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Foto: N.H.D. Manuel Piñero Dueñas |
BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

viernes, 28 de abril de 2017
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
La Eucaristía y el testimonio
III Domingo de Pascua (ciclo
A)
Emaús: de la decepción a la alegría
La resurrección del Señor va más allá de ser un
acontecimiento único en la historia. La victoria de Cristo sobre la muerte
tiene consecuencias para nuestra vida. Dicho de otra manera, Jesús no resucitó
solo para Él. Este domingo se incide en uno de los frutos de la resurrección:
la alegría. El episodio de los discípulos de Emaús nos refiere algo con lo que
podemos identificarnos: tener ilusión por algo. Al igual que para realizar
actividades en la vida cotidiana necesitamos un aliciente, el nacimiento y la
extensión de la Iglesia
también están en relación con la alegría de los discípulos. Se nos habla de una
conversión a la alegría. Con frecuencia, al hablar de conversión se piensa
únicamente en su aspecto arduo, de desprendimiento y de renuncia. Sin embargo,
la conversión cristiana es ante todo pasar de la tristeza a la alegría.
Emaús y nosotros
Es necesario hacerse cargo por un instante de la situación
que vivían estas personas, que habían acompañado a Jesús durante cierto tiempo.
Tras haber visto al Señor crucificado y abandonado, se alejaban de Jerusalén
completamente decepcionadas. También nosotros podemos tender a alejarnos del
lugar de la muerte y de la resurrección de Cristo. Cuando se nos presenta el
dolor, el sufrimiento, la injusticia y el miedo podemos hacer a Dios, en cierta
medida, responsable del mismo y huir de él. A menudo decimos, como estos
discípulos: «Nosotros esperábamos que él [nos] iba a liberar…» de todo lo que
nos aflige. Con la forma verbal «esperábamos» estamos diciendo que hemos
perdido cualquier esperanza. Y esto es dramático, tanto si se produce de forma
individual como social. ¿Qué salida hay a esta situación? El camino que propone
el Evangelio es tan sencillo como revivir la experiencia de los discípulos de
Emaús: necesitamos aprender de la enseñanza de Jesús, escuchándola y leyéndola
a la luz del misterio pascual, para que inflame nuestro corazón, aporte luz a
nuestra mente y, de este modo, seamos capaces de dar sentido a todo lo que nos
ocurre.
Es preciso sentarse a la mesa con el Señor. No es
casualidad que este pasaje contenga la estructura de la celebración
eucarística. En la primera parte de la
Misa escuchamos la
Palabra de Dios a través de la lectura de la Sagrada Escritura ;
en la segunda, se realiza la liturgia eucarística y la comunión con Cristo,
presente en el sacramento de su cuerpo y de su sangre.
El siguiente paso que dan los discípulos es volverse a
Jerusalén. Sienten la necesidad de contar la gran experiencia del encuentro con
Jesús vivo. Cuando uno tiene gran ilusión por algo tiende a comunicarlo a los
demás. Y este es el fundamento de la evangelización: un acontecimiento que
cambia la vida y que tengo necesidad de comunicar a los demás. Solo así se
puede ser testigo. El volver a Jerusalén implica la conversión a la vida
comunitaria. Jerusalén es el lugar donde se encontraban reunidos los once. El
desánimo les ha llevado a alejarse de la comunidad y a continuar su vida de
manera independiente. Estos discípulos comprenden, tras el encuentro con el
Señor, que no es posible vivir la fe de manera solitaria.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Evangelio
Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los
discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de
Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que
había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y
se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él
les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos
se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le
respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha
pasado allí estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de
Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios
y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes
para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él
iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde
que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo
encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición
de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al
sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo
vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que
dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara
así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos
los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando;
pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el
día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos,
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se
les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se
dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se
volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once con sus
compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha
aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y
cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Lucas 24, 13-35
Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas asiste, oficialmente representada, a la presentación de la obra de nuestro hermano don Genaro Benítez Gil ‘El sentir de un peregrino de a pie’ en González Byass
Esta Hermandad de
las Cinco Llagas asistió el pasado lunes, en la Bodega Los Apóstoles de
González Byass, a la multitudinaria presentación del libro -obra artística- ‘El
sentir de un peregrino de a pie’, de nuestro hermano Genaro Benítez Gil. Acto
al que concurrieron buena parte de la práctica totalidad de las capas sociales
y empresariales de la ciudad. Presidida la convocatoria por el presidente del
Grupo González Byass, don Mauricio González-Gordon López de Carrizosa, cabe
destacar que el libro presentado -cuyos beneficios económicos se dirigen por
completo a la Bolsa
de Caridad ‘El Pastorcito Divino’ de la Hermandad del Rocío de esta ciudad de Jerez de la Frontera- cuenta con la
participación de nuestros queridos hermanos don Marco Antonio Velo García
(textos) y don José Soto Rodríguez (fotografía). Nuestra corporación estuvo
representada por una amplia comisión de miembros de la Junta de Gobierno así como
un notable número de hermanos de a pie. Genaro Benítez exaltó en su entrañable
y sentida intervención la grandeza espiritual y la guía cristiana que en todo
momento supone y representa la figura del sacerdote jesuita Pedro Guerrero
González (q.s.s.g.g.), quien fuese hermano refundador y primer Hermano Mayor de
esta nuestra corporación cofradiera de las Cinco Llagas.
martes, 25 de abril de 2017
COMUNICADO OFICIAL DE AGRADECIMIENTO Y FELICITACIÓN DE LA HERMANDAD DE LAS CINCO LLAGAS
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Foto: N.H.D. Manuel Piñero Dueñas |
Estimados
hermanos en el Señor:
La estación de penitencia de la pasada Madrugada Santa
2017 quedará registrada para los anales de la Historia de nuestra
querida Hermandad como una de las jornadas más gozosas de los últimos años. La
identificación con nuestro paradigma cofradiero es cada vez más palpable, no
sólo por la unánime satisfacción mostrada por los hermanos que han participado
como nazarenos, costaleros, monaguillos, acólitos o personal de apoyo a la Diputación Mayor
de Gobierno, sino por la multitud de cofrades jerezanos y también venidos de
fuera que no han escatimado en parabienes y felicitaciones para con nosotros.
Desde los
sacerdotes con los que hemos contado para administrar el sacramento de la
penitencia en el interior de la iglesia, gratamente impresionados con la
riqueza de la espiritualidad reinante, hasta muchos de los fieles presentes en
las calles Santa María, Honda, Bizcocheros y, sobre todo, Caracuel. Lugares que
se han convertido en emblemáticos para nosotros y en los que nuestra cofradía
brilla con luz propia ante los ojos de cuantos devotos miran llenos de emoción
a Nuestras Sagradas Imágenes Titulares. Hemos dado a Jerez la respuesta que de
nosotros espera desde hace ya tantos años: el contundente testimonio del
Silencio Blanco que proviene de la Plaza Esteve : filas de nazarenos hieráticos
embelesados en la contemplación de los Misterios de la Redención. Sabedores
que la salvación de muchos depende de nuestras oraciones y voluntarios
sacrificios, como bien dejó escrito el Santo Papa Pío XII, que ocupaba la Cátedra de Pedro en los
años de nuestra feliz reorganización.
Cada vez son más
los devotos que tras seguir al Señor de la Vía-Crucis , desean
relacionarse con la realidad de nuestra corporación; cada vez son más los
monaguillos niños que se suman a nuestras filas movidos por la evidencia de la
fe de sus padres; cada vez son más los que nos buscan en la profundidad de
nuestro silencio, que habla mucho más que el ruido que pueda hallarse en el
exterior; cada vez son más los costaleros que desean pertenecer a nuestras
cuadrillas para poder acariciar siquiera lo que siente nuestro cuerpo de
nazarenos; cada vez son más los que se contagian de la evidencia de nuestro
testimonio.
