Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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sábado, 14 de enero de 2017

Masiva asistencia a la Santa Misa de Hermandad de ayer viernes




Presentado el cartel oficial de la Semana Santa de Jerez 2017




 El pasado viernes tuvo lugar la presentación del Cartel de la Semana Santa de Jerez 2017, obra de Antonio Díaz Arnido. En el acto, desarrollado en la Atalaya, nuestra Hermandad estuvo representada por nuestro Teniente Hermano Mayor don José Barrera Jiménez. 

Diez consejos para mejorar tu oración



Un decálogo que te servirá para conversar con Dios con toda confianza

Fuente: ALETEIA

1. Orar es sencillo. Conversa con Dios con toda confianza, sin necesidad de escoger las palabras. Por muy bonitas consideraciones que busques para dirigirte a Él, infinitamente más bellas son las que Él tiene.
“Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has mostrado a los pequeños” (Lc 10, 21).

2. Orar es dejarse agarrar por la mano de Dios. Él te elevará hasta su rostro, como a un niño pequeño, para llenarte de besos.
“Fui para ellos como quien alza a un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer” (Os 11,4).

3. Orar es escuchar y hablar con Dios como con un amigo íntimo. Déjate encontrar por Él, te conducirá a ese espacio de tu alma donde oirás su voz y tú tendrás la confianza suficiente para responderle.
“Y las ovejas escuchan su voz y a sus ovejas las llama una por una”(Jn 10, 3).

4. Orar es vaciarse de cosas, de preocupaciones, de ti mismo. Ofrécele tu pobreza, tu egoísmo, tu tiempo, tu rutina y, sobre todo, tus deseos. Él llenará el vacío que vaya quedando en tu corazón.
“Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto”(Mt 6, 6).

5. Orar es empobrecerse. Al principio abundan las palabras de amor, confianza y entrega, hasta que desaparecen en el silencio. El sentimiento de la presencia de Dios es quien llena ese silencio.
“Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van ser escuchados” (Mt 6, 7).

6. Orar es permanecer en la presencia de Dios sin desfallecer. Dios no busca personas que profundicen en consideraciones intelectuales, sino hombres y mujeres que no se cansen de orar. A los que oran mucho les concede el don de la oración pura. La “cantidad” depende de nosotros, la “calidad” del Padre de las luces.
“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc 18, 1).

7. Orar es descubrir a Jesucristo dentro de ti. Si te acercas a Él con fe y humildad te admitirá entre sus seguidores, los pobres, que todo lo esparan de Dios y nada de sí mismos. Déjate que te mire y te ame, no te escondas a su mirada y consiente en dejarte abrazar por Él.
“La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!” (Gal 4, 6).

8. Orar es amar. El termómetro que mide la autenticidad de tu oración es la caridad con el prójimo. La oración te ayudará a descubrir lo que hay dentro de su rostro, detrás de su cara: sus sufrimientos y alegrías, sus ansiedades y proyectos. La oración te llevará a descubrir al hermano y unirte a él.
“La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación” (St 1, 27).

9. Orar es dejar hablar al corazón. Estudiamos métodos de oración, muchos avalados por la santidad de quienes los practicaron, buscamos un buen libro de oración. El centro de la oración, la fuente de donde brota la más fresca y cristalina es nuestro corazón.
“Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí,. Como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de aguas viva” (Jn 7, 37).

10. Orar es entrar. Dios está en el corazón, ahí vive y ahí actúa, ahí quiere comunicarse. El hombre está fuera de sí, en las cosas. Vive distraído y exiliado. En la oración los `protagonistas inician un movimiento de aproximación, hasta que se encuentran en un profundo silencio de amor.
“Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 23).

