miércoles, 16 de abril de 2014

Datos Hermandad de las Cinco Llagas - Estación de Penitencia 2014

Hermandad de las Sagradas Cinco Llagas de Cristo
Real Convento de San Francisco
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Blog oficial:
http://cincollagasjerez.blogspot.com

Correos electrónicos oficiales:
cincollagasjerez@gmail.com
secretariocincollagas@yahoo.es




La Hermandad estrenará esta próxima Madrugada Santa 2014 tres palermos y dos pértigas realizadas en plata cofradiera por el prestigioso orfebre local y hermano de esta cofradía Miguel Ángel Camas Soto. La cofradía asimismo reincorporará a su cortejo el Estandarte Franciscano, de bordados antiquísimos, perteneciente antaño a la Venerable Orden Tercera. E igualmente mantendrá en la comitiva nazarena las novedades del pasado año 2013: cuerpo litúrgico portando cirios negros para el tramo completo del Libro de Difuntos y Cruz Conventual y Ciriales.


Datos Estación de Penitencia 2014


Nombre de la Hermandad
:
Hermandad y Cofradía de Nazarenos de las Sagradas Cinco Llagas de Cristo, Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis y María Santísima de la Esperanza.

Sede canónica:
Iglesia de San Francisco, sita en Plaza Esteve

Sede social o Casa de Hermandad de las Cinco Llagas:
Calle Diego Fernández Herrera 6 y 8


Dirección de Cofradía
Juan Lupión Villar: 616115209 (dispone de whatsapp)
Rafael Argumedo Ojeda: 616287413 (dispone de whatsapp)
Ernesto Romero del Castillo: 699615525 (dispone de whatsapp)
José Soto Rodríguez: 649102003
Marco A. Velo García: 691210943 (dispone de whatsapp)
Antonio Ballesteros Marra-López: 656889426 (dispone de whatsapp)
Genaro Benítez Gil: 610585991 (dispone de whatsapp)
Auxiliares externos (acereros):
José Barrera Jiménez: 691175831 (dispone de whatsapp)
José Andrades Borrego: 608871112
Miguel A. Camas Soto: 956349582
Manuel Piñero Dueñas: 677602025 (dispone de whatsapp)

Blog oficial: http://cincollagasjerez.blogspot.com

Correos electrónicos oficiales: secretariocincollagas@yahoo.es y cincollagasjerez@gmail.com

Día de la Semana Santa en la que realiza la Estación Penitencial:
Madrugada del Viernes Santo

Camareras y vestidores:
Camarera Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis: María Villar Cruz
Camarera María Santísima de la Esperanza: Isabel Mateos Vega
Vestidor Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis: Francisco Bernal Suárez
Vestidor María Santísima de la Esperanza: Jesús Tamayo Martínez

Estilo de la cofradía:

De riguroso silencio y marcado carácter penitencial.

Iconografía de las Imágenes:
Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario y la Virgen Santísima bajo palio.


Túnica de los nazarenos:
Blanca de sarga con la cola sobre el brazo. Cinturón de esparto y sandalias color avellana.

Capataces:
Manuel Campos (paso del Señor)
Juan y Manuel Vega Cabral (paso de palio)

Exorno floral:
Césped en el paso del Señor
Claveles blancos en el paso de palio

Insignias destacadas:
Todo el juego de insignias de esta cofradía merece el subrayado de su destacado al considerarse un cuerpo estético muy compacto dentro de una misma línea artística. Así por ejemplo, la Cruz de Guía, que rememora las antiguas cruces de manguilla. El Libro de Reglas cuyas páginas están grafiadas a mano por el destacado artista local José Luis Torres (artísticas láminas de Nuestros Sagrados Titulares incluidas) o el así denominado Libro de Difuntos, donde se consignan el nombre de todos los cofrades fallecidos de esta corporación nazarena desde su fundación hasta la actualidad.

Fines de la Cofradía:
El culto a Dios, la práctica de la caridad y la implantación de la formación entre el cuerpo de hermanos.

Acompañamiento musical: Ninguno.

Lugares destacados para presenciar el paso de la cofradía:
Salida en Plaza Esteve y por el Barrio de San Pedro en el itinerario de ida.

