Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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viernes, 9 de diciembre de 2016

Solemne Triduo y Besamanos a Nuestra Amantísima Titular María Santísima de la Esperanza




El pasado día 5 nuestra Bolsa de caridad P. Pedro Guerrero entregó 150 litros de leche al Comedor El Salvador




Las tres reglas fundamentales para los lectores en la Misa




Fuente: ALETEIA

El liturgista italiano Enrico Finotti responde a una lectora de Aleteia

 Un lector escribe: “Quisiera saber si hay indicaciones precisas dictadas por el magisterio o simplemente por la tradición que expliquen cómo se debe comportar un lector durante la misa. Las lecturas del día y los salmos no deben ser leídos, sino anunciados. ¿Podrían hacer un pequeño elenco de los "errores" más comunes? Por ejemplo, a veces oigo decir como conclusión de una lectura "Es palabra de Dios" en lugar de "palabra de Dios". Y también, hay quien pone mucho énfasis en leer, a menudo cambiando fuertemente el tono de voz en los diálogos directos…. Hay quien levanta la mirada a los bancos y quien en cambio nunca alza los ojos y los tiene fijos en el texto. Gracias".

El liturgista Enrico Finotti explica: “La Palabra de Dios en la celebración litúrgica debe ser proclamada con sencillez y autenticidad. El lector, en resumen, debe ser él mismo y proclamar la Palabra sin artificios inútiles. De hecho, una regla importante para la dignidad misma de la liturgia es la de la verdad del signo, que afecta a todo: los ministros, los símbolos, los gestos, los ornamentos y el ambiente”.

Dicho esto, prosigue Finotti, “es también necesario solicitar la formación del lector, que se extiende a tres aspectos fundamentales”.

1. La Formación bíblico-litúrgica

“El lector debe tener al menos un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura: estructura, composición, número y nombre de los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, sus principales géneros literarios (histórico, poético, profético, sapiencial, etc.). Quien sube al ambón debe saberlo que va a hacer y qué tipo de texto va a proclamar.

Además, debe tener una suficiente preparación litúrgica, distinguiendo los ritos y sus partes y sabiendo el significado del propio papel ministerial en el contexto de la liturgia de la palabra. Al lector corresponde no sólo la proclamación de las lecturas bíblicas, sino también la de las intenciones de la oración universal y otras partes que le son señaladas en los diversos ritos litúrgicos”.

2. La preparación técnica

El lector debe saber cómo acceder y estar en el ambón, cómo usar el micrófono, cómo usar el leccionario, cómo pronunciar los diversos nombres y términos bíblicos, de qué modo proclamar los textos, evitando una lectura apagada o demasiado enfática.

Debe tener clara conciencia de que ejerce un ministerio público ante la asamblea litúrgica: su proclamación por tanto debe ser oída por todos. El Verbum Dominicon el que termina cada lectura no es una constatación (Esta es la Palabra de Dios), sino una aclamación llena de asombro, que debe suscitar la respuesta agradecida de toda la asamblea (Deo gratias).

3. La formación espiritual

La Iglesia no encarga a actores externos el anuncio de la Palabra de Dios, sino que confía este ministerio a sus fieles, en cuanto que todo servicio a la Iglesia debe proceder de la fe y alimentarla. El lector, por tanto, debe procurar cuidar la vida interior de la Gracia y predisponerse con espíritu de oración y mirada de fe.

Esta dimensión edifica al pueblo cristiano, que ve en el lector un testigo de la Palabra que proclama. Esta, aunque es eficaz por sí misma, adquiere también, de la santidad de quien la transmite, un esplendor singular y un misterioso atractivo.

Del cuidado de la propia vida interior del lector, además que del buen sentido, dependen también la propiedad de sus gestos, de su mirada, del vestido y del peinado. Es evidente que el ministerio del lector implica una vida pública conforme a los mandamientos de Dios y las leyes de la Iglesia.

Leer
en misa es un honor, no un derecho

Esta triple preparación, precisa el liturgista, “debería constituir una iniciación previa a la asunción de los lectores, pero después debería seguir siendo permanente, para que no se relajen las costumbres. Esto vale para los ministros de cualquier grado y orden.

