BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

viernes, 26 de octubre de 2018
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXX
Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
«Que recobre
la vista»
El tono del Evangelio de Marcos ha cambiado, y Jesús ya no
reprende, como en anteriores ocasiones, a quienes lo reconocen como el Mesías.
La escena tiene también un contexto concreto, el camino hacia Jerusalén. Por
Lucas y Juan conocemos que Jesús no se dirigió solo una vez a Jerusalén, sino
varias. Sin embargo, Marcos no detalla la cronología, sino que le interesa
incidir en lo que supone subir a Jerusalén. Es aquí, pues, donde se inserta el
episodio del mendigo ciego Bartimeo. Por eso el texto afirma que el encuentro
con Jesús se realizó a la salida de Jericó, lo que significa que se produjo
cuando Jesús caminaba junto con sus discípulos y bastante gente hacia
Jerusalén; algo equivalente a situarnos en la etapa final de la predicación del
Señor.
La curación de ciegos
Uno de los signos que marcaría la llegada del Mesías era
la curación de los ciegos. Probablemente resuena en nuestra memoria el anuncio
de Isaías. Pero no es el único profeta que anuncia la salvación de los que no
ven. En la lectura de Jeremías escuchamos hoy que el Señor ha salvado a su
pueblo, refiriéndose a un acontecimiento histórico concreto, la vuelta del
destierro. Y señala, asimismo, que «entre ellos habrá ciegos y cojos». Sin duda
estamos ante uno de los gestos más señalados de la acción de Dios a través del
Mesías. De hecho, los cuatro evangelistas describen la curación de ciegos. El
paso de los años nos ha hecho más sensibles ante las personas con capacidades
físicas disminuidas. Sin embargo, en tiempos de Jesús la situación de los
invidentes era lamentable, no solamente por el hecho de no ver la luz, sino por
la situación social de completo abandono en la que vivían. Ello les obligaba
casi siempre a vivir como mendigos. En definitiva, eran el exponente más claro
de la miseria y de la marginación social.
La luz de la fe
Evidentemente, el Evangelio pretende presentarnos algo más
que la curación de la ceguera física. Si nos fijamos, el relato está insertado
entre algunos pasajes que subrayan tanto la incredulidad de los judíos como la
torpeza para entender de los mismos apóstoles. Frente a las dificultades de
estos, en Bartimeo este camino está allanado: por dos veces reconoce al Señor
como Mesías, al llamarlo «Hijo de David», y, lleno de confianza en Él, le pide
recobrar la vista. Además, el Evangelio, con las palabras «y lo seguía por el
camino», constata que fue discípulo del Señor. Esta circunstancia del
ciego-discípulo es única en los relatos evangélicos de curación. El mismo hecho
de saber el nombre del ciego manifiesta que posiblemente fue un discípulo
conocido por la primera comunidad de cristianos. Merece la pena destacar aquí
dos diferencias con el episodio del joven rico, que escuchábamos hace dos
domingos. La primera es que en aquel pasaje Marcos se refería a él como «uno»,
sin dar más datos. La segunda es que, a diferencia del rico, Bartimeo no
formula preguntas a Jesús. Solo pide con insistencia, sin preguntar qué ha de
hacer, puesto que sabe sobradamente que debe confiar e insistir, ofreciéndonos,
de esta manera, un buen modelo de oración de súplica.
