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Foto: N.H.D. Ernesto Romero |
La lectura
del Evangelio de hoy nos da la idea de que Dios se ha encarnado en la Tierra de
una forma sucesiva.
Hoy meditamos
también la nueva invocación de la letanía Consuelo
de los migrantes.
Los migrantes
necesitan papeles; los migrantes necesitan una patria. Es una preocupación
constante en la Sagrada Escritura el tema de los migrantes.
A Abrahám lo
llamó Dios a salir de su tierra. A él, que tenía la doble traba de no tener ni
hijos ni tierra, Dios le da ambas cosas. Y hasta llegar al esplendor del rey
David, distintos descendientes tuvieron que emigrar.
A nosotros
Dios nos dice que tenemos una tierra interior que la tenemos ocupada. Ya San Pablo
decía que a pesar de querer el bien terminaba haciendo el mal…. A eso vino
Jesucristo: a conquistar nuestra tierra, la tierra de nuestra vida.
San José y la
Virgen tuvieron que ir a Belén a empadronarse; como dice el Papa Francisco,
como ahora con el drama de los desplazados internos. Y los tenemos a ellos
junto con el Niño como verdaderos refugiados en la huida a Egipto.
Todos los
Papas desde San Pío X han tenido especiales oraciones por estos colectivos, hasta
llegar a la actualidad con la Jornada
Mundial del migrante y refugiado que se celebra el último domingo de
septiembre. Y las cáritas parroquiales también están acogiendo y ayudando a
familias de refugiados.
María
Santísima de la Esperanza es Consuelo de
los migrantes.