Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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domingo, 29 de septiembre de 2019

Triduo a San Francisco y Santa Misa de Hermandad





El Rvdo. P. Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M., director espiritual de  nuestra Hermandad, ofrecerá en nuestra Sede Canónica un Triduo a San Francisco de Asís durante los días 1, 2 y 3 de octubre a partir de las 20,00 horas con ejercicio seguido de Eucaristía, concluyendo el día 4, festividad del  Santo de las Llagas, con Misa Solemne, celebración que aplicaremos como Santa Misa de Hermandad por nuestros hermanos difuntos.


viernes, 27 de septiembre de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXVI Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
«Tienen a Moisés y a los profetas»

Pocos grupos de personas son defendidos con tanta fuerza en la Escritura como los pobres. Aquellos que son despreciados por los hombres son siempre tenidos en gran estima por Dios. La parábola del Evangelio de este domingo sitúa como protagonista a Lázaro, quien en vida vivió echado en un portal y cubierto de llagas. Precisamente su nombre significa «Dios lo ayuda». En esta categoría de personas se pueden englobar también a los oprimidos, hambrientos, cautivos, ciegos, el huérfano o la viuda, cuya presencia abunda en la Biblia y también en el salmo responsorial de este domingo. Aunque olvidados por la gente, a menudo incluso con cierta superstición, puesto que no raramente se pensaba que su mal era un castigo de Dios por el pecado cometido por ellos o por sus padres, son objeto de la predilección divina. Frente a los indigentes se sitúan aquellos a los que Dios, por boca del profeta Amós, amenaza severamente. No se trata solo de los ricos materialmente. La primera lectura afina hasta presentar la raíz de su pecado. Por eso se refiere a «los que se sienten seguros», «confiados», «no se conmueven», describiendo una vida con todo tipo de lujos y derroches.

La indiferencia ante el pobre
La parábola que el Señor explica a los fariseos profundiza en el contraste entre el hombre rico y el mendigo, llamado Lázaro. Uno de los detalles que sobresale en el pasaje es que el Evangelio no dice el nombre del rico, ya que esto supone también una predilección y llamada de Dios a una misión concreta. Tras la muerte de ambos, se invierte la situación radicalmente, incluso de una manera más dramática que durante la vida: el mendigo es colocado en el seno de Abrahán, llevado por los ángeles, disfrutando de la gloria de Dios en un ambiente de consuelo. Por el contrario, al rico le aguardan las torturas y, hasta tres veces, se utiliza la palabra «tormento». Llegados a este punto podemos preguntarnos cuál era el pecado del hombre rico. El Evangelio no afirma aquí que esas riquezas hubieran sido obtenidas de modo injusto ni que el rico fuera ladrón. El principal drama del relato era el muro invisible, pero también infranqueable que separaba en vida al rico y al mendigo. Viviendo en una proximidad física máxima, ya que Lázaro «estaba echado en su portal», no aparece el mínimo gesto de cercanía entre ambos. Se cumple el esquema que denunciaba Amós: «no se conmueven». El pecado de este hombre no es poseer bienes materiales, sino que su seguridad y confianza en sí mismo lo convierten el alguien insensible e indiferente ante el sufrimiento de los demás; una pasividad que la parábola nos hace ver que no es hacia los pobres en general, sino ante quien puedo tener echado en el portal de mi propia casa. Escuchábamos, hace unas semanas, en la parábola del hijo pródigo, que cuando vuelve el hijo menor, al padre, que refleja cómo es Dios Padre, se le conmovieron las entrañas. En este sentido, cuando a nosotros nos afecta lo que les sucede a los demás, estamos imitando el modo de actuar del Señor. Cuando, en cambio, nos creemos autosuficientes, nos ubicamos en un plano de superioridad frente al resto. Con su vida, Jesucristo, nos ha permitido ver que siendo Dios, se ha conmovido por el hombre, sufriendo y muriendo como nosotros, como modelo máximo de solidaridad hacia los hombres.

