Con desbordante
ilusión y hondo agradecimiento, conscientes del alto sentido de la
responsabilidad y del privilegio que reciben a manos llenas, las hermanas que
conforman el nuevo grupo de camareras de la Hermandad de las Cinco
Llagas ya han iniciado unas sesiones de trabajo -asistidas por varios miembros
de la Junta de
Gobierno- en las que no únicamente planifican las funciones y funcionalidades
propias del cargo sino que igualmente asumirán y apoyarán otras iniciativas de
necesidades de costura de la cofradía y un plan de fomento de la devoción de
los Sagrados Titulares de esta corporación así como una estrecha colaboración
con los cotidianos quehaceres del hermano Capiller.
BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

jueves, 27 de octubre de 2016
Aún quedan pliegos disponibles de LOTERÍA DE NAVIDAD
Esta Santa Hermandad participa con los siguientes
números: 15567 y 12619. Todo aquel que esté interesado puede ponerse en contacto con el sr.
tesorero, N. H. D. José Soto Rodríguez en el teléfono 649102003.
La Capilla del Voto acoge mañana viernes a partir de las 21,00 horas el pregón del costalero
La cita se
enmarca en el arranque del VII Encuentro de Costaleros que se celebrará este fin
de semana en nuestra ciudad, siendo el pregonero el capataz del paso del Señor
de la Vía-Crucis ,
don Manuel Campos.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, data prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
XXXXI Domingo del
tiempo ordinario (ciclo C)
Buscar y salvar
Jesús está ya al final de su
largo viaje hacia Jerusalén. Entre las enseñanzas de esta última etapa se
encuentra la acogida de Jesús a los niños y mendigos –al contrario de lo
acostumbrado en el uso local– y la dificultad de renunciar a las riquezas en
favor del Reino de Dios, como expresa el relato del joven rico, que rechaza el
seguimiento de Cristo por su amor a los bienes terrenales. Ciertamente, es
difícil que los ricos se salven, pero no imposible. Y para mostrar un ejemplo,
Lucas ofrece el hermoso relato de Zaqueo, en el que un hombre rico y pecador se
convierte y se salva.
La escena se sitúa en Jericó,
verdadero centro económico y lugar estratégico en la ruta hacia Jerusalén.
Jesús entra en la ciudad y la gente, expectante, se amalgama en torno a las
calles por donde atravesaba la ciudad.
La pequeñez del hombre
Zaqueo es denominado en el texto
como «jefe de publicanos», es decir, una especie de supervisor de publicanos y,
por tanto, «rico», porque eran una comunidad adinerada. Recaudaban impuestos
entre los judíos para los romanos, pero ellos aprovechaban para abusar con
tarifas excesivas y enriquecerse injustamente. Eran despreciados tanto por los
romanos como por los judíos, porque eran ladrones e impuros. Gozaban de mala
reputación entre la gente y eran pecadores ante la Ley de Dios. Su soledad y
culpabilidad era compensada por su riqueza. Sin embargo, Zaqueo es presentado
en el relato no como una persona odiosa; sino como alguien que quiere ver
desesperadamente a Jesús. El evangelista no explica los motivos de tal deseo;
pero se entretiene en detalles particulares que definen un comportamiento
notable en Zaqueo. El gentío y su baja estatura impiden lograr su objetivo. No
consigue ocupar ningún lugar principal o cercano al evento, sino que acepta un
segundo puesto entre la multitud. Es entonces cuando, corriendo delante de la
multitud, busca como alternativa subirse a un árbol y esperar a que pase Jesús
por allí. Zaqueo se siente ajeno y solo en medio de tanta gente; no participa
de la algarabía del acontecimiento, pero… quiere ver a Jesús y se pone al
alcance del Señor.
La grandeza de Dios
Podemos imaginar la sorpresa de
todos cuando, al llegar a aquel sitio, Jesús levantó los ojos, miró a Zaqueo y
dirigiéndose a él por su nombre le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es
necesario que hoy me quede en tu casa». ¿Cómo es posible que en medio de tanta
gente, Jesús se fijara precisamente en Zaqueo, un pecador? Es Jesús quien toma
la iniciativa. Es ahora Él quien tiene urgencia de ver y entrar en casa de
Zaqueo. Zaqueo buscó ver a Jesús, y ahora Jesús busca a Zaqueo para salvarlo.
El texto dice que lo recibió «muy contento», porque probablemente vio en la
mirada de Jesús la comprensión y el amor que no encontró en ningún otro de sus
contemporáneos. Y es esa actitud de misericordia y compasión de Jesús la que
transforma la actitud de Zaqueo y provoca su conversión, su cambio de vida,
como expresa el desprendimiento de sus riquezas y la reparación de las
injusticias causadas: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los
pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Es la
reacción de un corazón perdonado y amado, que excede, incluso, lo que requiere la Torá. Es entonces cuando
Jesús responde con una sentencia que aprueba el comportamiento de Zaqueo;
asegura el perdón y la salvación de Dios para este pecador que estaba perdido;
y responde a las críticas de los que murmuraban contra Jesús por el gesto
escandaloso de hospedarse en casa de un pecador: «Hoy ha sido la salvación de
esta casa, pues también este es hijo de Abrahán». No solo le concede el perdón,
sino que le restituye a la vida de la comunidad judía de los descendientes de
Abrahán.
Buscar y salvar lo
perdido.
No olvidemos la actitud del
resto de los protagonistas del relato: «Todos murmuraban». Jesús se expone a sí
mismo a la crítica de aquellos judíos al visitar la casa de Zaqueo. Jesús era
admirado por aquella multitud; Zaqueo, sin embargo, era odiado. A juicio de los
presentes, este no merecía ser honrado con la presencia de Jesús en su casa.
Sin embargo, Jesús reacciona contra este juicio popular y llama a Zaqueo «hijo
de Abrahán» para significar que no está desheredado de la bendición prometida a
Abrahán, es decir, que es pleno miembro de la comunidad judía.
