BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

miércoles, 30 de septiembre de 2020
martes, 29 de septiembre de 2020
Triduo a San Francisco y Santa Misa de Hermandad
El Rvdo. P.
Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M., director espiritual de nuestra
Hermandad, ofrecerá en nuestra Sede Canónica un Triduo a San Francisco de Asís
durante los días 1, 2 y 3 de octubre a partir de las 19,30 horas con santo
Rosario seguido de Eucaristía,
concluyendo el día 4, festividad del Santo de las Llagas, con
Misa a las 11,00 de la mañana.
La celebración
del viernes día 2 la aplicaremos como Santa Misa de Hermandad por nuestros hermanos difuntos.
lunes, 28 de septiembre de 2020
La Santa Iglesia Catedral acogió el pasado sábado ordenaciones
Fuente: DIÓCESIS DE
ASIDONIA-JEREZ
La
Catedral acogió el pasado sábado 26 de septiembre la ordenación de Diego
Esteban Rincón Caro y Kevyn Hernando Garnica Rodríguez como presbíteros y Jorge
Luis Pérez Toledo y Daniel Cárdenas Prieto como diáconos.
Esta
celebración, presidida por monseñor Mazuelos Pérez, administrador apostólico de
la Diócesis de Asidonia-Jerez, fue la última presidida por el prelado antes de
su toma de posesión como nuevo Obispo de la Diócesis de Canarias el próximo 2
de octubre.
sábado, 26 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXVI
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
Recapacitar
y convertirse
En este y en los próximos domingos la liturgia nos
propone varias parábolas en las que se muestra la creciente tensión entre Jesús
y los sacerdotes y ancianos de Israel. El Señor quiere, por una parte, subrayar
el carácter universal de la salvación de Dios y, por otra, advertir a quienes
viven instalados en su propia seguridad de que es necesario buscar
constantemente la conversión al Señor y el cambio de vida. Tanto para los
oyentes del Señor como para los del evangelista Mateo y para nosotros, la
parábola propuesta para el domingo que viene supone una llamada clara a
volverse al Señor, reavivando el deseo de cumplir la voluntad del Padre, no
simplemente con palabras, sino con hechos; no en la apariencia, sino en la
realidad.
Sin duda, la crítica de Jesús hacia los jefes de
Israel no tiene como causa la contravención externa de los principios
religiosos de este pueblo. Precisamente, los dirigentes suelen distinguirse por
su férrea, escrupulosa y hasta exagerada observancia de la ley. Sin embargo, el
cumplimiento legalista no es suficiente, y podría incluso ser un obstáculo para
realizar la voluntad de Dios, especialmente si se fundamenta en una apariencia
externa. Esta práctica tiene además un límite: la clasificación a priori de las
personas. Para muchos judíos era evidente que, por pertenecer al pueblo escogido
por Dios, estaban destinados a la salvación. Y esta afirmación tiene parte de
verdad. El problema surge entre quienes piensan que ser israelita y cumplir
preceptos externos significa de modo automático estar salvado; o, lo que es
peor, que no pertenecer a ese pueblo implica verse excluido de la predilección
de Dios. Incluso dentro de los judíos existían numerosas clasificaciones de
personas, en función de si se presumía que cumplían o no los mandatos del
Señor.
Es evidente que Jesús quiere superar la barrera
supuestamente insoslayable que separaba a buenos y malos, y hablar con firmeza
contra el orgullo y la autosuficiencia de quienes se creían impecables. Con
todo, no es la primera vez que esta corrección aparece en la Biblia: de hecho,
la primera lectura del domingo afirma explícitamente que si el malvado
«practica el derecho y la justicia […], recapacita y se convierte de los
delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá». Así pues, todos hemos sido
llamados a la salvación y nadie está abocado irreversiblemente al pecado
permanente.
