Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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viernes, 11 de marzo de 2016

Foto de nuestro retablo cerámico alumbrado en las noches de Cuaresma

Fotografía amablemente cedida por nuestro Teniente Hermano Mayor don José Barrera Jiménez



sábado, 5 de marzo de 2016

Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas en Onda Jerez el pasado año 2015

Nuestro Hermano Mayor, don Juan Lupíon Villar, asistió a la VII Gala del C.P. de Acólitos "El Cirial"






Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

IV Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Misericordia

La parábola del hijo pródigo es de las más conocidas. Se trata de un texto conmovedor, que siempre aporta algo nuevo. Hoy lo interpretamos en el contexto de la Cuaresma y en el Año de la Misericordia.
Dice el texto que se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para escucharlo. También se acercaban los fariseos y escribas, pero para criticarlo. Los primeros se sentían atraídos por sus palabras; los segundos se sentían molestos por esta atención. Bien se ve que el Señor buscaba a los considerados perdidos en aquella injusta sociedad judía, en tantas cosas parecida a la nuestra. Jesús aprovecha para mostrar a los presentes, pecadores y autoridades judías, a través de una sencilla parábola, la imagen misericordiosa de Dios Padre.
La historia tiene tres protagonistas principales: un padre y dos hijos. Veamos a cada uno de ellos.
El primero es el hijo menor. Es de suponer que, probablemente en medio de la azarosa juventud, pide al padre la parte de su fortuna que le corresponde como herencia. Más que pedir, se presiente la exigencia. El padre podría haberse negado; sin embargo, accedió.
El hijo emigró a un país lejano, tal vez en busca de la libertad añorada. Fue tiempo de fiestas y comilonas. Cuando derrochó su fortuna, desaparecieron los amigos, las diversiones… Más aún, inesperadamente vinieron tiempos de carestía en el alimento y el trabajo. ¡Él, que se sentía admirado y dominador del mundo, porque poseía dinero… ni siquiera podía alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos! El cerdo, el animal más bajo e impuro en la mentalidad judía, vivía mejor que él. ¿Cómo podía haber caído tan bajo? Es evidente que no solo se sintió hambriento y abandonado; sobre todo, humillado. Sin embargo, esta situación de des-gracia se va a convertir para él en una situación de gracia. Dice el texto que, recapacitando, es decir, dándose cuenta de la realidad, reconoce su propia verdad: «he pecado» contra Dios y contra su padre. Y toma la decisión de volver a la casa paterna y reconocer ante el padre su equivocación; y está dispuesto a pagar su falta: ya no será tratado como un hijo, sino como un jornalero. ¡Hay que ser muy valiente y humilde para reaccionar así!
El segundo personaje es el padre. Todos los días salía al camino para ver si volvía su hijo. No había perdido la esperanza. Sabía quién era su hijo. Cabe presuponer la alegría que sintió cuando lo reconoció llegar de lejos. Aunque era viejo, corrió a su encuentro. Y aunque el hijo menor quería disculparse, no le dejaba, le cubría de besos, le abrazaba y dio órdenes de vestirlo con «la mejor túnica» y celebrar un banquete.
Faltaba el hijo mayor. Estaba en el campo, trabajando. Al regresar y ver el alboroto, preguntó el motivo a los criados. Estos no solo le comunican que ha regresado el hijo menor, sino también que su padre ha sacrificado el ternero cebado, como advirtiendo del exceso concedido al hijo encontrado. El hijo mayor «se indignó» y no quería entrar. Estaba dolido por el exceso de amor del padre a su hermano y, tal vez, porque él no lo había percibido tan evidente hacia él. El padre salió, de nuevo, a persuadir al otro hijo. Nuevo dolor. Nuevos improperios; ahora del hijo mayor. Y el padre, con el mismo amor de siempre para los dos, explica a su hijo mayor que siempre ha sido querido y que debe alegrarse por el rescate de su hermano.
Hay muchas enseñanzas en esta parábola. El hijo menor quería libertad, y el peligro de la libertad es el libertinaje. El segundo optó por la fidelidad, pero el peligro de la fidelidad es la hipocresía. El padre optó por el amor, el perdón y la misericordia con sus dos hijos.

