Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

sábado, 19 de enero de 2019

Presentado el cartel oficial de la Semana Santa de Jerez 2019





Fuente: Unión de Hermandades de Jerez

Ayer viernes 18 de enero a las 20:30 horas, en los Museos de la Atalaya, tuvo lugar el acto de presentación del que ya es el cartel de la Semana Santa de Jerez de 2019, obra del taller Daroal. 

Participaron la Agrupación Musical del Stmo. Cristo de la Clemencia, la Banda Municipal de Jerez, el trío de capilla “Sonos Angeli” y saetero D. Juan Lara, que ha hecho presente la Saeta Jerezana. 

Tras la presentación de la obra al público presente, han tomado la palabra en nombre de la empresa Daoral, los autores de la obra, D. David Romero y D. Francisco Rovira, posteriormente y por parte del Ayuntamiento de nuestra ciudad, la Señora Alcaldesa Doña Mamen Sánchez, cerrando el turno de palabra, el presidente del Consejo Directivo de la Unión de Hermandades de Jerez, D. Dionisio Díaz.


viernes, 18 de enero de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
El primero de los signos de Jesús

Aunque el tiempo litúrgico de Navidad se cierra con la fiesta del Bautismo del Señor, de alguna manera nos encontramos aún dentro del ámbito de la Epifanía o manifestación del Señor. De hecho, la liturgia celebra esta solemnidad aludiendo a tres prodigios, según refleja la antífona del magníficat en las segundas vísperas del 6 de enero: «Hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos…».
Ciertamente, la riqueza que encierra el episodio de las bodas de Caná admite varios enfoques de análisis. En primer lugar, la presencia de Jesús en la celebración de un matrimonio ha sido entendida unánimemente por la tradición como una bendición particular de Dios hacia la unión entre el hombre y la mujer. Así pues, el ritual del matrimonio incorpora este pasaje de Juan como una referencia imprescindible durante la celebración del sacramento, no solo en las lecturas, sino también en las oraciones y bendiciones previstas. En segundo lugar, no puede pasarse por alto la presencia y la intervención activa de María, la madre de Jesús. Es ella la que comienza el diálogo que este domingo escuchamos, advirtiendo a su hijo del problema que tienen los novios cuando falta el vino. Sin duda, este episodio sirve para ahondar en la comprensión de la intercesión maternal de María, preocupada por algo de lo que muchos aún no se habían percatado y provocando la intervención del Señor. Sin embargo, la ubicación de este pasaje en este día no pretende, en primer término, destacar la función intercesora de la madre de Dios ni acentuar la dignidad del matrimonio. Se busca, ante todo, incidir en algo que aparece al final del texto: «Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él». Por lo tanto, no estamos únicamente ante el primer milagro del Señor, sino ante un signo por el que Jesús ha manifestado su gloria.

Jesús es el esposo
Desde el punto de vista literario el episodio está redactado de tal modo que Jesús ocupa el centro de la escena, llenando, en cierto sentido, un espacio destinado en otras circunstancias al novio. No es el único texto en el que san Juan se refiere a Jesús como al novio, pues más adelante en su Evangelio será designado de este modo. Con todo, la asimilación del Señor como esposo hunde sus raíces en la espera veterotestamentaria del esposo mesiánico, alguien destinado a sellar con su pueblo una alianza nueva y eterna. Conocemos varios pasajes del Antiguo Testamento en los que Dios se refiere al pueblo como a una esposa que anhela al Señor. Un ejemplo de ello es la primera lectura de la Misa de este domingo, de Isaías. En ella se constata la esperanza mesiánica descrita en términos de esponsalidad. Jerusalén, y por extensión Israel, ha sido abandonada y devastada, sufriendo la deportación y la humillación de sus adversarios a causa de sus infidelidades a Dios. Sin embargo, el pueblo mantiene la confianza en que Dios no la abandonará: «Los pueblos verán tu justicia y los reyes tu gloria».

El vino bueno
Puede pasarse con facilidad por alto que el vino resultante del primero de los signos del Señor fuera «el vino bueno». La Iglesia ha comprendido esto no solo como un detalle anecdótico o circunstancial del relato. El vino hace referencia sobre todo a dos realidades: la alegría y la sangre. El vino bueno traído por el Señor en esta nueva y definitiva alianza será capaz de dar al hombre la verdadera alegría: una ebriedad que no procede del alcohol, sino de la fuerza del Espíritu Santo derramada sobre la Iglesia, la esposa. Pero, por otra parte, ese gozo habrá de recibir su fuerza de la sangre derramada del Señor, como nos muestra el mismo Cristo al instituir la Eucaristía, sacramento memorial de su Pasión.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.