Y es entonces cuando enseña que
salvación de Dios está dirigida en primer lugar para quienes más lo necesitan:
para aquellos que están perdidos del recto camino, los pecadores, los que están
alejados de Dios. «El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que
estaba perdido». Esta es la finalidad de la misión del Hijo de Dios: buscar y a
salvar lo que está perdido. Este relato de la conversión de Zaqueo refleja la
misericordia entrañable de Dios para con los pecadores y la conversión posible
de un pecador en seguidor comprometido de Jesucristo.
Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino yla Disciplina
de los Sacramentos
Congregación para el Culto Divino y
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, data prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
Lucas 19, 1-10
Presentada el pasado martes la Instrucción AD RESURGENDUM CUM CHRISTO acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación
Fuente: ZENIT
La Iglesia permite la cremación de difuntos, pero sepultando las cenizas en
cementerio: no en casa
La instrucción de la Congregación
para la Doctrina
de la Fe , sobre la
sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de
cremación, con el título Ad resurgendum cum Christo ha
sido presentada este martes 25 de octubre en la sala de prensa de la Santa Sede.
Lo presentaron el cardenal Gerhard Müller, prefecto
de la Congregación
de la Doctrina
de la Fe ; su
consultor Ángel Rodríguez Luño; y el padre dominico Serge-Thomas
Bonino, secretario de la Comisión Teológica Internacional.
El cardenal Müller señaló que la cremación, debido a su incremento, será considerada como una práctica común.
Y a este desarrollo, ha advertido, le acompaña otro fenómeno: “la conservación de las cenizas en un ambiente doméstico, su conservación en recuerdo conmemorativos o su dispersión en la naturaleza”.
Por ello la preocupación específica de este documento se refiere a la conservación de las cenizas: “la Iglesia recomienda vivamente que se conserve la
piadosa costumbre de sepultar los cuerpos de los difuntos”, aunque la
cremación “no está prohibida a no ser que esta haya sido elegida por razones
contrarias a la doctrina cristiana”.
¿Cómo conservar la urna funeraria?
Entretanto no existía una normativa canónica sobre la conservación de las cenizas, por tal razón algunas conferencias episcopales pidieron ala Congregación para la Doctrina de la Fe , unas pautas sobre cómo y
dónde conservar la urna funeraria, indicó.
El cardenal reiteró que “la
Iglesia sigue recomendando insistentemente que los
cuerpos de los difuntos sean sepultados en el cementerio o en otro lugar
sagrado”.
Además, enterrar “es la forma más idónea para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal”.
Reconoció que puede haber motivaciones legítimas para elegir la cremación del cadáver, pero las cenizas tienen que ser conservadas normalmente en un lugar sacro, o sea, en un cementerio o lugar sagrado.
Además, es necesario evitar equívocos panteístas o naturalistas, por lo que “no está permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra, en el agua o de otra manera, ni convertir las cenizas en recuerdos conmemorativos”.
Con esta nueva instrucción, indicó el purpurado, queremos contribuir “para que los fieles cristianos tomen una ulterior conciencia de su dignidad”.
Y concluyó recordando que es necesario “evangelizar el sentido de la muerte a la luz de la fe en Cristo Resucitado”.
La cremación "tiene algo de brutal"
Respondiendo a ZENIT el padre Bonino señaló que el proceso de la cremación no es natural como la inhumación, porque interviene la técnica.
“Es un proceso en el cual el hombre intenta tener dominio sobre la vida y la muerte”.Tiene algo de brutal –ha observado– porque destruye enseguida el cuerpo sin dejar a las personas cercanas la posibilidad de hacer esta operación de aceptación a través del tiempo, como en una especie de privatización de la muerte.
El padre Bonino señaló también que en la instrucción apenas publicada, no hay que olvidar la primera parte sobre la sepultura del difunto y que se ha querido “reiterar las razones doctrinarias y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos” quela
Iglesia “recomienda insistentemente”.
El padre Rodriguez Luño añadió que el documento muestra la atención dela Iglesia paraque el
trato a los cuerpos de los difuntos de los fieles “sean inspirados por el
respeto y caridad y pueda expresar adecuadamente el sentido cristiano
de la muerte y la esperanza en la resurrección del cuerpo”.
El respeto a la voluntad del difunto
Respecto a la cremación, la instrucción explica que cuando se opta por ella por razones de tipo higiénicas, económicas o sociales, “no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto”.
Y asegura que “la Iglesia
no ve razones doctrinales para evitar esta práctica”, ya que la
cremación del cadáver “no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina
resucitar el cuerpo”.
En esta misma línea, se precisa que las cenizas del difunto “deben mantenerse en un lugar sagrado”, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente.
El cardenal Müller señaló que la cremación, debido a su incremento, será considerada como una práctica común.
Y a este desarrollo, ha advertido, le acompaña otro fenómeno: “la conservación de las cenizas en un ambiente doméstico, su conservación en recuerdo conmemorativos o su dispersión en la naturaleza”.
Por ello la preocupación específica de este documento se refiere a la conservación de las cenizas: “
¿Cómo conservar la urna funeraria?
Entretanto no existía una normativa canónica sobre la conservación de las cenizas, por tal razón algunas conferencias episcopales pidieron a
El cardenal reiteró que “
Además, enterrar “es la forma más idónea para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal”.
Reconoció que puede haber motivaciones legítimas para elegir la cremación del cadáver, pero las cenizas tienen que ser conservadas normalmente en un lugar sacro, o sea, en un cementerio o lugar sagrado.
Además, es necesario evitar equívocos panteístas o naturalistas, por lo que “no está permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra, en el agua o de otra manera, ni convertir las cenizas en recuerdos conmemorativos”.
Con esta nueva instrucción, indicó el purpurado, queremos contribuir “para que los fieles cristianos tomen una ulterior conciencia de su dignidad”.
Y concluyó recordando que es necesario “evangelizar el sentido de la muerte a la luz de la fe en Cristo Resucitado”.
La cremación "tiene algo de brutal"
Respondiendo a ZENIT el padre Bonino señaló que el proceso de la cremación no es natural como la inhumación, porque interviene la técnica.
“Es un proceso en el cual el hombre intenta tener dominio sobre la vida y la muerte”.Tiene algo de brutal –ha observado– porque destruye enseguida el cuerpo sin dejar a las personas cercanas la posibilidad de hacer esta operación de aceptación a través del tiempo, como en una especie de privatización de la muerte.
