Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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jueves, 9 de noviembre de 2017

Beatificación de 60 mártires vicencianos este sábado en Madrid



El acto más grande de amor a Dios

Fuente: ALFA Y OMEGA
«Por uno que reciba la muerte vendrán otros muchos. Su sangre será como una semilla que dará fruto, y fruto abundante. Vais a hacer el acto más grande de amor a Dios que puede hacerse y que jamás habéis hecho, pues no hay ninguno más grande que el del martirio». Así animaba san Vicente de Paúl en 1658 a cuatro hijas de la Caridad que encaminaban sus pasos hacia una misión arriesgada. Sus palabras resuenan hoy proféticas cuando, este sábado en Madrid, la Iglesia en España se dispone a celebrar la beatificación de 60 mártires de la familia vicenciana, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y concelebrada por otros siete cardenales y 28 obispos.
«Estos 60 mártires dieron su vida por amor. Murieron amando y perdonando. Mostraron una sabiduría que viene de arriba, que no lleva a rivalidades ni a desórdenes, sino que viene de Jesucristo», afirma el cardenal Osoro, arzobispo de Madrid, sobre estos 60 miembros de la familia vicenciana, entre los que hay varios sacerdotes y hermanos paúles, hijas de la Caridad, sacerdotes diocesanos vinculados al apostolado de la Medalla Milagrosa y varios laicos hijos de María.
El cardenal Osoro los anima a «dar la vida como ellos, sirviendo a los demás y considerándolos más importantes que uno mismo». Para el arzobispo de Madrid, «solo el amor y el perdón sirven a los hombres. Si deseamos este camino para nosotros hay que pedirlo, porque no es algo espontáneo y natural, sino que es un regalo que se nos da», ya que esta forma de vivir «solo la hace posible Jesús; es Él el que nos permite dar la vida por Dios y por los demás. Y es una propuesta de vida extraordinaria». Todo ello llevará a «construir un mundo sin rencores ni odios ni envidias, en el que seremos capaces de dar la vida por los otros, aunque no piensen como nosotros», porque «las armas de los seres humanos no son las del odio ni las del rencor, sino las de Jesucristo: el amor que genera vida, y no muerte», subraya el purpurado.
Según el cardenal Osoro, estos mártires son un modelo «más actual que nunca», porque «hay momentos en la historia en los que parece que nos cuesta perdonar. Por eso es bueno traer a la memoria a personas como estas, gente que no destruye sino que perdona, que da la vida no por una idea, sino por una persona: Jesucristo», porque «la paz tiene un nombre y un rostro: Jesucristo».
El martirio es una gracia
Por su parte, el visitador de la provincia San Vicente de Paúl-España, el padre Jesús María González, incide en que «para nosotros esta beatificación es un broche de oro al jubileo de los 400 años de carisma vicenciano que estamos celebrando este año». Estos mártires «llevaron a cabo a la perfección nuestro carisma: misión y caridad», y «han sido fieles continuadores de la misión que Cristo nos ha confiado».
Junto a él, la vicepostuladora de la Causa, sor Josefina Salvo Salanova, afirma que, además de ser «una ilusión para nuestra familia religiosa», estos mártires «son todos un bien para la Iglesia» porque «encarnaron tanto la virtud de la esperanza como la de la fortaleza. Se fiaron completamente de Dios y eso les dio una fuerza impresionante».
Sor Josefina destaca que «sabemos que muchos de ellos rezaron con fervor el rosario los días anteriores a su muerte, consolaron a sus propios familiares y les pidieron que no estuvieran tristes y que perdonaran a sus verdugos, les exhortaron a confiar en Dios tal como ellos mismos hacían, y algunos hasta fueron al martirio cantando…».
Para esta hija de la Caridad, todo ello fue «una gracia sobrenatural» que bebe directamente «del perdón del Señor en la Cruz. No es algo natural, sino que es producto de una gracia que viene de Dios».
En esta línea abunda la hija de la Caridad Ángeles Infante, miembro de la comisión de preparación del evento, quien destaca que esta beatificación es «una gran fiesta de fe, de perdón y de esperanza», porque para los mártires «su gran tesoro es la vida, que entregan por amor a semejanza de Cristo. Y esto solo se entiende con la fe». Además, «todos ellos murieron perdonando», porque para ellos el perdón fue «su perla preciosa».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo