Fotos: Gentileza de N.H.Dña. Mª José Sánchez Setó
BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

viernes, 27 de abril de 2018
Ayer jueves varios oficiales de la Junta de Gobierno acompañaron a nuestro Hermano Mayor, don Rafael Cordero Jaén, tanto a la inauguración de la Exposición Permanente de Arte Sacro de la Parroquia de San Miguel como a la Misa Funeral por el alma del P. Fernando García Gutiérrez, S.I. en la Parroquia de Madre de Dios
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
V Domingo de Pascua (ciclo B)
La experiencia de comunión
Sabemos que el tiempo pascual es el período del año más
apropiado para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. Durante
estos días, la Palabra
de Dios y la liturgia contienen abundantes fórmulas y signos que hacen
referencia a la nueva vida que Cristo nos ha otorgado a través de su Muerte y
Resurrección. Por eso, también es tradicional que muchos niños reciban ahora la Primera Comunión.
Si el Bautismo incide en el hecho de ser incorporados a una comunidad concreta,
que es la Iglesia ,
la Eucaristía
lo concreta a través de la recepción del cuerpo y la sangre de Cristo. Se trata
de dos sacramentos que no hacen sino ahondar en el vínculo entre Jesucristo y
el cristiano, que, al mismo tiempo, supone una mayor unión entre los hermanos.
De hecho, cuando un niño recibe por primera vez la Eucaristía decimos que
hace la comunión. Comunión con los hermanos y comunión con el Señor. Estamos
ante un mismo acontecimiento que se despliega en dos vertientes. Recibimos al
Señor en comunión con la
Iglesia. La vida cristiana y la salvación de los hombres «no
se concibe aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino
constituyendo un pueblo», nos ha recordado recientemente el Papa Francisco,
citando el Concilio Vaticano II, en su última exhortación apostólica Gaudete
et exsultate, sobre la llamada a la santidad. En realidad, el magisterio
constata no un deseo, sino la plasmación histórica de la relación entre Dios y
el hombre.
Permanecer en la vid
Tanto este domingo como el próximo escuchamos las palabras
de Jesús en su cena de despedida, con las que da a sus discípulos instrucciones
para cuando él falte. Jesús quiere ahora incidir en la comunión con él. Para
ello nos compara con los sarmientos unidos a la vid. Como en tantos otros
casos, el Señor se sirve de realidades de la vida corriente de sus oyentes, que
no requieren amplios y elaborados discursos para comprenderlas. Con todo,
merece la pena señalar algunos puntos. En primer lugar, no es Jesús el primero
en referirse a la vid en la
Biblia. Israel es comparado con una viña fecunda cuando es
fiel a Dios. En segundo lugar, escuchamos repetidamente el verbo permanecer.
Tal insistencia solo se justifica porque es el único modo de tener vida: si el
sarmiento está unido a la vid hay vida; si no, viene la muerte. Por eso,
mediante el Bautismo somosinjertados en la vid, es decir, en la
persona de Jesucristo y en el misterio de su Muerte y Resurrección. Y de esta
raíz recibimos la savia para participar en la vida divina, que es alimentada
por los sacramentos, y, en particular, por la Eucaristía.
La oración y la caridad
Aparte de la unión al Señor y a la Iglesia mediante los
sacramentos, la tradición cristiana ha contemplado siempre dos medios para que
demos fruto abundante en esa vid: la vida de oración y la caridad. La
fecundidad de nuestra vida depende de nuestra oración, y podemos tener
confianza en que somos escuchados cuando oramos, porque nuestros frutos son
obra de Jesús a través de nosotros. Por otro lado, la prueba fehaciente de que
vivimos unidos a la vid, que es Cristo, es la caridad. San Juan nos pide, en la
segunda lectura, que «no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con
obras». A través de la parábola de la vid y los sarmientos, el Evangelio nos
permite ver que la caridad no consiste en primer término en un esfuerzo por
nuestra parte, sino que es un don de Dios, que se nos ha concedido por el hecho
de permanecer unidos a la vid. Al mismo tiempo, el amor es el termómetro para
verificar que estamos realmente injertados en Cristo. Así pues, con esta
sencilla imagen, el Evangelio de este domingo ayuda a percibir, bajo el prisma
de la vid y los sarmientos, cómo la vida cristiana solo se puede concebir
arraigada en Cristo y en comunión con la vida de la Iglesia. No es
posible, por lo tanto, ser cristiano sin mantener este doble vínculo.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da
fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más
fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced
en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la
vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto
abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo
tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al
fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que
deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Juan
15, 1-8
martes, 24 de abril de 2018
Inauguración de la exposición permanente de arte sacro de nuestra Parroquia de San Miguel
El Excmo. y Rvdmo. Monseñor José
Mazuelos Pérez, Obispo de Asidonia-Jerez, y el Sr. Cura Párroco de la de San
Miguel Arcángel, D. Manuel Lozano Jiménez nos invitan al acto de inauguración de la Exposición Permanente de Arte Sacro de la citada
Parroquia.