El padre Bonino señaló también que en la instrucción apenas publicada, no hay que olvidar la primera parte sobre la sepultura del difunto y que se ha querido “reiterar las razones doctrinarias y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos” que
El padre Rodriguez Luño añadió que el documento muestra la atención de
El respeto a la voluntad del difunto
Respecto a la cremación, la instrucción explica que cuando se opta por ella por razones de tipo higiénicas, económicas o sociales, “no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto”.
Y asegura que “
En esta misma línea, se precisa que las cenizas del difunto “deben mantenerse en un lugar sagrado”, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente.
Asimismo se observa que la conservación de
las cenizas en un lugar sagrado puede “ayudar a reducir el riesgo de sustraer a
los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad
cristiana”.
Las cenizas no deben guardarse en casa
De este modo, se argumenta que no está permitida “la conservación de las cenizas en el hogar”. Al respecto se indica que solo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de carácter local, el Ordinario, de acuerdo conla Conferencia Episcopal
o con el Sínodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el
permiso para conservar las cenizas en el hogar.
Además, las cenizas “no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares” y “se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación”.
No se pueden convertir las cenizas en joyas
Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, “no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma”.
Y tampoco se permite “la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder “no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación”.
Quien pida la dispersión de sus cenizas, sin exequias
En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, “se le han de negar las exequias, de acuerdo con la norma del derecho”.
Asimismo, recuerda que siguiendo la antiquísima tradición cristiana, “la Iglesia recomienda
insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los
cementerios u otros lugares sagrados”.
Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, “la Iglesia confirma su fe en
la resurrección de la carne”, y “pone de relieve la alta dignidad del
cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el
cuerpo comparte la historia”.
Por eso, el documento subraya que no puede permitir “actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona”, o como “momento de fusión con la madre naturaleza o con el universo”, o como “una etapa en el proceso de re-encarnación, o como la liberación definitiva de la ‘prisión’ del cuerpo”.
Al respecto, precisa que la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la “compasión” y el “respeto” debido a los cuerpos de los fieles difuntos,
Por último, la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados favorece “elrecuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana”, y la veneración de los mártires y santos.
También reconoce que mediante la sepultura, la tradición cristiana se ha opuesto a la tendencia a “ocultar o privatizar” el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos.
Las cenizas no deben guardarse en casa
De este modo, se argumenta que no está permitida “la conservación de las cenizas en el hogar”. Al respecto se indica que solo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de carácter local, el Ordinario, de acuerdo con
Además, las cenizas “no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares” y “se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación”.
No se pueden convertir las cenizas en joyas
Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, “no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma”.
Y tampoco se permite “la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder “no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación”.
Quien pida la dispersión de sus cenizas, sin exequias
En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, “se le han de negar las exequias, de acuerdo con la norma del derecho”.
Asimismo, recuerda que siguiendo la antiquísima tradición cristiana, “
Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, “
Por eso, el documento subraya que no puede permitir “actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona”, o como “momento de fusión con la madre naturaleza o con el universo”, o como “una etapa en el proceso de re-encarnación, o como la liberación definitiva de la ‘prisión’ del cuerpo”.
Al respecto, precisa que la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la “compasión” y el “respeto” debido a los cuerpos de los fieles difuntos,
Por último, la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados favorece “elrecuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana”, y la veneración de los mártires y santos.
También reconoce que mediante la sepultura, la tradición cristiana se ha opuesto a la tendencia a “ocultar o privatizar” el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos.
Pueden encontrar el documento completo en
el siguiente enlace:
domingo, 23 de octubre de 2016
El grupo joven de las Penas de San Vicente visita la Casa de Hermandad de las Cinco Llagas
Este pasado
sábado día 22 de los corrientes el grupo joven de la sevillana Hermandad
de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores -las Penas
de San Vicente- se desplazó a esta ciudad de Jerez de la Frontera invitada
expresamente por el grupo joven de la jerezana Hermandad de las Tres Caídas.
Los jóvenes sevillanos de las Penas aprovecharon además la ocasión para también
visitar otras distintas sedes canónicas y Casas de Hermandad de cofradías
jerezanas. Entre ellas las de las Cinco Llagas. Como se aprecia en la imagen,
de este cofradía de la
Madrugada Santa visitaron la Casa de Hermandad, siendo recibidos por el
Hermano Mayor y el Secretario, quienes explicaron y transmitieron detalles y
datos del rico patrimonio atesorado en esta céntrica Sala Capitular así como
ofrecieron a tan distinguida visita un jerez de honor.
viernes, 21 de octubre de 2016
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXX Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
Humildad
Jesús continúa explicando a sus
discípulos en qué consiste la vida del Reino de Dios. Y en este texto prosigue
su enseñanza por medio de una parábola. Es importante advertir la explicación
que da Lucas para motivar este mensaje de Jesús, dirigido a «algunos que
teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos». Se refiere a los
fariseos, que se creían justos ante Dios y despreciaban a los demás. El relato
se articula en torno a la diversa actitud de dos personajes que suben al templo
de Jerusalén para orar.
La oración arrogante
del fariseo
El primer protagonista es un
fariseo. Bien sabemos todos que este término tiene en la actualidad
connotaciones negativas. Decir fariseo significa hipócrita y poco fiable. La
descripción que hace Jesús de este personaje ciertamente es un tanto satírica,
pero no todo en ellos era negativo. Los fariseos trataban de guardar y defender
la Ley judía
frente a la amenaza de romanos y samaritanos. Es más, intentaban agradar a Dios
a través de su pureza ritual, ayunos, diezmos y el respeto del sábado. Sin
embargo, oraba de pie y en los primeros puestos del templo, para destacarse de
sus inferiores y llamar la atención de la gente. Más aún, el fariseo aprovecha
su larga oración para dar gracias a Dios por ser quien es, porque es perfecto y
puro y no le ha hecho despreciable como otros muchos, como, por ejemplo,
ladrones, injustos o el publicano allí presente, al que señala despectivamente.
