Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

martes, 25 de abril de 2017

COMUNICADO OFICIAL DE AGRADECIMIENTO Y FELICITACIÓN DE LA HERMANDAD DE LAS CINCO LLAGAS

Foto: N.H.D. Manuel Piñero Dueñas


Estimados hermanos en el Señor: 

La estación de penitencia de la pasada Madrugada Santa 2017 quedará registrada para los anales de la Historia de nuestra querida Hermandad como una de las jornadas más gozosas de los últimos años. La identificación con nuestro paradigma cofradiero es cada vez más palpable, no sólo por la unánime satisfacción mostrada por los hermanos que han participado como nazarenos, costaleros, monaguillos, acólitos o personal de apoyo a la Diputación Mayor de Gobierno, sino por la multitud de cofrades jerezanos y también venidos de fuera que no han escatimado en parabienes y felicitaciones para con nosotros.

Desde los sacerdotes con los que hemos contado para administrar el sacramento de la penitencia en el interior de la iglesia, gratamente impresionados con la riqueza de la espiritualidad reinante, hasta muchos de los fieles presentes en las calles Santa María, Honda, Bizcocheros y, sobre todo, Caracuel. Lugares que se han convertido en emblemáticos para nosotros y en los que nuestra cofradía brilla con luz propia ante los ojos de cuantos devotos miran llenos de emoción a Nuestras Sagradas Imágenes Titulares. Hemos dado a Jerez la respuesta que de nosotros espera desde hace ya tantos años: el contundente testimonio del Silencio Blanco que proviene de la Plaza Esteve: filas de nazarenos hieráticos embelesados en la contemplación de los Misterios de la Redención. Sabedores que la salvación de muchos depende de nuestras oraciones y voluntarios sacrificios, como bien dejó escrito el Santo Papa Pío XII, que ocupaba la Cátedra de Pedro en los años de nuestra feliz reorganización.

Cada vez son más los devotos que tras seguir al Señor de la Vía-Crucis, desean relacionarse con la realidad de nuestra corporación; cada vez son más los monaguillos niños que se suman a nuestras filas movidos por la evidencia de la fe de sus padres; cada vez son más los que nos buscan en la profundidad de nuestro silencio, que habla mucho más que el ruido que pueda hallarse en el exterior; cada vez son más los costaleros que desean pertenecer a nuestras cuadrillas para poder acariciar siquiera lo que siente nuestro cuerpo de nazarenos; cada vez son más los que se contagian de la evidencia de nuestro testimonio.

Desde la Junta de Señores Oficiales y la Diputación Mayor de Gobierno agradecemos de corazón vuestra fidelidad a nuestra esencia y vuestro comportamiento que sigue impresionando a propios y extraños porque demuestra a todas luces la autenticidad de lo que vivimos: un amor inconmensurable al Señor de la Vía-Crucis y a nuestra Madre de la Esperanza.

Un fortísimo abrazo en Cristo Resucitado.

  
Vº Bº  Rafael Cordero Jaén                Fdo: Ernesto Romero del Castillo    
    Hermano Mayor                                  Secretario

viernes, 21 de abril de 2017

Esta tarde a las 20,30 en San Francisco retomamos - tras la Cuaresma y Semana Santa- los Rezos Semanales

Foto: N. H. Dña. María Ruiz-Henestrosa

Foto: N. H. Dña. María Ruiz-Henestrosa

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo de Pascua (ciclo A)
«Paz a vosotros»

