Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

sábado, 16 de febrero de 2019

Destacados del P. Juan Carlos González del Cerro, O.P. del cuarto día de Quinario


Foto: N.H.D. Marco A. Velo

En este cuarto día celebramos la misa votiva del Sagrado Corazón de Jesús.

En la Sagrada Escritura, cuando se habla del corazón se habla del centro de la personalidad. Y se nos pide que sea limpio. Dios quiere habitar en tu corazón. Porque del corazón brota todo. De donde brotan los pensamientos, los sentimientos, las acciones de nuestras manos.

El corazón es sinónimo de la persona. Hablar del Corazón de Jesús es hablar de la persona de Jesús.

Y en el Corazón de Jesús lo que hay es amor y humildad. 

Ante el Corazón de Jesús hay que tener confianza absoluta, como dice la famosa jaculatoria: "Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío ".

"Aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón" nos dice el Señor. San Claudio (el santo de hoy) dice que aunque tu pecado sea tremendo, se convierte en un átomo ante la magnanimidad del Corazón de Cristo.

El Señor de la Vía-Crucis nos dice hoy: " Ven, sígueme, adéntrate en mi Corazón".



viernes, 15 de febrero de 2019

Destacados del P. Juan Carlos González del Cerro, O.P. del tercer día de Quinario


Foto: N.H.D. Marco A. Velo


 Hoy coincide con una fiesta que coincide con toda la Iglesia: los patronos de Europa, los santos hermanos Cirilo y Metodio.

Fue San Juan Pablo II quien hizo a estos santos patronos de Europa junto a San Benito de Nursia.

Estos hermanos procedían de Tesalónica (Grecia). Ambos sienten la llamada del Señor. Cirilo será monje y Metodio, obispo. El Papa les va a encomendar una misión trascendental para le evangelización de Europa: la de los pueblos eslavos.

Cirilo muere prematuramente en Roma, pero los frutos son extraordinarios. Metodio seguirá más años en su ministerio episcopal.

Esto a nosotros nos da un aldabonazo a nuestro corazón. Nosotros hoy tenemos que ser, como ellos, ecos de la voz del Señor aquí. Pero con la pasión de estos hombres. Ellos aman de corazón a Jesucristo, no teóricamente sólo, sino de corazón.

El Reino de Dios es que Dios esté en el centro de la vida concreta de cada uno de nosotros.

Hemos recibido en el bautismo esta misión. Vivimos unos retos sociales y unos desafíos actualmente. Como el Papa Francisco dice en la Evangelio Gaudium, que vivamos con alegría el gozo de Jesucristo, la alegría de que Dios te ama. Y eso te cambia la vida.

Benedicto XVI decía que la vocación cristiana no es un conjunto de ideas o de normas, sino encontrarte con Cristo en tu vida.

La Imagen del Señor de la Vía-Crucis interpela. Como dice el Señor en el Salmo de hoy: "id al mundo entero y proclamad el Evangelio ".

Si esto nos apasiona... "suda la camiseta " como dijo el Papa en la JMJ de Brasil.

Cuanto más conozco al Señor, más comunión tengo con Él. Decía Santo Tomás de Aquino que "me siento tan del Señor, que todo lo que viva, exprese o sienta se lo ofrezco a Él".

Este Quinario nos tiene que insuflar yal pasión por el Señor que nos tiene que poner en salida... para la misión.

 


Jubiloso natalicio




El pasado día 5 de febrero -festividad de Santa Águeda- vino al mundo en Punta Cana el pequeño Genaro Benítez Roa. La Hermandad de las Cinco Llagas felicita tanto a sus padres D. Genaro Benítez Ruiz y Dña. Abigail Roa como a su abuelo paterno, N. H. D. Genaro Benítez Gil por tan feliz acontecimiento con el que todos nos congratulamos.


jueves, 14 de febrero de 2019

Destacados del P. Juan Carlos González del Cerro, O.P. del segundo día de Quinario


Foto: N.H.D. Ernesto Romero




La sangre en el Antiguo Testamento tiene mucha importancia, porque significa vida.

Ese valor de la Sangre llega al Nuevo Testamento con la plenitud del Señor.

La Sangre de Cristo libera de las manchas, lava, purifica.

Jesucristo nos ha blanqueado con su Sangre. Hemos de valorar la Sangre de Cristo, el valor que tiene para nosotros. Y nosotros valemos la Sangre de Dios. El mejor retablo para nuestra vida es el Señor en la cruz.

Sus Cinco Llagas son las cinco puertas que nos regalan la vida, un manantial de agua vida que irriga nuestra tierra reseca.

Y cuando celebramos la Eucaristía celebramos el memorial y se vuelve a producir su sacrificio. El Señor se ha roto por nosotros.

En la Eucaristía, a través del Sacramento nos unimos al sacrificio oferente del Salvador.

Experimentamos el amor de Dios primero para luego llevar a los hermanos ese amor que debe transformar el mundo.