¿Por qué se cree justo? Porque juzga su comportamiento generoso respecto a los
requisitos exigidos por la Torá :
ayuna dos veces por semana, cuando la
Ley exigía una; da el diezmo de todo, y no solo de las
cosechas, como mandaba la ley judía… El fariseo se presenta ante Dios seguro de
sí mismo, autosuficiente y pensando que es él mismo quien logra con su
comportamiento la salvación. Sin embargo, su oración es soberbia, egocéntrica,
narcisista y, por tanto, cerrada a Dios. No suplica nada, porque no necesita
nada. Él se considera justo ante Dios y mejor que los demás.
La oración humilde del
publicano
Bien sabemos ya que el publicano
era un marginado de la puritana sociedad judía, porque había pactado con los
romanos, convirtiéndose en un traidor ante Dios y el pueblo judíos a cambio de
riquezas terrenales. Aparece en la parte trasera del templo y cabizbajo. Se
considera un pecador indigno de presentarse ante el lugar santo de Dios. Los
golpes de pecho reflejan su pesar interior y la necesidad del perdón. Él no es
quién para juzgar o condenar a nadie, simplemente se desprecia a sí mismo e
invoca la misericordia de Dios, porque sabe que de sí mismo no puede esperar la
salvación. Es una oración breve, directa, descentrada de sí mismo, abierta a
Dios y, por tanto, esperanzada. No reclama más que la compasión de Dios para
que sus pecados sean perdonados.
Sobre la actitud en la
oración
Ambos personajes suplican a
Dios; pero representan dos actitudes opuestas. Una es acogida por Dios; la
otra, rechazada. El fariseo ora con soberbia y busca justificarse ante Dios por
medio de sus obras, despreciando a los demás. El publicano es consciente de su
condición pecadora y ora con humildad, sin compararse ni juzgar a nadie. De tal
forma que el que se creía justo sale del templo sin ser justificado; y el
considerado injusto va justificado a su casa. Porque el perdón, la salvación y
la justicia son un don de Dios, no un logro humano. Dios no puede aceptar la
oración soberbia del que se vanagloria ante Él, porque es una oración hecha
desde el engaño y se transforma en una farsa. Nadie es perfecto, sino Dios. Sin
embargo, Dios escucha y acoge la oración humilde del que se siente humilde,
pobre y pequeño ante Él, porque es una oración hecha en verdad. Por eso,
termina la parábola con esas esperanzadoras palabras de Jesús, que contrastan
con la actitud soberbia de los fariseos y resultan programáticas para todo
seguidor de Jesucristo: «Todo el que se enaltece será humillado, y el que se
humilla será enaltecido». Recuerda esta gran lección para examinar tu vida y tu
oración. Todos podemos ser el publicano o el fariseo. ¿Qué actitud te define
ante Dios? ¿Soberbia o humildad?
Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino yla Disciplina
de los Sacramentos
Congregación para el Culto Divino y
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“¡Oh Dios!, te doy gracias,
porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco
como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que
tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar
los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten
compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y
aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla
será enaltecido».
Lucas 18, 9-14
Carta pastoral del arzobispo de Madrid con motivo de la reciente canonización de San Manuel González
Recuerdo agradecido a
San Manuel González
Fuente: ALFA Y OMEGA
A través de su vida y de sus escritos, san Manuel González
nos manifestó la grandeza de la existencia humana cuando se eucaristiza. Y para
eucaristizar el mundo, hay que conocer y dar a conocer a Jesucristo «Sigue
siendo necesario hacer esta confesión y proclamarla delante de todos los
hombres: “Tú eres Cristo, hijo de Dios vivo”»
El Papa Francisco canonizó el pasado
domingo a don Manuel González, obispo del sagrario, hoy ya san Manuel González.
Por eso, os quiero hablar del proyecto espiritual y humano engendrado en la Eucaristía que vivió y
presentó a la Iglesia. A
través de su vida y de sus escritos nos manifestó la grandeza de la existencia
humana cuando se eucaristiza.
¡Qué fuerza y qué belleza tiene la Eucaristía en la
transformación de la persona y de un pueblo! San Manuel González cree tanto en
la fuerza de la Eucaristía
y en la transformación que ejerce en la vida de los hombres y en la historia,
que dice: «Tengo la persuasión firmísima de que prácticamente el mayor mal de
todos los males y causa de todo mal, no solo en el orden religioso, sino moral,
social y familiar, es el abandono del Sagrario. El abandono de la Eucaristía priva a Dios
de la mayor gloria que de los hombres puede recibir y a estos de los mayores y
mejores bienes que de Dios pueden esperar».
San Manuel González incide en que, para
eucaristizar el mundo, hay que conocer y dar a conocer a Jesucristo: «¡Conocer
y dar a conocer a Jesús! ¡Conocerlo y darlo a conocer todo lo más que se pueda!
He aquí la suprema aspiración de mi fe de cristiano y de mi celo de sacerdote,
y la que quisiera que fuera la única aspiración de mi vida».
Presento algunos acentos del itinerario que
debemos seguir los discípulos de Cristo para entrar en los dinamismos de la Eucaristía tal y como
don Manuel los diseña. Los aprendemos a vivir junto al Señor en la Eucaristía :
1. Vivir sabiendo que el Señor siempre tiene algo que decirnos.
Recuerda la expresión de san Manuel González:
«Como a Simón, el fariseo desatento que lo convidó a comer, te dice a ti:
“Tengo algo que decirte”. Y antes de que respondas, como aquel, “Maestro di”,
quiero y te ruego que te detengas un poco a saborear esas palabras. ¡Dicen
tanto al que las medita, que ellas solas calmarían más de una tempestad y
disiparían más de una tristeza!».
2. Vivir aceptando esa llamada del Señor: «levántate».
Dirá don Manuel, «¡con qué relieve aparece
ante mis ojos esa que después de todo es una verdad de sentido común!: que para
andar aunque sea un solo paso es menester levantarse! [...] El “levántate” que
hacía andar a los paralíticos, despertaba a los dormidos y echaba fuera de las
tumbas a los muertos […] sin levantarnos nada podemos hacer ni en la obra de
Dios, que es su gloria, ni en la obra del prójimo y nuestra, que es la
santificación».