Juan 2, 1-11




viernes, 11 de enero de 2019

Ya han sido convocadas las igualás de las cuadrillas de nuestros pasos







Agradecimiento por la colaboración en la Campaña de Navidad y Reyes



La Hermandad de las Cinco Llagas, en nombre de la Diputación de Caridad, da las gracias por las numerosas aportaciones recibidas durante las pasadas Navidades. Una suma total de 180 kg de alimentos han permitido la realidad de una entrega especial de Navidad a cada familia. Entrega consistente en una aportación para la cena señalada de Nochebuena así como dulces típicos navideños. Además, naturalmente, de la entrega de leche, legumbres, etcétera.

La aportación de juguetes ha sido extraordinaria, lo que ha propiciado el verdadero milagro de la Navidad en la mañana de Reyes Magos para que así los niños tuviesen sus regalos y, por extensión, los padres hayan sentido que el Evangelio se hace presente. Este agradecimiento sincero se extiende a la acogida tan cariñosa que se ha proyectado sobre la llegada del Cartero Real a nuestra Casa de Hermandad. Tarde emotiva y alegre en la que se renovaba fuerza e ilusión con cada carta, con cada sonrisa interior.


Un fraternal abrazo en el Señor para todos.




      Fotos: Nª Hª Dª María José Sánchez


jueves, 10 de enero de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Solemnidad del Bautismo del Señor (ciclo C)
«Con Espíritu Santo y fuego»

Concluimos el periodo navideño con la celebración del Bautismo del Señor. Seguimos en el tiempo de la expectación y de la manifestación del Mesías. El Señor va a iniciar la vida pública y Jesús se presenta ante Juan Bautista para ser bautizado. El pariente de Jesús era conocido en la zona por su forma de vida austera y por predicar una conversión sin miramientos, hasta las últimas consecuencias, como demostró con su propio martirio. Y su conducta radical chocó, probablemente, con los esquemas de lo socialmente correcto en aquel tiempo, como se deduce del pasaje en el que Jesús afirma que de Juan Bautista decían que «tenía un demonio».
Ahora bien, ¿cuál es el significado de Jesús se disponga a recibir un Bautismo encaminado a la purificación de los pecados y al aumento del espíritu de penitencia? La propia Escritura nos aporta una respuesta a esta cuestión en la primera lectura de este domingo, de Isaías. En ella se habla del Siervo de Yahvé, cuya misión es liberar al pueblo con su propia vida de todo aquello que le oprime. En efecto, la misión de Jesús consiste en vivir entre nosotros hasta las últimas consecuencias y ello incluye no solo consolarnos con su presencia, sino también situarse entre nosotros, en cuanto pecadores, para compartir nuestra suerte y transformarla. El Señor va a comenzar su predicación y su vida pública, y su primer paso es lanzarse a la búsqueda de los pecadores, reunidos en una comunidad concreta en torno a Juan Bautista. Esta realidad nos indica ya el modo de concebir la vida de la Iglesia: comunidad de pecadores que tiene necesidad de ser salvada. El Señor, pues, no inicia la predicación de un modo solitario, sino en un grupo concreto de personas. La celebración del Bautismo del Señor dirige nuestro pensamiento inevitablemente hacia nuestra posición dentro de la Iglesia, comunidad de pecadores salvados, y hacia el momento en el que hemos sido introducidos en ella: nuestro Bautismo. Por lo tanto, mediante el Bautismo formamos parte de la comunidad destinataria de la salvación de Cristo; una compañía que nos acompañará ya para siempre. Esta realidad tiene consecuencias importantes en el modo de entender nuestra pertenencia en la Iglesia, especialmente cuando sufrimos la tentación del individualismo, considerando la parroquia o grupo concreto al que pertenecemos más como un lugar al que voy para recibir algo que para aportar.

El comienzo de un itinerario
Ciertamente el Bautismo cristiano «con Espíritu Santo y fuego», al que se refiere el pasaje evangélico que hoy escuchamos, supera a un Bautismo de carácter meramente penitencial. Sin embargo, los dos esquemas comparten el deseo de un cambio de vida, representado en la inmersión en el agua. Por su parte, el Bautismo cristiano quiere subrayar el inicio de la vida eterna, representado por varios signos del sacramento: la triple renuncia al mal y la triple confesión de fe destacan, por una parte, el carácter de incorporación a la vida trinitaria divina y, por otro lado, el cambio de rumbo en quienes entramos en este misterio. Desde los comienzos de la andadura de la Iglesia se renuncia a la falsedad de todo aquello que aparta al hombre de su destino último. En nuestros días, el bautizado debe ser consciente de que no puede pactar con una cultura que, frente a lo real, enaltece lo ilusorio y aparente. Quien está dispuesto a caminar en el itinerario inaugurado por el Señor sabe que se sitúa en la senda de la vida verdadera, que va unida a Jesucristo, vencedor del pecado y de la muerte. Incluso aquellos preceptos que, desde el punto de vista humano, tantas veces pueden ser considerados como una renuncia representan lo mejor a lo que el hombre puede aspirar: un sí a Dios, que da sentido al hombre; un sí a la familia, un sí a la vida, un sí al amor responsable, a la solidaridad, a la justicia, a la verdad y al respeto al otro.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre Él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Lucas  3, 15-16.21-22