 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Destacados del P. Salvador Villalta, O.P. del primer día de Quinario


Foto: N.H.D. Marco A. Velo


El Evangelio de hoy es una crítica a ciertas conductas que tenían los judíos. En las primeras comunidades había ciertos problemas como los podemos tener ahora. A los cristianos que procedían del judaísmo les costaba mucho romper con sus tradiciones para formar un espíritu nuevo. Marcos recoge esta enseñanza de Jesús y deja las cosas bien claras: la vivencia como cristiano debe estar basada en la limpieza de corazón y amor a Dios y a los demás.

Seguimos teniendo la tentación de valorar más lo externo que lo fundamental.
¿De qué nos sirve discutir sobre ciertos detalles si estamos divididos?
¿Qué vivencia de fraternidad y de Hermandad tenemos?

Eso es lo que hoy Jesús nos dijo a nosotros. No podemos dejar de ser caritativos con los demás.
¿Qué podemos hacer para purgar nuestros pecados?
 Dice San Bernardo que no hay cosa mejor para purgar nuestra alma, como meditar en las Llagas de Jesucristo, su Pasión y su Muerte.




Galería del Traslado del Señor a su altar de Quinario

Fotos: Gentileza de N. H. D. Manuel Piñero Dueñas









Traslado Jesús de la Vía-Crucis, Jerez 2019

jueves, 7 de febrero de 2019

Recordatorio: el próximo lunes 11 de febrero a las 20,30 en San Francisco, SOLEMNE TRASLADO DEL SEÑOR DE LA VÍA-CRUCIS A SU ALTAR DE CULTOS



Foto: N.H.D. Manuel Piñero

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

V Domingo del tiempo ordinario (ciclo C)
Pescadores de hombres

La liturgia de este domingo nos presenta la llamada de Dios bajo tres perspectivas: el envío del profeta Isaías, la justificación del apostolado de Pablo y el encargo a Pedro de ser «pescador de hombres». Como no podía ser de otra manera, es en el pasaje del Evangelio donde las otras escrituras encuentran su pleno sentido y cumplimiento.

La iniciativa de Dios
Comienza el Evangelio describiendo un encuentro entre Jesús y Pedro, que, aunque aparentemente parezca una coincidencia, será fundamental para el modo de entender la llamada a los discípulos. La fama del Señor se había ya extendido y Jesús predicaba la Palabra de Dios rodeado de una multitud, entre la que se encontraba Simón y otros pescadores. Lo que a simple vista parece una cuestión de organización para que Jesús pueda ser visto y oído se convierte en algo nuevo. Lucas no presenta aquí la llamada a Pedro con un «sígueme» para, a continuación, encomendar una tarea, sino que primero encarga un cometido determinado: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
No puede ser más concreto el modo de acercamiento del Señor a los que van a ser sus discípulos más cercanos. Tanto en este como en otros relatos que refieren la llamada de Jesús a los apóstoles esperaríamos que el Señor les planteara en primer lugar el significado, las condiciones o las dificultades del apostolado. Con estos datos sobre la mesa, tendrían un tiempo para valorar la propuesta del Señor, calcular si se consideran capaces de afrontar la misión encomendada y, por último, decidir si quieren llevarla a cabo. Pero todo ocurre precipitadamente y sin aparente reflexión. El motivo es que es el Señor el que lleva la iniciativa y quien sabe con certeza qué es lo que hay que hacer y a quién se lo debe pedir. Esto no significa que no vaya a haber resistencia por parte de los llamados. De hecho, Simón ofrece una justificada reserva a la invitación del Señor de echar las redes porque no le ve humanamente sentido. Con todo, hay algo fundamental: la disposición de Pedro, motivada por la confianza en Jesús; así se demuestra no solo por la frase «por tu palabra echaré las redes», sino también por el hecho de haber reconocido a Jesús como «Maestro» y como «Señor». Simón da pruebas de una fe que es capaz de superar lo que la mera razón justifica, porque ha entendido que está en presencia de alguien que sobrepasa los meros cálculos humanos. Ha sido testigo del poder de Dios, que ha propiciado una pesca imposible de prever, lo cual genera en él la certeza que le dispondrá para la misión; una seguridad basada no en la imaginación, sino en el portento que han visto sus ojos.

Estupor y temor
La reacción de Pedro ante la inesperada gran redada de peces tiene un indudable paralelismo con el escenario de la primera lectura. Isaías constata el gran impacto que le produce la visión de Dios, tres veces santo, en el templo, al comparar la magnificencia de Dios con su indignidad, pues se considera «hombre de labios impuros». De modo parecido, Pedro se echa a los pies de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, que soy un hombre pecador». Pese a las expresiones de «impureza» y de «pecado», ni Isaías ni Pedro se consideran indignos únicamente por una debilidad moral, sino porque son conscientes de la enorme desproporción entre la grandeza de Dios y la insignificancia de sus personas. Sin embargo, una frase del Señor será la clave: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Las palabras de Jesús producen paz y tranquilidad en quienes saben que a partir de entonces van a desarrollar una misión que no será siempre fácil.
En definitiva, la experiencia vocacional de Pedro, como la de Isaías, es el ejemplo evidente de que la respuesta generosa a la llamada de Dios ha de ir siempre acompañada de una intensa experiencia de fe, independientemente de la vocación a la que el Señor llame.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


Lucas 5, 1-11





martes, 5 de febrero de 2019