Constantemente estamos deseando la paz. Hablamos de paz exterior, es decir, de ausencia de guerras y de conflictos entre distintos países o regiones. Socialmente este deseo se acentúa en torno a la Navidad. Cualquier guión de mensaje navideño no está completo sin una referencia en este sentido. Por otro lado, no faltan quienes subrayan la relevancia de una paz interior, quizá más importante que la exterior, ya que es origen de ella. Como de un componente más de la sociedad de bienestar, se habla de paz y armonía a modo de ausencia de cualquier perturbación. Nada hay de censurable en esta visión, pero es parcial. Podemos olvidar que la paz es un don de Dios y, más en concreto, del Señor resucitado. Ciertamente, las alusiones navideñas a la paz no ignoran que Jesucristo, Rey de la Paz, viene a traer la paz a los hombres. Sin embargo, hoy en día casi nadie es consciente de que la paz es también el gran don del Señor resucitado. En efecto, tras la resurrección, las primeras palabras de Jesús al dirigirse a sus discípulos, reunidos en el Cenáculo, son «Paz a vosotros». Precisamente este es el sentido principal del gesto litúrgico de darse la paz en Misa. No consiste en un mero saludo para suspender momentáneamente la celebración y aprovechar para expresar mis propias emociones. Tampoco es solamente la oportunidad para, en las ceremonias de mayor relevancia social, compartir mis sentimientos con quien está de luto o de enhorabuena. Se trata, ante todo, de prolongar la paz que el Señor nos trae, con la finalidad de reconocerle, como fuente de este don, vivo en medio de nosotros. Si la liturgia ofrece como facultativo el gesto del intercambio de la paz no es por privar en ciertos momentos a la comunidad de una participación gestual. La ausencia de este signo durante la Cuaresma o el Adviento puede servir, por ejemplo, para relacionar mejor el vínculo entre la paz y Jesucristo resucitado, tal y como aparece en el Evangelio, o para reconocerle como príncipe de la paz en Navidad. De este modo, la propia celebración nos explicita lo que el Señor nos ha dicho con su Palabra.

La alegría de los discípulos
Podemos imaginarnos la situación de los apóstoles tras haber visto a Jesús crucificado y muerto. El Evangelio los muestra con miedo y huyendo. Después de que Jesús les enseñara las manos y el costado, el pasaje dice que «se llenaron de alegría al ver al Señor». He aquí el segundo fruto de la vuelta de Jesús a la vida: la alegría. Esta alegría no se testimonia únicamente en el texto evangélico. También la primera y la segunda lectura de este domingo citan el gozo que viven los cristianos de las primeras comunidades. De ello se hacen eco las oraciones centrales de la Misa, al señalar que gracias al acontecimiento pascual «el mundo entero se desborda de alegría».

La presencia de los signos de la Pasión
Si el domingo pasado el principal indicio de la resurrección del Señor era la imagen del sepulcro vacío, hoy tenemos otro signo: a Jesús se le reconoce por las huellas de su pasión. De no ser porque el Evangelio lo refleja, a nadie se le hubiera ocurrido imaginar a Jesucristo triunfante con los signos de su pasión, como mostrando aún una debilidad. Pero con ello, el Señor quiere hacernos ver que la resurrección no ha cancelado la pasión y la muerte, sino que estas adquieren ahora su verdadero significado. A Tomás las llagas le han valido para realizar la mayor confesión de fe del Evangelio: «Señor mío y Dios mío». Es ahí cuando Jesús pronuncia la bienaventuranza de la fe: «Bienaventurados los que crean sin haber visto». Durante estos domingos iremos comprendiendo cómo el acontecimiento de la resurrección se reflejará en la fe y en la vida de quienes entran en contacto con la Iglesia.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20, 19-31






domingo, 16 de abril de 2017

Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas, representada en la procesión del Resucitado




Felicitación Pascual




La Hermandad de las Sagradas Cinco Llagas de Cristo de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera le desea una muy feliz y gozosa Pascua de Resurrección. 

Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas, representada en el Santo Entierro




Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Domingo de Pascua de Resurrección (ciclo A)
El primer día de la semana