Desde la Junta de Señores Oficiales y
la Diputación Mayor
de Gobierno agradecemos de corazón vuestra fidelidad a nuestra esencia y
vuestro comportamiento que sigue impresionando a propios y extraños porque
demuestra a todas luces la autenticidad de lo que vivimos: un amor
inconmensurable al Señor de la
Vía-Crucis y a nuestra Madre de la Esperanza.
Un fortísimo
abrazo en Cristo Resucitado.
Vº Bº
Rafael Cordero Jaén
Fdo: Ernesto Romero del Castillo
Hermano Mayor Secretario
viernes, 21 de abril de 2017
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
II Domingo de Pascua (ciclo
A)
«Paz a vosotros»
Constantemente estamos deseando la paz. Hablamos de paz
exterior, es decir, de ausencia de guerras y de conflictos entre distintos
países o regiones. Socialmente este deseo se acentúa en torno a la Navidad. Cualquier
guión de mensaje navideño no está completo sin una referencia en este sentido.
Por otro lado, no faltan quienes subrayan la relevancia de una paz interior,
quizá más importante que la exterior, ya que es origen de ella. Como de un
componente más de la sociedad de bienestar, se habla de paz y armonía a modo de
ausencia de cualquier perturbación. Nada hay de censurable en esta visión, pero
es parcial. Podemos olvidar que la paz es un don de Dios y, más en concreto,
del Señor resucitado. Ciertamente, las alusiones navideñas a la paz no ignoran
que Jesucristo, Rey de la Paz ,
viene a traer la paz a los hombres. Sin embargo, hoy en día casi nadie es
consciente de que la paz es también el gran don del Señor resucitado. En
efecto, tras la resurrección, las primeras palabras de Jesús al dirigirse a sus
discípulos, reunidos en el Cenáculo, son «Paz a vosotros». Precisamente este es
el sentido principal del gesto litúrgico de darse la paz en Misa. No consiste
en un mero saludo para suspender momentáneamente la celebración y aprovechar
para expresar mis propias emociones. Tampoco es solamente la oportunidad para,
en las ceremonias de mayor relevancia social, compartir mis sentimientos con
quien está de luto o de enhorabuena. Se trata, ante todo, de prolongar la paz
que el Señor nos trae, con la finalidad de reconocerle, como fuente de este
don, vivo en medio de nosotros. Si la liturgia ofrece como facultativo el gesto
del intercambio de la paz no es por privar en ciertos momentos a la comunidad
de una participación gestual. La ausencia de este signo durante la Cuaresma o el Adviento
puede servir, por ejemplo, para relacionar mejor el vínculo entre la paz y
Jesucristo resucitado, tal y como aparece en el Evangelio, o para reconocerle
como príncipe de la paz en Navidad. De este modo, la propia celebración nos
explicita lo que el Señor nos ha dicho con su Palabra.
La alegría de los discípulos
Podemos imaginarnos la situación de los apóstoles tras
haber visto a Jesús crucificado y muerto. El Evangelio los muestra con miedo y
huyendo. Después de que Jesús les enseñara las manos y el costado, el pasaje
dice que «se llenaron de alegría al ver al Señor». He aquí el segundo fruto de
la vuelta de Jesús a la vida: la alegría. Esta alegría no se testimonia
únicamente en el texto evangélico. También la primera y la segunda lectura de
este domingo citan el gozo que viven los cristianos de las primeras
comunidades. De ello se hacen eco las oraciones centrales de la Misa , al señalar que gracias
al acontecimiento pascual «el mundo entero se desborda de alegría».
