Fotografías: N.H.D. José Soto Rodríguez
BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

miércoles, 31 de marzo de 2021
martes, 30 de marzo de 2021
lunes, 29 de marzo de 2021
domingo, 28 de marzo de 2021
sábado, 27 de marzo de 2021
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
Domingo
de Ramos (ciclo B)
La
Pasión en el contexto de la entrada en Jerusalén
Como gran pórtico de la Semana Santa, el Domingo
de Ramos nos anticipa el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Cristo. Al igual que no es posible separar estos misterios, tampoco es posible
desvincular la lectura de la Pasión del relato de la entrada del Señor en
Jerusalén. Aclamación y humillación van paradójicamente unidas en esta fiesta,
que reconoce a Jesús como rey. De hecho, la celebración eucarística de este día
comienza con la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, en la cual,
dependiendo de la fórmula elegida, se pueden escuchar aclamaciones como
«Hosanna al Hijo de David», salmos reales o el himno a Cristo Rey «Gloria,
alabanza y honor». Asimismo, la oración de bendición de los ramos se refiere a
estos vítores y a nuestra misión de acompañar al Señor durante nuestra vida
hasta que entremos en la Jerusalén del cielo. El punto central de esta primera
parte es la proclamación del Evangelio, que describe el encargo de Jesús a sus
discípulos de preparar su entrada en la Ciudad Santa en un pollino. El ver a
Jesús sobre una borriquilla aclamado como rey es la antesala del relato de la
Pasión, donde da la impresión de estar presenciando una continua parodia y
burla hacia el Salvador. Si contempláramos estas escenas desde una visión
meramente humana así sería. Sin embargo, la estructura del inicio de la
celebración insiste en dos realidades. La primera es Jesucristo como rey
aclamado por los judíos, como representación de todos los que a lo largo de los
siglos lo reconocerán como Rey; la segunda se refiere a Jerusalén como destino
final de ese itinerario. De un modo que puede pasar desapercibido, se nos está
recordando que del mismo modo que la obra iniciada en humildad por el Señor
caminando hacia Jerusalén culmina con su Muerte y Resurrección, así también
nosotros, acompañando al Señor con el fruto de las buenas obras esperamos
entrar un día en la Jerusalén celestial. Frente al relato de la entrada en
Jerusalén, la lectura de la Pasión acentúa el dramatismo de las últimas horas
de Jesús. Así se subraya que, conforme al plan de salvación de Dios, el Señor
no será exaltado a la gloria sin antes culminar un recorrido de completa
solidaridad con el hombre. En definitiva, se trata de mostrarnos que cuando
nosotros vivimos también en unión con Cristo el sufrimiento, la enfermedad o la
muerte, no hacemos más que acompañar al mismo Señor en este camino, para que,
asociándonos a Él en la cruz, podamos participar también de la gloria de la
Resurrección. Por último, la imagen del velo del templo rasgado en dos va a
poner de manifiesto que con su muerte, Jesús es confirmado como verdadero
templo y auténtico lugar del encuentro del hombre con Dios.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con
los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión.
Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: «¿Eres tú
el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices». Y los sumos sacerdotes lo
acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada?
Mira de cuántas cosas te acusan». Jesús no contestó más, de modo que Pilato estaba
muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran.
Estaba en la cárcel un tal Barrabás con los rebeldes que habían cometido un
homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle
lo que era costumbre. Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de
los judíos?». Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por
envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran
la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué
hago con el que llamáis rey de los judíos?». Ellos gritaron de nuevo:
«¡Crucifícalo!». Pilato les dijo: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron
más fuerte: «¡Crucifícalo!». Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó
a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio–
y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de
espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de
los judíos!». Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando
las rodillas, se postraban ante Él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura
y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo. Pasaba uno que volvía del
campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar
la cruz. Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la
Calavera»), y le ofrecían vino con mirra; pero Él no lo aceptó. Lo crucifican y
se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada
uno. Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación
estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos, uno
a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la
cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,
sálvate a ti mismo bajando de la cruz». De igual modo, también los sumos
sacerdotes comentaban entre ellos burlándose: «A otros ha salvado, y a sí mismo
no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz,
para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban. Al
llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a
la hora nona, Jesús clamó con voz potente: «Eloí, Eloí, lemá sabaqtaní» (que
significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los
presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías». Y uno echó a correr y,
empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber,
diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo». Y Jesús, dando un fuerte
grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El
centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
«Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
Marcos 15, 1-39
viernes, 26 de marzo de 2021
Recordatorio: mañana sábado día 27 de marzo, REPARTO DE PAPELETAS DE SITIO SOLIDARIAS, CAMPAÑA DE ALIMENTOS Y ACTUALIZACIÓN DE CUOTAS
Sábado 27 de marzo en horario de 17,30 a 21,00 horas, y en nuestra Casa de Hermandad, para los
hermanos que deseen tener un recuerdo de la Madrugada Santa de 2021.
