Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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jueves, 15 de noviembre de 2018

El próximo viernes 23 de noviembre a las 20,30 horas en la Capilla del Voto de San Francisco tendrá lugar el Retiro de Adviento




Aviso importante: por motivos de agenda de nuestro Director Espiritual, se pospone hasta después de Navidad la segunda jornada de Formación


Fray Julián Bartolomé dedicó la primera jornada al desarrollo de la interesantísima biografía de San Francisco

Tras el rotundo éxito de la jornada del pasado viernes, tendremos que esperar al año nuevo para seguir formándonos en torno a la espiritualidad de San Francisco de Asís por nuestro Director Espiritual, Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M.

Invitamos a todos los hermanos a disfrutar de unas jornadas que han tenido en su estreno una gran aceptación, y de las que daremos cumplido aviso por medio de este blog oficial.


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXXIII Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
La venida del Hijo del hombre

Cerramos con el pasaje de este domingo el conjunto de lecturas dominicales del Evangelio de san Marcos, que hemos seguido durante el año litúrgico que está a punto de terminar. Es común a los tres ciclos concluir con episodios que nos orientan hacia la escatología, es decir, hacia el futuro y las últimas realidades de la historia personal y universal. Sabemos que nuestra sociedad experimenta la muerte como algo evidente pero convertido, sobre todo últimamente, en un tabú. Sin embargo, para los primeros cristianos la finalización de la vida no solo no era un tabú, sino que además pensaban que el desenlace de la historia podía estar muy cercano. El discurso que el Señor dirige hoy a sus discípulos nos permite situarnos en este contexto en el que Jesús, por una parte, afirma la realidad del ocaso de la historia y, por otra, nos da palabras de confianza y consuelo para, desde esta perspectiva, afrontar la propia existencia.

El final de la historia
El lenguaje adoptado por el Señor para ilustrar cómo serán «aquellos días» no es novedoso. La alusión al oscurecimiento del sol, de la luna y de los astros nos remite a las imágenes escogidas por los profetas para referirse a los acontecimientos últimos. Al mismo tiempo, las referencias al término de la función para la que han sido creados los astros nos remiten al primer capítulo del libro del Génesis, en el que Dios había creado la luz y dispuesto los astros en el firmamento. Por lo tanto ese mundo, formado por Dios, tal y como hoy lo vemos, llegará un día en el que dejará de existir, para dar paso a un cielo nuevo y a una tierra nueva. Tampoco constituye una novedad la caracterización de la antesala del fin como de «gran angustia». El pasaje de Marcos asume, entre otros, el esquema presentado en la primera lectura por la profecía de Daniel, donde se afirma que «serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora». El paradigma más representativo de este género lo representará, algunos años más tarde, el libro del Apocalipsis de san Juan, en el que no se ahorran imágenes cargadas de gran dramatismo para trazar el final de la historia. Con todo, cada uno de estos libros está ligado especialmente con circunstancias concretas que vivieron quienes bajo la inspiración de Dios pusieron por escrito su Palabra. En concreto, para los cristianos de la generación apostólica y posterior a ella estaba muy presente la devastación de Jerusalén, en el año 70, por Vespasiano y Tito; destrucción predicha por el Señor en el Evangelio, y vivida, cuando llegó, como un preludio del fin del mundo.

«Pero mis palabras no pasarán»
El afán del hombre a lo largo de la historia por conocer el instante y el modo en el que se consumará el fin del mundo puede eclipsar la segunda parte del discurso del Señor, que, por otra parte, no pretende describir físicamente ese final ni el momento en el que ocurrirá. La venida del Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria supone la constatación de que el hombre no está solo ante la incertidumbre del futuro. Esa llegada nos recuerda a la primera venida del Señor en la humildad de la carne. Ahora es la manifestación de la victoria definitiva de Cristo, que ya ha tenido lugar. Por eso, «mis palabras no pasarán» significa que todo lo realizado por el Señor no solo se revelará de modo rotundo en la conclusión de la historia, sino que la mirada del cristiano hacia ese tiempo es de esperanza, ya que Dios nunca nos abandona. Por lo tanto, hemos de huir de cualquier atisbo de miedo y vivir llenos de esperanza, como peregrinos que se dirigen hacia el Señor. En definitiva, vigilancia, pero también confianza en quien ha vencido para siempre el mal.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que Él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles en el cielo ni el Hijo, solo el Padre».