El Bautismo como
iluminación
Del mismo modo que
el encuentro entre Bartimeo y Jesús tiene lugar en el camino hacia Jerusalén,
donde se consumará la Pascua
del Señor, la Iglesia
ha concebido desde siempre el Bautismo como una iluminación. La catequesis
durante el período cuaresmal, tiempo de preparación para la Pascua , así como la
recepción del sacramento en la Vigilia Pascual , donde cobra un fuerte
protagonismo la luz frente a las tinieblas, constatan el paralelismo entre
Bartimeo y el cristiano. Por último, quien ha sido iluminado puede reflejar esa
luz a los demás. El pasaje de la curación del ciego Bartimeo nos propone ser
luz del mundo desde la perspectiva del que ha sido rescatado de las tinieblas y
no puede permitir que los demás vivan en la oscuridad.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con
sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo),
estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús
Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos
lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten
compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego,
diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se
acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le
contestó: «Rabbuni, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha
salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Marcos 10, 46-52
domingo, 21 de octubre de 2018
El cuerpo de hermanos de las Cinco Llagas aprueba por unanimidad la programación de actividades y los presupuestos del curso 2018-2019
Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M., nuevo Director Espiritual de la Hermandad
Tras recibir la aprobación de la Autoridad Eclesiástica ,
y como fue anunciado en el Cabildo General del pasado viernes día 19, el P.
Fray Julián Bartolomé Rivera, O.F.M., vuelve a ser Director Espiritual de
nuestra querida Hermandad. Una nueva etapa en la que se va a implicar en
nuestra formación religiosa y franciscana y en la que la Junta de Señores Oficiales tiene
grandes esperanzas.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXIX
Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
«Servir
y dar la vida»
Durante los últimos domingos estamos acompañando al Se-
ñor en su camino a Jerusalén, es decir, hacia su Pasión, Muerte y Resurrección.
Los dos anuncios de la Pasión
que hemos escuchado hasta ahora por boca de Marcos se caracterizan por la poca
comprensión de los discípulos ante tan dramática noticia sobre el futuro del
Señor. Marcos ha querido insistir incluso en una falta de delicadeza y de
sintonía entre el estado de ánimo de Jesús y las preocupaciones mundanas de los
apóstoles. El episodio al que asistimos este domingo es continuación
precisamente del tercer anuncio de la
Pasión , donde el Señor ha revelado de nuevo que el Hijo del
hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a
muerte y, a los tres días, resucitará. Si tras el primer anuncio el Señor
llamaba a Pedro directamente Satanás, y tras el segundo discutían quién sería
el mayor entre ellos, ahora Santiago y Juan le piden a Jesús sentarse en su
gloria uno a su derecha y otro a su izquierda. A diferencia de la narración de
Mateo, donde es la madre la que pide esto para sus hijos, en Marcos son los
mismos apóstoles los que se dirigen al Señor, poniendo de manifestó que están
lejos de comprender lo que Jesús les acaba de anunciar.
«No sabéis lo que
pedís»
Los anuncios reiterados de la muerte del Señor unidos a
estas sorprendentes reacciones por parte de los discípulos pretenden hacernos
caer en la cuenta de la desproporción entre los planes de Dios y los del
hombre. No pocas veces habían oído hablar los discípulos del reino de Dios; y
no eran pocos los que, incluidos los apóstoles, habían interpretado este reino
en términos políticos o de dominio. La respuesta del Señor desmontará por
completo esta visión. Al hablar del cáliz que iba a beber y del bautismo con el
que iba a ser bautizado, está presentando un horizonte que, lejos de hablar de
éxito, humanamente entendido, sitúa ante los discípulos la desgracia y la
muerte, representadas por el cáliz y el bautismo. Para iluminar estas imágenes
sirven el resto de pasajes de la
Escritura que la liturgia nos ofrece este domingo; en
concreto, la primera lectura, de Isaías, y la lectura de la carta a los
hebreos. En la primera, que forma parte del cuarto canto del Siervo, proclamado
también en la celebración de la pasión del Viernes Santo, se alude al que es
triturado con el sufrimiento, que entrega su vida como expiación y carga con
los crímenes de muchos. La carta a los hebreos se refiere a Jesús como al sumo
sacerdote probado en todo, menos en el pecado; alguien que se ha convertido en
mediador entre Dios y los hombres. No es posible, por lo tanto, contemplar el
cáliz y el bautismo, al que el Señor se refiere, sin considerar a Cristo no
solo como quien se dirige hacia un destino dramático, sino como el que
únicamente de este modo será glorificado. No será posible ahorrarse la Pasión y la Muerte para alcanzar la Resurrección.
