 de enero






Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo de Adviento (ciclo B)
Dispuestos a acoger el Reino de Dios

Nos encontramos este domingo con el inicio del Evangelio según san Marcos. El interés principal de este evangelista, ya desde sus primeras palabras, es prepararnos a acoger la llegada del Reino de Dios. Hemos de detenernos en un punto que ilustra el método que Dios ha elegido para mostrarse a los hombres. Ciertamente, la revelación de Dios tiene el nombre propio de Jesucristo. Pero ello no obsta para que tanto Jesús como la misma Escritura utilicen ciertos recursos en orden a facilitar una mejor comprensión de la vida y la misión del Salvador.
Un ejemplo de ello son las explicaciones de Jesús a sus discípulos mediante parábolas. A través de estos relatos sencillos e inmediatos ha quedado plasmada la revelación en ejemplos cotidianos de la cultura del ámbito israelítico del siglo I. Incluso hoy, siglos después, estas comparaciones son fácilmente comprensibles hasta por los más pequeños o los menos instruidos.
Otra de las maneras de comprender la grandeza y el alcance de la función de Jesucristo es el acercamiento a todo lo que la Escritura había predicho de él desde antiguo. Podemos pensar en concreto en los profetas, en particular en los que anuncian con más énfasis la llegada del Mesías. Las obras y palabras de estos personajes no han quedado en la Biblia como simples gestos o discursos anecdóticos de la historia del pueblo elegido por Dios; tampoco se reducen a la mera denuncia de las graves injusticias sociopolíticas de la época. El cometido primordial es mostrarnos el verdadero camino de nuestra salvación, apuntando con su índice hacia Jesucristo.

Juan Bautista
Siglos antes del nacimiento de Jesús, Isaías se dirigió a su pueblo, anunciándoles el final del exilio de Babilonia y el retorno a Jerusalén. Puesto que habían de realizar este camino a través del desierto, guiados por Dios, era necesario que el sendero estuviera limpio de cualquier obstáculo. La misma Biblia nos relata más casos de paso del desierto. La tónica común en ellos era la salvación y la libertad otorgadas por el poder de Dios al final de un recorrido no siempre fácil. Dios aparece como el pastor de Israel. Siglos después aparece Juan Bautista cumpliendo nuevamente lo anunciado por Isaías. Ahora es él la voz que grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos». La forma en la que Dios dirige ahora a su pueblo a través de Juan es «bautizando y predicando un camino de conversión para el perdón de los pecados». Más abajo se nos describen incluso la indumentaria y las costumbres del precursor. La sobriedad y la austeridad resumen su figura.

La conversión para la misión
Así pues, si el Evangelio une la aparición del Salvador a la persona de Juan Bautista, nos presenta ya un modelo para disponernos a acoger la novedad del anuncio del Reino de Dios, que comienza de modo inminente: una llamada a la conversión vivida desde la sobriedad. Tampoco el desierto y la austeridad son elementos accesorios para aceptar a Dios en nuestra vida. Se trata de disposiciones interiores que ayudan no poco a prescindir de lo superfluo, valorando intensamente el don que recibimos.
Por otro lado, quien se conduce guiado por la apariencia, el lujo y el capricho tendrá más dificultades para proponerse con determinación no solo hacer penitencia o recibir el bautismo de Juan, sino que corre el riesgo de no prestar atención a una gracia mayor, que también es anunciada: el Espíritu Santo. Es significativo que ya desde el comienzo del Evangelio se revela y se nos predispone a recibir el don del Espíritu Santo, unido íntimamente a los comienzos de la Iglesia y a la misión que hemos de desarrollar. En resumidas cuentas, lo anunciado por los profetas, y de manera especial por el Bautista, no constituye sino una preparación para la acogida de Jesucristo y para la propagación de su vida y mensaje a través de la vida de la Iglesia, de la que cada uno de nosotros forma parte.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

                     Marcos 1, 1-8







Se presentó el sello postal conmemorativo por el 400 aniversario del Voto Inmaculista de la Ciudad de Jerez.




Fuente: Unión de Hermandades


La Unión de Hermandades presentó el pasado jueves el sello conmemorativo del 400 aniversario del Voto Inmaculista de la ciudad de Jerez.

El presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías con el presidente del Club Filatélico de Jerez, han presentado tras el segundo día de Triduo a la Inmaculada en la Santa Iglesia Catedral, el sello conmemorativo que ha editado Correos para conmemorar el cuarto centenario de tan magno acontecimiento.


Dicho acto ha sido presentado por D. Matías Ruiz, ex Hermano Mayor de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y actual jefe de repartos de Correos en Jerez.



La Hermandad de las Cinco Llagas celebró con éxito el Solemne Tiduo a la Inmaculada del Voto










viernes, 8 de diciembre de 2017

Evangelio y comentario

Fuente: Dominicos.org

Solemnidad de la Inmaculada Concepción
“Alégrate, llena de gracia… ”

Celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. Fue el 8 de diciembre de 1854 cuando el Papa Pío IX, por medio de la Bula Ineffabilis Deus, proclama este dogma para toda la Iglesia. Es el punto de llegada de una amplia reflexión que venía de siglos atrás y que tuvo momentos de “apasionada dialéctica”, lo cual contribuyó a definir con mayor claridad este dogma que forma parte del “Misterio de María”.
La expresión “llena de gracia”, con la que Gabriel saluda a la Virgen en el relato lucano de la Anunciación, es fundamental para la comprensión de este dogma mariano. Esta expresión, constituye el dato revelado que permite desarrollar un discurso teológico sobre la Virgen María en cuanto “inmaculada”, según la Iglesia Occidental, o “pan-hagia”, “plenamente santa”, según la Iglesia Oriental. Dos expresiones distintas para referir un mismo misterio.
En España se vivió con especial devoción este dogma, aún antes de ser proclamado. El siglo XVII constituyó su punto álgido, pues en no pocos sitios de nuestra geografía se proponía y defendía el llamado “voto inmaculista”.
Lo que afirma el dogma es que María, “en virtud de los méritos de Jesucristo Redentor, fue preservada sin mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios…” Lo que celebramos hoy es la grandeza de la gracia de Dios que en la Virgen María se desborda, preservándola del pecado original, como fruto anticipado de la redención de Jesucristo. Ella es así la “primera redimida”. Y todo en orden a su “misión crucial” en la historia de la Salvación al ser escogida por Dios como madre de su Hijo, el Verbo encarnado. Purísima había de ser… la que nos diera al Cordero inocente… (Cf. Prefacio). Ella es la “Aurora preciosa” que anuncia la llegada del Sol de salvación: Jesucristo. María constituye, en su Inmaculada Concepción, el primer destello de la Luz que es y trae el Señor.
Al inicio todavía del tiempo de Adviento, esta fiesta grande de María nos coloca ya ante la Navidad del Señor, para acelerar nuestra preparación llenando de sentido y contenido nuestra esperanza.


Fray Juan Carlos González del Cerro, O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)
 



Evangelio

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».Y la dejó el ángel.



                     Lucas 1, 26-38