3. Vivir siempre en el horizonte de este mandato: «anda».
Esta era la condición que ponía a todos
aquellos que se beneficiaron de la presencia y de la acción del Señor. Don
Manuel capta este horizonte y dice: «Ese “anda” era casi la única condición que
ponías al agradecimiento de los beneficiados por tus milagros […] Es para
hacerme pensar y meditar muy despacio que al paralítico a quien das movimiento,
al ciego y al leproso a quienes devuelves la salud, al muerto a quien das vida,
a la pecadora a quien otorgas el más generoso de los perdones, al apóstol a
quien entregas el universo para convertirlo, a todo el que pasa junto a ti,
sacándote virtud, le impones siempre este mandato: “anda”».
4. Vivir aceptando el reto del seguimiento: «sígueme».
Explicará don Manuel que «ese “sígueme” […]
equivale a esto otro: “alma, conozco tan bien tu pasado, tu presente y tu
porvenir, me fío tanto de tu cariño, me encuentro tan a gusto junto a ti, te
necesito tanto para mi gloria y me necesitas tanto para tu dicha, que no quiero
vivir sin ti, ni me atrevo a decirte el “anda, hasta luego”, sino que quiero
que estés conmigo todos los instantes del día y de la noche”».
5. Vivir la vida sabiendo descansar: «descansad un poco».
No se trata de un descanso cualquiera, san
Manuel González hace retrato de ese descanso: «Ese “descansad un poco” no es el
dormir sin cuidado de los discípulos de Getsemaní; ni tampoco el volver la cara
atrás mientras se lleva la mano puesta sobre el arado, de los inconstantes; ni
el enterrar el único talento para no tener que explotarlo, de los desconfiados;
nada de eso. El “descansad un poco” que precede o sigue a las grandes acciones
evangélicas es un laborioso descansar, es un dejar quietos los ojos, los oídos,
los pies y las manos para reconcentrar la actividad que se quita al cuerpo en
el alma y esta vea, oiga y se entregue más enteramente a su Dios».
6. Vivir confesando al Señor en medio de los hombres.
Aquella pregunta que hace el Señor a los
discípulos sigue siendo clave para hacer la buena confesión de fe en medio del
mundo; así lo expresa don Manuel: «“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” El
Evangelio dice que la primera vez que se hizo esta pregunta fue respondida con
gallarda y bellísima confesión: “Tú eres Cristo Hijo de Dios vivo”, pero que la
segunda vez que se volvió a hacer obtuvo esta otra tan triste como injusta y
falsa: “No conozco a ese hombre” […] Y cuenta que fueron los mismos labios los
que dieron las dos respuestas».
Sigue siendo necesario hacer esta confesión
delante del Señor y proclamarla delante de todos los hombres, «Tú eres Cristo,
Hijo de Dios vivo».
+ Carlos,
arzobispo de Madrid
Tapiz con la
imagen de san Manuel González en la fachada de la basílica de San Pedro,
durante la canonización
martes, 18 de octubre de 2016
Los ciclos ‘Debates formativos’ y ‘Memorial Manuel Martínez Arce’, las visitas culturales, peregrinaciones y encuentros institucionales, y la formación eclesial a través del blog oficial de la Hermandad, centran las propuestas de la diputación de Formación de la Hermandad de las Cinco Llagas para el presente curso 2016-2017
El cuerpo de
hermanos de la Hermandad
de las Cinco Llagas, reunido en Cabildo General Ordinario de Apertura de Curso,
aprobó por unanimidad el pasado viernes tanto el borrador del acta del Cabildo
General anteriormente celebrado como el presupuesto del curso 2016-2017 y el
amplio plan de actividades y líneas de actuación -ya cerradas en fecha y así
programadas- sobre todo en los ámbitos concernientes al Culto, la Caridad , la Formación y la
recientemente creada Diputación de Juventud. Presidida la Asamblea por el director
espiritual padre José Luis Salido y por el Hermano Mayor de la corporación
Rafael Cordero Jaén, se destacó de manera prioritaria las acciones y planes de
actividades de las diputaciones de Formación, Caridad y Juventud -de los
contenidos de estas dos últimas daremos cuenta en próximamente-.
El plan de
Formación elaborado para el presente curso -y sucesivos- destaca las siguientes
propuestas:
Primero: Los
denominados “Debates formativos”, que consistirán en una breve exposición
inicial de unos quince minutos -un viernes al mes inmediatamente después de los
rezos en la Capilla
del Voto- sobre temas como Hermandades y Cofradías, valores cristianos, reglas y
ordenanzas de nuestra corporación nazarena, espíritu y carisma de la Orden Franciscana
e integrantes de la cofradía: acólitos, costaleros y nazarenos. A la breve
exposición seguirá un debate abierto de preguntas y participación abierta y
didáctica de las personas asistentes. Se unificarán las conclusiones para
consignarlas en la memoria anual de la diputación de Formación.
Segundo: El
tradicional -de convocatoria anual- ciclo de Conferencias Memorial Manuel
Martínez Arce que, en orden a tres ponencias, se celebrarán siempre después de
Semana Santa y antes de la celebración del Cabildo de Cuentas y Cierre de Curso
(por lo común en el mes de mayo). Estas ponencias formativas también se
celebrarán en la Capilla
del Voto de la iglesia de San Francisco.
Tercero: Visitas
culturales, peregrinaciones y excursiones cofradieras. Tras el inmejorable resultado
de las realizadas durante a celebración del LXXV Aniversario de nuestra
reorganización -en este caso en actos de encuentros
institucionales y
convivencias fraternales con nueve destacadísimas hermandades de Sevilla-, en
las que la calidad de las visitas institucionales y la muy amena convivencia de
los hermanos siempre fue denominador común, esta Junta de Gobierno continuará
con dicha iniciativa ampliando los destinos también a otros puntos de España.