La presencia de los signos de la Pasión
Si el domingo pasado el principal indicio de la
resurrección del Señor era la imagen del sepulcro vacío, hoy tenemos otro
signo: a Jesús se le reconoce por las huellas de su pasión. De no ser porque el
Evangelio lo refleja, a nadie se le hubiera ocurrido imaginar a Jesucristo
triunfante con los signos de su pasión, como mostrando aún una debilidad. Pero
con ello, el Señor quiere hacernos ver que la resurrección no ha cancelado la
pasión y la muerte, sino que estas adquieren ahora su verdadero significado. A
Tomás las llagas le han valido para realizar la mayor confesión de fe del
Evangelio: «Señor mío y Dios mío». Es ahí cuando Jesús pronuncia la
bienaventuranza de la fe: «Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Durante estos domingos iremos comprendiendo cómo el acontecimiento de la
resurrección se reflejará en la fe y en la vida de quienes entran en contacto
con la Iglesia.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Evangelio
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana,
estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los
judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se
llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el
Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos
y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan
retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos
cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no
meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo
creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y
Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y
dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis
manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino
creyente».
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber
visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro,
hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que
creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis
vida en su nombre.
Juan 20, 19-31
domingo, 16 de abril de 2017
Felicitación Pascual
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
La Resurrección del Señor tiene consecuencias para la condición humana.
La novedad absoluta de lo que ha ocurrido marca la renovación de la vida del
hombre. Hoy es derrotada la muerte, causada por el pecado. El triunfo pascual
que san Juan describe va mucho más allá de un sepulcro vacío, de unos lienzos y
de un sudario. Significa que ahora ya nuestra propia vida adquiere un nuevo
sentido. Durante el tiempo pascual comprenderemos que, por el Bautismo, nuestra
suerte ha quedado unida a la de Jesucristo. Asimismo, la novedad de este acontecimiento
ha de reflejarse en nuestras obras, huyendo de la «levadura de corrupción y de
maldad», de la que nos habla san Pablo en la carta a los Corintios (Cf. 1Co 5,
8).
Domingo de Pascua de
Resurrección (ciclo A)
El primer día de la semana
Con estas palabras comienza el pasaje del Evangelio que
hoy tenemos ante nosotros. Esta referencia temporal, aparentemente sin
demasiada importancia, tiene gran interés en la historia de la salvación. Hoy
la referencia al tiempo no aparece exclusivamente en el Evangelio. Toda la
celebración litúrgica se centra en la importancia del día. «Oh Dios, que en
este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad»,
escuchamos en la oración inicial de la Misa. Igualmente ,
en la plegaria eucarística, la oración central de la celebración de la Misa , leemos «en este día
glorioso». En cuanto a los textos bíblicos, el salmo responsorial canta: «este
es el día que hizo el Señor». ¿De qué día se trata? La respuesta es obvia, pero
sus consecuencias merecen ser explicadas.
El primer día de la semana es el domingo, que en nuestro
entorno lingüístico toma su nombre dedominica, que, a su vez, procede
de dominus, que significa Señor. Por lo tanto, domingo significa
etimológicamente día del Señor. Y este es el día en el que el Señor
resucitó. Históricamente se reconocía a los cristianos desde la época
apostólica por el hecho de reunirse en el día del sol –que era
como llamaban los romanos al primer día de la semana– para celebrar la Eucaristía. Más
adelante se subrayó un domingo al año, el día de Pascua, como el domingo
principal, a partir del cual surgiría la Cuaresma como tiempo preparatorio y el tiempo
pascual como prolongación. Pero este «día», este «hoy», se refiere también a
cada vez que nosotros celebramos la
Pascua del Señor. A través de la celebración eucarística se
hace presente de nuevo la victoria de Cristo sobre la muerte.
El día primero es también cuando Dios comenzó su obra
creadora. Así lo leemos en la primera lectura de la Vigilia Pascual.
De esta manera, la liturgia recoge la vinculación que desde antiguo la Tradición de la Iglesia ha visto entre la
primera creación y la nueva creación.