Hora de salida:
2,15 horas

Hora de recogida:
7.00 horas

Estrenos:
Tres palermos y dos pértigas realizadas en plata cofradiera por el prestigioso orfebre local y hermano de esta cofradía Miguel Ángel Camas Soto. La cofradía reincorpora a su cortejo el Estandarte Franciscano, de bordados antiquísimos, perteneciente antaño a la Venerable Orden Tercera. Asimismo se mantendrá en la comitiva nazarena las novedades del pasado año 2013: cuerpo litúrgico portando cirios negros para el tramo completo del Libro de Difunto y Cruz Conventual y Ciriales.



Las Cinco Llagas: Premio al Mejor Cortejo Nazareno de la Semana Santa 2013 en la anual Gala de Entrega de Premios ‘El Cirial’

La Gala de presentación del cartel de la Semana Santa 2014 y entrega de premios anuales del Grupo Profesional de Acólitos ‘El Cirial’ se ha revestido este año del año de una fértil intensidad emocional. El cariño –nunca excesivo, jamás desmedido, siempre generoso- que estos jóvenes acólitos depositan en todo cuanto organizan –entregando amor a manos llenas- enseguida se advierte en la amalgama de pequeños detalles cuyo fundamento suele recaer en el reconocimiento y admiración para con instituciones y personalidades ajenas al propio seno de tan consolidado grupo de acolitado. La Gala de presentación de la presente edición –desarrollada en la Sala Compañía- ha encontrado como epígrafe y como leit motiv un recuerdo póstumo, un homenaje muy entrañable, un pésame conjunto, una nostalgia adornada de impotencia y lágrimas unánimes: Juan Carlos Soto, aquel pertiguero –“compañero, del alma, compañero”- gentil de corazón y bondadoso de trato humano. La Hermandad de las Cinco Llagas quiere agradecer públicamente la distinción que le ha sido concedida como Premio al ‘Momento más Emotivo’ de la Semana Santa 2013 al Mejor Cortejo Nazareno capaz de mantener la compostura y no descomponerse en ningún instante pese a la incertidumbre de la amenaza de lluvia. Excelente gesto del Grupo Profesional de Acólitos El Cirial que esta institución cofradiera agradece muy de veras.

domingo, 13 de abril de 2014

Histórica Convocatoria de Cultos del año 1947

Concurrida asistencia de hermanos a la Misa de Hermandad de este pasado Viernes de Dolores ante los pasos de salida de Nuestros Sagrados Titulares

Evangelio y comentario

Domingo de Ramos
La soledad del amor



El Domingo de Ramos, se proclama en todas nuestras celebraciones de la Eucaristía el relato de la Pasión, largo, solemne y conmovedor. Su lectura en una celebración litúrgica hace que la Palabra proclamada se nos presente, una vez más, como espada de doble filo. No podemos quedarnos indiferentes asistiendo como espectadores pasivos a un espectáculo como si nada tuviese que ver con nosotros. Es muy importante que aquellos sucesos, que nos introducen en la grandeza del misterio de nuestra salvación, nos muestren la interioridad con que los vivió Cristo. No estamos ante el relato épico de la ejecución de un gran hombre. Es mucho más. Los sufrimientos de Cristo nos traen la salvación. Y el Señor vive ese momento con un profundo amor, que le ha llevado a entregar la vida libremente por nosotros.

La celebración de este domingo, con la procesión de palmas y la meditación de la Pasión del Señor, se convierte en pórtico privilegiado que interpela al creyente y le invita a entrar en la Semana Santa para vivirla con provecho. Para ello, se debe suscitar en nuestro corazón el deseo de subir con Cristo a la cruz, para morir al hombre viejo y resucitar con Él a una vida nueva. Acompañar a Jesús en los próximos días nos ayudará a romper su soledad, tan bien descrita por san Mateo en su evangelio.