Marcos 13, 24-32





viernes, 9 de noviembre de 2018

Campaña de Navidad de nuestra hermandad de las Cinco Llagas




"Cada criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida" (San Francisco de Asis)

Un año más ponemos en marcha la campaña de Navidad.
En esta ocasión queremos llevar la ilusión también a los más pequeños a través de una recogida de juguetes que unimos a la campaña de alimentos realizada siempre en estas fechas.

Somos conscientes que nada conseguiríamos sin vuestra colaboración y sabemos que, una vez más,  llenaremos de sentido la Navidad regalando esperanza y amor.
La campaña de recogida comienza hoy, día  9 de noviembre y se prolongará hasta el 30 de diciembre.

Los lugares de recogida serán los ya habituales: iglesia de San Francisco en su horario habitual de apertura y la Casa de Hermandad (calle Diego Fernández Herrera 6 y 8 ) los martes, miércoles y jueves de 19 a 21 horas

Necesitamos juguetes y/o libros en buen estado para los  más pequesños.

En cuanto a los alimentos a los ya habituales de conservas, aceite, leche y no perecederos sumamos también productos típicos de Navidad como polvorones, turrón, mazapán, etc.

Agradecemos enormemente vuestra desinteresada  colaboración.

Que el Señor os bendiga y os guarde.


La Diputación de Caridad


La Hermandad de las Cinco Llagas felicita a don Juan Luis Vázquez Román por su reciente reelección como Hermano Mayor de la Hermandad del Consuelo



Foto: MasJerez

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXXII Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
«Ha echado todo lo que tenía para vivir»

No es extraño encontrar en el Evangelio episodios en los que se juega con los pequeños detalles de la vida. Así, la sal, la levadura o el grano de mostaza sirven al Señor para explicar el gran valor que lo aparentemente pequeño y materialmente insignificante posee para la vida del hombre. En esta línea nos hallamos esta semana ante un episodio donde cobra importancia lo pequeño, debido a que el mismo Jesús fija atentamente su mirada en un hecho que, de otro modo, no hubiéramos conocido nunca: el óbolo de la viuda.

Hacia el verdadero culto a Dios
Con facilidad puede pasar como algo desapercibido que la escena en la que Jesús instruye al gentío tiene lugar en el templo de Jerusalén, centro religioso de la vida de Israel y principal referente de culto y peregrinación del pueblo. Cuando Jesús aparece en este contexto busca dos finalidades y una tercera que veremos después: la primera consiste en mostrar su autoridad singular como Hijo de Dios, frente a las disputas sin sentido que a menudo existen entre los distintos grupos religiosos; en segundo término, Jesús quiere que el culto que aquí se tributa a Dios esté libre de apariencia, de negocio o de faltar a la caridad, purificándolo así de usos impropios. El episodio más célebre en este sentido es el de la expulsión de los mercaderes. Por el contrario, la ofrenda de la viuda pobre es objeto de la alabanza de Cristo, debido a que «ha echado todo lo que tenía para vivir».