Saber reconocer el sufrimiento de los demás
No es sencillo a veces reconocer nuestra frialdad ante el dolor ajeno. Tampoco debemos esperar fenómenos extraordinarios que nos lo manifiesten. Cuando el rico de la parábola es llevado al infierno, le pide a Abrahán avisar a su familia para que se conviertan. La respuesta del patriarca es que escuchen a Moisés y a los profetas, es decir la Palabra de Dios, ya que «Moisés y los profetas» era el modo de referirse a la Escritura revelada por Dios a los hombres. Los fenómenos extraordinarios podrán producir admiración o sorpresa, pero solo la acción silenciosa de la Palabra en nuestra vida provocará la verdadera conversión del corazón.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también vengan ellos a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».



Lucas 16, 19-31





Nuestro Hermano Mayor don Rafael Cordero Jaén asistió al Stabat Mater que pronunció en la Hermandad del Amor N. H. D. Fernando García Carrasco



El orador acompañado de los hermanos de esta Santa Hermandad asistentes


jueves, 26 de septiembre de 2019

Rogad a Dios en caridad por el alma de don Manuel Argumedo Ojeda, hermano de N.H.D. Rafael Argumedo






Falleció esta mañana a la edad de 48 años en la localidad de Algeciras y se encuentra en la sala Huelva del Tanatorio de Jerez, donde tendrán lugar las exequias por su eterno descanso mañana viernes a partir de las 13,00 horas.



miércoles, 25 de septiembre de 2019

jueves, 19 de septiembre de 2019

Asistencia a la Novena de nuestra Patrona, la Virgen de la Merced, así como a su procesión






El próximo sábado día 21 se nos invita a acudir a las 20,00 horas a la Basílica de la Merced, donde las Hermandades de la Madrugá se harán presentes en la Novena de la Santísima Virgen.

Asímismo, el próximo martes, 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Excelsa Patrona, Nuestra Señora de la Merced, nuestra Hermandad participará como cada año en su procesión.

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXV Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
«Ningún siervo puede servir a dos señores»

Alo largo de su Evangelio, san Lucas subraya los peligros de un excesivo apego al dinero. Las riquezas en sí no son injustas, dado que constituyen un medio a nuestra disposición para vivir y poder ayudar a otras personas. Sin embargo, el evangelista advierte que la abundancia puede convertirse, en la práctica, en uno de los principales obstáculos para seguir a Jesucristo. Hace dos domingos se nos invitaba a renunciar a lo secundario, no anteponiendo nada al seguimiento del Señor. Este domingo, como una concreción más de la enseñanza de Jesús, se nos dice con claridad que quien no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo de Cristo; quien vive apegado a las riquezas materiales se incapacita para vivir en plenitud la vocación primera a la que ha sido llamado por Dios: el amor a Dios y a los hombres.

«Ganaos amigos con el dinero de iniquidad»
Lucas incorpora en el Evangelio algunos pasajes desconcertantes a primera vista. Al igual que sucedía hace unos días con la expresión «he venido a prender fuego a la tierra» (Lc 12, 49), resulta llamativo que el Señor nos proponga aumentar el número de nuestros amigos a través de una injusticia, ya que es un principio moral fundamental que el fin no justifica los medios. ¿Qué es, entonces, lo que pretende enseñarnos Jesús? En la cultura en la que vivía el Señor era habitual que el administrador de los bienes no fuera un simple intermediario entre un señor y sus deudores, siendo el administrador también acreedor de los deudores y pudiendo, en parte, decidir la cantidad que finalmente debían pagar los deudores. Es ahí donde Jesús alaba la astucia con la que actúa su administrador. Al igual que en el resto de parábolas, el Señor se está refiriendo a realidades que van más allá del caso concreto, ofreciéndonos al final del pasaje la enseñanza que podemos obtener de sus palabras.
Como sabemos, uno de los puntos en los que más insiste la Escritura es la denuncia frente a la explotación del pobre. De ello nos da cuenta la primera lectura de este domingo, del profeta Amós. En ese texto se describen, por una parte, las trampas corrientes para estafar al pobre y se concluye con la promesa del Señor de no olvidarse de estas malvadas acciones. En esta misma línea, el salmo responsorial constata, en continuidad con esta tradición de defensa del pobre, que el Señor «levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre». Por esto, al final del Evangelio se afirma que quien actúa con astucia perdonando las deudas, será recibido en las moradas eternas cuando tenga que rendir cuentas a Dios al final de su vida. Quien practica la misericordia, recibirá misericordia.