Modelo de humildad
Con la finalidad de comprender, de una parte, la
predilección de Jesús por los pecadores que se convierten y, de otra, la
disposición necesaria para acoger el don de la salvación, es iluminador
recurrir a un término que se repite este domingo en la Palabra de Dios: la
humildad. Además de la humildad necesaria para recapacitar y convertirse, como
señala la primera lectura, en el salmo responsorial escuchamos la súplica
confiada de quien reconoce que el Señor «hace caminar a los humildes con
rectitud, enseña sus caminos a los humildes».
Pero es, sobre todo, en la segunda lectura, del
apóstol san Pablo a los filipenses, donde se nos llama a tener los sentimientos
propios de Cristo. En este conocido himno aparece como tema central la frase:
«Se despojó de sí mismo»; así como la consecuencia de ese vaciamiento de quien
es de condición divina: «Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la
muerte». Es precisamente este cumplimiento de la voluntad del Padre el que se
ensalza en la parábola. Y san Pablo nos ofrece el camino: no obrar por
rivalidad ni por ostentación, considerar a los demás superiores a nosotros o
buscar el interés de los demás. Si observamos cuanto nos enseña san Pablo
tendremos un corazón dispuesto para el arrepentimiento y la fe.
Es lo que ocurre con los publicanos y las
prostitutas que aparecen en el Evangelio. No van por delante de los sumos
sacerdotes y ancianos en el Reino de Dios por haber sido pecadores, sino por
haber creído en la predicación de Juan y haber cambiado de vida.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a los
sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía
dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la
viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Se acercó
al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por
delante de vosotros en el Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros
enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los
publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no
os arrepentisteis ni le creísteis».
Mateo 21, 28-32
viernes, 25 de septiembre de 2020
domingo, 20 de septiembre de 2020
sábado, 19 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXV
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
«Los
mandó a la viña»
Continuando con las parábolas en las que Jesús
explica cómo es el Reino de los cielos, este domingo el Evangelio nos presenta
a Dios como al propietario de una viña a la que nos invita a trabajar. Con ello
descubrimos una vez más que el Señor ha querido acercarse al hombre hasta tal
punto que ha querido contar con nosotros como colaboradores en su tarea de
salvación. Una de las impresiones que causa una primera lectura de este pasaje
puede ser el desconcierto al descubrir que la lógica de Dios no se corresponde con
la nuestra, pues los planes de Dios no siempre se corresponden con los
nuestros, tal y como señala la primera lectura, del libro de Isaías. Un segundo
factor que interviene en esta parábola, y que en este año hemos visto a menudo,
es el paso del tiempo como ocasión de salvación. A través de la presentación de
una escena idéntica en varios momentos del día, Jesús nos muestra que mientras
vivimos tenemos la oportunidad de que el Señor entre en nuestra vida de un modo
nuevo; asimismo, no podemos pensar nunca, por una parte, que hemos sido
olvidados por Dios o, por otra parte, que el Señor considera a determinadas
personas incapaces de beneficiarse de su salvación.
Estaban sin trabajo
Produce cierta tristeza en la parábola la imagen
de quienes aparecen parados, sin trabajo: «Nadie nos ha contratado». La acción
del dueño de la viña de incorporarlos al grupo de sus jornaleros sirve para
entender varias cuestiones. La primera es que Dios no quiere dejar a nadie
fuera de su salvación. El Señor no deja de buscar a nadie, independientemente
de la situación en la que se encuentre, por muy difícil que sea o por mucho
tiempo que haya pasado. Se está anunciando de esta manera la universalidad de
la salvación. La segunda es el modo en el que aparece la misericordia divina.
El Señor no pide explicaciones a quienes han sido descartados por otros
propietarios para trabajar. No indaga en los antecedentes de las personas con
las que se encuentra, no le importan las causas objetivas o subjetivas que han
impedido hasta ahora ponerse a trabajar. En definitiva, la actuación de Dios
supera un modo de razonar meramente humano y calculador.