Tendrá lugar, D.M., el próximo jueves 26 de abril a las 18,30 horas.
lunes, 23 de abril de 2018
Fernando y la transparencia de Dios
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Foto: Archisevilla |
Reproducimos a continuación un
fragmento del JEREZ ÍNTIMO de N.H.D.
Marco Antonio Velo publicado hoy en Diario de Jerez, que lleva por título Fernando y la transparencia de Dios:
“La muerte, en esta ocasión, ni se
salió con la suya ni tampoco -al soniquete de Sergio Leone-tenía un precio. La
muerte es un intersticio de color violeta. Y ya vaticinó la greguería de Ramón
Gómez de la Serna
que las violetas únicamente son las ojeras del jardín. ¿Del jardín que tronza y
troncha el campo de las malvas? La muerte ahora no ha trasnochado ni ha
conjeturado con las fauces del olvido mediato. Porque ha fallecido el sacerdote
jesuita Fernando García Gutiérrez, el pariente santo de otro santo potencial:
Pedro Guerrero González. Ambos jerezanos. Ambos hijos de San Ignacio. Ambos cultivaron
su apostolado allende nuestras fronteras. Fernando no era persona de muecas ni
de caretas impostadas sino la concreción facial de una todopoderosa conquista
forever: la de la felicidad interior. No existe hombre más carismático, más
arrollador, más preclaro, que quien marida (a raudales) la felicidad y el alto
intelecto. De los quejicosos jamás se ha escrito ningún verso posmoderno.
Fernando fue un líder sereno y
verbal. ¡Cuánta luminosidad académica desprendía! Lo fue -ilustrísimo
académico- de la Real
Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría Sevilla y
de la Real Academia
de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez. Su cultura desbordante ya
asomaba a cada segundo a través del barandal -que es dentadura del pensamiento-
de la sonrisa clara y abierta como una frutal tajada de la dicha de saberse
hombre. ¿Su mirada? Cristalina y espejada, como la vidriera mate del quid pro
quo. Cuando estrechabas su mano derecha parecías palpar la pasamanería de toda
la doctrina ateniense (desde Platón a Crates de Triasio).
Entregó sin melindres ni
aspavientos su existencia a la
Iglesia desde la perífrasis de una intelectualidad tan
polivalente y tan teológica que sus postulados jamás sonaron a cuento chino.
Aunque sí al japonés que dominaba con cátedra de docencia internacional.
Fernando irradiaba la tronadora fortaleza del optimismo (que es la fuerza del
sino). Esa risa copernicana -porque todo lo volteaba con volutas de ciento
ochenta grados- que era como una boquiabierta transparencia de Dios. Por amor.
Martín Descalzo solía comentar que quien ama mucho sonríe con facilidad. Así es
en efecto. Ha resucitado para nuestra memoria (sempiterna) un sacerdote culto y
risueño, como el perímetro de un rango universal: ¿qué tuve, que mi amistad
procuraste? Has dejado huella, has sembrado, Fernando, amigo, padre, en lo
imperecedero. Y, con el poeta pianista, te digo… "Aquí en mi torpe
mejilla/ quiero ver si se retrata/ esa lividez de plata/ esa lágrima que
brilla"”.
