BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera
miércoles, 9 de junio de 2021
Nuestro hermano Secretario don Ernesto Romero del Castillo asiste, en nombre del Teniente Hermano Mayor don José Barrera Jiménez y por su delegación directa y en representación institucional de esta Hermandad de las Cinco Llagas, a la celebración de la Solemnidad del Corpus Christi en la Santa Iglesia Catedral
martes, 8 de junio de 2021
lunes, 7 de junio de 2021
Rogad a Dios en caridad por el alma de doña Josefina Martín Hidalgo, madre de N.H.D. Alfonso y Juan Manuel Rodríguez Martín, y viuda del histórico cofrade N.H.D. Alfonso Rodríguez Alcántara
Ha fallecido en el día de ayer domingo 6
de junio a la edad de 91 años. Las exequias por su eterno descanso tendrán hoy
lunes a las 17,00 horas en la Parroquia de San Miguel.
sábado, 5 de junio de 2021
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
Solemnidad
del Corpus Christi (ciclo B)
«Esto
es mi Cuerpo»
Desde el inicio de la vida de la Iglesia, la
Eucaristía ha constituido la fuente y la cima de todos los sacramentos y de la
vida de la Iglesia. Varios pasajes del Nuevo Testamento atestiguan la
celebración dominical de lo que entonces se llamaba la cena del Señor o también
la fracción del pan, y más tarde comenzó a denominarse Eucaristía, término
griego que significa acción de gracias. Asimismo, desde muy pronto se sintió la
necesidad de que quienes no habían podido participar en esta celebración por
enfermedad pudieran recibir el Cuerpo de Cristo. Con el paso de los siglos la
Iglesia fue configurando el culto eucarístico fuera de la Misa, con la
finalidad de subrayar la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas
y fomentar la adoración. De este modo, el Corpus Christi se va a convertir a
partir del siglo XIII en el ejemplo más característico de devoción eucarística,
primero en Italia y más adelante en las regiones limítrofes. Se trata, por
tanto, de una fiesta con hondas raíces en España, que constituye la ocasión
para reflexionar sobre varias realidades vinculadas al el sacramento
eucarístico.
El Señor
camina con su pueblo
Con
seguridad la imagen más característica del día del Corpus es la de la procesión
eucarística acompañada con la máxima solemnidad por todo el pueblo, que sale a
la calle con la intención de adorar al Señor que pasa por nuestras calles. Sin
embargo, puede ser útil analizar este hecho desde el punto de vista contrario:
no somos nosotros los que acompañamos al Señor, sino que es Él el que camina en
medio de su pueblo. Ha tomado la iniciativa de salir y encontrarse con
nosotros. Nuestra salida a la calle para adorar al Señor no es sino la
respuesta a la iniciativa de Jesucristo de venir a nuestro encuentro. Esta
visión no es una opción más entre las posibles, sino que es la que nos ha sido
manifestada en la historia de la humanidad y revelada en la Escritura. Todo
pueblo se siente acompañado cuando está cerca de él quien lo guía y protege.
Por eso también en la Biblia, ya desde el Antiguo Testamento, observamos cómo
determinados personajes, como por ejemplo Moisés o David, están al frente de su
pueblo y este se siente protegido por ellos. Con todo, su presencia remite a
algo más: son la garantía y certeza de que Dios mismo camina en medio de su
pueblo, configurando su historia. Por eso, cuando ahora el Señor procesiona por
nuestras ciudades estamos tratando de expresar que Jesucristo está cerca de
nosotros y camina en medio de nosotros. Él no es alguien lejano o ajeno a
nuestros problemas y sufrimientos, sino que nos muestra cómo los ha tomado
consigo, puesto que a quien estamos contemplando es al mismo que ha sufrido y
entregado su vida por amor a nosotros. Ver la procesión, pues, es reconocer la
presencia real de Dios que se ha encarnado, ha padecido y, una vez resucitado,
sigue presente caminando con su pueblo.