Cuarto: El blog
oficial de la Hermandad ,
en permanente actualización, y al margen de su habitual contenido informativo
de las actividades propias de la
Hermandad , asimismo publicará -como viene haciéndose con
asiduidad- documentos eclesiales oficiales relacionados con la actualidad de la Iglesia , u otros
históricos de sumo interés, para enriquecimiento formativo de los hermanos.
sábado, 15 de octubre de 2016
El sagrario, tratamiento para nuestro barro
Fuente: ALFA Y OMEGA
El sagrario, tratamiento para nuestro barro
Antonio R. Rubio Plo
En un pequeño
libro titulado Nuestro barro, don Manuel González dejó escrito:
«Que nunca olvide yo que si barro con soplo de Dios fue mi padre Adán, barro
con gracia tuya puede llegar a ser santo»
Un joven sacerdote de 25 años puede sentir
sobre sí la abrumadora carga de su misión evangelizadora. Las dificultades se
le antojan insalvables por su falta de experiencia, pero su fe le dice que es
una labor que no depende exclusivamente de él. Es Dios quien da el incremento.
Así debió de sentirse un sacerdote recién ordenado don Manuel González García
en 1902 en Palomares del Río, un pueblecito del Aljarafe sevillano. En aquel
lugar reinaban los prejuicios y estereotipos de una larga tradición anticlerical,
en parte originada por las tremendas diferencias sociales de la época, mucho
más acuciantes en el campo andaluz. El sacristán de su nueva parroquia le había
pintado un cuadro desolador en el que no solo existía hostilidad contra los
sacerdotes. Había también desidia e indiferencia moral. El estado de la iglesia
era lamentable, pero la verdadera riqueza del templo procedía de albergar un
tesoro escondido: el sagrario.
En el sagrario radicará la fuerza que dará
impulso a don Manuel para proclamar el Evangelio. Años más tarde, contará su
experiencia: «Fuime derecho al sagrario… y ¡qué sagrario, Dios mío! ¡Qué
esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para
mi casa! Pero, no huí. Allí de rodillas… mi fe veía a un Jesús tan callado, tan
paciente, tan bueno que me miraba… que me decía mucho y me pedía más, una
mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio… La mirada de
Jesucristo en esos sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se
olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender y
sentir todo mi ministerio sacerdotal».
El obispo de los
sagrarios abandonados
Don Manuel González, promovido
sucesivamente a las sedes episcopales de Huelva, Málaga y Palencia, asumirá un
título que le definirá para siempre: el obispo del sagrario abandonado. Sus
escritos pretenden hacer hincapié en la necesidad de hacer compañía al Señor
sacramentado, al que le duelen más que los detalles externos las faltas de amor
y correspondencia del corazón de los cristianos. Estar ante el sagrario no es
ni mucho menos entregarse a reflexiones piadosas o mascullar una cadena de
peticiones. Es simplemente mirar a Cristo y dejarse mirar por Él. Junto a aquel
sagrario de Palomares del Río, don Manuel no debió de hacer una lista acuciante
de sus necesidades. Bien conocía el dueño de la mies lo que hacía falta, en lo
material o en lo espiritual. Por eso la actitud del joven sacerdote, que le
acompañó a lo largo de su vida, sería tomar conciencia de la fragilidad humana,
de no creernos que todo se debe a nuestros méritos y dejar a Dios actuar.
No hace mucho tiempo encontré un pequeño
libro, Nuestro barro, que perteneció a mi madre. Lo publicó la
editorial El Granito de Arena, fundada por el santo obispo. El texto es, en
gran manera, un testimonio de las dificultades por la que atravesó la Iglesia española durante la II República , y don
Manuel percibe con gran acierto el desafío de una revolución que no solo era
política y social sino también antropológica. Pero más allá de las
circunstancias históricas concretas, lo que importa al cristiano de todos los
tiempos es que nos demos cuenta de que estamos hechos de barro, si bien nuestra
fortaleza consiste en poner a Dios al lado de nuestra fragilidad. No es una
actitud pasiva sino una invitación a utilizar las propias capacidades y a la
vez dejarse conducir por Dios. Así lo expresa don Manuel: «Hagamos el ahora y
dejémosle el antes y el después». Es precisamente el sagrario un lugar adecuado
para practicar «ejercicios de despreocupación», consistentes en hacer caso al
Señor que, según nuestro santo, nos está diciendo: «Tú haz lo tuyo y Yo haré lo
mío».
Como tantos santos, don Manuel percibe que
la soberbia es nuestro principal enemigo, pues implica olvidar la fragilidad de
nuestro barro. Todo gira en torno al yo, lo que también se concreta en una
excesiva utilización en nuestras conversaciones del pronombre me, y así surge
un término novedoso, el meísmo, que «es hermanito del egoísmo, y
los dos socios de la razón social: primero yo, mí y me, y después, me, mí y
yo»”. Esta enfermedad tendría tratamiento al ponerse ante el sagrario y repetir
lo que escribe el autor: «Que nunca olvide yo que si barro con soplo de Dios
fue mi padre Adán, barro con gracia tuya puede llegar a ser santo». Porque los
santos también son de barro; caen y se hacen pedazos y vuelven a levantarse,
eso sí con ese «tarrillo de cola» que es la gracia de los sacramentos y de la
oración.
Quien está muy cerca, sobre todo
espiritualmente, del sagrario tiene que salir encendido de allí para estar muy
próximo a sus hermanos. Así lo hacía don Manuel. En 1933 pudo consolar a un
sacerdote en Madrid, blanco de contradicciones e incomprensiones en su labor
apostólica. El obispo se limitó a poner la mano sobre su cabeza, y a decirle
por dos veces: ad robur, ad robur(fortaleza). Luego vino una
promesa de oración y un abrazo muy apretado.
Ante la canonización mañana domingo del beato Manuel González
Fuente: ALFA Y OMEGA
Manuel
González, «mi médico del cielo»
«¿Puede
ser un milagro?», le preguntó María del Carmen Varela a su doctora, que no daba
crédito del resultado de las pruebas. «No creo en los milagros, pero sí»,
respondió ella
Ramón Carballás cogerá un avión a Roma para
asistir a la canonización del obispo que milagrosamente curó a su madre, María
del Carmen, una pontevedresa que murió en 2011 por causas ajenas al proceso.
Este domingo el Papa declarará santo a Manuel González, al que Ramón se ha
imaginado «en el cielo, junto a mi madre, expectantes ante la celebración».