Será finalmente muy útil para él mismo y para la comunidad que todo lector tenga el valor de verificar si siguen estando en él todas estas cualidades, y si disminuyeran, saber renunciar con honradez.

Realizar este ministerio es ciertamente un “honor” y la en Iglesia siempre se ha considerado así. Sin embargo, concluye, no se puede acceder a él a toda cosa, ni debe ser considerado un derecho, sino un servicio en pro de la asamblea litúrgica, que no puede ser ejercido sin las debidas habilitaciones, por el honor de Dios, el respeto a Su pueblo y la eficacia misma de la liturgia.
 
Gelsomino del Guercio

2017 será el AÑO CISNEROS




Fuente: ALFA Y OMEGA

De Gonzalo a Francisco

Gran colaborador de los Reyes Católicos en la obra de reforma de las órdenes religiosas y del clero secular, Cisneros supo ejercer con acierto y honestidad tareas de gobierno y se empeñó en la evangelización de los reinos del sur de España y el norte de África

El nombre de bautismo de Cisneros fue Gonzalo, pero al entrar en religión recibió el nombre de Francisco, el santo que da origen a la orden franciscana. El caso de Cisneros puede considerarse el de una llamada
dentro de la llamada, pues siendo ya sacerdote y ocupando importantes cargos en Sigüenza, Gonzalo Jiménez de Cisneros percibe la llamada a dedicarse totalmente a Dios, eligiendo la orden de los franciscanos menores de la observancia, a los que ya había conocido en Alcalá, en su convento de Santa María de Jesús.
La muerte de sus padres –que le liberaba de las cargas familiares–, los años pasados en su reclusión en Santorcaz, su dedicación al estudio de la Sagrada Escritura y, quizá, su desencanto al ver las rivalidades y ambiciones de algunos hombres de Iglesia, pudieron llevar a Cisneros a esta decisión tan radical. Lo cierto es que, retirado en varios eremitorios y en el convento de La Salceda, Cisneros se oculta ante el mundo, aunque por poco tiempo, pues pronto será reclamado como confesor de la reina Isabel, como provincial de los franciscanos de Castilla, y posteriormente como arzobispo de Toledo, cardenal y regente. Pero, aun elevado a los más altos cargos eclesiásticos y políticos de su tiempo, Cisneros permanecerá en su interior, y en gran medida también exteriormente, como un fraile mendicante, un austero religioso.
Gran colaborador de los Reyes Católicos en la obra de reforma de las órdenes religiosas y del clero secular, Cisneros supo ejercer con acierto y honestidad tareas de gobierno y se empeñó en la evangelización de los reinos del sur de España y el norte de África, no desdeñando tomar parte en las campañas militares cuando lo consideró necesario. Y cuando llegó la hora del Nuevo Mundo, envió a su propio compañero y secretario, fray Francisco Ruiz, acompañado de otros franciscanos y de los padres jerónimos, para enmendar el trato abusivo que se daba a los indígenas y asegurar la evangelización de las tierras recién colonizadas. Varón recio y decidido, no a todos gustaban sus maneras o sus formas de gobernar, pero nadie pudo reprocharle la búsqueda de intereses personales o de ambiciones políticas. Muchos historiadores han señalado que si hubiera podido acompañar en sus primeros pasos al nuevo rey Carlos I la historia de España hubiera sido diferente. Pero la muerte le llegó cuando marchaba a su encuentro.

Cisneros y Alcalá
Alcalá de Henares debe mucho a Cisneros. Aquí transcurrió largas temporadas de su vida como arzobispo, aquí realizó su proyecto universitario y pudo ver cumplido su sueño de la Biblia Políglota complutense, aquí fundó colegios y monasterios y engrandeció la Colegiata de Carrillo, sobre el lugar del martirio de los santos niños Justo y Pastor, obteniendo para ella el título de magistral. Aquí, finalmente, pidió que reposaran sus restos mortales.