Ser administradores astutos
De un modo magistral, el Señor consigue que nos identifiquemos con la figura del administrador, teniendo en cuenta el uso que hacemos de aquello que se nos ha concedido cuidar. Ciertamente, en esta gestión disponemos de una amplia libertad, pero también nos exige una constante decisión entre ser honrados o injustos, fieles o infieles, egoístas o altruistas. La astucia con la que actúa el administrador de la parábola se basa en haber decidido compartir con otros aquello que le ha sido dado. El dinero no deja de ser un medio de subsistencia, pero este pasaje del Evangelio nos recuerda que para que fructifiquen nuestras cualidades y riquezas hemos de compartirlas con quien puede necesitarlas. No poder servir a Dios y al dinero significa que si nos obcecamos por lo segundo, nos cerramos a amar a los demás, puesto que nuestro propio bienestar y la seguridad material se convierten en el único objetivo de nuestra vida.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”. Éste respondió: “100 barriles de aceite”. Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe 50”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él contestó: “100 fanegas de trigo”. Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe 80”. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».



Lucas 16, 1-13





La Hermandad de las Cinco Llagas felicita a don Damián López-Cepero Ramírez por su reciente elección como Hermano Mayor de la Hermandad de la Clemencia





viernes, 13 de septiembre de 2019

Cambio de atuendo de María Santísima de la Esperanza

Fotos: D. Jesús Tamayo






Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXIV Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
La búsqueda de Dios al hombre

Uno de los temas que con mayor frecuencia se presentan en la Escritura, y especialmente en el Evangelio, es el de los mandamientos. Tenemos en la mente el encuentro entre Jesús con distintos personajes que le preguntan cómo heredar la vida eterna o cuál es el principal mandamiento. No cabe duda de que el amor a Dios sobre todas las cosas constituye el corazón de la actitud que debe tener el hombre hacia Dios. Por ello es el primer precepto, en el que se condensa la fe. Las parábolas de la misericordia, que leemos este domingo, reflejan la otra cara de la moneda, es decir, nos permiten ver que nuestro amor a Dios es en realidad una respuesta al infinito amor que Él nos tiene, aunque tantas veces no seamos conscientes de ello. Para ello Jesús adopta tres imágenes concretas: la oveja perdida, que ayuda a ahondar en la visión de Dios como pastor, que a lo largo de la historia ha guiado a su pueblo a través de patriarcas, reyes o profetas; en la plenitud de los tiempos ha enviado a su Hijo único; y hasta el final de los tiempos dirige a la Iglesia con la fuerza del Espíritu Santo. Con una parábola muy similar, tomada también de la vida cotidiana, Jesús muestra dos aspectos centrales: el interés por la búsqueda de la moneda y la gran alegría al encontrarla. El capítulo 15 de san Lucas, que ya de por sí puede ser considerado el corazón de este Evangelio, llega a su punto culminante con la parábola del hijo pródigo. Aunque este año la hemos escuchado en Cuaresma, ahora la vemos en el marco de las otras dos parábolas, lo que posibilita hallar puntos comunes.

La alegría de ser salvados
En los tres casos se parte de una pérdida: la oveja, la moneda o el hijo. No es la primera vez que la Escritura refleja así el alejamiento del hombre de Dios. En la primera lectura de este domingo, es el pueblo elegido de Dios el que se separa, ofreciendo sacrificios a dioses falsos. Sin embargo, gracias a la intercesión de Moisés, el Señor se acuerda de su pueblo y se arrepiente de la amenaza que había pronunciado contra ellos. Precisamente, la dimensión de recuerdo o memoria es fundamental para comprender cómo Dios se encuentra con nosotros. De modo concreto, escuchamos en la celebración eucarística expresiones como: acuérdate, Señor, de tu Iglesia, o bien, recuerda a tus hijos, en las que, al igual que Moisés, le pedimos a Dios que, a pesar de nuestra infidelidad, nunca nos abandone. Este modelo de oraciones nos permite reconocer que vivimos en las manos de Dios, que tenemos necesidad de su salvación y de algo especialmente importante: que Él nunca nos va a abandonar. Pero estas parábolas dicen aún más: antes de que nosotros pensemos que necesitamos a Dios, Él ya ha venido a buscarnos. Dios no se cansa jamás de salir a nuestro encuentro y recorrer primero el camino que nos separa de Él. La parábola del hijo pródigo lleva hasta el extremo esta realidad, encontrando en la escena del Padre, que «lo vio y se le conmovieron las entrañas […] se le echó al cuello y lo cubrió de besos» una de las expresiones más nítidas de cómo Dios aguarda siempre al que se ha separado de Él, sin tener para nada en cuenta el pecado cometido. De hecho, las palabras que más destacan en este capítulo son las vinculadas con la alegría y la felicitación, puesto que se considera que quien ha vuelto a Dios «estaba muerto y ha revivido». De modo especial, esta parábola pone de manifiesto que la alegría de Dios es máxima cuando el hombre recupera su verdadera dignidad, la de hijo.