Benigno Colinas, CSsR

viernes, 13 de enero de 2017

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
“Lo he visto y he dado testimonio”

Aunque con la fiesta del Bautismo del Señor se concluye el tiempo de Navidad, las lecturas del domingo II del tiempo ordinario están todavía relacionadas con la presentación-aparición de Cristo ante los hombres. En este sentido, la Epifanía, que significa manifestación, se prolonga con el Bautismo del Señor y con las primeras apariciones de la vida pública del Salvador. Solo así se comprende la llamativa cercanía entre las ideas centrales abordadas en el Evangelio del domingo pasado y las del pasaje de hoy. Una vez más, esta aparente repetición en la temática elegida pretende que profundicemos sobre la identidad, procedencia y misión de Jesucristo, conforme se nos ha transmitido por el evangelista Juan. Si en el día del Bautismo del Señor, Mateo describía el acontecimiento, hoy nos detenemos en el significado profundo de este hecho.

La importancia de los testigos
Llama la atención que por dos veces aparezca la palabra testimonio en el fragmento que tenemos ante nosotros. La primera, en boca del Evangelista, cuando dice: «Y Juan [Bautista] dio testimonio diciendo»; la segunda, en boca del Bautista, constatando que «yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios». Si nos fijamos, la manera que Dios ha elegido para revelarse no se circunscribe únicamente a los gestos y a las palabras de su Hijo, aun cuando se trate de acontecimientos inauditos o milagrosos. Todo ello habría caído en el olvido pocos años después de la muerte y resurrección del Señor, de no ser porque ha habido quien nos lo ha transmitido. En consonancia con este método, la elección de las lecturas de las celebraciones litúrgicas de los últimos domingos realza, al menos de dos maneras, la función indispensable de los testigos ante lo que sucede. En primer lugar, se asigna un papel relevante y activo a las personas ante las que Jesús se manifiesta: los pastores, los Magos o Juan Bautista y sus discípulos. En efecto, la presencia en la carne de Dios entre los hombres se realiza ante individuos concretos, asentados en un lugar y en un momento histórico determinado. No estamos ante un relato mitológico, sino ante una realidad visible y palpable por todos los allí presentes. En segundo lugar, los relatos del evangelista Juan han ocupado un puesto central durante estos días. Él se erige como testigo privilegiado de la salvación de Dios llevada a cabo por Jesucristo.

«Este es el Cordero de Dios»
Ahora bien, ¿cuál es el contenido fundamental de la manifestación que hoy tiene lugar? Nos lo refiere el Evangelista, en boca de Juan Bautista, al principio y al final del pasaje. A través de dos declaraciones, el fragmento se focaliza en la identidad y la misión de Jesús: «este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» y «este es el hijo de Dios». Todo israelita que oía hablar del cordero, pensaba de inmediato en la víctima del sacrificio. Ya en el libro del Génesis, cuando Abrahán se dispone a sacrificar a su hijo, se hace notar que faltaba el cordero para el sacrificio. La muerte de Cristo en la cruz hizo comprender que el verdadero cordero no consistía ya en un animal, sino en el propio Hijo de Dios. La referencia a Cristo como Cordero se ha arraigado de tal manera en la fe cristiana, que la liturgia contempla que los fieles nos dirijamos durante la misa varias veces a Cristo aclamándolo como cordero, destacando la letanía Agnus Dei durante la fracción del pan. Por otra parte, se enuncia la misión del Señor, al afirmar «que quita el pecado del mundo». Con ello se incide en el deseo de Dios de que «mi salvación alcance hasta el confín de la tierra», tal y como leemos en la primera lectura de hoy, tomada del libro de Isaías.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».


Juan 1, 29-34




miércoles, 11 de enero de 2017

Recordatorio: el próximo viernes 13 de enero, Santa Misa de Hermandad a las 20,30 horas en la Capilla del Voto




Agradecimiento por la exitosa Campaña de Navidad




N. H. D. José María Granados Cordero nos envía unas líneas que transcribimos de modo literal:

“Desde esta Diputación de Caridad, quiero expresar públicamente mi GRATITUD a los hermanos que han colaborado desinteresadamente en los turnos establecidos en el Belén de la Capilla del Voto ante nuestros Titulares,  en San Francisco.
          También agradezco a nuestros hermanos anónimos que se han acercado al Belén depositando su colaboración a la campaña de Navidad mediante alimentos, juguetes o incluso dinero.