Podrá colaborarse con la campaña de alimentos para nuestros hermanos más
necesitados y actualizarse los pagos de cuotas en esta misma jornada para los
hermanos que no las tienen domiciliadas.
jueves, 25 de marzo de 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
martes, 23 de marzo de 2021
domingo, 21 de marzo de 2021
Misiva para todos los hermanos
Hermandad y Cofradía de Nazarenos de las Sagradas Cinco Llagas de Cristo, Nuestro Padre Jesús de
Queridos hermanos en el Señor de
Mediante la presente queremos mostrar nuestro fraternal apoyo y
solidaridad a todos aquellos hermanos a los que la crisis sanitaria
provocada por la pandemia les haya afectado de manera más directa, sufriendo la
pérdida de algún familiar, amigo o allegado. Para ellos nuestro consuelo,
apoyo y disponibilidad.
Ha transcurrido un año desde el comienzo de esta situación y somos conscientes además en todo momento del impacto que sobre la economía familiar está teniendo en multitud de hogares. Y en lo tocante a la tesorería de nuestra Hermandad, seguimos haciendo un serio llamamiento institucional a los hermanos. Ya tenemos conocimiento que la crisis del coronavirus ha mermado, muy particularmente, la economía de todas las Hermandades.
Aunque los ingresos de las cuotas domiciliadas nos llegan, las cuotas que una parte importante de hermanos debieran
haber abonado en el año 2020 aún están pendientes. En aras de que no se
acumulen los recibos del presente año, hemos optado por incluir una
jornada para actualizar cuotas, y en la
que también todos aquellos hermanos que lo deseen, puedan retirar una papeleta
de sitio que también será simbólica –ya que tampoco este año será posible poner
la cofradía en la calle-.
De igual modo, y para ayudar a
nuestros hermanos que más necesitados están, ponemos en marcha la tradicional
campaña de alimentos que venimos realizando en las jornadas de cédulas de
sitio, solicitando la entrega de algún litro de leche o un kilo de alimento no
perecedero.
Aunque ya estamos trabajando para dar contenido a
Por tanto, tengamos muy en cuenta los siguientes días y horarios:
1- CAMPAÑA DE ALIMENTOS, PAGO DE CUOTAS Y REPARTO DE PAPELETAS DE SITIO MADRUGADA
SANTA 2021
- Sábado 27
de marzo en horario de 17,
2- SOLEMNE VENERACIÓN A NTRO. P. JESÚS DE
Se llevará a
cabo el Miércoles Santo, 31 de marzo, en horario de 11 a 13 horas, así como el Jueves Santo, 1 de abril, en horario de
A las 12,00
horas del Jueves Santo se procederá a un pequeño homenaje a los hermanos que cumplen cincuenta
años como miembros de
2- HORARIOS DE OFICIOS DE SEMANA SANTA EN
SAN FRANCISCO
-Domingo de
Ramos: Misa de Palmas a las 11,00 horas
-Jueves Santo:
Celebración de
Hora
Santa: 20,00 horas
-Viernes Santo,
2 de abril: Celebración de
17,00 horas
-Sábado Santo, 3 de abril: Vigilia Pascual: 20,00 horas.
Esperando
saludarle personalmente, y con el anhelo de que el próximo año podamos vestir
el santo hábito nazareno me despido con el deseo de que Nuestro Señor
Jesucristo resucite en nuestros corazones y nos llene de la vida nueva de su
Espíritu.