Con estas palabras comienza el pasaje del Evangelio que hoy tenemos ante nosotros. Esta referencia temporal, aparentemente sin demasiada importancia, tiene gran interés en la historia de la salvación. Hoy la referencia al tiempo no aparece exclusivamente en el Evangelio. Toda la celebración litúrgica se centra en la importancia del día. «Oh Dios, que en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad», escuchamos en la oración inicial de la Misa. Igualmente, en la plegaria eucarística, la oración central de la celebración de la Misa, leemos «en este día glorioso». En cuanto a los textos bíblicos, el salmo responsorial canta: «este es el día que hizo el Señor». ¿De qué día se trata? La respuesta es obvia, pero sus consecuencias merecen ser explicadas.
El primer día de la semana es el domingo, que en nuestro entorno lingüístico toma su nombre dedominica, que, a su vez, procede de dominus, que significa Señor. Por lo tanto, domingo significa etimológicamente día del Señor. Y este es el día en el que el Señor resucitó. Históricamente se reconocía a los cristianos desde la época apostólica por el hecho de reunirse en el día del sol –que era como llamaban los romanos al primer día de la semana– para celebrar la Eucaristía. Más adelante se subrayó un domingo al año, el día de Pascua, como el domingo principal, a partir del cual surgiría la Cuaresma como tiempo preparatorio y el tiempo pascual como prolongación. Pero este «día», este «hoy», se refiere también a cada vez que nosotros celebramos la Pascua del Señor. A través de la celebración eucarística se hace presente de nuevo la victoria de Cristo sobre la muerte.
El día primero es también cuando Dios comenzó su obra creadora. Así lo leemos en la primera lectura de la Vigilia Pascual. De esta manera, la liturgia recoge la vinculación que desde antiguo la Tradición de la Iglesia ha visto entre la primera creación y la nueva creación.

El sepulcro vacío
El pasaje de este domingo sitúa la escena en torno al sepulcro donde había sido depositado el Señor al amanecer del domingo. El fragmento busca destacar el carácter sorpresivo de lo que ha ocurrido. No comprenden lo sucedido. Así lo expresan las palabras de María Magdalena, cuando dice: «se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Es interesante detenernos en los movimientos de Juan. El discípulo a quien Jesús amaba llega antes a la tumba y, probablemente por respeto a Pedro, no pasa en primer lugar. Sin embargo, cuando entra, dice el Evangelio que «vio y creyó». Con ello el evangelista constata que la fe procede de la realidad. Si ha creído es porque ha percibido algo. Ha visto el signo del sepulcro vacío, así como los lienzos y el sudario con el que Jesús había sido cubierto. Juan comprende que el cuerpo de Jesús no ha sido robado, sino que Jesús vive, que no está ya muerto. En un instante ha entendido el acontecimiento fundamental de la historia.

Llamados a una vida nueva
La Resurrección del Señor tiene consecuencias para la condición humana. La novedad absoluta de lo que ha ocurrido marca la renovación de la vida del hombre. Hoy es derrotada la muerte, causada por el pecado. El triunfo pascual que san Juan describe va mucho más allá de un sepulcro vacío, de unos lienzos y de un sudario. Significa que ahora ya nuestra propia vida adquiere un nuevo sentido. Durante el tiempo pascual comprenderemos que, por el Bautismo, nuestra suerte ha quedado unida a la de Jesucristo. Asimismo, la novedad de este acontecimiento ha de reflejarse en nuestras obras, huyendo de la «levadura de corrupción y de maldad», de la que nos habla san Pablo en la carta a los Corintios (Cf. 1Co 5, 8).


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Juan 20, 1-9






jueves, 13 de abril de 2017

viernes, 7 de abril de 2017

Recordatorio: Esta tarde, a partir de las 20,30 y en San Francisco, piadoso ejercicio del Via Crucis



Momento del Via Crucis del pasado viernes 31 de marzo

Recomendación libresca: LA FUERZA DEL SILENCIO




El ruido nos impone su dictadura un día y otro, hasta el punto de que rara vez añoramos el silencio. Sin embargo, el ruido genera el desconcierto del hombre, mientras que en el silencio se forja nuestro ser personal, nuestra propia identidad.

Tras el éxito internacional de Dios o nada, el cardenal Sarah afronta en estas páginas la necesidad del silencio interior para escuchar la música de Dios, para que brote y se desarrolle la oración confiada con Él, para entablar relaciones cabales con nuestros allegados. "La verdadera revolución -afirma- viene del silencio, que nos conduce hacia Dios y los demás, para colocarnos humildemente a su servicio".

De nuevo en esta larga y profunda conversación con Nicolás Diat, el Cardenal propone la siguiente pregunta: ¿pueden aquellos que no conocen el silencio alcanzar la verdad, la belleza y el amor? La respuesta es innegable: todo lo que es grande y creativo está relacionado con el silencio. Dios es silencio.

El prefecto de la Congregación vaticana para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, enlaza y enumera hasta 365 pensamientos, hondos y variados, a propósito del silencio y sus efectos, que concluyen con un excepcional y riquísimo diálogo con Dom Dysmas de Lassus, Prior General de la Grande Chartreuse.