          A todos, que Dios os lo premie. Y, desde mi humilde persona, MUCHISIMAS GRACIAS. Un abrazo en nuestro Señor de la Vía Crucis y en el de María Santísima de la Esperanza”.

Curso de formación AFECTIVO-SEXUAL



La Delegación Diocesana de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida nos envía información sobre un interesante curso de Educación afectivo-sexual dirigido a catequistas, responsables de grupos de jóvenes, padres y todo aquel que quiera formarse en este campo.

Abajo se encuentra el vínculo de la escuela diocesana Virgen de Nazaret para poder gestionar las matrículas.


Novedad libresca



Redescubrir a San Francisco

Fuente: ALFA Y OMEGA

Título: Francisco de Asís
Autor: Carlos Amigo Vallejo
Editorial: San Pablo



Volver a asombrarnos con San Francisco de Asís es lo que nos propone el Cardenal Arzobispo Emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, en esta vasta obra que edita San Pablo. Un libro que, como expone su autor en la introducción, nace de horas de lectura de fuentes y documentos, de peregrinajes a los lugares por los que discurrieron los acontecimientos y de contemplar, desde la experiencia de Dios, la historia, vida y espíritu del santo. Un total de 663 páginas en las que también se da cuenta de la huella que dejó tras de sí y que se pone de manifiesto en los hombres y mujeres que le siguieron a lo largo de los siglos. 
F. O.

sábado, 7 de enero de 2017

Magnífica novedad cinéfila: SILENCIO


Tu gracia vale más que la vida

Fuente: ALFA Y OMEGA
En un momento histórico en el que los cristianos vuelven a ser brutalmente perseguidos y cruelmente asesinados, casi 2.000 años después de los circos de Roma, es de agradecer que una película ponga sobre el tapete esta cuestión a la que tantos no quieren mirar.

Martin Scorsese lleva a la pantalla una adaptación de Silencio, la novela histórica del católico japonés Shusaku Endo, publicada en 1966, sobre los misioneros jesuitas portugueses en el Japón del siglo XVII. La trama principal gira en torno al personaje real de Cristóbal Ferreira, un jesuita que apostató públicamente tras sufrir torturas y ver morir a sus compañeros. La novela –y la película– siguen los pasos del padre Rodrigues, un joven jesuita que viaja desde Macao a Japón para averiguar qué ha sido de Ferreira, su antiguo maestro, y ayudar a los cristianos perseguidos.
Scorsese leyó la novela en 1989 y un año más tarde compró los derechos para adaptarla al cine. Desde entonces ha estado en su cabeza dando vueltas, tomando forma, hasta que finalmente se ha podido rodar y estrenar. Al margen de la historia, como aventura o peripecia dramática, a Scorsese le interesaba sobre todo reflexionar sobre algunas cuestiones relativas a la fe, a la gracia, a la redención. Y este terrible episodio le permitía hacerlo de una forma muy personal.

Silencio es un largometraje crepuscular, muy largo (160 minutos), lento, muy contemplativo…, incluso lánguido a pesar de lo impactante e hiriente de muchas imágenes. Refleja la miseria silenciosa en la que eran obligados a vivir tantos japoneses cristianos perseguidos que podían ser asesinados en cualquier momento. Unos cristianos sencillos, muy pobres, desclasados, desprotegidos, y a los que solo se les pedía un gesto muy sencillo: que pisaran un cuadrito de estaño en el que se representaba a Cristo. Por no hacer eso se les torturaba hasta morir. Pero también el filme nos muestra a cristianos que sucumben, apostatan por miedo al dolor, y que luego se acercan a la confesión buscando la misericordia de Dios. Porque Scorsese levanta la película sobre dos pilares: la fragilidad humana –tema que trató polémicamente en La última tentación de Cristo– y la gracia, que siempre está ahí, a pesar de todo, disponible, inagotable.