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


Evangelio

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”».


Lucas 15, 1-3. 11-32



jueves, 25 de febrero de 2016

Recordatorio: el próximo sábado, reparto de cédulas de sitio.

    -        Hermanos que realizaron estación de penitencia en la pasada Madrugada Santa de 2015 o aquellos que, no habiendo formado parte de la comitiva nazarena del pasado año, sí lo hayan hecho con anterioridad antaño–: sábado 27 de febrero en horario de 17.30 a 22,30 horas. Casa de Hermandad.

-        Hermanos de nueva incorporación para la próxima Madrugada Santa 2016: sábado 5 de marzo de 17’30  a 21,30 horas. Casa de Hermandad.

La estimación cuantitativa de la cédula de sitio comporta un valor meramente simbólico –siempre en honesta sujeción a las posibilidades económicas de cada hermano-, aunque no obstante la Junta de Señores Oficiales proponga la cantidad orientativa de 20 EUROS. Es importante constatar que las cédulas de sitio serán repartidas y despachadas de modo individual con el propósito además de que los hermanos puedan confiar y transmitir en la mayor privacidad posible aquellas circunstancias personales propias -y nunca ejerciendo de intermediario o de portavocía de terceros- que consideren de necesaria comunicación. 

Los hermanos que se encuentren en situación de desempleo y atraviesen estrecheces económicas estarán exentos de sufragar dicha cédula de sitio. Ahora bien: instamos a los hermanos que –por determinadas circunstancias específicas- no realicen Estación de Penitencia, colaboren económicamente con los gastos que conlleva la salida procesional de la Madrugada del Viernes Santo retirando al efecto una simbólica Cédula de Sitio Solidaria que en muy mucho contribuirá a favor de los afrontes de tesorería ante tan crucial y tradicional testimonio de catequesis pública.

Asimismo, y para ejercitar la teologal virtud de la CARIDAD, todo hermano se impondrá el deber de acercarse a retirar dicha cédula /papeleta junto con algún litro de leche o leche infantil para poder paliar en alguna mínima medida los siempre tristes pormenores de los más desfavorecidos.


Respecto a la petición de cruces y promesas, de todos es bien conocido que la Cofradía estacionará con un número máximo de diez cruces de penitencia y que, bajo ningún concepto o motivo aparentemente justificado, se entregará una más. En este sentido, nuestros cofrades dilucidarán que sus promesas se pueden plasmar de muchos modos o formas. Una de ellas, edificantísima, no es sino continuar aquella consuetudinaria práctica de nuestros primeros cortejos penitenciales, cuya práctica totalidad de nazarenos tenían a bien besar el frío asfalto de la Madrugada con sus pies descalzos. Ténganse no obstante muy en cuenta las palabras del Venerable Papa Pío XII en su carta encíclica Mystici Corporis Christi: “Misterio verdaderamente tremendo y que jamás se meditará bastante: Que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del cuerpo Místico de Cristo”.