"Si bien el habla caracteriza al hombre, el silencio es lo que lo define, porque la palabra hablada solo adquiere sentido en virtud de ese silencio". Este es el hermoso y significativo mensaje de La fuerza del silencio.

Robert Sarah nació en Guinea en 1945. Sacerdote desde 1969, en 1979 fue nombrado Arzobispo de Conakri, con 34 años de edad. En 2001 Juan Pablo II lo llamó a la Curia romana, donde desempeñó sucesivamente dos altos cargos. Benedicto XVI lo creó Cardenal en 2010, y en 2014 Francisco lo nombró Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos.

Nicolas Diat es periodista y autor francés.


N.H.D. Marco A. Velo se hace eco en Diario de Jerez de la adquisición de nuestra Hermandad de la histórica bendición del Papa Pío XI a favor de quien fuese primer Hermano Mayor de esta Santa Hermandad Pedro Guerrero González




Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Domingo de Ramos (ciclo A)
Entregado por nosotros

Escuchar al comienzo de la Semana Santa el relato de la Pasión es una manera de introducirnos en lo que supone el Misterio Pascual de Cristo y, de este modo, ahondar en el método que Dios escogió para llevar al cabo la salvación del hombre. Para el cristiano, que confiesa a Jesucristo resucitado y glorioso, los episodios de sufrimiento no pueden ser desligados nunca de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte. Esto tiene sus consecuencias a la hora de analizar cómo Dios nos salva actualmente en la vida de la Iglesia. La eficacia de la gracia que recibimos mediante la recepción de los sacramentos no procede únicamente del dolor y del sufrimiento del Señor, sino de toda su acción sacerdotal, que comienza en su Encarnación y culmina con la Resurrección y Ascensión. Precisamente, en el versículo antes del Evangelio encontramos la vinculación entre el abajamiento y la gloria: «Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombresobre-todo-nombre».

La obediencia al Padre
La Pasión del Señor nos quiere mostrar que Jesús fue dócil plenamente a la voluntad del Padre y que quiso hacerse solidario con el hombre. Ciertamente, Jesús lucha contra la angustia que le produce la cercanía con el sufrimiento y la muerte. Por eso pide al Padre que lo libere de ese trance. Sin embargo, al mismo tiempo se somete a la voluntad del Padre. No es resignación sin más, sino que Jesús cumple la profecía de Isaías: «Yo no me resistí ni me eché atrás», al tiempo que manifiesta una total confianza en el Padre: «El Señor Dios me ayuda […] no quedaría defraudado». El evangelista hace referencia al Antiguo Testamento para hacer ver que lo que sucede forma parte del designio divino.

La solidaridad con los hombres
Por otra parte, Jesús es consciente de que su vida es entregada a sus hermanos como un don. Este es el sentido de que poco antes instituyera la Eucaristía, como anticipo de lo que iba a ocurrir. La Pasión no es solo una oportunidad para ver el sufrimiento de Jesús. Es, más bien, una ocasión para constatar hasta dónde llega su entrega por los hombres.
Y precisamente aquí es donde se comprende el significado profundo de la palabra solidaridad. Normalmente señala la adhesión circunstancial a una causa ajena. Cuando decimos que Jesús se solidariza con el hombre no significa únicamente que nos comprende y apoya, sino que ha llevado esta palabra a su dimensión más radical, haciéndose por completo uno de nosotros, al lado del que más sufre, aceptando un destino humano lleno de dificultades y de humillaciones. Por eso «se dignó padecer por los impíos y ser condenado injustamente en lugar de los malhechores», como señala la plegaria eucarística.
No obstante, el mismo relato de la Pasión presagia la victoria definitiva del Señor, «sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo». El que hoy es aclamado como rey, será crucificado como rey y vencerá como tal.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

[...] Jesús compareció ante el gobernador, quien le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?». Pero él no le respondió nada, hasta el punto de que el gobernador se quedó muy extrañado. Por la fiesta el gobernador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó a todos los que estaban allí: «¿A quién queréis que os deje en libertad? ¿A Barrabás o a Jesús, a quien llaman el mesías?». [...] Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. [...] Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, a quien llaman el mesías?». Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!». Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». [...] Entonces puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado. Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno de él a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!». Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar. Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa la Calavera) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suertes. Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron la causa de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban por allí le insultaban moviendo la cabeza y diciendo: «¡Tú que destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!». [...] Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con fuerte voz: Elí, Elí, lemá sabactani? (que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «¡Este llama a Elías!». En aquel momento uno de ellos fue corriendo a buscar una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber. Los otros decían: «¡Deja! A ver si viene Elías a salvarlo». Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron. [...]