  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas , no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos, conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad […]. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida el mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebramos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete […]».



Lucas 15, 1-32





martes, 10 de septiembre de 2019

sábado, 7 de septiembre de 2019

Ayer viernes celebramos la primera Misa de Hermandad del curso 2109-2020 con la Capilla del Voto completa de asistentes



Foto: N:H:D: Marco A. Velo


La Hermandad de las Cinco Llagas felicita al cofrade don Pablo Baena Rodríguez por su reciente nombramiento como Pregonero de la Semana Santa de Jerez de 2020 deseándole toda clase de éxitos en esta capital encomienda otorgada por el Consejo Local de la Unión de Hermandades




Don Pablo Baena Rodríguez preside la Hermandad de Ntra. Sra del Rosario de Bornos y es miembro de las de La Vera-Cruz y La Flagelación de la citada localidad serrana. Asimismo, pertenece a la cofradía de El Cautivo de Sanlúcar de Barrameda, a la filial del Rocío de Arcos de la Frontera y a las corporaciones jerezanas de La Sed y La Sacramental de Santiago.

Con cuarenta y dos años de edad, es Licenciado en Filología Hispánica, desarrolla su desempeño laboral como docente en el Colegio San Miguel Adoratrices de Sevilla y es estudiante de Teología.


‘Bautizados y enviados’, lema de la XXX Semana de Teología





Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ

Tendrá lugar en el Obispado del 16 al 19 de septiembre próximo con un cartel que reúne al Arzobispo de Pamplona y doctores en Teología y Derecho Canónico

El Obispado de Asidonia-Jerez organiza y convoca la XXX Semana de Teología que este año se convoca con el lema genérico ‘Bautizados y enviados’. Cuatro conferencias le darán contenido del 16 al 19 de septiembre próximos según el siguiente cartel:

  • Lunes 16/09/19, La Iglesia es misionera por naturaleza’, a cargo de monseñor Francisco Pérez González, arzobispo de Pamplona y encargado de Misiones en la Conferencia Episcopal Española.
  • Martes 17/09/19, ‘Vocación bautismal y misión’, por Ricardo Aldana Valenzuela, licenciado en Sagrada Escritura, doctor en Teología y profesor de Teología en Granada.
  • Miércoles 18/09/19, ‘Laicos y santidad’, que expondrá Encarnación González Rodríguez, doctora en Historia, licenciada en Derecho Canónico y postuladora de las causas de los santos.
  • Jueves 19/09/19, ‘Testigo en la misión’, por Cristopher Hartley Sartorius, doctor en Teología y misionero.

Las ponencias tendrán lugar en el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado (plaza del Arroyo 50) y Cada una de ellas será ofrecida, como es habitual, en dos sesiones diarias: de 10:30 a 13:15 (especialmente indicada para sacerdotes, religiosas y religiosos, diáconos y seminaristas) y de 20:00 a 21:30 (para público en general).


“El padre Pedro Guerrero fue un hombre santo”


Cofrades de las Cinco Llagas y Amor y Sacrificio junto al sepulcro del P.Guerrero



Cinco Llagas y Amor y Sacrificio asisten a la misa anual en su memoria

Sendas representaciones de las Hermandades de las Cinco Llagas y Amor y Sacrificio, de nuevo asistieron, como así todos los años, a la misa que se celebró este pasado día 3 del presente mes de septiembre en la Iglesia Parroquial de San Francisco de El Puerto de Santa María en memoria del sacerdote jesuita y destacado cofrade Pedro Guerrero González.

Personas provenientes tanto de El Puerto, como de Jerez, Sanlúcar de Barrameda y Sevilla se congregaron en la Eucaristía presidida por el sacerdote Juan Tamargo, S.I., quien indicó que “el padre Guerrero fue un hombre santo. Dios sabe mejor que nadie la santidad de cada uno. Siempre hay que pedir al padre Guerrero para que interceda por nosotros”.