No será así entre
vosotros
El pasaje que leemos este domingo nos sirve para constatar
la distancia entre la teoría y la realidad. A pesar de que Marcos consiga, en
cierto modo, dejar en mal lugar a los hijos de Zebedeo, la Palabra de Dios nos señala
también a nosotros. Teóricamente casi nadie censura expresiones como «ser
servidor de los demás», «ser esclavo de todos» o «servir y dar la vida». En la
práctica, nadie tiene la disposición natural para llevar esto a cabo. Y la
mayoría de las veces, si servimos, lo hacemos por algo; al menos para que se
vea y se sepa. Cuando el Señor pide ser esclavo, servir y dar la vida, lo pide
en serio y sin la expectativa de obtener nada a cambio. Ese será el camino para
sentarse en el Reino de Dios.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, se le acercaron los hijos de
Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que
te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu
izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el
cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a
bautizar?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cá- liz que yo voy a
beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a
bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí
concederlo, sino que es para quienes está reservado». Los otros diez, al oír
aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y
que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser
grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero,
sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud».
Marcos 10, 35-45
viernes, 12 de octubre de 2018
Recordatorio: CABILDO GENERAL ORDINARIO DE APERTURA DE CURSO el próximo viernes
En virtud de
lo tipificado en la
Normativa Diocesana de Hermandades y Cofradías esta señera
corporación nazarena convoca para el próximo viernes 19 de octubre a las 21,00 horas en primera convocatoria y
media hora después en segunda, y en su
Sala Capitular Cabildo General Ordinario
de Apertura de Curso con arreglo al siguiente:
ORDEN
DEL DÍA
1.-
Invocación al Espíritu Santo.
2.- Lectura
del borrador del acta del Cabildo General Ordinario anteriormente celebrado y
su aprobación si procediese.
3.- Proyecto
de actividades del Curso 2018-2019.
4.-
Presupuesto Económico del Curso 2018-2019.
5.- Ruegos y
preguntas.
6.-
Padrenuestro por nuestros cofrades difuntos.
Lo que
tenemos el inigualable honor de comunicarle para su conocimiento y asistencia al mismo, rogándole la máxima
puntualidad posible.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXVIII
Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
Heredar
la vida eterna
La manifestación de una inquietud
No cabe duda de que ese uno del que habla
del Evangelio mostraba gran aprecio hacia Jesús. Así lo constata el hecho de
que se acerca al Señor corriendo, se arrodilla ante él y lo llama «maestro
bueno». Junto con la fascinación por Jesús, las palabras del joven revelan un
deseo sincero de llevar una vida honesta, tal y como manifiesta su pregunta:
«¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Se comienza así un diálogo en el que
de un comienzo prometedor se terminará en una profunda decepción para todos:
para el propio joven rico, que «frunció el ceño y se marchó triste, porque era
muy rico»; para Jesús, cuyas palabras constatan la dificultad de compatibilizar
riquezas y seguimiento verdadero; para los oyentes de la Palabra de Dios, a quienes
el evangelista Marcos consigue introducir de modo único en esa decepción. Sin
embargo, lo que a primera vista parece un episodio de fracaso se convierte en
uno de los pasajes en los que el Señor aclara con mayor nitidez qué implica ser
discípulo suyo. Como si Jesús ya conociera de antemano la respuesta positiva
del joven, enumera algunos de los mandamientos de la ley, en concreto aquellos
que se refieren a la relación con el prójimo. En efecto, la contestación del
joven recuerda a un examen que ha sido cumplimentado de modo perfecto, donde el
sujeto obtiene la máxima calificación. No estamos ante un pecador público, sino
ante una persona inquieta, honesta y que hace el bien.