Pero su legado no puede limitarse al reconocimiento de un pasado glorioso. El Año Cisneros ha de servir para aprender de nuestra historia y responder en el presente –que es siempre el tiempo de Dios– a los retos y desafíos que la historia nos plantea. Entre los actos previstos por el Obispado de Alcalá para el Año Cisneros podemos destacar: la celebración de un congreso sobre la contribución de Cisneros a la reforma religiosa y a la evangelización del nuevo mundo, en colaboración con la Universidad San Dámaso; una Jornada científica sobre la Liturgia Hispano-Mozárabe, que Cisneros reavivó y propagó; la grabación de un disco de música de los siglos XV-XVI; una exposición en la iglesia de Santa María Magdalena de Torrelaguna, villa natal de Cisneros; publicaciones, conferencias, recursos didácticos y catequéticos, etc.

El 8 de noviembre se cumplieron 500 años de la muerte de fray Francisco Jiménez de Cisneros en Roa (Burgos). Por eso, el año 2017 será Año Cisneros. La diócesis de Alcalá, a la que pertenece el municipio de Torrelaguna, cuna de Cisneros, y en cuya catedral magistral se custodian los restos mortales del que fue arzobispo de Toledo, cardenal de Santa Balbina y regente de las Españas, inauguró el 8 de noviembre con un solemne oficio litúrgico los actos preparatorios del V centenario. El arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez, y el obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez, acompañaron al obispo diocesano, monseñor Juan Antonio Reig Pla.
Con ocasión del V centenario el Obispado de Alcalá realizó un examen y reconocimiento de los restos mortales del cardenal Cisneros, pudiendo verificar que se conservan conforme a las actas custodiadas en la catedral de Alcalá. Con el próposito de darles mayor relevancia, monseñor Reig Pla decidió el traslado de parte de ellos desde su ubicación bajo el actual presbiterio hasta el altar de la girola, junto a la cripta de los santos niños, en un lugar más visible donde peregrinos y visitantes puedan honrar al que la Iglesia considera venerable siervo de Dios desde que se inició su proceso de canonización hace varios siglos.

La catedral magistral encargó el escultor Julio López Hernández un gran relieve conmemorativo en bronce, que señala desde el día 8 el lugar donde reposan los restos del cardenal en la girola.



Juan Miguel Prim Goicoechea
 Vicario episcopal de Alcalá para la Evangelización y la Cultura

El Papa Francisco aprueba martirio de 21 españoles y un sacerdote de Estados Unidos




Fuente: ACIPRENSA


El Papa Francisco aprobó los decretos que reconocen el martirio de 21 fieles asesinados durante la Guerra Civil Española, un obispo lituano víctima del odio a la fe en 1962 y un sacerdote estadounidense que murió en Guatemala en 1981.

Los decretos fueron autorizados por el Santo Padre tras la audiencia del 1 de diciembre que sostuvo con el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Los españoles asesinados durante la Guerra Civil ocurrida entre 1936 y 1939 son el Siervo de Dios Vicente Queralt Lloret, sacerdote profeso de la Congregación de la Misión, otros 6 sacerdotes profesos de la misma congregación, 5 sacerdotes diocesanos, 2 religiosas Hijas de la Caridad y 7 laicos de la Asociación Hijos de María de la Medalla Milagrosa.

Uno de los decretos también reconoce el martirio del sacerdote diocesano Stanley Francesco Rother, el primer mártir católico nacido en Estados Unidos. Murió asesinado por odio a la fe el 28 de julio de 1981.
Desarrolló su misión en Guatemala, donde llevó la Palabra de Dios a los indígenas Tzutuhiles, descendientes de los mayas. Aprendió su lengua local y tradujo el Nuevo Testamento y el rito de la Misa.
El Padre Rother murió asesinado por los escuadrones de la muerte de la dictadura militar de Guatemala después de sufrir la muerte de 20 de sus feligreses.

El Papa también autorizó el decreto que reconoce el martirio del Siervo de Dios Teófilo Matulionis, Arzobispo-Obispo de Kaišiadorys (Lituania); nacido el 22 de junio de 1873 y asesinado por odio a la fe el 20 agosto de 1962.