Ajustados en un denario
El punto más llamativo de la parábola es la
reacción de quienes han sido contratados a primera hora al comprobar que van a
recibir el mismo salario que los que han sido llamados al final del día. En
efecto, desde el punto de vista de la justicia distributiva, a más trabajo
correspondería mayor ganancia. Sin embargo, el planteamiento de Jesús en la
parábola no se detiene en un razonamiento económico, sino que fija la atención
en cómo se realiza la salvación de Dios. El denario que reciben todos por igual
significa la vida eterna a la que todos estamos llamados a disfrutar tras
trabajar el tiempo que haya sido en la viña del Señor. Puesto que san Mateo
escribe el Evangelio a cristianos procedentes del judaísmo, está señalándoles
que también los incorporados a la fe desde el paganismo han sido escogidos por
Dios para participar en la vida nueva que Él les ofrece. Por otros episodios
evangélicos conocemos la dureza del Señor ante quienes se creen justos y la
cercanía con aquellos que, viviendo en una situación de pecado, se muestran
abiertos a abrirse a la misericordia divina. La autoinvitación de Jesús a comer
en casa de Zaqueo, la parábola del fariseo y el publicano, o el perdón a la
pecadora pública nos dan sobrada cuenta de ello. Y es que frente al límite
humano, en todos los sentidos, cuando el hombre es capaz de reconocer el amor
ilimitado e incondicional que procede de Dios, es capaz de superar la propia
finitud; al mismo tiempo, quien recibe amor, perdón o misericordia sin límites
podrá transmitir a los demás sin cálculo aquello que ha recibido.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus
discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parece a un propietario
que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse
con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a
media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id
también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido». Ellos fueron. Salió de nuevo
hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y
encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero
sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id
también vosotros a mi viña». Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama
a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por
los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también
recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el
amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a
nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no
te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y
vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para
hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy
bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Mateo 20, 1-16
miércoles, 16 de septiembre de 2020
Asistencia a la Novena de la Merced y al acto excepcional del día de su festividad
![]() |
Foto: D. Feliciano Gil |
El
próximo lunes día 21 se nos invita a acudir a las 20,00 horas a la
Basílica de la
Merced , donde las Hermandades de la
Madrugá se harán presentes en la Novena de la
Santísima Virgen .
Asímismo, el próximo jueves 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Excelsa Patrona, se nos invita al EXCEPCIONAL
ACTO DE VENERACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED que tendrá lugar desde las 19
hasta las 22 horas debido a la suspensión de su anual procesión por las calles
de nuestra ciudad.
martes, 15 de septiembre de 2020
El próximo viernes 18 de septiembre acudiremos a la misa de despedida de Monseñor Mazuelos en la S.I. Catedral, por lo que los rezos semanales se posponen al viernes siguiente
Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ
El primer templo
de la Diócesis
de Asidonia-Jerez acogerá el próximo viernes 18 de septiembre a las 19.00 horas la Eucaristía de inicio de
curso 2020-2021 y despedida de Mons. D. José Mazuelos Pérez.
La Diócesis de Asidonia-Jerez
iniciara el curso 2020-2021 el próximo 18 de septiembre a las 19.00 horas en la Santa Iglesia
Catedral. Esta celebración, además de marcar el inicio del nuevo curso que
comienza, será también una Eucaristía de despedida a Mons. Mazuelos Pérez,
Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez, quien el 2 de octubre tomará
posesión de su nueva labor como pastor en la Diócesis de Canarias.
domingo, 13 de septiembre de 2020
La Fe y los Sacramentos centrarán la temática de la XXXI Semana Diocesana de Teología
Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ
El Obispado de Asidonia-Jerez abre el curso con
una nueva edición de la
Semana Diocesana de Teología bajo el título «Fe y
Sacramentos», celebrándose entre los días 14 y 17 de este mes, incluyéndose dos
turnos: uno matinal para sacerdotes y religiosos en el Auditorio Juan Pablo II
del Obispado y otro en horario de tarde para seglares en horario de 20 a 21.30 horas, celebrándose
en la Santa Iglesia
Catedral para poder seguir las normas sanitarias que se requieren en la
actualidad.