El sepulcro vacío
El pasaje de este domingo sitúa la escena en torno al
sepulcro donde había sido depositado el Señor al amanecer del domingo. El
fragmento busca destacar el carácter sorpresivo de lo que ha ocurrido. No
comprenden lo sucedido. Así lo expresan las palabras de María Magdalena, cuando
dice: «se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Es interesante detenernos en los movimientos de Juan. El discípulo a quien
Jesús amaba llega antes a la tumba y, probablemente por respeto a Pedro, no
pasa en primer lugar. Sin embargo, cuando entra, dice el Evangelio que «vio y
creyó». Con ello el evangelista constata que la fe procede de la realidad. Si
ha creído es porque ha percibido algo. Ha visto el signo del sepulcro vacío,
así como los lienzos y el sudario con el que Jesús había sido cubierto. Juan
comprende que el cuerpo de Jesús no ha sido robado, sino que Jesús vive, que no
está ya muerto. En un instante ha entendido el acontecimiento fundamental de la
historia.
Llamados a una vida nueva
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Evangelio
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al
sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del
sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a
quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no
sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del
sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro;
se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos
tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el
sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la
cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró
también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y
creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura : que él había
de resucitar de entre los muertos.
Juan 20, 1-9
jueves, 13 de abril de 2017
viernes, 7 de abril de 2017
Recomendación libresca: LA FUERZA DEL SILENCIO
El ruido nos impone su dictadura un día y otro, hasta el punto de que
rara vez añoramos el silencio. Sin embargo, el ruido genera el desconcierto del
hombre, mientras que en el silencio se forja nuestro ser personal, nuestra
propia identidad.
Tras el éxito internacional de Dios
o nada, el cardenal Sarah afronta en estas páginas la necesidad del
silencio interior para escuchar la música de Dios, para que brote y se
desarrolle la oración confiada con Él, para entablar relaciones cabales con
nuestros allegados. "La verdadera revolución -afirma- viene del silencio,
que nos conduce hacia Dios y los demás, para colocarnos humildemente a su servicio".
De nuevo en esta larga y profunda conversación con Nicolás Diat, el
Cardenal propone la siguiente pregunta: ¿pueden aquellos que no conocen el
silencio alcanzar la verdad, la belleza y el amor? La respuesta es innegable:
todo lo que es grande y creativo está relacionado con el silencio. Dios es
silencio.
El prefecto de la
Congregación vaticana para el Culto divino y la disciplina de
los Sacramentos, enlaza y enumera hasta 365 pensamientos, hondos y variados, a
propósito del silencio y sus efectos, que concluyen con un excepcional y
riquísimo diálogo con Dom Dysmas de Lassus, Prior General de la Grande Chartreuse.
"Si bien el habla caracteriza al hombre, el silencio es lo que lo
define, porque la palabra hablada solo adquiere sentido en virtud de ese silencio".
Este es el hermoso y significativo mensaje de La fuerza del silencio.
Robert Sarah nació en Guinea en 1945. Sacerdote desde 1969, en 1979 fue
nombrado Arzobispo de Conakri, con 34 años de edad. En 2001 Juan Pablo II lo
llamó a la Curia
romana, donde desempeñó sucesivamente dos altos cargos. Benedicto XVI lo creó
Cardenal en 2010, y en 2014 Francisco lo nombró Prefecto de la Congregación para el
Culto divino y la disciplina de los Sacramentos.
Nicolas Diat es periodista y autor francés.
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
La Pasión del Señor nos quiere mostrar que Jesús fue dócil
plenamente a la voluntad del Padre y que quiso hacerse solidario con el hombre.
Ciertamente, Jesús lucha contra la angustia que le produce la cercanía con el
sufrimiento y la muerte. Por eso pide al Padre que lo libere de ese trance. Sin
embargo, al mismo tiempo se somete a la voluntad del Padre. No es resignación
sin más, sino que Jesús cumple la profecía de Isaías: «Yo no me resistí ni me
eché atrás», al tiempo que manifiesta una total confianza en el Padre: «El
Señor Dios me ayuda […] no quedaría defraudado». El evangelista hace referencia
al Antiguo Testamento para hacer ver que lo que sucede forma parte del designio
divino.