VºBº PA: José
Barrera Jiménez Fdo.: Ernesto Romero
del Castillo
Tte. Hermano Mayor Secretario
Muy Noble y Muy
Leal Ciudad de Jerez de la Frontera, a 21 días de marzo del año del Señor de
2021
sábado, 20 de marzo de 2021
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
Quinto
Domingo de Cuaresma (ciclo B)
El
grano de trigo que da fruto
La inminencia de la celebración anual de la Pascua
está reflejada en los pasajes evangélicos de estos últimos días. Para ayudarnos
a esta conmemoración, la Palabra de Dios centra su mirada en los episodios más
destacados de Jesús a pocos días de su Pasión. Como preparación a este
acontecimiento, el Evangelio subraya la creciente tensión entre Jesús y los
judíos, reflejada habitualmente en las controversias con las autoridades
religioso-civiles israelitas. Pero hay otro modo de comprender lo que va a
suceder: el acercamiento a la comprensión de Jesús sobre su propio destino,
condensada en los versículos que escuchamos este domingo. El inicio del texto
evangélico nos permite divisar ya un horizonte de actuación del Señor que va a
tener consecuencias más allá de las fronteras de Jerusalén o del pueblo
elegido. Con el objetivo de celebrar la Pascua acuden a la Ciudad Santa algunos
griegos que, a su vez, quieren ver a Jesús. Así se lo comunican a Felipe. Es
significativo que Felipe, al igual que Andrés, tenga un nombre de origen griego.
De hecho, reflejar el origen de este apóstol, Betsaida de Galilea, puede querer
indicar que procedía también de una tierra de gentiles, de personas que, a
diferencia de los habitantes de Judea, en el sur, no eran especialmente
conocidas por su religiosidad. Así pues, en línea con el hilo temático de los
Evangelios de los dos últimos domingos, en los que contemplábamos a Jesús como
templo de Dios y dando vida eterna elevado en la cruz, ahora la Pascua judía se
va a convertir en Pascua de Jesús, un acontecimiento imposible de encerrar ya
en las fronteras de un territorio. Al mismo tiempo, lo que en principio
constituía un anhelo, el deseo de ver a Jesús, algo que naturalmente superaría
la mera curiosidad de quien se acerca a un personaje célebre, será la verdadera
finalidad de la peregrinación. De dirigirse a Jerusalén, los griegos van a
caminar directamente hacia el Señor. Con este recuerdo, san Juan pretendió,
años después de este encuentro, rememorar la voluntad de Jesús de ofrecer una
salvación abierta a todos los hombres. Se trata del cumplimiento de la nueva
alianza, ya anunciada por el profeta Jeremías en la primera lectura; una
alianza que queda sellada en los corazones, va ligada al perdón de los pecados
y cuya universalidad se garantiza con la expresión: «Todos me conocerán».
La hora de la
glorificación
La
respuesta de Jesús a los discípulos encierra el sentido más profundo de su
entrega en la cruz. Mediante la imagen del grano de trigo que cae y muere, de
la glorificación y del juicio, su muerte se presenta como un acontecimiento que
no aparece nunca como un fracaso. Por el contrario, san Juan presenta a Jesús
triunfando en la cruz, como recordaba el Evangelio del domingo pasado con la
comparación de Jesús levantado como la serpiente de Moisés en el desierto. De
nuevo, aquí se afirma: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos
hacia mí». De este modo, aunque Muerte y Resurrección son hechos distintos y
sucesivos, la adopción del mismo término –elevar– para los dos acontecimientos
constata, tanto la unidad del misterio pascual, dado que en Jesús no podemos
separar muerte, resurrección y glorificación, así como una visión gloriosa de
estos sucesos. Ello no significa, sin embargo, que el Señor pase por alto o se
desentienda de los padecimientos, o que sean comprendidos como una apariencia o
ficción. Las palabras de Jesús reflejan la condición de caer en tierra y morir,
de no buscarse a sí mismo o de convertirse en servidor de los demás para
acceder a esta gloria. Asimismo, no oculta el Señor la agitación de su alma,
algo que presenta también con dramatismo la carta a los hebreos, al indicar que
Cristo «a gritos y con lágrimas presentó oraciones y súplicas al que podía
salvarlo de la muerte». En resumidas cuentas, Jesús es plenamente consciente de
los sufrimientos reales que le aguardan, pero completamente confiado en la fecundidad
de su propia entrega.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, entre los que habían venido a
celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de
Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a
decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les
contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En
verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda
infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde,
y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi
servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y
¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta
hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he
glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó decía
que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús
tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora
va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado
fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto
lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Juan 12, 20-33
viernes, 19 de marzo de 2021
Hoy comienza el AÑO DE LA FAMILIA
jueves, 18 de marzo de 2021
miércoles, 17 de marzo de 2021
lunes, 15 de marzo de 2021
domingo, 14 de marzo de 2021
Destacados del P. Jesús Castro Simancas del quinto día de Quinario
Cuando era
adolescente y venía a ver la Madrugá del brazo de mi madre lo que más me
llamaba la atención era la oscuridad.