«Mi sangre de
la alianza»
Con las
palabras «esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos», el
pasaje evangélico de este domingo constata que la presencia del Señor entre
nosotros está ligada a la alianza que ha sellado con nosotros. Jesús se refiere
al pacto ratificado entre Dios y el pueblo, en tiempos de Moisés, texto que
escuchamos en la primera lectura. Es iluminador conocer el significado de la
sangre para los judíos, ya que es utilizado en la práctica como sinónimo de
vida. Por ello, la sangre derramada sobre el pueblo expresa la unión vital
entre Dios e Israel y, en cierta medida, una misma vida compartida. Con el
derramamiento de la propia sangre, Jesús nos lleva a comprender que la alianza
del Sinaí, de carácter externo, era anticipo del pacto definitivo que Dios
sellaría con los hombres mediante el derramamiento de la sangre de Cristo. En
definitiva, la presencia del Señor entre nosotros significa que no bastan
nuestros esfuerzos humanos para conseguir la salvación. Solo Cristo, entregándose
y derramando su sangre por nosotros, y asumiendo nuestra debilidad, nos ha
salvado realmente. Y cuando salimos a la calle en este día estamos reconociendo
la salvación y al que nos ha salvado.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba
el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que
vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos,
diciéndoles: «ld a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro
de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro
pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis
discípulos?”. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, acondicionada y
dispuesta. Preparádnosla allí». Los discípulos se marcharon, llegaron a la
ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras
comían, tomó pan y pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi Cuerpo». Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de
gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la
alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber
del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios».
Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.
Marcos 14, 12-16.22-26
jueves, 3 de junio de 2021
Destacados de don Antonio Salguero Collantes del tercer día de Triduo Eucarístico
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| Foto: N.H.D. José Soto |
Hoy vamos a
hablar de la Preciosísima Sangre del Señor.
El Jueves Santo
se instituye la Eucaristía. Se celebraba con la especie del pan. Y con la
Preciosísima Sangre hacemos referencia a la que procede del vino que se
consagra. Porque igual que el pan se convierte en el Cuerpo del Señor, el vino
se convierte en su Sangre.
El culto a la
Sangre es tan antiguo como el Cristianismo, y
está ligado a la Cruz.
Nosotros
somos redimidos por su Sangre (que proviene del vino).
Los judíos
hacían muchos sacrificios con animales, pero con el Sacrificio deJesús se invalidan
todos los sacrificiod. Su Pasión y su Muertese renuevan en la Santa Misa, pero
de forma incruenta.
Este sacrificio
que se inició en el Calvario se sigue realizando, con lo cual, el vino que se
echa en el cáliz se convierte en la verdadera Sangre de Cristo. Y nos hace
participar de ese Sacrificio que nos salvó del pecado.
Sobre el pan
y el vino se efectúa una separación entre el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En
ellos se constituye la esencia del Sacrificio Eucarístico. Esto es lo que hace
posible que lo podamos comulgar en la Misa y que podamos disfrutar de Él
también en el Sagrario.
La Iglesia,
con buen criterio y sabiamente, restringió que para la comunión –y también para
la adoración- se consumiera ordinariamente sólo el pan eucarístico, excepto los
sacerdotes que consumen ambas especies. Pero también hay ocasiones especiales en
los que los fieles pueden comulgar bajo las dos especies, sobre todo en el rito
latino.
Aunque la
devoción de la Sangre de Jesús siempre ha estado latente, prefigurando la
sangre de los mártires, y aunque tuvo su apoyo en los primeros siglos por San
Agustín, no es hasta Pío IX en 1849 cuando se admite como motivo el poder
adorar a Cristo en su Sangre. Y hasta 1933 no se extiende a la Iglesia
universal como culto de primera categoría. Y hasta 1960 no se inserta la
invocación “Bendita sea su Preciosísima Sangre” dentro de la adoración
eucarística.
Se insertó su
celebración en el mes de julio, de modo que este mes está dedicado a la
Preciosísima Sangre de Cristo.