El diácono Juan Luis Izquierdo Fernández agradeció públicamente la presencia de ambas Hermandades jerezanas, “que nunca faltan, que nunca fallan”, pues no en balde de ambas Pedro Guerrero fue fundador y primer Hermano Mayor. Naturalmente no faltaron los miembros de la Asociación del Apostolado de la Oración. Hubo palabras de entrañable recuerdo también a la memoria del ejemplar sacerdote jesuita Fernando García Gutiérrez, S.I., que tanto trabajara en pro de la causa de Pedro Guerrero.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XXIII Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
«La llamada a un seguimiento radical»

Rodeado de mucha gente que lo acompañaba, Jesús aborda de nuevo una cuestión fundamental en la predicación del Reino de Dios: las condiciones para ser discípulo suyo. Sabemos que no era el único maestro en tener seguidores en este periodo histórico, tal y como refleja la literatura bíblica y extrabíblica de la época. Uno de los aspectos que destacan en las páginas que venimos escuchando durante este verano es que las propuestas del Señor resultan dudosamente atractivas desde el punto de vista meramente humano; e incluso aparentemente contradictorias. Así sucede, por ejemplo, cuando Jesús afirma que no ha venido a traer paz a la tierra, sino división, poniendo de manifiesto que la respuesta a su llamada no es acogida con el mismo entusiasmo por todos. Tampoco la insistencia en la necesidad de la humildad o la constatación de las dificultades para entrar por la puerta estrecha presentan el seguimiento al Señor como algo precisamente atractivo.

Posponer todo lo demás
Conocemos la existencia de persecución hacia los cristianos desde los primeros siglos. El martirio ha estado presente desde siempre y ha gozado de gran estima, ya que el mártir se identifica en mayor medida con Cristo, que también derramó su sangre. Sin embargo, puede resultar duro comprender que alguien deba posponer a su padre, a su madre o a sus hijos para ser discípulo del Señor. ¿Qué sentido tiene? Sin duda, la reticencia humana a aceptar esta enseñanza del Señor parte de entender a modo de contraposición el amor a Dios y el amor al prójimo, como si cuanto más se amara a Dios, menos se amara al prójimo; algo que no es verdad, ya que quien ama a Dios ensancha su capacidad de querer a los demás. Pero hay una cuestión más: Jesús no pide lo mismo a todos, ya que cada persona tiene una tarea y un proyecto concreto. Así, por ejemplo, la llamada particular que el Señor dirige a los doce para dejarlo todo, anunciar el Reino de Dios e, incluso, el martirio, no ha sido recibida por todos los cristianos, sino por los que Él ha designado. Pero sí hay condiciones que se entienden referidas a todos los miembros de la Iglesia: la primera es el no anteponer nada al amor a Dios, es decir, amarlo sobre todas las cosas; la segunda es tomar la propia cruz y seguirlo. Si de verdad se vive un amor a Dios hasta las últimas consecuencias, ese posponer elimina cualquier vestigio de egoísmo en los afectos naturales. El amor a Dios es capaz de fomentar en nuestro corazón un nuevo modo de querer al propio padre, madre, hermano o hijo. Ser discípulo de Jesucristo no implica tener al Señor como un amigo más, ya que Jesús requiere toda nuestra persona. Y si esto tiene sentido es porque Dios también lo da todo. Por eso mismo cobra gran valor el mismo hecho del martirio. Quien muere por confesar el nombre del Señor no es que simplemente tenga una muerte similar a la de Jesús; es que participa de su misma muerte.

La necesaria adhesión al Señor
Las palabras del Señor nos ayudan no solo a comprender cuál ha de ser nuestra relación con Él, sino también a calibrar nuestro orden de prioridades en la vida. No pocas veces vivimos centrados en aspectos inmediatos, urgentes, necesarios, sin tener en cuenta los cimientos sobre los que edificamos nuestra vida. Jesús nos quiere recordar que solo Él es absoluto, mientras que el resto de dimensiones de la vida son relativas. Y relativo no significa de poco valor, sino referido a lo absoluto, a lo que permanece o a lo que da sentido. Otra de las facetas que se destacan en el pasaje de este domingo es la presentación de la dificultad para llevar a cabo este seguimiento. Sabemos que a Jesús lo abandonaba gente. El Evangelio nos habla de «calcular», «deliberar», «poder acabar» (la obra) y «salir al paso». Ello no significa que el discipulado sea fruto de un simple cálculo humano u opción privada, pero sí fija claramente la necesidad de una voluntad firme por parte del hombre, que responde a la llamada realizada previamente por el Señor.