Mateo 27, 11-54




viernes, 31 de marzo de 2017

Recordatorio: Esta tarde, a partir de las 20,30 y en San Francisco, piadoso ejercicio del Via Crucis





Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas asiste a la presentación oficial de los horarios e itinerarios de la Semana Santa de 2017 en El Corte Inglés



Nuestra Hermandad estuvo representada por nuestro hermano mayor,  D. Rafael Cordero Jaén y por N. H. D. Marco Antonio Velo García, oficial de la Junta de Gobierno.

Nuestro Hermano Mayor, don Rafael Cordero, asiste en el Ayuntamiento a una reunión con la Sra. Alcaldesa y algunos técnicos municipales




El portal Cofrademania se hace eco de la adquisición de nuestra Hermandad de la personal bendición de S.S. Pío XI al venerable Pedro Guerrero




La Diputación Mayor de Gobierno de nuestra querida Hermandad agradece el ejemplar comportamiento de los hermanos en el reparto y entrega de cédulas de sitio




El Grupo Infantil de las Cinco Llagas ya demuestra sus habilidades en la confección de nazarenos de papel








Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

V Domingo de Cuaresma -  de Pasión (ciclo A)
Llamados a la vida eterna

El Evangelio de este domingo relata las consecuencias de la resurrección de Cristo y su victoria sobre la muerte. Tras haber visto a Cristo como agua, prometiendo un agua que sacia para siempre la sed, y como luz, afirmando ser «la luz del mundo», hoy contemplamos a Jesús como «la resurrección y la vida». Estos tres aspectos han conformado durante siglos el núcleo del itinerario catequético de los que iban a ser bautizados en la noche de Pascua. Al igual que en las semanas anteriores se hablaba de dos tipos de agua y de luz, la física y la que trae Jesús, también hoy aparecen dos tipos de vida. Jesús devuelve la vida física a Lázaro. No obstante, a través de este signo, el último antes de que los sumos sacerdotes decidieran matarlo, nos muestra que posee una vida de índole superior a la meramente física. Ciertamente, el hombre huye de la muerte. Sin embargo, también somos conscientes de que una vida física sin fin no tendría sentido. Por una parte, comprendemos que no podemos esperar una prolongación infinita de la vida biológica y, por otra, deseamos una vida sin fin. Cuando el Señor afirma «yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá», alude a una vida de orden distinto y que supera la idea de una vida terrena interminable. El Evangelio de san Juan afirma: «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). El Señor habla de la esencia de la vida, no de la duración ni de las condiciones físicas.
Jesús es la novedad absoluta, que irrumpe y derriba el muro de la muerte. Puesto que Cristo es vida eterna, la muerte no tiene dominio sobre él. La resurrección de Lázaro es signo de su señorío total sobre la muerte física. De hecho, Jesús considera la muerte como un sueño: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo». Del mismo modo que existe una vida física y la vida que nos trae el Señor, también existe otra muerte diversa de la física, la muerte espiritual. El pecado la provoca y para vencerla Cristo sufrió la cruz.

El reconocimiento como Señor
En el fragmento de este domingo es llamativa la fe de Marta. Cuando llega Jesús, le sale al encuentro y le dice: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Para entender esto, hemos de situarnos en el lugar de esta mujer. No es fácil conservar tal fe en circunstancias tan dolorosas, ya que el dolor y la tristeza son enormes. Marta es, pues, un ejemplo de confianza en Jesucristo. Al igual que la samaritana pedía el agua verdadera y el ciego de nacimiento confesaba su fe en el Señor, Marta también responde ante la pregunta que le plantea el Señor: «Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Esta afirmación está reconociendo ya a Jesús como vencedor de la muerte. Y está en la línea de la aclamación Kyrie eleison del principio de la celebración eucarística. Para Marta, como para los cristianos, Jesús supera la imagen del maestro, del profeta o del ejemplo de moral. Es reconocido como Señor porque, con su pasión, muerte y resurrección, ha vencido a la muerte y, como Señor glorioso, es la vida y nos comunica esa vida verdadera a través de los sacramentos. Por eso, los primeros escritores cristianos llamaron a la Eucaristía medicina de inmortalidad. A través de ella se nos está dando la vida verdadera, que supera el tiempo y el espacio.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, al que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Jesús preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Juan 11, 3-7, 17. 20-27. 34-45