«Una cosa te falta»
Hasta aquí el pasaje muestra cómo quien controla la vida
del joven es él mismo, pero la escena quiere reflejar ahora el intento de
Jesucristo por entrar en su vida: «se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: una
cosa te falta». En realidad, Jesús no hace sino de espejo de la vida del joven,
puesto que él sabía que algo le faltaba cuando va corriendo y se postra ante
Jesús. ¿Qué significado tiene, pues, el «vende lo que tienes y dáselo a los
pobres»? Sin duda supone una llamada y una advertencia. Una llamada hacia un
desprendimiento total a quien pone su confianza en las riquezas y, en
definitiva, en sus propias fuerzas, sus talentos o sus seguridades meramente
humanas. La advertencia implica que quien siente esta inquietud y no la responde
no colmará nunca los deseos que Dios ha inscrito en su corazón.
La reacción de Pedro
El diálogo final entre Pedro y el Señor nos permite ver
que este seguimiento no es algo logrado para siempre, sino que constituye una
continua llamada. Así se desprende a partir de la pregunta del príncipe de los
apóstoles, que parece esperar una recompensa. La respuesta del Señor no la
niega, pero insiste en que el recibir «cien veces más» no supone una camino de
éxito o aplauso fácil, sino una configuración con la cruz del Señor.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En Cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno
corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para
heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay
nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás
adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu
padre y a tu madre». Él replico: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi
juventud». Jesús se lo quedó mirando, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta:
anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el
cielo, y luego ven y sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó
triste porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus
discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen
riquezas!». Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús
añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a
un camellos pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de
Dios». Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para
Dios. Dios lo puede todo». Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo
hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «En verdad os digo que quien
deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y
por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y
hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones– y en la edad
futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Marcos 10, 17-30
Las Cinco Llagas de El Cristo
Reproducimos a continuación el muy comentado artículo que N.H.D. Marco A. Velo publicó el pasado lunes en Diario de Jerez en su recuadro semanal "Jerez íntimo" que resume las sensaciones de muchos de los hermanos que hemos convivido con la Hermandad de El Cristo en los tres últimos años.
![]() |
Foto: N.H.D. Antonio Millán |
Y en el principio fue el verbo.
El verbo en minúsculas. El verbo propio de los seres humanos. El que
intercambian vespertinamente – una tarde cualquiera-, en la Cafetería San
Francisco, Juan Salido y quien suscribe. Nos remontamos a tres años largos.
¿Casi cuatro? Sabíamos -por traslado directo, por solicitud formulada a
discreción- que la Hermandad
del Cristo precisaba de pronta posada. Y que la iglesia de San Francisco
-entonces ya en el tictac de su futuro de veras incierto- figuraba en la
deseable predilección de los castizos hermanos de San Telmo. Castizo en el
significante más unamuniano del término.
Aquel café -a dos- entre cofrades
de túnica blanca hizo las veces de análisis profuso a propósito de pulsar las
posibilidades reales y el orgánico modo de proceder -pasos a seguir- para el
inmediato hospedaje de los hermanos del Valle en la céntrica sede de la Hermandad de las Cinco
Llagas. ¡La Junta
de Gobierno presidida por García Cordero necesitaba in extremis una respuesta!
¿En nuestras manos depositaron su espíritu? ¿O en el pemaniano signo y viento
de la hora escritos de antemano en las actas de la memoria?