Son muy interesantes las conversaciones entre el padre Rodrigues (Andrew Garfield) y los japoneses, el inquisidor y su ayudante, que tratan de minar la fe del jesuita por la vía del discurso racional. Sin embargo, parece que la argumentación del jesuita no está a la altura apologética que se podría esperar, y no trasmite con fuerza la novedad del anuncio cristiano. Esa carencia es característica de casi todos los cristianos que salen en el filme, y que no contagian ninguna alegría o esperanza presente. Más bien parecen tristes resignados con la desgracia que les ha tocado en suerte, y no brilla en ellos el consuelo del Resucitado. Esta es quizá la principal deficiencia de un filme imponente, profundo, honesto, aunque también frío y desabrido, como todas las películas de Martin Scorsese. Imprescindible.

Juan Orellana
Crítico de cine

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Fiesta del Bautismo del Señor
Este es mi Hijo amado

Cerramos el tiempo de Navidad celebrando el Bautismo del Señor. A recibir el Bautismo de Juan acudían de toda la región. De esta manera, escuchaban la predicación de Juan y, tras someterse a este rito de purificación, se disponían a acoger con sinceridad el Reino de Dios, que estaba a punto de llegar. La página del Evangelio que hoy tenemos ante nosotros presenta a Jesús siendo bautizado por Juan en el río Jordán. El primer acto de la vida pública del Salvador consiste en una inmersión, a través de la cual nos muestra que ha venido a sumergirse en nuestra realidad para hacernos participar de la suya, que es ante todo vida. No solo se encarna, nace y crece, como cualquiera de nosotros, sino que, sin tener pecado alguno, quiso ser contado entre los pecadores. El gesto de Jesús no ha de ser entendido, sin más, como un acto de humildad de quien no hace alarde de su categoría de Dios. Jesús nos quiere enseñar también desde el principio de su ministerio que ha venido a cumplir por completo la voluntad del Padre.

El espíritu de Dios se posa sobre él
En efecto, colocarse en esa fila significaba humillarse y desear para sí un cambio de vida moral. De ahí que Juan intentara disuadir a Jesús, ya que era inimaginable un Mesías penitente o necesitado de purificación alguna. Sin embargo, lo que Jesús estaba haciendo era anticipar la misericordia que más adelante ejercería con los pecadores y preparando el momento en el que con su muerte en la cruz asumiría por completo el peso del pecado del mundo. Pero el sentido del Bautismo de Cristo va más allá de la solidaridad con el hombre, dañado por el mal. Con esta acción, el Señor revelará, ante todo, que ha sido ungido por Dios para salvar al mundo. Así pues, al salir Jesús del agua «se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba». Una voz de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». Estamos, pues, ante una nueva manifestación de Cristo. Adorado por los pastores el día de Navidad y por las naciones, representadas en los Magos, el día de la Epifanía, Jesús se revela ahora como Cristo-ungido. El fragmento evangélico permite ver, asimismo, que Jesús porta consigo una misión: transmitir la vida divina en abundancia a través de la presencia y la acción del Espíritu Santo.

Ser hijos en el Hijo
De esta manera, Jesús cambia para siempre el sentido del Bautismo. De ser un signo de conversión y penitencia, se convertirá ahora en un sacramento que transmite la vida nueva en el Espíritu a quien lo recibe. Por eso, es muy recomendable llevar a los niños a bautizar cuanto antes. De igual modo que los padres están atentos para que a los hijos no les falte nada que les ayude a crecer físicamente, han de preocuparse también por su vida espiritual, introduciéndolos desde pequeños en la vida de la Iglesia. Bautizar a los niños significa no solo cumplir con el mandato del Señor, formulado al final del Evangelio de Mateo. Supone, antes que nada, participar de la vida en el Espíritu de Cristo-ungido. Para que la gracia divina quede preservada en quienes son bautizados, es importante reconocerse miembros de una comunidad viva, que es la Iglesia. No caminamos aisladamente, sino que somos parte de un pueblo escogido por Dios. Es necesario, por lo tanto, ser conscientes de la dimensión comunitaria de la fe y de que a todos los que participamos en las celebraciones litúrgicas nos une la gracia bautismal, que hemos recibido como don. Por eso, es bueno hacer memoria de nuestro Bautismo con frecuencia. No es casualidad que la celebración eucarística del domingo pueda dar comienzo con la aspersión del agua bendita sobre nuestras cabezas, recordando así que un día fuimos bautizados.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».