lunes, 27 de marzo de 2017

La Hermandad de las Cinco Llagas suma a su patrimonio el valiosísimo documento de 1929 de la personal Bendición del Papa Pío XI a quien fuese primer Hermano Mayor de esta cofradía tras su reorganización Pedro Guerrero González



Fruto de la generosa donación de la familia Cuesta Romero, fue presentada, enmarcada, al cuerpo de hermanos durante el desarrollo del reciente Cabildo General Ordinario Informativo de Estación de Penitencia celebrado el pasado jueves día 23 de los corrientes

La Hermandad de las Sagradas Cinco Llagas ha rescatado y sumado para su inventario y patrimonio -fruto de una muy generosa donación de la familia Cuesta Romero- el valiosísimo documento original de la bendición personal y que de puño y letra concediera en el año de gracia del Señor de 1929 el Papa Pío XI a Pedro Guerrero González, primer hermano mayor, tras su reorganización en 1939, de esta Hermandad y Cofradía y quien desempeñase ejemplar y eficazmente tan digno cargo durante los años que precedieron a la fecha de su primer canto de Santa Misa como sacerdote jesuita. Este documento posee una profunda raigambre histórica y emocional para los cofrades de las Cinco Llagas -por cuanta admiración y seguimiento se profesa en el seno de la corporación a la vida y obra del Siervo de Dios padre Pedro Guerreo y asimismo por la larga y fructífera y leal vinculación y pertenencia de toda la familia Guerrero González a la nómina de hermanos excelsos de esta cofradía -no en balde Ramón y Manuel Guerrero González desempeñaron máximos cargos representativos de la Junta de Gobierno durante los años cuarenta y cincuenta así como la implicación del también familiar Carlos González Rivero-. La bendición de Pío XI fue presentada, debidamente enmarcada, al cuerpo de hermanos durante la celebración del reciente Cabildo General Ordinario Informativo de Estación Penitencial celebrado en su sala capitular el pasado jueves día 23 de los corrientes.






La Hermandad de las Cinco Llagas se hace presente en la Función Principal de la del Nazareno




Nuestra Hermandad estuvo representada por nuestro hermano mayor,  D. Rafael Cordero Jaén.

sábado, 25 de marzo de 2017

A la venta las entradas del documental "Pasión y Palabra, memorias cofrades jerezanas"




La Unión de Hermandades colabora con la Plataforma Pro-Restauración de la Basílica de la Merced en el acto de presentación y proyección del documental "Pasión y Palabra, memorias cofrades jerezanas", de Jesús Salido que tendrá lugar en la Sala Compañía el próximo viernes 31 de marzo a las 20.00 horas.
  
Las entradas están ya a la venta al precio de 3€ en el comercio Azul Stoque en la Calle Honda de nuestra ciudad, para todos aquellos interesados en asistir a la misma. Igualmente aquellas personas que quieran comprar el vídeo de esta película se pondrá a la venta conjuntamente con la entrada al acto a un precio de 10€.   

viernes, 24 de marzo de 2017

La mañana del próximo domingo día 26, Retiro de Cuaresma




Se llevará a cabo en el Convento de MM Clarisas (c/ Barja) desde las 11,00 horas y dirigido por el P. Ángel Angulo, O.F.M., terminando a las 12,30 con la Santa Misa del día.

Están todos invitados a aprovechar este momento único de meditación  en el ecuador de la Cuaresma.

jueves, 23 de marzo de 2017

Recordatorio: Mañana viernes a las 20,30 en San Francisco, Piadoso Ejercicio del Via Crucis




Recordatorio: el próximo sábado día 25 de los corrientes, reparto de cédulas de sitio





Hermanos de nueva incorporación para la próxima Madrugada Santa 2016: sábado 25 de marzo de 17,30  a 21,30 horas. Casa de Hermandad.