  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.” ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con 20.000? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».



Lucas 14, 25-33




domingo, 1 de septiembre de 2019

El próximo martes día 3 de septiembre tenemos una nueva cita a las 20,00 horas y en la Parroquia de San Francisco de El Puerto de Santa María (Jesuitas) con la Misa conmemorativa del XLVI aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios Pedro Guerrero González, S.I., primer Hermano Mayor de nuestra Hermandad y santo sacerdote jesuita





Evangelio y comentario

Fuente: VATICAN NEWS

XXII Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
La humildad ayuda a ser auténtico y a vivir en la verdad


Hermanos y hermanas, las lecturas de este 22º domingo del Antiguo Testamento nos hablan de la humildad y generosidad que pueden ser consideradas como expresiones de sinceridad en nuestra búsqueda de Dios.

El episodio contado en el Evangelio tiene lugar en un día sábado, reservado para Dios, para agradarle en todas las cosas. El hecho de que Jesús sea invitado a comer en la casa del jefe de un fariseo, y partiendo de su sentido de la observación, demostrará que los otros invitados, así como el que lo invitó, se limitan a las apariciones y que, en este día de reposo, carecen de sinceridad hacia Dios.

De hecho, Jesús notó que los otros huéspedes buscaban ocupar los primeros lugares para ser vistos por los demás. Tal actitud refleja un cierto espíritu de orgullo que no conviene a aquellos que quieren agradar a Dios. El autor del libro del Eclesiástico dice, en la primera lectura, que la raíz del mal está en el orgullo. De hecho, para curar las apariencias, el hombre orgulloso utiliza todo tipo de trucos, y más mentiras, para continuar en su línea. Esto lo empujará fácilmente a persistir en la mentira y a caer en otros vicios.

La humildad, en cambio, ayuda a ser auténtico y a vivir en la verdad. Hazlo todo con humildad, y serás amado más que un benefactor, dice el autor del Eclesiástico. Humildad es saber reconocerse pequeño y realizar las cosas, no para ser visto por los demás, sino para agradar a Dios. Porque al final, es Dios quien ve y recompensa.

 Y como dice San Pablo en la segunda lectura, Dios es el juez de todos. Jesús en el Evangelio dice: "El que se humille será levantado y el que se levanta será humillado". "La verdadera elevación es, pues, la que viene de Dios y no de los hombres. Porque es Dios quien baja o eleva, según nuestro comportamiento.

Durante esa comida, Jesús también notó que su anfitrión sólo había invitado a gente rica, sin pensar en los pobres. Una vez más, el fariseo pudo haber querido mostrar a los demás ricos lo capaz que era de organizar una comida tan suntuosa a la que hasta Jesús fue invitado. Su riqueza le ha hecho ciego e incapaz de ver a los pobres y hambrientos. Por lo tanto, fracasó en el deber de la caridad, pensando que estaba observando el sábado y estando en orden con Dios.

La intervención de Jesús muestra que no se puede estar en orden con Dios cuando no se sabe verlo en los que sufren. Por eso Jesús invitó al fariseo a saber dar gratuitamente, sin esperar nada a cambio, porque al final es sólo Dios quien da la verdadera recompensa.

Estas lecturas también nos invitan para preguntarnos cómo nos comportamos en la sociedad. A veces tratamos de actuar para ser vistos por los demás con el fin de obtener su aprecio. Y la búsqueda de nuestra propia gloria nos impide ver a los pobres, tener compasión y ejercer la caridad. Quizás también deberíamos considerar cómo organizamos las celebraciones, o nuestro deseo de poder, no para servir sino para nuestra propia gloria.

A la luz de estas lecturas, pidamos la gracia de vivir en humildad y practicar la generosidad, y así santificar al Señor a través de todo nuestro ser. Amén.


  Rigobert Kyungu, S.I.





Evangelio

Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:
Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Y dijo al que lo había invitado:
Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.




Lucas 14, 1.7-14