El orden de las jornadas, la temática y los
ponentes serán los siguientes:
14 de septiembre: “Necesidad de la fe y de los sacramentos”, por Mons.
Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba y Dr. en Teología.
15 de septiembre: “Hacer cristianos en tiempos de increencia (La maternidad de la Iglesia )”, por D. José Manuel Domínguez Prieto, Dr. en Filosofía y Dir. del Instituto de la Familia Orense.
16 de septiembre: “La belleza de la vida en gracia (Sentido del pecado, conversión y perdón)” , por D. Jesús Balmori Blanco, Lic. Teología y profesor en el IST. De
Toledo.
17 de septiembre: “Sin el domingo no podemos vivir”, por D.
Antonio Prieto Lucena, Dr. en Teología y Vic. General de Córdoba.
Todos aquellos que deseen diploma de
asistencia, podrá solicitarlo previo pago de un donativo de 10 euros.
sábado, 12 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXIV
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
Perdonar
la ofensa al prójimo
Probablemente, la asociación más inmediata que realiza
nuestra mente al oír hablar del perdón hacia los demás surge de la oración que
el Señor nos ha enseñado y que todos los cristianos hemos aprendido desde bien
pequeños. El «perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden» aparece en nuestra vida como algo que nos permite confiar en
la permanente misericordia de Dios, pero que, al mismo tiempo, implica una
tarea por nuestra parte.
Un perdón sin límite
El pasaje evangélico de este domingo se desarrolla a
partir de una pregunta clave que Pedro formula a Jesús: «Señor, si mi hermano
me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Tal y
como sabemos al acercarnos al Antiguo Testamento, y en particular por la
primera lectura de la liturgia de este día, la llamada al perdón del hermano
aparecía como uno de los puntos más reiterados en la Palabra inspirada por Dios.
En efecto, en ella encontramos una insistente llamada al perdón de las ofensas
del prójimo y se asegura que Dios nos perdona, siempre y cuando nosotros seamos
capaces de perdonar. Para reforzar esta realidad, el libro del Eclesiástico
señala que «rencor e ira también son detestables» y que «el vengativo sufrirá
la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados».
Sin duda, la pregunta por el perdón a los demás no tendría
sentido si no estuviera unida a la conciencia de la necesidad de ser perdonados
por Dios. Por lo tanto, el perdón debe ser visto como el vínculo que nos une
con Dios y con nuestros hermanos. Cuando Pedro plantea al Señor el número siete
como límite de perdón, ya está siendo generoso, ya que esa cifra estaba
asociada a perfección y totalidad. Sin embargo, al responder Jesús «hasta 70
veces siete» está yendo más allá, reforzando la idea de un perdón sin límite,
exactamente como es el amor que Dios ofrece a los hombres. Más de un número
concreto, aunque sea elevado, el Señor nos quiere hacer ver que el perdón ha de
ser absoluto.
La compasión de Dios
Siguiendo el modo que Jesús tiene para revelarnos cómo es
el Reino de los cielos y Dios mismo, el Señor narra una parábola en la que
inmediatamente se identifica al rey de la narración con Dios Padre. Aplicando
criterios de justicia, el criado no podría quedar liberado hasta que no pagara
los 10.000 talentos, una deuda imposible de pagar en la práctica. ¿Qué es lo
que mueve al rey a condonar la gran deuda? La compasión ante la súplica sincera
del criado. Con esta enseñanza podemos comprender cómo es el corazón de Dios:
un corazón que, en primer lugar, escucha al hombre afligido cuando lo llama y
le pide auxilio; un corazón que es tremendamente misericordioso y que no deja
jamás sin respuesta a quien ha puesto su confianza en Él. Por el contrario,
Jesús nos previene en la segunda sección de la escena ante la cortedad y falta
de misericordia que tantas veces rigen la relación entre las personas.