Rogad a Dios en caridad por el alma del Rvdo. P. D. Fernando García Gutiérrez, S.I., vicepostulador de la causa de beatificación del P. Pedro Guerrero González, S.I.
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Foto: Hdad. de la Macarena |
El
padre jesuita Fernando García Gutiérrez falleció este jueves
por la mañana después de haber entregado toda su vida a la Iglesia. Nacido en
Jerez de la Frontera
en el año 1928, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de
Barcelona. En 1956 marcha a Japón, donde es profesor de Historia del Arte
Oriental de la
Universidad Sophia (Jochi Daigaku) de Tokio. Fue ordenado
sacerdote el 19 de marzo de 1962 en la Universidad San
Ignacio de Tokio.
La
vinculación entre Fernando García Gutiérrez y Sevilla era muy fuerte, no en
vano fue académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel
de Hungría. Gracias a su estancia en Japón y a las donaciones de amigos
japoneses y de otras nacionalidades, Bellas Artes posee una extraordinaria
colección de arte oriental formada por más de un centenar de objetos de China y
Japón, entre los que se encuentran pinturas, esculturas, cerámica, piedras
dura, platería, etc. Asimismo, este sacerdote desempeñó el cargo de delegado
diocesano del Patrimonio-Histórico Artístico de Sevilla.
García
Gutiérrez tenía escritos una veintena de libros que
fundamentalmente analizaban la relación que hubo entre los jesuitas y Japón.
El
próximo sábado día 28 de abril se celebrará en la Parroquia de San
Francisco de El Puerto (Jesuitas) Santa Misa por su eterno descanso.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
IV Domingo de Pascua (ciclo B)
«El buen pastor da su vida por las ovejas»
Sabemos que el Nuevo Testamento utiliza distintas imágenes
para que podamos comprender mejor quién es Jesús. El Domingo de Ramos nos
deteníamos en la contemplación de Jesucristo como rey. Varias veces se habla
del Salvador como cordero. En otros pasajes, el mismo Señor se considera a sí
mismo camino, verdad y vida. ¿Qué significado tiene, pues, mirar este domingo a
Cristo como buen pastor? La figura del pastor no es una novedad del Evangelio.
La tradición anterior hablaba con normalidad de la existencia de pastores,
algunos de los cuales, por ejemplo, Moisés y David, fueron llamados por Dios
para guiar al pueblo elegido. En realidad, el ambiente pastoril y agrícola de
tiempos de Jesús no era muy diferente del de los pueblos del Medio Oriente
durante la época en la que se había escrito el Antiguo Testamento. Sin embargo,
para algunos, en pleno siglo XXI, la imagen del pastor podría considerarse
superada; no tanto por el contraste de nuestra sociedad con un pueblo ganadero,
sino porque el concepto de rebaño hoy puede haber adquirido unas connotaciones
peyorativas, al asociarse a un conjunto de personas sin voluntad ni capacidad
de decidir, que son guiadas por una voz que amenaza su libertad. Nada más lejos
de la realidad. Basta con detenerse en tres puntos del Evangelio de hoy, para
verificar que no es esa la intención del Señor ni, por lo tanto, de la
tradición de la Iglesia ,
cuando ha adoptado el término pastor, para referirlo a Jesucristo,
o cuando, análogamente y en referencia a él, se habla de pastores para
designar a quienes están al frente del pueblo de Dios.
Entregar la vida y conocer y amar a su pueblo
En primer lugar, el Señor señala que el buen pastor da su
vida por las ovejas. Escuchar esta afirmación en pleno tiempo pascual supone
reconocer a Jesucristo como aquel que ha entregado la vida: «Yo entrego mi vida
para poder recuperarla». Significa la implicación máxima de su persona en favor
de los hombres. Este ejemplo resuena cada vez que son ordenados presbíteros,
como pastores del rebaño de Dios, especialmente cuando esa celebración tiene
lugar en torno a este domingo. Por lo tanto, no se trata de dominar una masa de
personas, sino de comprometerse en cuerpo y alma con ellas. En este sentido,
cobra relevancia la segunda característica del Evangelio de este domingo sobre
el buen pastor: conocer a las ovejas. Esta realidad nos habla de la relación
que nosotros establecemos con Jesucristo, vínculo que nos une también al Padre.