La entrega de sí mismo
Naturalmente, las dos monedillas ofrecidas por esta mujer pobre tienen un mínimo atractivo material, aunque sí podemos valorar positivamente la mejor intención de la viuda, movida por una gran pureza de intención al depositar esta ofrenda. Sin embargo, lo más significativo es que, con este gesto, la mujer muestra su incondicional entrega a Dios, ya que al depositar en el templo todo lo que tiene para vivir, está entregándose a sí misma. El Evangelio de hoy está preparado por la lectura del libro de los Reyes, donde encontramos a la viuda de Sarepta con Elías. Ella, siendo pagana, se fía del profeta y le prepara la comida con lo poco que tenía para ella y su familia, y el Señor la recompensó. Pero para encontrar el ejemplo máximo de entrega a Dios, tenemos que acudir al mismo Jesús, quien no solo da cuanto tiene para vivir, sino que se entregará a sí mismo: «Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos», leemos en la segunda lectura de la Misa de este domingo, de la carta a los Hebreos. Por eso Jesús se convierte en el definitivo templo, el lugar del verdadero culto a Dios, donde ya no se presentan al Señor bienes materiales ni sangre de animales, sino su propia vida.

La confianza radical en Dios
El episodio de la viuda del templo, en continuidad con el de la viuda de Sarepta, muestra algunas características comunes. En ambo casos estamos ante alguien pobre e insignificante a los ojos del mundo. Incluso la viuda del Antiguo Testamento pertenece a un territorio pagano. Y en los dos casos se muestra una confianza radical en Dios. Echar lo que se tiene para vivir o dar todo cuanto se posee para comer manifiesta una profundidad de fe única. Frente a la vanidad de los que buscan los honores, la hipocresía de quienes pretenden aparentar santidad o el egoísmo de aquellos que se aprovechan de los demás y «devoran los bienes de las viudas», el Señor nos propone una confianza completa en Dios, quien, a través del salmo responsorial afirma que «el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente» y «sustenta al huérfano y a la viuda». La glorificación del Señor tras su muerte es la prueba máxima de que Dios no defrauda a quien ha puesto su confianza en él.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En  aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente de las arcas para las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».




Marcos 12, 38-44





domingo, 4 de noviembre de 2018

Los próximos viernes 9 y 16 de los corrientes, primera y segunda jornada de Formación de este curso dirigidas ambas por nuestro Director Espiritual


Como fue anunciado a inicio de curso, y de cara a la concesión para nuestra Hermandad del título de FRANCISCANA, y dado el gran interés mostrado por el cuerpo de hermanos a través del Cabildo General, la Formación del presente curso 2018-2019 va a estar centrada en la espiritualidad franciscana. Por ello nuestro Director Espiritual, Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M., se ha comprometido a dirigirnos unas interesantísimas sesiones que van a tener lugar en este primer trimestre del curso los próximos viernes 9 y 16 de noviembre en la Capilla del Voto tras los Rezos semanales de las 20,30 horas.


La Junta de Señores Oficiales anima a todos los hermanos a participar de esta sesiones que sin duda cubrirán nuestras expectativas y nos servirán para conocer y vivir más plenamente la espiritualidad del Santo de Asís.



San Francisco (claustro HH Concepcionistas de El Puerto de Sta. Mª)

Recordatorio: YA ESTÁ AL COBRO EL RECIBO EXTRAORDINARIO DE 30 EUROS PARA TODOS LOS HERMANOS MAYORES DE 14 AÑOS PRO-RESTAURACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA


Desde primero de mes está al cobro el recibo único extraordinario pro-restauración de la Imagen de nuestra Amantísima Titular. El mismo fue aprobado por unanimidad en el Cabildo General Extraordinario del pasado 14 de junio.

Se recuerda a los hermanos que tengan domiciliados los recibos que hagan todo lo posible para que no sean devueltos los mismos, puesto que suponen un cargo que nuestra querida Hermandad no puede asumir.


 Ante situaciones excepcionales de cobro, el hermano interesado  pónganse en contacto con el hermano Tesorero, don José Soto Rodríguez, que gustosamente  le atenderá en el teléfono 649102003.