Soledad que comienza en la Última Cena, cuando Judas consuma su traición y Jesús toma conciencia de que incluso los más allegados le van a abandonar. Soledad que toma tintes dramáticos cuando el sueño de los apóstoles le deja roto en el huerto de los olivos: la carga del pecado del mundo comienza a mostrar su peso insoportable y el Señor sabe que tiene que beber el cáliz hasta el final. La soledad se prolonga en el injusto proceso al que se ve sometido cuando, hasta los que le conocen, le niegan. Y el abandono más insoportable es el del Padre expresado por Jesús en su oración en el patíbulo de la Cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Pero el que se ha entregado ya eucarísticamente tiene que tomar sobre sí lo aparentemente insoportable, según la voluntad del Padre. Y lo hace por nosotros.

Estamos a la espera de la Resurrección: así concluye el relato evangélico de este domingo. Pero para alcanzarla es necesario comprender el misterio de la Cruz. Eso se expresa en nuestras mismas celebraciones, presididas siempre por una cruz, la Cruz de Cristo. ¿Por qué? Si Cristo ha resucitado, ¿por qué nos preside su imagen de crucificado? Porque no debemos olvidar su Amor. Para que la victoria del Resucitado no nos oculte que el Amor le llevó a estar siempre con nosotros en el peor dolor, y a vivir como nosotros y con nosotros nuestros peores momentos. Por eso la celebración del Domingo de Ramos nos invita a estar activamente con Jesús, a tomar conciencia de lo que significa su entrega, su sufrimiento y la grandeza de su amor redentor. Acompañar a Jesús para descubrir cómo servir mejor a los hermanos: en especial a tantos que hoy siguen cargando con pesadas cruces en el camino de la vida.

Comienza la semana grande de los cristianos. La llamamos Santa por actualizar los momentos centrales de la vida de Jesús, el Santo entre los santos. Podemos intentar que ese adjetivo, santa, se convierta en un objetivo para nuestra vida a la luz del amor de Dios que se entrega por nosotros.

+ Carlos Escribano Subías
obispo de Teruel y Albarracín

Evangelio


En aquel tiempo, el primer día de los ázimos, los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».

Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: «Sentaos aquí mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres». Y se acercó a los discípulos, y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil. (...) Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega». Apareció Judas, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ése es: detenedlo». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo.

Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y senadores. Buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: «Éste ha dicho: Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días». El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que responder?» Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo». Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?» Y ellos contestaron: «Es reo de muerte».

Atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el Gobernador, que le preguntó: «Eres tú el rey de los judíos?» Jesús respondió: «Tú lo dices». Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilado le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?» Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?» Ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron: «¡Qué lo crucifiquen!» Pilato insistió: «¿Qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Qué lo crucifiquen!» Al ver Pilato que todo era inútil, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el Rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos. Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lama sabaktaní» (es decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos. La tierra tembló... El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios».

Mateo, 26, 14 - 27, 66


miércoles, 9 de abril de 2014

Primera parte del informe de nuestro Hermano Mayor participado durante el reciente Cabildo General Ordinario Informativo de Salida Procesional

Queridos compañeros de Junta de Gobierno y hermanos y hermanas de ésta nuestra Hermandad:

Aprovechando la ocasión de este Cabildo General, permitidme –en atención a las facultades que me competen como Hermano Mayor- haceros extensible algunas informaciones y correspondencias que considero de interés general. Aunque ya la comunicaremos oficialmente a la mayor brevedad posible por los conductos oficiales de información de la Hermandad, quiero solicitaros vuestra licencia para –abriendo un paréntesis en la naturaleza de este Cabildo- adelantaros un mensaje personal a modo de invitación y de agradecimiento.

Enseguida, no preocuparos, –en apenas unos minutos- entraremos ya en la materia propia de la estación de penitencia.

Así como al Hermano Mayor le está concedida la facultad de dirigirse al cuerpo de hermanos cuando así lo estime oportuno, quiero hacer constar lo siguiente:

Mi agradecimiento público y sincero a todos cuantos actualmente están colaborando estrechamente con las labores y las tareas propias del quehacer de la Hermandad. Reconozco que son tiempos difíciles, muy difíciles, para sacar horas extras al margen de nuestros trabajos y nuestras familias. Que cada vez son mayores las implicaciones personales que la situación laboral nos exige a muchos. Que (aparentemente, sólo aparentemente) no son buenos tiempos para la implicación en nuestro compromiso eclesial (ya sabemos cómo incluso la sociedad que nos rodea impone una corriente laicista y una tiranía de la fe vergonzante demasiado perjudicial para nuestra fe cristiana).