El Pontífice también autorizó la promulgación de los decretos que reconocen:

-El milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Giovanni Schiavo, Sacerdote italiano de la Congregación de San José, nacido el 8 de julio de 1903 y fallecido el 27 de enero de 1967. Con este milagro se podrá proceder a la beatificación del presbítero.

-Las virtudes heroicas de la asturiana Luz Rodríguez-Casanova y Gracia San Miguel, fundadora de la Congregación de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón; nacida el 28 de agosto de 1873 y fallecida el 8 de enero de 1949.

-Las virtudes heroicas del Siervo de Dios José Bau Burguet, sacerdote diocesano de Valencia, Párroco en Masarrochos (España), nacido el 20 de abril de 1867 y fallecido el 22 de noviembre de 1932.

-Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Cardenal Guglielmo Massaja, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, nacido en Italia el 8 de junio de 1809 y fallecido el 6 de agosto de 1889.

-Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Nunzio Russo, sacerdote diocesano, fundador de la Congregación de las Hijas de la Cruz; nacido en Palermo (Italia) el 30 de octubre de 1841 y fallecido el 22 de noviembre de 1906.

-Las virtudes heroicas del Siervo de Dios Mario Ciceri, sacerdote diocesano italiano; nacido el 8 de setiembre de 1900 y fallecido el 4 de abril de 1945.

-Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Maria Giuseppa Aubert, fundadora del Instituto de las Hijas de Nuestra Señora de la Compasión; nacida en Francia el 19 de junio de 1835 y fallecida el 1° de octubre de 1926.

-Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Caterina Aurelia de la Preciosísima Sangre, fundadora de la Congregación de las Hermanas Adoratrices de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de la Unión de Saint-Hyacinthe; nacida en Quebec el 11 de julio de 1833 y fallecida el 6 de julio de 1905.

-Las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Leonia Maria Nasta?, monja profesa polaca de la Congregación de las Pequeñas Esclavas de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada; nacida el 8 de noviembre de 1903 y fallecida el 10 de enero de 1940.

La aprobación de las virtudes heroicas es tal vez el paso más complejo y largo en el proceso de beatificación de un fiel católico, ya que con el decreto se reconoce que el siervo de Dios ha vivido en grado heroico la fe, la esperanza y la caridad; para lo cual se debe haber investigado previamente y en detalle su vida y escritos.
Con la aprobación de las virtudes heroicas, la causa queda a la espera de un milagro para proceder a la beatificación.

En el caso de los mártires el proceso es distinto. No requieren la aprobación de virtudes heroicas sino que se pruebe que han sido asesinados por odio a la fe.


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

III Domingo de Adviento - de Gaudete (ciclo A)
El que ha de venir

Llevamos ya tres semanas celebrando el Adviento y, tanto fuera como dentro de las iglesias se respira ya un ambiente navideño. Son días de preparación, con las habituales campañas navideñas, cenas, conciertos solidarios y funciones teatrales en los colegios. Aunque, generalmente, este período del año es vivido con ilusión, especialmente por los más pequeños, son muchos los que preferirían que estos días no existieran: para algunos, porque se hace más viva cierta melancolía y tristeza, al experimentar con mayor fuerza la soledad, la enfermedad o el recuerdo de seres queridos que otros años nos acompañaron y ya han partido al Padre; para otros, porque no hay nada especial que celebrar y todo forma parte de un reclamo para gastar más durante esta época del año.

¿Eres tú?
La página del Evangelio de este domingo nos presenta de nuevo a Juan Bautista, quien desde la cárcel envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús si es él el que ha de venir o si hay que seguir esperando. La respuesta de Jesús es clara: el Señor pone ante los embajadores de Juan «lo que estáis viendo y oyendo», es decir las obras (curaciones de ciegos, cojos y leprosos, y resurrección de muertos) y las palabras de Buena Noticia a los pobres. La predicación del Bautista ha concluido y la voz que clama en el desierto da paso ahora a la Palabra hecha carne. El ministerio inaugurado por el Señor contrasta, en cierto sentido, con la imagen de un Mesías juez y enérgico profetizado por Juan. Para algunos, el Mesías iba a cambiar el mundo y ahora perciben que la vida sigue igual. No son capaces de descubrir que la salvación de Dios, predicha desde la antigüedad, ha llegado de un modo sencillo y encarnada en Jesús. La señal de su mesianidad es una intervención misericordiosa en la que el centro de atención es el enfermo, el sufriente y el desdichado. En esta nueva época «el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que Juan», dado que nosotros no vivimos ya en el tiempo de preparación, sino en el de la plenitud. Sabemos que durante los 2.000 años de cristianismo han sido no pocos los que se han presentado como nuevos mesías, apoyándose en una gran personalidad, en una ideología novedosa o en un modo de vivir aparentemente más auténtico. Todos sabemos las consecuencias de muerte, vacío y destrucción que han dejado a su paso los falsos redentores. Por más que nos empeñemos, no existen atajos. El camino de nuestra salvación pasa sin remedio por las palabras y obras del único Salvador.