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

III Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Última oportunidad

El texto evangélico de este domingo continúa con la llamada a la conversión propia del tiempo de Cuaresma. El evangelista Lucas refiere que algunos –no sabemos quiénes – se acercaron a Jesús para referirle una serie de acontecimientos que habían desconcertado a sus contemporáneos.
El primero de los hechos recuerda el asesinato por parte de los romanos de un grupo de judíos que iban a ofrecer sacrificios al templo de Jerusalén. Los impuros soldados de Pilatos incurrieron en el lugar santo del templo de Jerusalén y masacraron a un grupo de galileos, mezclando la sangre de los sacrificios con la sangre de los judíos. Se trataba de un sacrilegio que exigía venganza en aquella atormentada sociedad judía sometida al Imperio romano.
El segundo hecho relata el accidente sufrido por un grupo de 18 judíos que sucumbieron por el derrumbamiento casual de la torre de Siloé. Los oyentes de Jesús intentan dar sentido al sufrimiento ocasionado en ambas situaciones absurdas: ¿por qué han muerto? En el primer caso, fueron víctimas de los soldados romanos; en el segundo, víctimas de las imprevisibles circunstancias naturales. Y en ambas, ¿por qué este sufrimiento? Es la pregunta que se hace todo ser humano en algún momento de su vida y en todas las épocas históricas. Siempre hay acontecimientos personales e históricos que conmocionan nuestra mente y nuestro corazón por el desconcertante dolor causado por el sufrimiento y por la muerte.
La tradición judía decía que si habían muerto es porque habían pecado contra Dios. Jesús, sin embargo, se opone a esta explicación oficial, provocando la ira de las autoridades políticas y religiosas. Ni los primeros fueron «más pecadores», ni los segundos fueron «más culpables» que los demás. La causa de su muerte no fue un castigo divino, ni el pago a una mala conducta. No entra a enjuiciar los motivos políticos o naturales. Y aprovecha la ocasión no para ahondar en el pasado, buscando la causa de tales desgracias, sino para mirar al futuro, previendo males más importantes. Ni unos ni otros tuvieron tiempo ni oportunidad de prepararse para la muerte, porque fue imprevista, no la esperaban. Sin embargo, los oyentes de Jesús, advertidos por tales hechos, pueden prever el final inesperado viviendo una vida según Dios, arrepintiéndose de sus pecados para lograr la salvación. Tienen oportunidad de convertirse y cambiar de vida antes de un posible fin inesperado.
Es entonces cuando acude al ejemplo de la higuera para explicar, en forma de parábola, la oportunidad que Dios nos da en el presente a la constante conversión. La higuera plantada en una viña desde hace años no da fruto. Ante tal evidencia, la paciencia del dueño se agota y decide cortarla, porque hace inútil el terreno. Sin embargo, el viñador que, muy probablemente, la plantó, la regó, la cuidó y vio crecer… pide una oportunidad más al dueño: «déjala un año más». Él mismo se ofrece a proseguir su esfuerzo y cuidarla más, para esperar su fruto.
Esta sencilla parábola de la higuera es una metáfora del pueblo de Israel y de todo el pueblo de Dios. Dios es el dueño. Nosotros somos la higuera. Jesús es el viñador. La parábola ilustra la paciencia de Dios; el amor y el sacrificio de Jesucristo por nosotros; y nuestra vida «sin frutos». Tenemos en esta Cuaresma oportunidad de arrepentirnos, de cambiar de vida, de convertirnos, mientras dura nuestro vivir. Aquellos judíos murieron sin advertencia; pero los oyentes de Jesús son conscientes del peligro de vivir sin conversión: «si no os convertís, pereceréis». Arrepentirse o perecer. Parece un duro mensaje para la posmoderna sensibilidad actual, pero es muy realista. El perdón transforma la vida del ser humano. Y no hay perdón sin arrepentimiento constante. Solo el arrepentimiento y el perdón producen buenos frutos. Y se arrepiente quien es consciente de la gracia que le espera. El que se abre a la conversión, se salva. ¡Aprovecha la oportunidad!

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


Evangelio

En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos 18 sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

Lucas 13, 1-9





Mañana viernes se suspende el semanal rezo del Via Crucis al coincidir en hora con el Solemne Quinario de la querida Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración

Fotografía amablemente cedida por N.H.D. José Soto



Ha fallecido el Rvdo. P. Fray Celestino Pinilla Valdés, O.F.M., que fuera Guardián del Convento de San Francisco y Director Espiritual de la Hermandad

Las exequias por su eterno descanso se desarrollarán en el Santuario de Nuestra Señora de Regla de Chipiona mañana viernes a las 11,00 horas.

Esta Santa Hermandad acompaña en la oración a toda la familia franciscana por tan irreparable pérdida.