El pasado viernes día 2 celebramos Santa Misa de Hermandad en la capilla del Voto



Foto: N.H.D. Ernesto Romero



Así luce Nuestra Esperanza de negro durante este mes de noviembre



Foto: N. H. Dª Rosario Lupión


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXXI Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
El primer mandamiento

Estamos habituados a que cada vez que los escribas y fariseos plantean a Jesús alguna duda sea con la intención de ponerlo a prueba. Este domingo, en cambio, la conversación se desarrolla sin tensión y, además, al concluir el pasaje, el Señor alaba a su interlocutor con la expresión «no estás lejos del Reino de Dios». Aunque no se descarta en absoluto que el escriba tratara de poner a prueba a Jesús, su cuestión tenía sentido. Los rabinos habían contabilizado hasta 613 preceptos en la ley de Moisés, la mayoría de los cuales eran negativos. Era natural querer establecer un orden de precedencia ante tanta reglamentación. A los cristianos nos vienen a la mente inmediatamente los diez mandamientos. Los hemos aprendido desde pequeños y son utilizados con frecuencia, entre otras cosas, para hacer examen de conciencia. Sin embargo, el Señor no responde con el decálogo, sino que se centra en el primer mandamiento y lo completa. ¿Significa esto que para Jesús no tiene valor el decálogo o el resto de la ley de Moisés? Con el Evangelio en la mano no es posible afirmar esto.

El precepto del amor
La postura de Jesús ante la ley nunca fue de menosprecio, sino de aprecio hacia lo realmente importante. Con el paso del tiempo, los preceptos legales se habían multiplicado y, dependiendo de los distintos grupos judíos, se había regulado hasta el extremo la vida religiosa y social de Israel. La intención del Señor no es hacer una valoración sobre la conveniencia o no de la existencia de tales preceptos, sino dirigir la mirada hacia aquello que responde a las exigencias más profundas del corazón del hombre. Desde luego, un conjunto de innumerables mandamientos y unos preceptos negativos no pueden considerarse el ideal al que aspira el hombre. Disposiciones como «no matarás», «no cometerás adulterio» o «no robarás» son necesarias para delimitar si estoy más cerca o lejos de la voluntad y de la gracia de Dios; delimitan nuestras acciones, pero no las orientan hacia ningún lugar. Sin algo que impulse nuestro obrar de modo positivo y dinámico, la ley de Dios se convierte únicamente en un semáforo en rojo ante determinadas fronteras que no debo traspasar.

Un mandamiento positivo
Por eso el Señor formula el primer mandamiento en sentido positivo, en dos partes. La primera está tomada del libro del Deuteronomio, cuyo texto constituye el punto central de la primera lectura de este domingo: «Escucha, Israel […] Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». De modo sorprendente, puesto que no ha sido preguntado por ello, el Señor continúa con el «segundo» mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este precepto tampoco es original de Jesús, puesto que aparece en Levítico 19, 18. Sin embargo, la novedad radical del Señor consiste en haber unido ambas disposiciones en una sola, convirtiéndolas en el motor de la vida cristiana. No en vano, en el escrutinio que se hace a los padres de los niños que van a ser bautizados se les pregunta si están dispuestos a educar a su hijo en la fe, «para que guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio». Resume, pues, de un modo único cuanto implica la vida cristiana.
Es interesante, por último, comprobar cómo el escriba subraya en su réplica a Jesús que el doble amor a Dios y al prójimo tiene mayor valor que todos los holocaustos y sacrificios. Esta convicción está recogiendo gran parte de la tradición del Antiguo Testamento, en particular, la vinculada con los profetas, quienes se encargaron de señalar a quienes vivían una religiosidad externa y superflua, y en denunciar el culto a Dios si no iba acompañado del amor a Dios y al prójimo. El Evangelio está pidiendo un cambio de corazón, ya que sin esta condición no es posible cumplir lo que el Señor nos pide.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estas lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


Marcos 12, 28b-34