Pero también alude al conocimiento personal que la Iglesia pide a sus
pastores. La Biblia
da a menudo al término conocimiento un valor más profundo, que
va más allá de ser consciente del nombre o de las condiciones o necesidades de
una persona o de una determinada comunidad: hace referencia al amor hacia esos
hombres, es decir, a una relación interior honda y a una aceptación del otro,
tal y como es. En tercer lugar, el pastoreo de Jesucristo constituye un
servicio a la unidad. No consiste exclusivamente en reunir al pueblo de Israel
disperso. Cuando Jesús alude a «otras ovejas que no son de este redil» y de que
«habrá un solo rebaño y un solo Pastor», se está refiriendo a toda la humanidad
y a su llamada a salir a los caminos (Cf. Lc 14, 23). Así lo aclaran, igualmente
el resto de las lecturas de este día. No en vano la lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles dice que «bajo el cielo no se ha dado a los hombres
otro nombre por el que debamos salvarnos». Jesucristo, el buen pastor, no nos
ofrece únicamente una catequesis sobre cómo han de ser los pastores, sino que,
entregando su propia vida, conociendo y amándonos profundamente, constituye el
paradigma de quien guía a la
Iglesia buscando siempre servir y no ser servido.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen
Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es
pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y
el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las
ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen,
igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las
ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas
las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo
Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder
recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder
para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi
Padre».
Juan
10, 11-18
viernes, 13 de abril de 2018
Pregón y cartel de las Glorias de Jerez 2018
El pasado 6 de abril a las 20:30 h. fue presentado
en la sede del Consejo de Cofradías, el Cartel anunciador de las procesiones de
Gloria 2018, obra del artista sevillano D. Miguel Ángel González.
Asimismo, se presentó al Pregonero que el mañana
sábado día 14 de abril tendrá a su cargo el Pregón de las Glorias a las 21:00
horas en la Basílica
de la Merced Coronada :
Don Álvaro Carmona López, podólogo y destacado
orador afincado en Sevilla.
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Foto: ARTESACRO |
Nuevo presbítero en nuestra diócesis
Jesús Castro Simancas recibió las
órdenes del sacerdocio en una celebración que tuvo lugar en la Catedral el pasado sábado
7 de abril
Ha sido ordenado por monseñor José
Mazuelos Pérez quien, durante los próximos meses, contempla la institución de
acólitos (1 de mayo), el rito de admisión a órdenes (17 de junio) y la
ordenación de diáconos permanentes (30 de junio).
Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ
Don Jesús Castro Simancas, que culmina su
formación en el Seminario Diocesano, fue ordenado presbítero en una celebración
que presidió monseñor José Mazuelos Pérez, obispo de Asidonia-Jerez el mediodía
del pasado sábado en la
Santa Iglesia Catedral del Salvador.
Jerezano de nacimiento y crecido en la fe
comprometido con la Iglesia
a través de su pertenencia desde niño al Movimientos Scout Católico.
Nueva EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL
La nueva exhortación del Papa, Gaudete et
exsultate, es una invitación a la búsqueda de Dios en la vida cotidiana
para dejarnos hacer por Él y así alcanzar la santidad a la que hemos sido
llamados.
El documento completo en el siguiente enlace:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
La
Resurrección de
la carne
III Domingo de Pascua (ciclo B)
Les abrió el entendimiento
La celebración eucarística de este domingo propone un
pasaje que es la continuación del relato del encuentro de Jesús con los
discípulos de Emaús. «Estaban hablando de estas cosas», nos dice. El Evangelio
insiste en la perplejidad de los que oían los relatos sobre las apariciones de
Jesús. No tiene nada de particular el plantear dudas ante unos episodios
inauditos y en contraste radical con lo que estas personas habían visto unos
días antes: un condenado a muerte en la cruz, abandonado por casi todos. La
aparición repentina del Señor resucitado en medio de ellos eleva al máximo la
dramaticidad y la tensión. Lucas utiliza los términos «aterrorizados» y «llenos
de miedo», puesto que creían estar viendo un espíritu. Su mente, por lo tanto,
estaba cerrada para comprender lo que había ocurrido.