No olvidemos
que en esas Sangre de Cristo fuimos salvados todos; la que nos da la
oportunidad de disfrutar de la vida eterna.
Preparando
estos sermones encontré una oración preciosa: “Eterno Padre, te ofrecemos los
méritos de la Preciosísima Sangre de Jesús, tu Hijo amado y divino redentor
nuestro, por todos aquellos que aman tan gran tesoro, por todos los que se han
unido con nosotros a adorarlo y honrarlo, y por todos aquellos que se ocupan de
propagar esta devoción. Sea por siempre bendito Jesús y démosle gracias porque
con su Sangre nos ha salvado”.
miércoles, 2 de junio de 2021
Destacados de don Antonio Salguero Collantes del segundo día de Triduo Eucarístico
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| Foto: N.D.D. José Soto |
La Eucaristía
tiene dos direcciones: la Santa Misa y
su continuación con la reserva del Santísimo en el sagrario.
La finalidad
principal es la celebración del misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo que ha
de servirnos como alimento. Cristo, como víctima, se hace presente sacramentalmente
en los signos de pan y vino.
En muchas
ocasiones que venimos a la iglesia nos dirigimos a algunos altares o imágenes…
pero nos olvidamos de saludar al Señor en el sagrario. Debemos saludarlo al
menos, porque Él es lo principal.
El Espíritu Santo
hace de la Eucaristía la experiencia fundamental de la Iglesia: un banquete en
el que hay que participar recibiendo al Señor en la comunión, ésa es la meta.
Hay una hojita famosa que se titula quince minutos con Jesús Sacramentado y
que nos viene muy bien para hacer una perfecta visita al Señor en el sagrario.
(Se adjunta
enlace donde viene el texto al que se refiere don Antonio:
http://webcatolicodejavier.org/quinceminutos.html
).
martes, 1 de junio de 2021
Rogad a Dios en caridad por el alma de don Ramón Mejías Galisteo, esposo de N.H.Dª Isabel Mateos Vega, y padre de N.H.D. Ramón Emilio e Isabel Mª Mejías Mateos
Ha fallecido en el día de hoy lunes 1 de
junio a la edad de 71 años. Sus restos mortales permanecen en la sala Jaén del
Tanatorio de Jerez.
Las exequias por su eterno descanso
tendrán lugar mañana martes a las 12,00 del mediodía en la Capilla del mismo
Tanatorio.
Destacados de don Antonio Salguero Collantes del primer día de Triduo Eucarístico
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| Foto: N.H.D. Marco A. Velo |
La Cena del
Señor fue una cena de despedida. En esta comida dio testimonio vivo de su
presencia, de lo que había querido ser siempre: imagen de Dios Padre.
Si Cristo no
hubiese sufrido, el misterio no habría sido el mismo. Él quiso tomar nuestra naturaleza
humana.
En esa
celebración del Jueves Santo se instituye la Misa: el centro de toda la vida
cristiana.
La mejor
imagen es la de los discípulos sentados en torno a la mesa y escuchando la
Palabra de Dios… como ahora nosotros.
El amor que
nos transmite el Padre es para que sirvamos a los demás; no para ser servidos:
ésa es la primera lección del lavatorio de los piés.
Pelearse por
mandar más que el otro u ostentar un cargo es contrario a lo que nos dice el
Señor. Para llegar al Reino de Dios hay que ser los últimos. Lo importante es
amar. Y cuando recemos, pedirle a Dios
que nos quiera mucho, para ser nosotros capaces de amar a los demás.
La Eucaristía
es acción de gracias. Todo lo que tenemos es un don de Dios. Es el Señor quien
actúa en tí. Y tenemos que estar dando gracias a Dios constantemente.
No nos
olvidemos de la petición final “haced
esto en memoria mía”. Cada vez que se celebra la Eucaristía se está
repitiendo el sacrificio de aquella noche del Jueves Santo –de forma incruenta,
pero es así-.
lunes, 31 de mayo de 2021
Y los niños se presentaron ante la Esperanza