Muy interesante Catequesis del Papa Francisco del pasado mes de noviembre

sábado, 5 de enero de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Solemnidad de la Epifanía del Señor (ciclo C)
«Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo»

Desde hace siglos ha sido costumbre la peregrinación de millones de fieles a lugares especialmente vinculados con la fe. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela sobresalen como metas de un itinerario realizado con no pocas dificultades por quienes movidos por su confianza en Dios han decidido emprender estos dificultosos viajes. La fiesta que hoy celebramos se puede considerar como un signo de lo que constituye también un reflejo de la propia vida individual y colectiva: la búsqueda de Cristo como meta de nuestra salvación. Es esto lo que realizaron en su día los misteriosos Magos llegados de Oriente. Sin embargo, a pesar de que estamos celebrando el misterio del encuentro de Dios con el hombre, a menudo puede obviarse en este día que no existe solo la peregrinación del hombre hacia el Señor, sino que Dios mismo camina también hacia nosotros.

La salvación en la pobreza y la debilidad
El Evangelio que hoy escuchamos está ligado especialmente a la primera lectura, del libro de Isaías, como si se tratara de la promesa y del cumplimiento. Isaías predice el momento en el que, tras las humillaciones sufridas por el pueblo de Israel, la luz de Dios surgirá sobre toda la tierra, de tal modo que los reyes de todos los pueblos se inclinarán ante Él. Frente a esta imagen del Antiguo Testamento, nos encontramos con Mateo, quien describe la escena de la adoración en un contexto de pobreza y sencillez. Pese al modo en el que las distintas tradiciones han representado a los «Reyes» (término no utilizado por Mateo para referirse a ellos), no consta en el pasaje propuesto hoy por la liturgia que estos fueran ni gobernantes ni siquiera poderosos. Se trataría más bien de unos personajes desconocidos, cuyo número no sabemos y, probablemente, vistos con sospecha. Con todo, recorren un largo camino para simplemente postrarse ante un niño recién nacido, comportándose, a pesar de su gran sabiduría humana, como los pastores de Belén. Precisamente la debilidad y fragilidad del niño al que adoran indica desde el primer momento de la vida del Señor, el modo en el que se llevará a cabo la salvación del hombre. Jesús ha asumido una carne débil y como tal se ha manifestado a las naciones, representadas en los Magos. La fuerza de su salvación no procederá, pues, del mundo, sino de la donación de sí mismo.

El reconocimiento como Dios y rey
Con respecto a los dones ofrecidos al niño, el Evangelio concreta que fueron oro, incienso y mirra —de ahí nace la tradición de pensar que son tres los Magos—. Pero si analizamos este dato, comprobamos que los regalos no responden a necesidades elementales para un recién nacido. Se trata en realidad del reconocimiento hacia Jesús como Dios y rey; estamos ante un acto de justicia y de reconocimiento de Cristo como único Señor. La consecuencia será inmediata: los Magos no pueden ya volver a Herodes, porque implicaría reconocerlo como rey. Por otro lado, el nuevo camino emprendido sitúa a quienes han conocido al Señor en una senda diferente a la del poder y el éxito mundano, abrazando la pobreza y la vía del amor, único medio para modificar la sociedad. Siguiendo el ejemplo de los Magos, todos los cristianos estamos llamados a modificar también nuestro camino al encontrarnos con Jesucristo, que se ha hecho pequeño y ha venido hacia nosotros.

Un encuentro entre Dios y el hombre
En el deseo de la Iglesia por establecer un diálogo fructífero con el hombre de hoy, se han identificado posibles grupos que puedan representar hoy a quienes hace 2.000 años adoraron al Niño. El ámbito político, con la búsqueda del orden y la paz, el mundo científico, tratando de descubrir la verdad de las cosas, así como las distintas religiones, pueden simbolizar en nuestros días el encuentro entre Dios, que se manifiesta a los hombres por su luz, y el hombre, que se dirige hacia ella.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.


Mateo  2, 1-12






Ayer celebramos Santa Misa de Hermandad ante el Señor


Foto: N.H.D. Marco A. Velo García