El texto del Evangelio propone la Resurrección como el
dato central del cristianismo, verdad fundamental que es preciso reafirmar siempre
con fuerza, puesto que negarla, como de varios modos se ha intentado hacer y se
sigue haciendo, o transformarla en un acontecimiento puramente espiritual,
significa desvirtuar la misma fe. Al igual que el evangelista Juan el domingo
pasado, también este domingo Lucas quiere destacar que Jesús no es un fantasma.
Además de hacer referencia dos veces a sus manos y a sus pies, signo de la
identidad con el que murió en la cruz, adopta varios términos que recalcan que
están viendo algo tangible y no se hallan frente a una ilusión o fantasía que
se desvanece. Palpar, carne y huesos son
palabras que pretenden hacernos ver que los discípulos se encuentran ante una
persona real: «Soy yo en persona». Con este énfasis se trata de defender el
valor de la carne. En el credo apostólico confesamos «la resurrección de la
carne». Y este domingo estamos ante una verdadera manifestación de esta
realidad, que sustenta nuestro credo. Sabemos que algunas tradiciones de
aquella época, procedentes del ámbito griego, consideraban el cuerpo y la carne
como algo negativo. El cuerpo era visto como una especie de prisión en la que
estaba encerrada el alma y, por lo cual, la muerte era, en cierto modo,
considerada como la liberación del alma del cuerpo. Sin embargo, no es esta la
perspectiva bíblica, que considera el cuerpo como creado por Dios y, por lo
tanto, algo bueno en sí mismo. Para la fe cristiana esta orientación tiene
consecuencias fundamentales, ya que la corporeidad de Cristo es la culminación
de la creación de todas las cosas por Dios y, en especial, de la creación del
hombre por las manos de Dios.
«Comió delante de ellos»
La presencia del Señor con los discípulos no sirve a estos
únicamente para verificar una identidad con quien murió en la cruz. Jesús no se
muestra vivo solo para que los discípulos lo vean y lo toquen. El objetivo de
sus apariciones es también cambiar su modo de ver la realidad. Y esto requiere
una explicación o enseñanza de Jesús, que tiene como finalidad permitirles ver
la continuidad no solo con lo que Él les había enseñado durante tres años, sino
con lo que estaba escrito desde siglos antes en la ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos, es decir, en el Antiguo Testamento. Sin embargo, en
Cristo se reconoce no solo una continuidad, sino también un cumplimiento: «era
necesario que se cumpliera todo», escuchamos también. El ámbito en el que esta
explicación se lleva a cabo es en torno a una mesa. La tradición ha considerado
la celebración eucarística, también alrededor de una mesa, como el lugar en el
que podemos reconocer a Jesucristo resucitado. Así pues, para descubrir a
Jesucristo vivo en medio de nosotros es necesario que alguien nos abra los ojos
para comprender la
Eucaristía y, al mismo tiempo, sentarnos en la mesa en la que
el Señor está en medio de nosotros.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
Al En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les
había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se
presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos
aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por
qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y
mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene
carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los
pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo que comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo
tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras
estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la
ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí. Entonces les abrió el
entendimiento para comprender las escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el
Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre
se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos,
comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».
Lucas
24, 35-48
domingo, 8 de abril de 2018
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia
(ciclo B)
A los ocho días
El pasaje del Evangelio de este domingo nos muestra que
Jesús se apareció a los discípulos, encerrados en el Cenáculo, al anochecer del
primer día de la semana, y que ocho días después se presenta nuevamente ante
ellos. Este hecho tiene suma importancia, ya que constata que desde el inicio
la comunidad cristiana comenzó a vivir un ritmo semanal marcado por el
encuentro con el Señor resucitado. De ahí nace, por lo tanto, que el domingo
sea el día del Señor, el día de la celebración de la Pascua del Señor. De hecho,
históricamente la celebración de la
Pascua surgirá más adelante, algo que no ocurre con la
celebración eucarística dominical, atestiguada desde los orígenes. Desde los
albores del cristianismo, también se quiso recalcar que comenzaba un culto
nuevo y diferente a las costumbres judías asociadas al sábado. Esta es una
prueba muy fuerte de la
Resurrección del Señor, porque solo un acontecimiento
realmente relevante y extraordinario podía inducir a los primeros discípulos a
iniciar un culto diferente al sábado judío.