Interesante Curso de "Reconocimiento de la fertilidad" de la Delegación de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida de la Diócesis de Asidonia Jerez



Artículo de Andrés Cañadas Salguero en el suplemento "Cuaresma" de Diario de Jerez del pasado martes día 23


jueves, 18 de febrero de 2016

Recordatorio: mañana viernes a las 20,30 horas en San Francisco, como cada viernes de Cuaresma, ejercicio del Santo Via Crucis







Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

II Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Vieron su gloria

A pesar de los buenos propósitos, quien emprende la senda cuaresmal pronto experimenta la fuerza de la tentación y la fragilidad de la propia existencia. Precisamente, ante las primeras dificultades corre el riesgo de desanimarse y abandonar el camino propuesto; como los discípulos de Jesús. El Evangelio nos dice que Jesús y sus discípulos subían hacia Jerusalén y en el camino, Jesús les confía el secreto más profundo de su corazón: en Jerusalén, será rechazado, padecer á sufrimiento y muerte…, pero resucitará. Esta información escandaliza y desanima a los discípulos, porque pone en crisis su seguimiento. ¿Qué sentido tiene entonces que hayan dejado todo, que sigan a ese Maestro, si conduce al fracaso? Es un momento de verdadera crisis en todos los que acompañaban a Jesús, especialmente en el grupo de los Doce, hasta el punto de que muchos de ellos lo dejaron y se fueron. Jesús, presintiendo el desánimo, desconcierto y tristeza de los suyos, escoge a los «tres íntimos»: Pedro, Santiago y Juan, y sube con ellos al monte Tabor.
El monte es siempre sinónimo de distanciamiento de la realidad, soledad y silencio para escuchar a Dios en oración. Y es precisamente en este clima orante donde sucede un hecho nuevamente desconcertante para aquellos torpes discípulos: mientras oraba, cambió el rostro de Jesús y sus vestidos brillaban de resplandor; es decir, cambió su figura habitual, se «transfiguró». Esta imagen brillante habla de la presencia de lo divino, refleja la shekináh de Dios, la gloria del Mesías; como dice el texto: «vieron su gloria». Jesús aparece ante sus desconcertados discípulos como el Mesías de Dios en gloria, transfigurado.
No es casual que junto a Él aparezcan también dos figuras muy conocidas por todos los judíos: Moisés y Elías. Moisés es el representante de la Ley; Elías, el representante de los profetas; y en ambos se significan todas las Escrituras. Dice el texto que ambos conversaban sobre Jesús y de su «éxodo», que iba a consumar en Jerusalén. El recurso a ambos personajes indica claramente que todas las Escrituras hablaban de Jesús y que en Él se cumplen las antiguas profecías. Los discípulos comprenden, después de recibir la ingrata noticia de su muerte y resurrección en Jerusalén, que tiene que ser así, que este es el camino del Mesías, ya anunciado en las Sagradas Escrituras: «El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado. [...] ser ejecutado y resucitar al tercer día». Una vez más, los discípulos entienden que Jesús es el Mesías prometido por Dios y esperado por el pueblo de Israel.
Más aún, el texto evangélico habla de una nube que cubre la admirable escena de luz tabórica y desde la nube se oye una voz: «Éste es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Es la voz del mismo Dios que confirma la filiación y mesianidad de Jesús. Jesús es Hijo y Mesías de Dios. Parafraseando un texto del profeta Isaías, se cambia el término «siervo» por «hijo». Dios se manifiesta como Padre de su Hijo Jesús, el Amado y Elegido de Dios, el Mesías enviado al pueblo de Israel. Y Dios mismo hace una llamada y petición a los atemorizados discípulos: «Escuchadlo». De este modo, la experiencia tabórica de los discípulos se convierte en un estímulo y aliento para superar la tristeza y continuar en el seguimiento, porque han confirmado claramente que Jesús es el Mesías. Saben que Jesús pasará por el sufrimiento y por la muerte, pero llegará también a la resurrección y a la gloria que han experimentado anticipadamente. Éste es el mensaje que la Iglesia quiere transmitir en este domingo con la proclamación de este hermoso texto evangélico. A pesar de las primeras dificultades de la senda cuaresmal, Jesús nos invita a proseguir en el camino, a continuar escuchando la Palabra de Dios, a mantener nuestra perseverancia en medio de las dificultades para poder llegar un día, al final de la Cuaresma, a participar de la alegría y de la gloria de su resurrección. ¡Qué bien lo expresa la liturgia de este domingo: «Quien después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección»! Todo cristiano tiene que comprender bien teórica y prácticamente el misterio pascual de Jesucristo, que es el misterio de la propia existencia humana: «por la pasión a la resurrección».
Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos



Evangelio

En aquél tiempo, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.


Lucas 9, 28b-36