Jesucristo como ejemplo
Una de las tentaciones que con más fuerza se puede
presentar en nuestra vida es la de pensar que no somos capaces de perdonar, ya
sea por la magnitud de la ofensa recibida, ya sea por la dificultad de olvidar
a la persona o la situación concreta que aún nos inquieta. La solución ante
esta doble limitación pasa siempre por levantar la mirada hacia el Padre
eternamente misericordioso y tratar de imitar a Jesucristo, quien con sus
enseñanzas y su propia vida nos muestra que lo que parece imposible al hombre
no lo es para Dios. La parábola del hijo pródigo, el encuentro de Jesús con la
mujer pecadora o la escena de Jesús perdonando a sus verdugos poco antes de
morir han servido a muchos cristianos a lo largo de los siglos, especialmente a
los mártires, a poder perdonar sin condiciones al encontrarse en situaciones
similares a las que Jesús nos muestra en el Evangelio.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le
preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta:
«No
te digo hasta siete veces, sino hasta 70 veces siete. Por esto, se parece el
Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía 10.000 talentos. Como no
tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus
hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus
pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se
compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía
100 denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me
debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la
cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido,
quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces
el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné
porque me lo rogaste. ¿No debías tener tú también compasión de un compañero,
como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los
verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre
celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Mateo 18, 21-35
viernes, 11 de septiembre de 2020
Recomendación de aplicación para el móvil: ePrex para rezar la Liturgia de las Horas
Se trata de una aplicación gratuita de Google play que además
de tener el oficio divino completo de cada día contiene las lecturas de la misa.
Absolutamente recomendable para participar de la Oración pública de la Iglesia (como llama la Sacrosanctum Concilium
nº 98 a la Liturgia de las horas) en
cualquier lugar sin necesidad de llevar el breviario.
jueves, 10 de septiembre de 2020
miércoles, 9 de septiembre de 2020
martes, 8 de septiembre de 2020
lunes, 7 de septiembre de 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
sábado, 5 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: CATHOLIC.NET
XXIII
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
La
experiencia de la comunidad cristiana
¿Por qué me tengo que preocupar de lo que hacen los demás
en un mundo que nos apunta a hacer las cosas nosotros solos, a preocuparnos de
nuestros asuntos sobre todo lo demás y a comprometernos con nadie más que
nosotros?
La pregunta se hace palpable cuando nos encontramos con las dificultades de los demás a nuestro alrededor. No podemos vivir solos porque nos topamos con la gente y sus problemas. Desde que nacemos nos encontramos rodeados de personas, en primer lugar, de nuestros hermanos que, como son parte de la familia, nos toca cuidar de algún modo. Este cuidado surge del hecho que somos hermanos, vivimos en la misma casa y, sobre todo, por el amor y la estima que nos tenemos. Este sentimiento de ser hermanos se da porque primero somos hijos, hecho que no podemos olvidar al ser la primera cosa de la que somos conscientes. Del hecho que podemos decir que somos hijos también proviene el ser hermanos.
Dentro de la comunidad cristiana, cada persona desempaña un rol diferente y hay algunos que, por don de Dios, se les ha dado el poder de perdonar los pecados en nombre de Cristo, por lo que este perdón no es solo en la tierra, sino que también se siente en el cielo.
De estas dos experiencias que son el hecho de sentirse hijo y hermano y el perdón de Dios, nos viene la tercera que es de igual manera especial. Es la de tener la presencia de Dios por medio de la comunidad que es capaz de comunicar el mensaje y la presencia de Dios. No es solo estar juntos, sino que se note el amor de Cristo que se encarna en la comunidad.
«Como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. “Si no te escucha [tu hermano], busca una o dos personas más”, nos dice el Señor en el Evangelio. Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).