Mateo 3, 13-17



miércoles, 4 de enero de 2017

Jubiloso Natalicio


En el día de ayer, 3 de enero- festividad del Santísimo Nombre de Jesús-, a las 6,40 horas vino al mundo el pequeño Marco Antonio Velo Villena, pesando 3,780 Kgrs. La Hermandad de las Cinco Llagas felicita tanto a sus padres, N. H. D. Marco A. Velo García y N. H. Dña. Esperanza Villena Bernal, como a su abuela y tía maternas –también hermanas de la cofradía- por tan feliz acontecimiento con el que todos nos congratulamos.





domingo, 1 de enero de 2017

Un buen propósito para el año nuevo

Fuente: ALETEIA




Los milagros desde el Sagrario

Ayer me encontré con un amigo.
“Claudio, nos hacemos viejos”.
“Maravilloso”, respondí. “Significa que hemos vivido”.
Me siento contento y quería compartirte esta enorme alegría.  He renovado mis esperanzas de un año estupendo por venir.
Cada año, para estos días, reviso mi vida, lo que hice lo que me falta por lograr. Y hago nuevos planes para el nuevo año.
En el 2017 me he propuesto algo muy sencillo. Pasar más tiempo con Jesús en el sagrario.
Sencillamente hacerle compañía, que no se sienta solo. Para mí cada oratorio donde tienen un sagrario es como la antesala del cielo. Sé que alrededor de cada sagrario hay miles de ángeles custodiándolo, pero a veces se siente solo, faltándole tu amor.
Y yo quiero repetirle una y mil veces “que le quiero”.
¿No has notado que cuando tienes sed y tomas agua refrescante inmediatamente te sientes aliviado? Es lo que me ocurre cuando voy al 
sagrario. Tengo sed de Dios y al estar allí me parece que entro en un oasis con ríos cristalinos de agua viva.
Este año cumpliré 60. No puedo darme el lujo de buscar teorías para probar si son ciertas, ni ir tras cosas que no son certezas. Nuestra Iglesia, santa, Católica y apostólica, nos ahorra esa búsqueda.
Voy a lo seguro. A los sacramentos, al sagrario.
He visto grandes milagros, he sido testigo, de personas que van a ver a Jesús sacramentado en una capilla, y al día siguiente me cuentan sorprendidas cómo el buen Jesús les ha bendecido.
El próximo año te contaré historias impresionantes del amor de Jesús desde un sagrario.
La verdad, no me avergüenza proclamar al mundo entero que Jesús es mi 
mejor amigo, un amigo estupendo.  ¿Y yo? No siempre le correspondo. No soy el mejor amigo. Lo sé. Caemos, nos equivocamos. Y Él igual, invariable, siempre con los brazos abiertos:
“Te espero Claudio, ¿cuándo vienes a verme?”
Me sonrío por sus ocurrencias.
Sólo estar allí con Él es una maravilla.
Te quiere, te busca. Te ama. Te llena de gracias. Te contagia su alegría.
En el 2017 nos vemos con Jesús en el sagrario.
…………
¿Puedo pedirte un favor? Cuando lo visites dile: “Jesús, Claudio te manda saludos”.

Me encanta arrancarle una sonrisa. Que sepa que lo amamos.