Juan y yo sólo planificamos
porque el hombre propone y el Dios de la Hoyanca dispone. Un Dios de brazos abiertos sobre
cruz de plata. Un Dios pechisacado. Un Dios de todopoderoso torso. Un Dios de
pecho fuerte donde late adrede la verónica gitana de la redención del mundo. Y
hubo propuesta elevada a reunión de Cabildo de Oficiales en calle Diego
Fernández Herrera y plácet unánime de la Junta de Gobierno de Juan Lupión para así ejercer
de primigenios intermediarios con el hoy recordado padre José Luis Salido…
Cuanto vino a continuación ya es resultado de dominio público. Mas también cuanto
se ha fraguado San Francisco intramuros, una mañana y la siguiente y la
subsiguiente -¿cierto Pepe Andrades, Rocío Ramos, Paco Bernal, Carmen Alonso?-,
entre los nazarenos de capa y los nazarenos de cola, entre los cofrades del
Viernes Santo -de Luna de Nisán unos y de lorquiana cinco de la tarde otros-,
forma parte de los versos y de los besos -de la verdad y de la beldad- tallados
con letras capitulares en el pergamino intangible de una fraternidad con
nombres propios. Por este sagrado motivo, por esta sacramental comunión, por
este incienso de carismas tan plurales como convergentes, brotaron las lágrimas
y el temblor del costillar este pasado sábado cuando los cofrades de San Telmo
decían adiós al atrio de la iglesia del Nazareno de la Plaza. La Mesa de
Hermandad del Cristo llamó enérgicamente al cerrado portalón de la fachada de
San Francisco hace apenas cuarenta y ocho horas. Seis menos diez según los
relojes parados del temple cofradiero. Para pedir, por vez penúltima -nunca
última- la venia a ocho cofrades de las Cinco Llagas quienes -varas en mano y
estandarte en vertical- abrieron, al estilo del cante de Manolo Caracol, todas
las puertas y cerrojos. No era Santa Madrugada: no era Viernes Santo: era la
hora irrequieta de la despedida. Ocho cofrades desprovistos del cinturón de
esparto: Rafael Cordero, José Andrade, José Soto, María José Sánchez, María
Ruiz-Henestrosa, Raúl Pérez, Chari Lupión y este junta letras que ahora moja la
estilográfica en un tintero de papel prensa.
Carmen Alonso no contiene
entonces el derrame de la emoción. Y en sus lágrimas recordamos a cofrades de
El Cristo que hoy disfrutan de un Reino de filigranas por bulerías: Fernando
Letrán García -el inventor de la molía- Antonio Romero -instructor del
expediente de la
Coronación Canónica del Valle-, Juan Luis García Sánchez
-cuadrillero de El Cristo y primer capataz hermano de la Virgen-, Fernando
Fernández-Gao -aquel memorable Hermano Mayor de los años 20-, Miguel Ruiz Ruiz…
De ayer a hoy distan tres años. Tres años largos para esculpir una certeza. Y
es que de San Francisco a San Telmo ya sólo hay un camino: el que une los
párpados de la misma Gloria.
sábado, 6 de octubre de 2018
El Papa pide rezar el Rosario y a San Miguel en octubre para proteger a la Iglesia del demonio
Fuente: ACI Prensa
El Papa Francisco ha invitado a los
fieles de todo el mundo a rezar el Rosario todos los días del mes mariano de
octubre, pidiendo la intercesión de la Virgen María y San Miguel Arcángel para que
protejan la Iglesia
del demonio en estos tiempos de crisis.
En un comunicado emitido por la Santa Sede este 29 de
septiembre, se expresa el pedido del Pontífice para que todo el pueblo de Dios
se una “en comunión y penitencia” y rece por protección ante las acechanzas del
maligno, “que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros”.
El texto precisa que, “antes de su
partida a los Países Bálticos, el Santo Padre se reunió con el P. Fréderic
Fornos, Director internacional de la Red Mundial de Oración por el Papa, y le pidió
que difundiera su llamamiento a todos los fieles del mundo, invitándoles a
terminar el rezo del Rosario con la antigua invocación ‘Sub Tuum Praesidium’, y
con la oración a San Miguel Arcángel, que protege y ayuda en la lucha contra el
mal”.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXVII
Domingo del tiempo ordinario (ciclo B)
«Lo
que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»
En el camino hacia Jerusalén, que más allá de un
itinerario geográfico representa el acercamiento de Jesús hacia su Pasión y
Muerte, Marcos incluye algunas enseñanzas referentes al matrimonio, al valor de
los niños en la sociedad o al uso de las riquezas. Siguiendo el modelo de los
domingos anteriores, se trata de unos principios que no solo son exigentes,
sino también tremendamente actuales. Así pues, el pasaje evangélico de este
domingo se detendrá en dos puntos: la visión de Jesús sobre el matrimonio y, en
concreto, sobre la fidelidad conyugal; y los niños como modelo de cumplimiento
de la voluntad de Dios.