La pregunta se hace palpable cuando nos encontramos con las dificultades de los demás a nuestro alrededor. No podemos vivir solos porque nos topamos con la gente y sus problemas. Desde que nacemos nos encontramos rodeados de personas, en primer lugar, de nuestros hermanos que, como son parte de la familia, nos toca cuidar de algún modo. Este cuidado surge del hecho que somos hermanos, vivimos en la misma casa y, sobre todo, por el amor y la estima que nos tenemos. Este sentimiento de ser hermanos se da porque primero somos hijos, hecho que no podemos olvidar al ser la primera cosa de la que somos conscientes. Del hecho que podemos decir que somos hijos también proviene el ser hermanos.
Dentro de la comunidad cristiana, cada persona desempaña un rol diferente y hay algunos que, por don de Dios, se les ha dado el poder de perdonar los pecados en nombre de Cristo, por lo que este perdón no es solo en la tierra, sino que también se siente en el cielo.
De estas dos experiencias que son el hecho de sentirse hijo y hermano y el perdón de Dios, nos viene la tercera que es de igual manera especial. Es la de tener la presencia de Dios por medio de la comunidad que es capaz de comunicar el mensaje y la presencia de Dios. No es solo estar juntos, sino que se note el amor de Cristo que se encarna en la comunidad.
«Como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. “Si no te escucha [tu hermano], busca una o dos personas más”, nos dice el Señor en el Evangelio. Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).
Señor, que pueda experimentar tu amor, presente en mi
familia y amigos; que pueda sentir tu amor cada vez que me perdonas en el
sacramento de la confesión y que sepa que estás presente en mi vida cuando
encuentro gente que me ayuda a ser mejor y acercarme a ti.
Leonardo Garzón, L.C.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás
salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos
personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos.
Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le
hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
Mateo
18, 15-20
viernes, 4 de septiembre de 2020
“Desde que entré en la Compañía ya el P. Guerrero tenía fama de santidad”
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Hermanos de las Cinco Llagas junto al grupo de peregrinos Seguidores del P. Guerrero poco antes del comienzo de la celebración |
Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas asiste a la misa anual en su memoria
Como cada año, desde nuestra ciudad acudieron, además de los familiares del Siervo de Dios Pedro Guerrero, amigos personales, cofrades de las Hermandades de las Cinco Llagas y el Amor y Sacrificio y el grupo de peregrinos Seguidores del P.Guerrero, que cada primer miércoles de mes realizan a pie los 17 kilómetros que separan Jerez de su sepulcro en la parroquia portuense de San Francisco.
El P. Francisco José Naranjo, S.I., que presidió la celebración junto a nuestro hermano diácono Juan Luis Izquierdo Fernández, contó varias anécdotas de la vida del P. Guerrero, pues cuando éste falleció llevaba él un año ordenado, y siempre recuerda en la Compañía que el P. Guerrero era considerado un gran apóstol, y, más que un gran hombre, un santo. El Evangelio del día viene como anillo al dedo porque es la llamada a San Pedro del Señor, como al mismo Pedro Guerrero y a nosotros, llamados también a ser apóstoles.
Pedro Guerrero fue fundador y primer Hermano Mayor de nuestra Hermandad. No faltaron los miembros de la Asociación del Apostolado de la Oración , así como amigos venidos también desde Sevilla, Sanlúcar y otras localidades. Don Joaquín Merello, muy implicado en la causa de beatificación nos informa con alegría que la Compañía de Jesús ya trabaja en el nombramiento de un nuevo vicepostulador, pues el cargo quedó vacante tras el fallecimiento del ejemplar sacerdote jesuita Fernando García Gutiérrez, S.I.

miércoles, 2 de septiembre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
El próximo jueves día 3 de septiembre nuestra Hermandad acudirá, como cada año, a la Misa Conmemorativa del XLVII aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios Pedro Guerrero González, S.I., primer Hermano Mayor tras la Reorganización y santo sacerdote jesuita que se celebrará a las 20,30 horas en la Parroquia de San Francisco de El Puerto de Santa María (Jesuitas)
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