«Paz a vosotros»
Estamos ante las primeras palabras que el Señor dirige a
quienes estaban congregados en el Cenáculo al anochecer de aquel día. La paz es
uno de los conceptos que pueden ser utilizados para referirse a múltiples
realidades. La acepción más común es la que se refiere a la situación en la que
no existe lucha armada en un país o entre países, o, en un sentido no
belicista, la relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni
conflictos. Ciertamente, el deseo del Señor al saludar a sus discípulos tras
resucitar no se opone a estos significados comunes. Sin embargo, hay algo que
distingue la paz que Jesucristo ofrece de la meramente humana: con su
Resurrección, Jesús ha vencido al mal y a la muerte; luego, la paz que ofrece
es consecuencia de una victoria. Dicho de otra manera, con el saludo «paz a
vosotros» Jesús no solo está expresando unos buenos deseos, sinceros y
profundos. Tampoco se trata únicamente de una expresión formal o de cortesía.
Con esta fórmula está revelando a sus discípulos que la victoria que ha
conseguido tiene también como beneficiarios a los hombres, que gracias a él
reciben ese don. No será la única gracia del Resucitado. El Evangelio alude a
otro fruto: la alegría de los discípulos al ver al Señor. Y el Espíritu Santo
es igualmente mencionado como consecuencia de la Pascua del Señor.
Las manos y el costado del Señor
Es célebre el requisito de Tomás para creer que Jesús está
vivo: ver y meter el dedo en el agujero de los clavos e introducir la mano en
el costado. Pero, ¿son las llagas solo un recurso circunstancial para acusar a
Tomás de incrédulo y formular la bienaventuranza de los que creen sin haber
visto? Si retrocedemos algún versículo, nos damos cuenta de que esa condición
la había puesto el Señor ocho días antes. En su primera aparición, tras el
saludo de paz, «les enseñó las manos y el costado», es decir, el Señor se había
hecho reconocer de este modo. ¿Por qué son importantes las llagas en las manos
y en el costado? Por varios motivos. Sirven, en primer lugar, para constatar
que hay una identidad entre quien padeció y murió, y aquel a quien ahora están
viendo los discípulos. Ni están los discípulos ante un fantasma ni sufren un
tipo de alucinación colectiva. En segundo lugar, se deja claro que la Resurrección no anula
la Pasión y la Muerte de Cristo, como si
nada antes hubiera sucedido. En el cuerpo glorioso del Señor resucitado se
muestra que se ha llevado a término lo que comenzó desde el instante de la Encarnación , y que
Jesús no se ha ahorrado ningún paso ni ha fingido absolutamente nada. Estamos
ante un acontecimiento, sin duda, extraordinario, pero desde el primer instante
los relatos sobre la
Resurrección han querido insistir en la realidad de los
hechos, frente a cualquier atisbo de fantasía o de mito.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los
judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se
llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el
Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos
y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados,
les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no
estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos
visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los
clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su
costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y
Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y
dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis
manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino
creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me
has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en
este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos
para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengáis vida en su nombre.
Juan
20, 19-31
miércoles, 4 de abril de 2018
Convivencia Post Semana Santa tras la Santa Misa de Hermandad del próximo viernes día 6
Nuestra Corporación cofradiera celebrará un
agradable rato de convivencia que tendrá lugar en el salón recibidor de San Francisco tras la Santa Misa de Hermandad y en el que se compartirán las enriquecedoras
experiencias vividas. La Hermandad aportará las
bebidas y se solicita la aportación de algunas viandas para compartir.