Domingo de Ramos (ciclo
A)
Entregado por nosotros
Escuchar al comienzo de la Semana Santa el
relato de la Pasión
es una manera de introducirnos en lo que supone el Misterio Pascual de Cristo
y, de este modo, ahondar en el método que Dios escogió para llevar al cabo la
salvación del hombre. Para el cristiano, que confiesa a Jesucristo resucitado y
glorioso, los episodios de sufrimiento no pueden ser desligados nunca de la
victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte. Esto tiene sus
consecuencias a la hora de analizar cómo Dios nos salva actualmente en la vida
de la Iglesia. La
eficacia de la gracia que recibimos mediante la recepción de los sacramentos no
procede únicamente del dolor y del sufrimiento del Señor, sino de toda su
acción sacerdotal, que comienza en su Encarnación y culmina con la Resurrección y
Ascensión. Precisamente, en el versículo antes del Evangelio encontramos la
vinculación entre el abajamiento y la gloria: «Cristo se ha hecho por nosotros
obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre
todo y le concedió el Nombresobre-todo-nombre».
La solidaridad con los hombres
Por otra parte, Jesús es consciente de que su vida es
entregada a sus hermanos como un don. Este es el sentido de que poco antes
instituyera la Eucaristía ,
como anticipo de lo que iba a ocurrir. La Pasión no es solo una oportunidad para ver el
sufrimiento de Jesús. Es, más bien, una ocasión para constatar hasta dónde
llega su entrega por los hombres.
Y precisamente aquí es donde se comprende el significado
profundo de la palabra solidaridad. Normalmente señala la adhesión
circunstancial a una causa ajena. Cuando decimos que Jesús se solidariza con el
hombre no significa únicamente que nos comprende y apoya, sino que ha llevado
esta palabra a su dimensión más radical, haciéndose por completo uno de nosotros,
al lado del que más sufre, aceptando un destino humano lleno de dificultades y
de humillaciones. Por eso «se dignó padecer por los impíos y ser condenado
injustamente en lugar de los malhechores», como señala la plegaria eucarística.
No obstante, el mismo relato de la Pasión presagia la victoria
definitiva del Señor, «sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las
nubes del cielo». El que hoy es aclamado como rey, será crucificado como rey y
vencerá como tal.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid
Evangelio
[...] Jesús compareció ante el gobernador, quien le
preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices».
Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los
ancianos. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?». Pero él no
le respondió nada, hasta el punto de que el gobernador se quedó muy extrañado.
Por la fiesta el gobernador solía conceder al pueblo la libertad de un preso,
el que ellos quisieran. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Pilato preguntó a todos los que estaban allí: «¿A quién queréis que os deje en
libertad? ¿A Barrabás o a Jesús, a quien llaman el mesías?». [...] Pero los
sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la
libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. [...] Pilato les dijo: «¿Qué haré
entonces con Jesús, a quien llaman el mesías?». Todos dijeron: «¡Que lo
crucifiquen!». Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más
fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». [...] Entonces puso en libertad a Barrabás y
les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado. Luego los
soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno de él
a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron
una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano
derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey
de los judíos!». Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza. Después de
haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo
llevaron a crucificar. Cuando salían, encontraron a un hombre de Cirene,
llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado
Gólgota (que significa la
Calavera ) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel;
pero él lo probó y no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron
sus vestidos a suertes. Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza
pusieron la causa de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Con él
crucificaron a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que
pasaban por allí le insultaban moviendo la cabeza y diciendo: «¡Tú que
destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo si eres
hijo de Dios, y baja de la cruz!». [...] Desde el mediodía se oscureció toda la
tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con
fuerte voz: Elí, Elí, lemá sabactani? (que quiere decir: «Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
«¡Este llama a Elías!». En aquel momento uno de ellos fue corriendo a buscar
una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber. Los
otros decían: «¡Deja! A ver si viene Elías a salvarlo». Y Jesús, dando de nuevo
un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba
abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los
sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron. [...]
Mateo 27, 11-54
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