Hoy el Señor
nos viene a recordar la oscuridad de nuestra vida. Aunque nos digan que todo
tiene que ser júbilo, hay oscuridad en nuestras vidas; por no cumplir la ley
del Señor, por o tener claro el sentido
de la vida… vivimos en oscuridad.
Los
israelitas lo perdieron todo, pero lo levantaron desde cero.
A veces nos
conviene aferrarnos a la oscuridad porque no nos gusta ver cómo somos
realmente.
Pero para
disfrutar del gran regalo que es la vida nos tenemos que acercar a la luz.
Tenemos que
encender la luz de nuestra vida para que podamos ver y nos puedan ver también a
nosotros.
Que podamos
ver la gloria y la gracia de Dios.
sábado, 13 de marzo de 2021
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
Cuarto
Domingo de Cuaresma o Laetare (ciclo B)
Salvados
por amor y misericordia
Durante el tiempo de Cuaresma, del mismo modo que
sucede en Adviento, el ritmo de las celebraciones está particularmente
caracterizado por una preparación para un gran acontecimiento de salvación, la
Pascua, como hecho que engloba la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En
las lecturas de estos días descubrimos progresivamente estas tres dimensiones
pascuales, tal y como fueron vividas por Jesús, así como la repercusión que
tienen en nuestra propia vida. En concreto, el episodio evangélico de este
domingo se centra en este último rasgo, es decir, qué consecuencia tiene para
nosotros —para el «mundo», como designa este pasaje a los beneficiarios de la
acción de Dios—el hecho de que Dios haya enviado a su Hijo para ser salvados
por su entrega sin límites. La entrega de Cristo en la cruz tendrá como efecto
la vida eterna en «el que cree en Él». Y reconocer esto invita al gozo,
adelantando ya la alegría pascual, en especial en este cuarto domingo de
Cuaresma. La Sagrada Escritura conserva el testimonio de un vínculo singular
entre Dios y su pueblo, sellado por sucesivas alianzas. Aunque Dios permanecía
fiel a ellas, el hombre las quebrantaba reiteradamente. El recorrido por las
principales alianzas con Dios lo hemos escuchado este año desde el principio de
este tiempo litúrgico, a través de pactos sellados con Noé, con Abrahán o con
Moisés. Deteniéndonos en la primera lectura de este domingo, del segundo libro
de las Crónicas, observamos que el pueblo, representado por los jefes y los
sacerdotes, multiplica sus infidelidades, comete aberraciones y profana el
templo del Señor. El pecado es concebido como algo que supera una mera
desviación del cumplimiento de la voluntad del Creador. El Antiguo Testamento
lo presenta a menudo parangonándolo con la ruptura de una alianza y
considerándolo incluso como un adulterio. A pesar de las advertencias del Señor
a través de sus mensajeros, los israelitas prosiguen con frecuencia en su
obstinación, a lo cual Dios responde dejándolos desasistidos. Sin embargo, lo
más interesante es que la ira del Señor no permanece eternamente. En los
pasajes bíblicos de este domingo observamos dos testimonios de cómo el Señor
manifiesta su misericordia cuando el pueblo se halla en dificultad por haber
apartado su mirada de Dios: el primero de ellos es la experiencia del exilio en
Babilonia. Tras los años de destierro, Dios utilizará a Ciro, rey de Persia,
como instrumento para que los israelitas puedan regresar a Jerusalén en
libertad, y allí volver a ofrecer un culto agradable a su Señor. El segundo
caso es el reflejado en el pasaje evangélico. El libro de los Números describía
que quienes habían sido mordidos por reptiles en el desierto quedaban sanados
al contemplar la serpiente elevada por Moisés en el desierto. Junto al castigo
con el pecado, Dios ha previsto el remedio.