lunes, 2 de abril de 2018
Felicitación Pascual
domingo, 1 de abril de 2018
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
Domingo de Resurrección (ciclo B)
El paso de la muerte a la vida
Si por un instante nos fijamos en el modo en que
celebramos la Semana
Santa en nuestras comunidades cristianas, observamos que la
tradición popular, especialmente en España, se centra en subrayar los episodios
de la Pasión y
Muerte del Señor. En muchos lugares da la impresión de que la Semana Santa culmina
con la procesión del santo entierro, tras haber celebrado intensamente los
oficios del Jueves y Viernes Santo, y haber acompañado al Señor en el vía
crucis. Son costumbres que, obviamente, contribuyen no poco a comprender el
dolor y el sufrimiento de Cristo en sus últimas horas. Sin embargo, esta
visión, sin pretenderlo, puede oscurecer la realidad fundamental que celebramos
estos días: que la muerte ha sido vencida. No hay día más importante en el año
litúrgico que el Domingo de Pascua. Si nos retrotraemos a los primeros
vestigios de las celebraciones cristianas, encontramos testimonios, incluso de
autores paganos, que atestiguan que los seguidores de Jesucristo se reunían el
primer día de la semana para reconocer a Cristo como Dios y cantarle himnos. Es
así como comienza el pasaje del Evangelio que este domingo tenemos ante
nosotros: «El primer día de la semana […] al amanecer». Es interesante
constatar cómo el Evangelio pretende, especialmente en los momentos
fundamentales de la vida del Señor, dejar claro que todo lo que ocurre en torno
a Jesús es posible situarlo en el tiempo y en el espacio: se nos dice cuándo y
en qué lugar, dándonos también información sobre otras circunstancias que
delimitan un acontecimiento preciso de la vida del Señor. Asimismo, para que lo
narrado no pueda considerarse un cuento o un relato fantástico, se presentan
los testimonios de personas concretas que pueden asegurar que lo ocurrido es
verdadero y no inventado. Por eso, en el pasaje de este domingo, con la
finalidad de confirmar el valor de lo narrado, aparece cuatro veces el
verbo ver. María Magdalena «vio la losa quitada del sepulcro»; el
otro discípulo «vio los lienzos tendidos»; Pedro «vio los lienzos tendidos y el
sudario con que le habían cubierto la cabeza». Por último, el otro discípulo
«vio y creyó». Es fundamental notar que lo que es visto por María Magdalena o
por los discípulos sería percibido sin problema por cualquiera que pasara por
allí. Evidentemente, la descripción de estos hechos no sustituye la fe de los
discípulos en la
Resurrección.
Acontecimiento que cambia la vida
Ciertamente, el texto del Evangelio pretende eliminar
cualquier viso de invención o exageración en la descripción de los hechos, a la
vez que defender el acontecimiento concreto de que Jesucristo vive. Pero
también busca resaltar el contraste en la vida de los discípulos a partir de
ese momento. Con las palabras «hasta entonces no habían entendido la Escritura » se hace
referencia no solo a la cierta oscuridad e imposibilidad intelectual por parte
de los discípulos antes de la
Resurrección de Cristo. Se debe comprender esta afirmación,
asimismo, como el inicio de una nueva vida para los seguidores de Jesucristo.
Puesto que han visto, han creído, es decir, se ha modificado radicalmente su
concepción sobre su propia vida, su misión e, incluso, sobre la misma historia
humana. Este cambio quedará plasmado en el resto del Nuevo Testamento,
especialmente en el libro que refleja los inicios de la vida de la Iglesia y que marca el
tiempo pascual: los Hechos de los Apóstoles. En el pasaje que escuchamos como
primera lectura, Pedro se presenta como un testigo privilegiado de todo lo que
ha sucedido. Con todo, el haber sido testigo supone una gran responsabilidad:
en primer lugar, el conformar la vida con aquello que se ha visto y se ha
creído; en segundo lugar, la misión de anunciar al pueblo lo que ha sucedido y
sigue ocurriendo. Así pues, celebrar la Pascua implica tomar conciencia de que la Resurrección de
Jesucristo sigue necesitando de personas que, tratando de aplicar lo que
Jesucristo hizo y enseñó, se encarguen de predicar al pueblo, dando testimonio
de una realidad que ha cambiado para siempre la vida del hombre.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Evangelio
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al
sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien
Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos
dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.
Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se
adelantó y llegó primero al sepulcro e, inclinándose, vio los lienzos tendidos;
pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro;
vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no
con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el
otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues
hasta entonces no habían entendido la Escritura : que Él había de resucitar de entre los
muertos.
Juan
20, 1-9
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