Una llamada a la alegría
Por otro lado, la alegría que se respira en estos días tiene un motivo más profundo del aparente. Aunque es un tiempo adecuado para reunirse con los amigos y familiares, para hacernos regalos y para compartir con el que menos tiene, no podemos olvidar de dónde nace la alegría que exteriorizamos. El canto de entrada de este domingo comienza con la palabra Gaudete, que significa alegraos. La primera lectura de la Misa, tomada de Isaías, nos anuncia el gozo y la alegría que traerá el Mesías. Algunos signos de nuestras celebraciones también nos ayudan a vivir esta alegría. Un ejemplo de ello es la corona de Adviento, en la que las luces que se encienden gradualmente nos señalan a Cristo, luz del mundo, que está a punto de llegar, y el color verde de la hoja perenne hace referencia a la vida eterna que ese Salvador nos viene a traer. Es ahí donde debemos detenernos y pensar. Es cierto que nuestros amigos y familiares pueden dejar de acompañarnos con el paso de los años, o que nuestras posibilidades de regalar o de compartir con los demás pueden disminuir. Sin embargo, no podemos olvidar lo que estamos «viendo y oyendo»: que nuestra salvación ha comenzado.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


Mateo 11, 2-11



sábado, 3 de diciembre de 2016

Recordatorio: el próximo viernes 9 de diciembre, Santa Misa de Hermandad a las 20,30 horas en la Capilla del Voto






Así luce en su altar nuestra Amantísima Titular desde las primeras horas del mes de diciembre




Un padre del desierto para hoy

Fuente: ALFA Y OMEGA

Centenario de la muerte de Carlos de Foucald.

El beato Carlos de  Foucald recibió el colosal encargo de  recuperar la milenaria tradición de sabiduría de los padres del desierto y de actualizarla. Por eso mismo su obra no ha hecho más que empezar.



Las siete palabras de Carlos de Foucald

Carlos de Foucauld (15 de septiembre de 1858 – 1 de diciembre de 1916) es un padre del desierto contemporáneo. Su vida y obra, que beben de la espiritualidad de figuras de la talla de Agustín, Benito, Francisco e Ignacio, se remontan a las de los padres del yermo que poblaron los desiertos de Siria y de Egipto durante los primeros siglos del cristianismo. A Foucauld, para entenderlo en su verdadera dimensión, hay que hermanarlo con Dionisio el Areopagita y Efrén el Sirio, con Isaías el Anacoreta o Gregorio Nacianceno. La fuente de la que bebieron estos padres del desierto y que más tarde cuajaría en el movimiento hesicasta fue de la que también bebió el hermano Carlos, cuya misión –esa es mi tesis– no fue la de fundar algo radicalmente nuevo, sino la de reinaugurar para Occidente un camino contemplativo que había quedado en el Oriente cristiano, en particular en la república monástica del monte Athos. A mi modo de ver, Foucauld recibió el colosal encargo de recuperar esa milenaria tradición de sabiduría y de actualizarla. Por eso mismo su obra no ha hecho más que empezar.
Ilustraré esta tesis con las siete palabras que, a mi entender, reflejan más logradamente la aportación de aquel a quien hoy llamamos hermano universal:

Búsqueda.
La vida de este hombre fue totalmente insólita. Foucauld no se parece a nadie. Decía de sí, según las épocas, que quería ser monje o ermitaño, pero lo cierto es que viajó muchísimo, que se asentó en distintos sitios, que fue un peregrino estructural. Este cambio de horizonte, geográfico pero sobre todo existencial, esta metamorfosis constante que le llevó a ser hoy explorador disfrazado de judío y mañana autor de un diccionario tuareg, hoy soldado del Ejército francés y mañana jardinero de unas monjas en Nazaret, pone a las claras su continua búsqueda. Foucauld, como Gandhi o Simone Weil en otros órdenes, hizo de su vida un auténtico y continuo experimento.