La estimación cuantitativa de la cédula de sitio comporta un valor meramente simbólico -siempre en honesta sujeción a las posibilidades económicas de cada hermano-, aunque no obstante la Junta de Señores Oficiales proponga la cantidad orientativa de 20 EUROS. Es importante constatar que las cédulas de sitio serán repartidas y despachadas de modo individual con el propósito además de que los hermanos puedan confiar y transmitir en la mayor privacidad posible aquellas circunstancias personales propias -y nunca ejerciendo de intermediario o de portavocía de terceros- que consideren de necesaria comunicación. 

Los hermanos que se encuentren en situación de desempleo y atraviesen estrecheces económicas estarán exentos de sufragar dicha cédula de sitio.

Ahora bien: instamos vivamente a los hermanos que –por determinadas circunstancias específicas- no realicen Estación de Penitencia, colaboren económicamente con los gastos que conlleva la salida procesional de la Madrugada del Viernes Santo retirando al efecto una simbólica Cédula de Sitio Solidaria que en muy mucho contribuirá a favor de los afrontes de tesorería ante tan crucial y tradicional testimonio de catequesis pública.

Asimismo, y para ejercitar la teologal virtud de la CARIDAD, todo hermano se impondrá el deber de acercarse a retirar dicha cédula /papeleta junto con algún litro de leche o leche infantil, o algún alimento no perecedero para poder paliar en alguna mínima medida los siempre tristes pormenores de los más desfavorecidos.

Respecto a la petición de cruces y promesas, de todos es bien conocido que la Cofradía estacionará con un número máximo de diez cruces de penitencia y que, bajo ningún concepto o motivo aparentemente justificado, se entregará una más. En este sentido, nuestros cofrades dilucidarán que sus promesas se pueden plasmar de muchos modos o formas. Una de ellas, edificantísima, no es sino continuar aquella consuetudinaria costumbre de nuestros primeros cortejos penitenciales, cuya práctica totalidad de nazarenos tenían a bien besar con sus pies descalzos el frío asfalto de la Madrugada. Ténganse no obstante muy en cuenta las palabras del Venerable Papa Pío XII en su carta encíclica Mystici Corporis Christi: “Misterio verdaderamente tremendo y que jamás se meditará bastante: Que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo”.

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

IV Domingo de Cuaresma -  de Laetare (ciclo A)
La luz del mundo

Según el pensamiento de la tradición religiosa de la época de Jesús, cuando una persona tenía alguna limitación física importante, se daba por supuesto que la causa era el pecado suyo o de sus padres. Por el contrario, el Señor, ante la limitación y el sufrimiento humano, no piensa en las culpas de quien padece la enfermedad, sino en que toda persona ha sido llamada por Dios a la vida y es una ocasión para que la misericordia, el amor y el poder de Dios se manifiesten. El propio gesto que realiza Jesús este domingo hace referencia a la creación del hombre. Él toma tierra y, con saliva, hace barro, para después untarlo en los ojos del ciego. También el hombre ha sido modelado con las manos de Dios, a quien le ha insuflado la vida. En definitiva, el pasaje que hoy tenemos ante nosotros quiere poner de manifiesto que cada acción concreta del Señor está cumpliendo una nueva creación; una obra que no se circunscribirá a la curación física, sino que propiciará por parte del ciego el reconocimiento hacia Cristo como Señor y como «luz del mundo», a través de un proceso que implica lo más profundo de la persona.

Un acontecimiento real
La narración de la escena es bastante realista y refleja el orden lógico de los acontecimientos. En primer lugar, encontramos un suceso real. El ciego «fue, se lavó y volvió con vista». El propio ciego, más adelante, afirmará: «Solo sé que yo era ciego y ahora veo». Simplemente se describe una realidad. La escena evangélica narra un hecho constatable. Prueba de ello es el siguiente paso del relato, que se resumiría en la sorpresa y la admiración ante el acontecimiento: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Verdaderamente, se ha producido algo inaudito. Las valoraciones sobre lo ocurrido solo podrán hacerse partiendo del mismo suceso. Esta observación no es insignificante, por obvia que parezca. A menudo se presenta la fe como un conjunto de creencias, sin un fundamento en la realidad. Ello es peligroso, puesto que da pie a considerar la fe como algo irracional. Y esta es, en cierta medida, la causa de que no falten corrientes de pensamiento que consideran ridículo que el hombre actual crea. El Evangelio de hoy nos hace caer en la cuenta de que la realidad de los sucesos no puede quedar nunca en segundo plano.