No es bueno que el hombre esté solo
La doctrina de Jesús sobre el matrimonio quiere entroncar
con la primera lectura, tomada del libro del Génesis. En el relato de la
creación se ponen de relieve varios aspectos del ser del hombre. Esto es
importante, como punto de partida, porque la enseñanza de Cristo y, por lo
tanto, de la Iglesia
sobre el matrimonio no nace primeramente de unos preceptos o leyes morales,
sino de cómo el hombre es en sí, de su naturaleza. La afirmación «no es bueno
que el hombre esté solo» manifiesta que en la voluntad originaria de Dios, el
hombre necesita un complemento, alguien igual que él. La imagen de la formación
de Eva a partir de la costilla de Adán, así como el nombre de hombre-mujer (en
hebreo ish-ishshah), constata la igual dignidad de ambos. De hecho
el Génesis se refiere al dominio del hombre sobre la creación cuando pone
nombre a los distintos animales que pueblan la tierra, pero a una subordinación
en su relación con la mujer. Asimismo, el interés de Dios por otorgar una
compañía adecuada al hombre se corresponde con un deseo inscrito en el corazón
del hombre, hecho patente con la exclamación: «¡Esta sí que es hueso de mis
huesos y carne de mi carne!». La frase del Génesis retomada en el Evangelio
«serán los dos una sola carne», revela la belleza del vínculo entre el hombre y
la mujer; una unión que no se reduce a una complementariedad corporal o
afectiva, sino que se extiende hasta llegar a una comunión personal entre
esposos, colaboradores con el Dios de la vida y del amor.
Por desgracia, tanto en tiempos de Jesús como en nuestra
época, esta visión ideal del matrimonio contrasta con la realidad que pueden
experimentar muchas familias. Sin embargo, Jesús no vacila en defender el plan
originario de Dios, frente a la concesión de Moisés de otorgar acta de divorcio
y repudiar a la mujer; disposición que Jesús achaca a «la dureza de vuestro
corazón». Ante la reiteración de la pregunta, planteada ahora por los
discípulos, el Señor insiste en que no es admisible el repudio de la mujer (o
del marido) y contraer matrimonio con otra persona. Llama la atención que el
Señor corrija la Ley
de Moisés, algo que también sucede en el Sermón de la Montaña (Cf. Mt 5-7),
manifestando con ello su autoridad.
Los niños como modelo en el Reino de Dios
Si el domingo pasado Jesús arremetía contra quien causara
escándalo entre los «pequeñuelos», de nuevo esta vez regaña a los discípulos
por impedir que los niños se acerquen a Él para que los toque. Para comprender
esta insistencia del Señor hay que ir más allá de pensar que Jesús busca solo
proteger a los niños; hecho que quedó patente con el pasaje contra el
escándalo. Cuando Jesús afirma que «de los que son como ellos» es el Reino de
Dios, no alude principalmente a la inmadurez o inocencia de los más pequeños,
ya que esto, por otra parte, es imposible recuperarlo cumplida una edad. Se
está refiriendo más bien a la disponibilidad, dependencia y receptividad que
debemos tener los adultos, así como a la conciencia de recibirlo todo y no
poseer nada por nosotros mismos. Solo quien es así está capacitado para acoger
el Reino de Dios.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo acercándose unos fariseos le preguntaron
para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?». Él les
replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?». Contestaron: «Moisés permitió escribir
el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro
corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación
Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre
y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son
dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el
hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle
sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra,
comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con
otro, comete adulterio».
Acercaban a Jesús niños para que los tocara,
pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad
que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como
ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el Reino de
Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía
imponiéndoles las manos.
Marcos 10, 2-16
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