Conciencia.
Se pasó la vida escrutando su conciencia, entrando en las motivaciones de sus actos, examinando cada detalle minuciosamente, como aprendió de san Ignacio, proyectando sueños con que dar cuerpo a una intuición, mirándose en el espejo de Jesucristo, su Bienamado, estudiando lo más conveniente, reprochándose sus faltas, agradeciendo los dones recibidos… Foucauld, que fue un soldado en su juventud, no dejó de serlo en el fondo en su madurez. No solo era un enamorado, sino un estratega: alguien que planifica su entrega: que refuerza los flancos más endebles, que diseña planes para dar fecundidad a su ingobernable amor. Pasó muchísimos días y horas en la más estricta soledad y en el más riguroso silencio. Y en ese caldo de cultivo, aprendió a escuchar. Y obedeció a la voz que escuchaba y, más que eso, hizo de esa escucha y de esa obediencia un estilo de vida: siempre escuchando y obedeciendo, siempre tras la aventura de ser uno mismo. Siempre entendiendo que él era la mejor palabra, acaso la única, que Dios le había concedido.

Desierto.
Foucauld se convirtió en África del Norte, admirándose de la extraordinaria religiosidad de los
musulmanes. Entendió el desierto primeramente en clave metafórica, de ahí que buscara ser monje al principio en Ardèche y luego en Akbés y hasta en Tierra Santa; pero pronto volvió al desierto del Sahara, el de su juventud, a su amado Marruecos y a su deseada Argelia. Y allí era donde el destino y la providencia le esperaban. Quizá porque pocos parajes de la tierra, al estar tan desolados, pueden evocar y remitir con tanta fuerza al mundo interior. Foucauld es un recordatorio permanente de cómo sin desierto y purificación no hay camino espiritual.

Adoración.
En medio de ese desierto, Foucauld adora. Esta es una palabra que hoy nos resulta extraña, pero adoración significa, simple y llanamente, que el hombre no se realiza por la vía del ego, sino saliendo del propio micromundo y superando esa tendencia tan nefasta como generalizada a la apropiación y autoafirmación. Adoración quiere decir tan solo dejar de vivir desde el pequeño yo para dar paso al yo profundo, donde mora el huésped divino. Lo sepan o no, todos los que buscan al misterio por medio de la meditación, tienen – tenemos– en Charles de Foucauld a un maestro insigne. Amó mucho porque calló mucho. Hablamos de él porque se vació de sí.

Nombre.
«Te quiero, te adoro, quiero darlo todo por ti, cuánto me amas, cuánto te amo, te doy las gracias, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, te alabo, mi Bienamado…». Pocos hombres en la historia como Foucauld han dejado un testimonio escrito tan elocuente de su apasionado amor por Jesús de Nazaret. El nombre de Jesús, como un incansable mantra, acompañó a Foucauld durante casi todos los minutos de su vida. Era un loco de amor, un apasionado de ese nombre, alguien que dejó que el nombre, y la persona a quien evoca, le poseyeran. Esto significa que la soledad en que Foucauld vivió era acompañada, por dura que en algunas ocasiones le pudiera resultar. Que su silencio era sonoro, por doloroso que se le pudiera hacer muchas veces. Solo hay una palabra que explica la increíble peripecia humana de Foucauld: Jesús.