Francisco
elevará a los altares al obispo sevillano gracias a la curación de María del
Carmen, a la que en agosto de 2008, con 78 años, le apareció una infección que
provocó que le tuvieran que quitar todos los dientes de la parte inferior de la
boca. «La herida de la extracción es grande, y tras tomar antibióticos, no
sana; al contrario, empeora. En el mes de octubre, el doctor Germán Esparza,
médico estomatólogo, ve necesario hacerme una biopsia», explica la propia María
del Carmen en un texto en el que dejó escrito su testimonio. Los resultados
revelan que la paciente sufre un «linfoma plasmablástico agresivo».
Comienzan
entonces un sinfín de pruebas. «Es todo muy rápido y ven claramente que tienen
que empezar sin demora a aplicarme quimioterapia», a pesar de que tenía el
«corazón ligeramente delicado» y de que «estaba muy floja», asegura María del
Carmen, que en aquel momento pesaba 38 kilos. Los médicos advierten a la
familia de que «si no acababa con ella la enfermedad lo haría el tratamiento»,
explica a Alfa y Omega su hijo. Fueron años muy duros para la familia. A la
muerte de su única hermana le siguió un ictus sufrido por el padre y el linfoma
de la madre, cuyo tratamiento podía desgastarla hasta la muerte. A pesar de
todo, tenían puesta su confianza en el Señor. «Nunca perdimos la fe, ni echamos
las culpas a Dios. Pensábamos: “Señor, ¿es tu voluntad? Pues adelante”»,
recuerda Ramón.
«Mi médico del cielo»
Es
entonces cuando la enferma, pensando que le quedaba poco tiempo de vida, decide
prepararse para bienmorir. «Tan mal me encontraba que creía que nuestro Señor
me llamaba» a su presencia «y expresé mi deseo de que viniera a verme don Paco
León», oriundo de Palencia, «sacerdote de la parroquia San Juan de Ribera» de
Madrid, a donde la familia se había trasladado desde su Galicia natal. «Quería,
para mi tranquilidad espiritual, reconciliarme» con Dios «y recibir los últimos
sacramentos. Pensaba que había llegado mi hora».
El
párroco no puede acudir en ese instante pero le hace llegar a la enferma una estampa
y una reliquia del beato Manuel González, que fue obispo de Palencia, con la
recomendación de que la rezara con mucha devoción. «Yo no había hecho ninguna
novena antes», asegura María del Carmen, que empezó a rezar la estampa a diario
pidiendo su curación.
«Al
cuarto día de empezarla los médicos de Hematología me mandaron ir al hospital
de La Princesa
para empezar ya con la quimioterapia agresiva, aun a riesgo de mi vida». Cuando
la paciente llega a la consulta de la doctora Arranz, esta le dice: «Pues no
voy a hacerle nada. Ni quimio ni ningún otro tratamiento. No necesita nada
porque increíblemente el linfoma ha desaparecido. Esto es increíble pero es
así. ¡No está!».
Según la
médico del departamento de Hematología se había producido una regresión espontánea
del tumor. María del Carmen, «que no había llorado en todo este tiempo malo»,
empezó a llorar «pensando cómo podía ser verdad lo que estaba oyendo».
La
paciente, entre lágrimas, acertó a preguntar a la doctora: «¿Puede ser un
milagro?». «Yo no creo en los milagros, pero sí», le contestó la médico.
La
primera reacción de María del Carmen y su familia fue pensar «que se trataba de
un error, que se había producido alguna equivocación porque la verdad es que no
estábamos preparados para recibir un milagro», asegura Ramón. En el hospital la
empezaron a hacer infinidad de pruebas de seguimiento para verificar qué había
pasado. Durante los siguientes nueve meses tuvo que continuar acudiendo al
hospital para hacerse más pruebas, más tacs… No encontraban nada. No había
ninguna explicación. Incluso se mandó al Centro Nacional de Oncología (CNO) el
bloque de parafina con la biopsia para que lo revisaran. Confirmaron el
diagnóstico. Había habido regresión espontánea. Por segunda vez volvieron a
mandar las pruebas al CNO. «¿Certifica usted y vuelve a reafirmarse en el
diagnóstico?», volvieron a preguntar. Y obtuvieron idéntica respuesta.
Un año
después, los médicos cerraron definitivamente el expediente. Entonces, asegura
Ramón, «fuimos conscientes de la magnitud del milagro y empezamos a hacer las
gestiones oportunas para añadir el caso a la causa de canonización». El milagro
fue aprobado por el Vaticano después de un minucioso estudio y el Santo Padre
canonizará el domingo a Manuel González, «mi médico del cielo».
Fuente: ALFA Y OMEGA
En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
XXIX Domingo del
tiempo ordinario (ciclo C)
Siempre y sin
desfallecer
Todavía persiste en muchos
cristianos la insana disputa sobre la preeminencia entre acción u oración,
lucha o contemplación. La
Sagrada Escritura ayuda a descubrir que no se trata de una
disyuntiva, sino de dos acentos de una misma realidad: la oración no puede
sustituir ni evadir la acción; pero la acción comprometida precisa de la
oración para orientar el compromiso y lograr buen fin. El discípulo de Jesús
ora y actúa, lucha y contempla. Como enseñaba san Ignacio de Loyola:
contemplativos en la acción y activos en la contemplación.
La lógica de la acción
es la eficacia
Cuando se exalta la eficacia
como el máximo valor de una sociedad, el ser humano termina siendo reducido a
un instrumento valorado más por lo que produce que por lo que es. La historia
testifica que estos reduccionismos antropológicos no solo han atentado contra
la humanidad sino que han expulsado a Dios de la vida pública. En un contexto
así, la religión no se entiende, los valores evangélicos son despreciados y la
oración es una actividad inútil e improductiva a eliminar. Conviene reflexionar
sobre este aspecto porque hoy día muchas personas siguen opinando así. En una
sociedad que valora tanto el tiempo y en la que hay urgentes necesidades: ¿para
qué sirve la oración?