El paso hacia la fe
A partir del hecho real –el paso de la ceguera a poder ver– el ciego de nacimiento experimentará una evolución que le llevará al reconocimiento de Jesús como Señor. Con ello se nos manifiesta que la fe es habitualmente un proceso gradual: en primer lugar, se produce un encuentro con Jesús, a quien el ciego reconoce como una persona entre las demás; después lo considera un profeta; por último, sus ojos son capaces de abrirse totalmente y proclamarlo «Señor». Este es el instante en el que este hombre percibe en el hecho de ser curado el signo que le lleva a descubrir a Jesús como la fuente de su salvación. La frase «solo sé que yo era ciego y ahora veo» adquiere un nuevo sentido tras la confesión: «Creo, Señor». A partir de ahora verá no solo físicamente, sino también espiritualmente. Ahora bien, ver espiritualmente no significa que estemos ante un visionario, ya que su nueva forma de observar, la de la fe, tiene causa real. Gracias al hecho de encontrarse con quien le ha dado la vista, su razón ha sido capaz de ensancharse y su libertad de adherirse a quien ha cambiado su vida por completo. La libertad juega un papel fundamental. Muestra de ello es que ni los fariseos, ni los vecinos, ni siquiera los padres del ciego han sido capaces de reconocer a Jesucristo como el autor de la salvación de este hombre. Para ellos prevalece el prejuicio de que Jesús no podía ser el Mesías sobre la realidad misma de lo que ha sucedido.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: « ¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: « ¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: « ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38





Recomendación libresca: DIOS O NADA ; 335.000 ejemplares vendidos en trece idiomas




Robert Sarah nació en Guinea en 1945. Sacerdote desde 1969, en 1979 fue nombrado Arzobispo de Conakri, con 34 años de edad. En 2001 Juan Pablo II lo llamó a la Curia romana, donde desempeñó sucesivamente dos altos cargos. Benedicto XVI lo creó Cardenal en 2010, y en 2014 Francisco lo nombró Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos.

Nicolas Diat es periodista y autor francés.

En esta entrevista amplia, variada (autobiográfica y doctrinal; experiencial y conceptual; africana, romana, universal...), sincera, briosa y en tantos momentos cautivadora, el cardenal Sarah aborda con altura y franqueza los grandes temas eclesiales de la actualidad: desde la misión de la Iglesia, la evangelización, la liturgia o la oración, al celibato sacerdotal, las vocaciones, la lucha contra la pobreza o las más candentes cuestiones en torno a la familia y al matrimonio.

“He leído Dios o nada con gran provecho espiritual, alegría y gratitud. Vuestro testimonio de la Iglesia en África, del sufrimiento durante la época del marxismo en Guinea y de una vida espiritual dinámica, tiene gran importancia para la Iglesia. Es singularmente relevante y profundo lo que afirma acerca de la centralidad de Dios, la celebración de la liturgia y la vida moral de los cristianos. Su valiente respuesta a los planteamientos de la "teoría de género" clarifica una cuestión antropológica fundamental”. (Benedicto XVI, Papa emérito).

“Hay un "momento de África" que se está desarrollando en el catolicismo, y el cardenal Robert Sarah es una de sus voces más importantes. Si quiere usted entender las fuerzas que configuran el futuro de la Iglesia, le recomiendo que lea este libro”. (John Allen, escritor y editor estadounidense).

“El cardenal Sarah muestra un profundo amor por el Evangelio, el corazón de un pastor para los pobres y una visión clara de los desafíos a los que se enfrenta la Iglesia en el mundo posmoderno. Es una guía importante para la misión de la nueva evangelización”. (José H. Gómez, Arzobispo de Los Ángeles –California).