Corazón.
El nombre de Jesús fue arraigando en su conciencia y en su corazón, de modo que ambas, unidas al fin en lo que podríamos llamar el corazón consciente, eran el lugar en que esa Presencia moraba. Foucauld fue, desde luego, un sentimental. Aunque su llamada era a la oración contemplativa y silenciosa, nunca abandonó la oración afectiva, alimentada por palabras e imágenes que le inflamaban. Practicó lo que los hesicastas llaman la guardia del corazón: sentir la vida, oculta y frágil, en cada palpitación; sentir la Vida con mayúsculas en esa vida nuestra, tan limitada como intensa, tan humana y tan divina.

Fracaso.
Al término de su vida, poco antes de ser asesinado, Foucauld se encuentra con las manos felizmente vacías. Podría decirse que a lo largo de su existencia cosechó un fracaso tras otro: fue el último de su promoción en el Ejército, del que estuvo a punto de ser expulsado repetidas veces por sus escándalos e indisciplina. Fracasó también como patriota y abortó su vocación de explorador, echando a perder una brillante carrera profesional. Monje fallido de la trapa de Heikh. Fallido también su quimérico proyecto de adquirir el monte de las Bienaventuranzas para instalarse allí como ermitaño. Ni una sola conversión tras años de apostolado. Ni un solo seguidor tras haber redactado tantos borradores de una regla para sus proyectados ermitaños. Ignorado por la administración civil y por la eclesiástica, ni un esclavo redimido, ni un compañero para su misión… Foucauld es uno de los mejores iconos del fracaso. Porque prefirió los últimos puestos a los primeros, la vida oculta a la pública, la humillación al encumbramiento. Por todo ello, Foucauld es esa imagen en la que pueden reconocerse todos los fracasados de la historia. Y por todo ello veo a menudo a las gentes del mundo caminando en una dirección y a Foucauld en la contraria. Pero no es el único; hay otros con él, solitarios todos, todos locos. Y el primero de esa fila es el propio Jesucristo, el más loco de todos.

 Pablo d´Ors
 Sacerdote, escritor y consejero cultural del Vaticano



Amigos del Desierto

Para Pablo D’Ors, la experiencia de los padres del desierto, esos miles de cristianos en los primeros siglos buscaban a Dios en la soledad y el silencio, «es la corriente espiritual más importante no solo del cristianismo, sino de la historia de la humanidad». Esta manera de relacionarse con Dios – añade– tiene plena vigencia en la actualidad, y la existencia de la asociación Amigos del Desierto es prueba de ello. «No fue una idea que yo tuviera, sino un regalo que se me hizo. En 2013, empecé a recibir cientos de correos de personas que me pedían que les enseñara a meditar. La mayoría me conocía por mi Biografía del silencio, y muchos estaban alejados de la Iglesia. Con un par de amigas, decidimos organizar un retiro». El interés fue tal, que «antes de que se realizara, ya había otros dos previstos». Desde entonces, unas 1.000 personas de España y otros países han pasado por su retiro de iniciación a la meditación. También organizan retiros para profundizar en la oración del corazón mediante la espiritualidad de Carlos de Foucauld, «nuestro patrono», y la teología del icono de la Sagrada Familia, de Rublev. Parte de quienes participan en estos retiros pasan luego a formar parte de alguno de los 16 grupos que se reúnen semanal o quincenalmente. Además, la asociación organiza talleres y tandas de ejercicios en un convento de carmelitas descalzos en Las Batuecas. 


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo de Adviento (ciclo A)
Voz del que grita en el deierto

La cercanía de la llegada del Señor y, con él, del Reino de los cielos provoca la llamada a la conversión. Como el último de los profetas, Juan Bautista es quien se encarga de realizar este anuncio, continuando la tradición profética previa. De ahí la referencia que el pasaje hace al profeta Isaías. La presencia y la predicación de Juan en los evangelistas es el pórtico de la predicación de Jesús. Por eso, conviene detenerse un instante en cuál es el fundamento de la llamada a la penitencia y a la conversión: «está cerca el Reino de los cielos». No sería posible exigir ese movimiento radical del corazón de los hombres sin la certeza de una novedad, de que algo va a pasar. Dios se hace presente como alguien que viene a atajar el mal de raíz. No se trata de un optimismo falso: si es posible preparar el camino del Señor y allanar sus senderos es porque Dios mismo lleva la iniciativa y viene ya.