La lógica de la
oración es la confianza
Precisamente el texto evangélico
que comentamos trata de responder a esta pregunta. Así lo explica el primer
versículo a modo de introducción general del relato: «Jesús decía a sus
discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin
desfallecer». El Señor enseña a sus discípulos, en primer lugar, que «es
necesario» orar, es decir, que la oración es esencial en su seguimiento. Si
Jesús oraba, también sus discípulos. Y, en segundo lugar, el Señor va dando
también indicaciones a sus discípulos de cómo han de orar. En este relato
puntualiza que siempre y sin desfallecer.
Para ilustrarlo, Jesús pone el
ejemplo de un juez y una viuda a modo de parábola. El juez que «ni temía a Dios
ni le importaban los hombres» es definido como «injusto». Descrito así, es de
esperar su falta de calidad moral para juzgar justamente. Como era habitual en
aquel tiempo, los jueces abusaban de su poder y autoridad frente a los
indefensos, y no siempre aplicaban justamente las leyes a favor del inocente,
sino del mejor postor. El juez de la parábola no escuchaba ni atendía a una
pobre viuda desamparada.
La viuda aparece en el texto
como una persona vulnerable a quien se niega la justicia constantemente por
parte del juez. Sin embargo, ella es persistente en suplicar y exigir justicia
hasta lograr su objetivo. Finalmente, el juez accede a considerar su caso, no
por la honorable motivación de hacer justicia, sino para evitar la constante
molestia e importunidad de la viuda. Las súplicas persistentes de la viuda
desamparada triunfan sobre la obstrucción del juez injusto.
Jesús establece una cierta
analogía entre la viuda y sus discípulos para advertir que, en primer lugar,
deben orar a Dios Padre; y, en segundo lugar, con la misma perseverancia y
confianza que la viuda de la parábola. Si hasta un juez injusto se rindió a
hacer justicia a una pobre viuda, «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que
claman ante él día y noche?». Dios supera en justicia y compasión al juez
injusto.
Jesús presenta, de nuevo, a un
personaje despreciado y marginado –la viuda– como ejemplo para los oyentes. La
indefensión de la pobre viuda la obliga a interceder con constancia ante un
juez injusto, invocando justicia. Su convicción y confianza fue la fuerza para
perseverar insistiendo ante el juez y lograr su objetivo.
Esta parábola evangélica
propuesta por Jesús estimula a confiar y ser constantes en la oración. Solo se
persevera en la oración si hay confianza de ser escuchados por Dios, si hay fe
en Dios. La fe es la base de la oración. La fe mantiene la insistencia y
persistencia en la oración de los creyentes, mientras dura la historia, hasta
que el Señor vuelva. Pero, como finaliza el texto evangélico, que sirve de
reflexión para todos los seguidores de Jesús, «cuando venga el Hijo del Hombre,
¿encontrará esta fe en la tierra?».
Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino yla Disciplina
de los Sacramentos
Congregación para el Culto Divino y
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Lucas 18, 1-8
Málaga acogió el V encuentro de presidentes de los consejos, agrupaciones y federaciones de cofradías de Andalucía
Fuente: PASIÓN EN SEVILLA
Las acciones caritativas
y sociales que las Agrupaciones, Consejos y Federaciones de Hermandades y
Cofradías de Semana Santa de Andalucía ejercen en favor de las
personas más necesitadas ha sido el tema fundamental que los presidentes de los
referidos organismos cofrades provenientes de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada,
Huelva, Jaén, Jerez, Málaga y Sevilla desarrollaron ayer en la capital
malagueña con motivo de la celebración del V encuentro de dichas instituciones.
El histórico edificio del
antiguo hospital/iglesia de San Julián, sede de la Agrupación de Cofradías
malacitana, ha sido el lugar de tal evento, en el cual se ha puesto de
manifiesto la cada vez más creciente sensibilidad y capacidad que las
corporaciones cofrades andaluzas llevan a cabo en actuaciones caritativas y
labores sociales desde sus particulares iniciativas.
Momento de la recepción del
obispo de la Díocesis
de Málaga, mons. Jesús Catalá, en la antigua capilla del Palacio Episcopal.
Entre otras consideraciones, y
dentro de las dificultades estadísticas de poder cuantificar unas cifras de
aportaciones económicas y un compendio sobre acciones asistenciales a nivel
andaluz, de las cuales se benefician cientos de miles de personas, los
presidentes cofrades consideraron de vital importancia incrementar los esfuerzos al respecto promocionando con
transparencia pública todo lo que en estos menesteres se viene ejerciendo,
incentivando la labor del voluntariado, fomentando iniciativas que promuevan la
generación de nuevos recursos y, especialmente, procurando una conveniente
orientación para que la población asistida puedan ser objeto igualmente de una formación y apoyo de cara a lograr su
propia y autónoma subsistencia social.
Con anterioridad a la reunión de
trabajo del pasado viernes, los responsables cofrades departieron una recepción
oficial con el obispo de la Diócesis malacitana,
Jesús Catalá, en las dependencias del Palacio Episcopal, a la vez
que aprovecharon la ocasión para visitar enArsMálaga la exposición “Misericordia”. En dicha recepción, la
primera autoridad eclesiástica malagueña animó a los presidentes “a continuar y a incrementar la labor
social que sus respectivas instituciones ejercen y a seguir
actualizándose con nuevos tiempos”.
El pasado sábado, el encuentro
deparó a primera hora de la mañana un acto institucional en la sede
agrupacionista, al cual asistieron las primeras autoridades locales,
provinciales y regionales, poniéndose de manifiesto por parte de todas las
instituciones representadas la gran labor social que llevan a cabo las
cofradías y hermandades en sus respectivas localidades andaluzas. En este mismo sentido, Pablo Atencia,
presidente de la institución cofrade malagueña, ha valorado como muy positivo
el hecho de que Málaga haya podido acoger este encuentro, “especialmente porque
hemos profundizado, desde nuestra Fe, en el servicio que prestamos a la
sociedad”.
Esta última jornada ha concluido
con la asistencia de los presidentes cofrades andaluces a los actos
conmemorativos del 75º aniversario de Santa María del Monte Calvario, titular de la hermandad de la Sagrada Mortaja ,
en el santuario y barrio de la
Victoria.
El próximo encuentro tendrá en
la ciudad de Jaén, los días 21, 22 y 23 de abril, justo durante el fin de
semana siguiente a la
Semana Santa de 2017.
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