Pero aún así: observamos cómo las Hermandades siguen adelante, con paso firme y decidido, procurando actuar en el seno de una sociedad que, a Dios gracias, todavía sigue confiando en estas instituciones nazarenas. Por ello mi agradecimiento es patente y sincero.

Porque sé de sobras cuántas horas de trabajo –y de pretensión por hacer las cosas lo mejor posible- dedica los miembros de mi Junta de Gobierno al devenir de nuestra querida Hermandad. Sé el celo que ponen. Como también asumo la de aquellos hermanos –de colaboración siempre leal, siempre con el sí por delante- que están ahí para todo cuanto necesitemos de ellos.

En los últimos meses –y en la medida de nuestras posibilidades- hemos estrechado aún más si cabe el contacto con el cuerpo de hermanos. Las posibilidades que, a tal fin, otorgan tanto las nuevas tecnologías, así como una aproximación directa hacia aquellos cofrades que sabemos necesitan de algún apoyo, han propiciado que conozcamos más de cerca la realidad de muchos de nuestros hermanos. Ni que decir tiene la buena culpa –bendita culpa- que de ello tiene (está teniendo) las visitas semanales, a los domicilios particulares, en el acto de entrega de nuestra Capillita del Voto (visitas que derivan en la vivencia compartida de unos momentos auténticamente entrañables y que nos conmueven porque dan autenticidad a la verdadera razón de ser de nuestra condición de cofrades cristianos).

Como ya comentamos en su momento: no es estrictamente necesario que el hermano acuda a la Casa de Hermandad para que se produzca el acto de fraternidad (a veces las circunstancias que impiden esta asistencia pueden estar más que justificadas). Por tanto, en este caso, es la Hermandad la que debe acercarse a la casa del hermano, a su necesidad, a su petición a menudo no confesada por pudor o por modestia.

En estos meses estamos descubriendo causas que honestamente precisan –han precisado- de nuestra intervención, de nuestra compañía, de nuestra sonrisa.

Así, pues, mi agradecimiento sigue siendo intenso. Estoy orgulloso –así debo decirlo- de la dirección que, internamente, estamos adoptando. Buena muestra de ello pudimos comprobarlo en la excelente jornada de reparto de papeletas de sitio que todos disfrutamos el pasado sábado. Y no me refiero exclusivamente al número de turnos de atenciones que se entregaron sino por el clima de bienestar, de ilusión, de amenidad, de transparencia que vivimos durante las intensas seis horas de convivencia en la expedición, en el despacho, de estas papeletas en la mencionada jornada del pasado fin de semana. Ojalá que el próximo sábado el porcentaje de hermanos que se aproximen por esta sala capitular al menos se repita en cariño y alegría al de la pasada semana.

Aprovecho, naturalmente, para invitar, para impulsar a los hermanos a que –plenos de sus facultades físicas- vistan la túnica nazarena. Es nuestro deber sumarnos al testimonio evangélico de la Madrugada Santa en el cortejo nazareno. Nuestro hermano fundador y recordado Hermano Mayor Manuel Martínez Arce bien lo dejó escrito en una misiva que siempre nos sirve de referencia y de relectura. Un fragmento de esta misiva encabeza la última carta general que os hemos enviado al cuerpo de hermanos.

Es mi deseo explícito agradecer también a los hermanos que semanalmente mantienen, con su asistencia, los rezos de los viernes. Unos rezos que felizmente hemos recuperado en este curso cofrade y que nos reúne cada siete días a las plantas de Nuestros Sagrados Titulares. Era un reto que nos planteamos durante el pasado verano y que, a Dios gracias, hemos logrado sin necesidad de mayores reparos. Asimismo a los hermanos que acuden, cada segundo viernes de mes, a la Misa de Hermandad en la Capilla del Voto. Una misa que recomendamos fervientemente a todos vosotros. La misa de Hermandad mensual merece incluso una más nutrida asistencia de hermanos. Aunque no es escasa la habitual en estas Eucaristías, pero yo personalmente os aconsejo que probéis esta íntima experiencia de encuentro con Dios. Nos estamos planteando –como así anunciamos a principio de curso- celebrar unas breves CHARLAS DE FORMACIÓN CRISTIANA Y COFRADE en la misma Capilla del Voto y tras el término de esta Misa de Hermandad. Unas charlas de apenas media hora que complementen adecuadamente esta vivencia de Cristo.