La figura del Bautista
El desierto es el lugar donde se presenta Juan. La Escritura asocia este escenario a la soledad, al silencio y a la prueba. Pero también a la preparación para la misión y el encuentro con el Señor. Hemos de notar que lo que va a ocurrir es que está a punto de comenzar el ministerio público del Señor y, para ello, es necesario disponerse. El mismo Jesús también se retirará al desierto para ser tentado. Sin embargo, antes de comenzar su predicación quiso recibir también el Bautismo de Juan, queriendo mostrarnos que para anunciar y acoger el Reino de Dios es condición necesaria la voluntad de cambiar. La figura austera y, en cierto sentido, violenta del Bautista, quien «llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre» ayuda, asimismo, a comprender que la acogida del Reino de los cielos debe ir unida a un desapego por la apariencia y a huir del mundo engañoso e ilusorio que nos podemos crear. Sabemos que la preparación de la Navidad en nuestra sociedad no está dominada precisamente por el signo de la austeridad, sino que, a menudo, somos invitados más bien al derroche. Aun así, tampoco se circunscribe el cambio que se nos pide en este domingo a evitar la Navidad consumista. El punto central de la enseñanza de Juan no consiste en una llamada a conformar nuestro modo de vida con un estilo lo más parecido posible a los sobrios hábitos del Precursor. Se nos pide más bien huir de la autosuficiencia y del conformismo. Esto es, de hecho, lo que Juan denuncia de los fariseos y saduceos que iban a bautizarse. Además, la presencia y las palabras del Bautista son duras e interpelan a los oyentes. No presenta el Bautista una imagen pacifista precisamente al llamar «raza de víboras» a algunos de sus bautizandos o cuando les advierte que «todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego».

La llegada del tiempo definitivo
Más allá de la denuncia profética, lo que Juan está haciendo es anunciar la venida del Señor, unida a dos hechos con carácter definitivo: en primer lugar, el bautismo con Espíritu Santo y fuego; en segundo lugar, el juicio del Señor, que es introducido con la imagen de la separación del trigo y la paja. La venida del Señor implica la llamada, una vez más, a estar preparados para el discernimiento que llevará a cabo el Señor. Para poder participar de la justicia que florecerá y de la paz que abundará eternamente, como canta el salmo responsorial de este domingo, es necesario prepararse, de manera que no nos convirtamos en árbol talado o en paja destinada al fuego.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:
«Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

Mateo 3, 1-12





domingo, 27 de noviembre de 2016

El próximo viernes tras los rezos semanales tendrá lugar el segundo de los debates formativos con el tema VALORES CRISTIANOS




Presentación del Grupo Infantil (6-13 años) de la Hermandad


Con rotundo éxito se presentó a los padres el Grupo Infantil de nuestra Hermandad el pasado sábado. Nuestro Diputado de Juventud, don Raúl Pérez Carretero, pidió a los padres y madres presentes seriedad a la hora de participar, ya que no se trata de una ludoteca, y planteó como objetivos del grupo, respecto a la Hermandad: fomentar el espíritu de Hermandad, conocer el funcionamiento de la misma y ser partícipes de os actos. Respecto a la relación con Dios, apuntó: conocer los tiempos litúrgicos, distinguir  las partes de una Eucaristía, conocer la vida de Jesús y  ser partícipes de los actos cultuales organizados por nuestras Hermandad, UUHH u Obispado. Otros objetivos deseados son: participar de las actividades organizadas por la UUHH, Obispado u otras Hermandades., conocer nuestra ciudad y que los chicos sean capaces de proponer y organizar actividades propias.
Como otras posibles actividades se propusieron: visitar  los belenes de nuestra ciudad en Navidad, degustar y/o hacer dulces típicos de los tiempos litúrgicos y participar en la preparación de nuestra Salida Procesional.

Cabe reseñar que el horario habitual del grupo infantil será los viernes de 18 a 20 horas. Y que, excepcionalmente, tendrán lugar algunos sábados en lugar del viernes  cuando la actividad lo requiera.


Para más información se pueden dirigir directamente al Diputado de Juventud, Raúl Pérez en el teléfono 605026518.