Salvados por
Cristo
Sin embargo, el sentido de las palabras de san
Juan va más allá de declarar que toda ofensa al Señor puede ser perdonada. El
evangelista quiere destacar el modo a través del cual Dios perdona y salva
definitivamente a los transgresores de la ley de Dios. La elevación de
Jesucristo en la cruz será el instrumento mediante el cual somos salvados. Y,
en realidad, todas las acciones salvíficas de Dios anteriores a este
acontecimiento único en la historia eran solo un anticipo a esta redención
definitiva del hombre. El motivo y la consecuencia de este hecho serán
descritos no solo por el Evangelio, sino también por san Pablo en la segunda
lectura: por amor, por don y por gracia. La última sección del texto evangélico
busca identificar a Cristo en la cruz con la luz que ha venido al mundo. A
pesar de que humanamente sería incomprensible percibir luz en alguien torturado
y desfigurado, san Juan quiere hacernos ver que precisamente ahí está la referencia
y el lugar al que hemos de mirar, pidiendo a Dios los ojos de la fe para reconocer
la salvación en la cruz.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo
que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo
del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó
Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no
perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo
para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él
no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el
nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y
los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues
todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse
acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz,
para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
Juan 3, 14-21
Destacados del P. Jesús Castro Simancas del cuarto día de Quinario
El shemá nos dice que no hay mayor
mandamiento que éste: “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti
mismo”.
Porque no hay
amor más grande que el de dar la vida por los amigos.
¿Sabemos lo
que es el amor de Dios, que hace salir el sol sobre malos y buenos?
¿Cómo
podremos experimentar en nuestra vida el amor de Jesús?
En este último
año de pandemia y confinamiento cuántos habrán experimentado el amor de verdad…
y cuántos habrán comprobado que lo que creían amor no era nada en realidad.
Dios es el
que mueve el mundo a través del amor.
Que experimentemos
el gozo de ser hijos de Dios.
viernes, 12 de marzo de 2021
Destacados del P. Jesús Castro Simancas del tercer día de Quinario
La
consecuencia del pecado no es la enfermedad corporal; la que enferma es nuestra
alma, y nos hace mudos, soberbios (no queremos reconocer nuestros fallos…).
Nos quedamos
mudos y callados porque nos empecinamos en nuestro propio pecado y no somos
capaces de pedir ayuda.
Dejamos de
ser lo que verdaderamente somos.
Ser conscientes
de lo malo que es el pecado y de lo malvado que
es el demonio.
Al médico no
le mentiríamos. El Señor quiere que seamos sinceros y que confiemos en Él y en
su medicina.
Los que nacen
sordos terminan mudos también. Si no escuchamos al Señor no somos capaces de
hablar con Él. Recordar el rito del éfeta
en el sacramento del bautismo.
Que el Señor
nos de la paz y el entendimiento.
jueves, 11 de marzo de 2021
Destacados del P. Jesús Castro Simancas del segundo día de Quinario
Tenemos un
Dios tan grande que nos ha dado unas normas tan justas, una ley que no tiene
fallo. Y el que la cumple es un ser humano completo.
Pero además
Dios nos hace libres para seguirlos o no seguirlos.
Nos gusta
poner trabas a la acción de Dios en nuestras vidas. Nos gusta poner piedras en
el camino para después quejarnos. Y no nos acordamos del Señor que es puro
amor.
Lo mínimo que
nos pide el Señor es amor; seguir su Ley, su Palabra…
Tienes que
amar no sólo al que te ama, sino al que te odia también, al que no puedes ver
también.
Que la Ley
del Señor sea nuestro estandarte. Que todo lo que hagamos lo hagamos con amor a
Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mí mismo.