De todo ello os iremos informando puntualmente.


domingo, 6 de abril de 2014

Evangelio y comentario

Quinto Domingo de Cuaresma
Una propuesta que interpela


Los textos evangélicos de los domingos cuaresmales han ido presentando ante nuestros ojos aspectos de la grandeza de Jesús que van preparando el corazón del creyente para acoger a Cristo en la plenitud de la Pascua. «Yo soy el agua viva», decía el Mesías a la samaritana. «Yo soy la luz del mundo», anunciaba el Maestro al ciego de nacimiento. «Yo soy la resurrección y la vida», dirá un conmovido Jesús a Marta, la hermana del difunto Lázaro. Tres revelaciones que, desde el principio, la Iglesia proponía al catecúmeno que se preparaba para recibir el Bautismo en la celebración de la Pascua y que hoy se nos sugieren a nosotros como propuesta que nos interpela en nuestro camino cuaresmal y en la renovación del don del Bautismo que un día recibimos.

En los tres casos, su afirmación irá acompañada de un dardo que se dirige al corazón de su interlocutor: «¿Crees?» Todos responden afirmativamente, prendiendo en ellos la chispa de la fe. No son conscientes aún, pero el Maestro les ha regalado una vida nueva. Y nos toman de la mano a nosotros para recordarnos cuán importante es actualizar nuestra fe en este camino cuaresmal para poder acoger la grandeza del acontecimiento de la Resurrección.

La resurrección de Lázaro es el séptimo y último milagro de Jesús en el evangelio de Juan. Con toda intención, las primeras palabras son para presentarnos a un enfermo moribundo: Lázaro. Éste personifica al hombre herido por el pecado que camina hacia la muerte, cuando Cristo lo llama a la vida. Desde el comienzo de su predicación, Jesús nos lo anuncia con claridad: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Con la resurrección de Lázaro, muestra su poder sobre la muerte. Él es la resurrección y la vida, y lo muestra con el testimonio de sus hechos. Los milagros de Jesús, en el evangelio de San Juan, se nos presentan como un camino ascendente, y con la resurrección de Lázaro nos situamos en el último peldaño. Para que el hombre pueda tener vida, para que sea derrotado el último enemigo, la muerte (1Cor 15, 26), es preciso que Cristo ofrezca su vida, sufra su Pasión, muera y resucite. Jesús, que está caminando con decisión hacia Jerusalén para cumplir con su misión. Parece que quiere mirar la muerte anticipadamente aquí en Betania, junto al sepulcro de Lázaro, y anunciar su derrota definitiva. Su poder sobre la muerte es parte de su misión, pero no será un pleno poder hasta que, exhalando el Espíritu Santo hacia Dios y hacia la Iglesia, muera en la cruz. Cristo ofrece aquí ya un signo y una prenda de la resurrección del último día al devolver la vida a Lázaro. Anuncia también su propia resurrección que, sin embargo, será de otro orden.

¡Lázaro vuelve a la vida! Este hecho es solamente el anuncio de la verdadera resurrección, que no consiste en una prolongación de la vida, sino en la transformación de lo que mi persona es y será. La resurrección es, ante todo, espiritual, aunque afecta a toda nuestro ser. Y comienza con nuestra muerte a una vida sin Dios en que la fe nos hace salir de nuestra gastada manera de vivir, para abrirnos a la vida nueva en el Espíritu. A eso nos mueve este tiempo de gracia que es la Cuaresma.

+ Carlos Escribano Subías
obispo de Teruel y Albarracín

Evangelio


En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y Marta, su hermana, había caído enfermo. Le mandaron recado a Jesús: «Señor, tu amigo está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios». Y se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Marta salió a su encuentro y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará... Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?»

Jesús, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?» Contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba, y dijo: «Quitad la losa». Marta le dijo: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días». Quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que Tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que Tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos creyeron en Él.

Juan 11, 1-45