Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

sábado, 9 de abril de 2022

¡Todo preparado para la Madrugada Santa!





 


Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Domingo de Ramos (ciclo C)

El pórtico de la Semana Santa

 

Es Domingo de Ramos, el pórtico de la Semana Santa, la semana mayor de los cristianos, en la que vamos a celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un año más, entraremos de lleno en el misterio que es el corazón de nuestra fe: seguiremos de cerca al Señor en su entrada triunfal en Jerusalén, penetraremos en los sentimientos de Cristo, que intuyen las oscuras cavilaciones del sanedrín judío y la cobardía cómplice de las autoridades romanas. Viviremos con Jesús la angustia del prendimiento, el amargo dolor de la flagelación, de la coronación de espinas y del camino hacia el Calvario, la soledad y el abandono del Padre en la cruz, y también la inmensa alegría de su Resurrección en la mañana de Pascua.

En el Domingo de Ramos proclamamos lecturas preciosas que merecen comentarios profundos. Es tan bella la liturgia de este día que basta dejarse llevar por ella para acceder al mensaje del misterio que celebramos.

La primera lectura está tomada del profeta Isaías: el tercer canto del siervo, que tanto nos impresiona en la liturgia del misterio pascual. Habla del discípulo que recibe la palabra para poder consolar al que está agobiado, y que esa palabra que él ha recibido al abrir de verdad el oído del corazón le va a poner frente a unos enemigos que le golpean, le tiran de la barba, le ofenden, escupen… Este canto presenta al siervo sufriente como el oyente de la Palabra, el que escucha atentamente la voluntad de Dios. ¡Qué bonito canto! ¡Y qué profético! ¡Cómo encierra en unos versos prácticamente toda la historia de la salvación!

Esta lectura, que apunta al sufrimiento, viene respondida por el salmo 21 (22): «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Es un salmo muy especial, en primer lugar, por el contenido: el siervo, el hombre justo, que está en una situación de sufrimiento en el límite y que, sin embargo, continúa fiel a Dios. Pero, sobre todo, es importante para nosotros este salmo porque lo rezó Jesús en la cruz: es la oración que conservamos de Él. Es cierto que el Evangelio solo cita la primera frase («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»: Mc 15, 34; Mt 27, 46), y que incluso algunos –quedándose en estas palabras– han interpretado el grito de Jesús como cercano a la desesperación, como si en ese momento hubiera acogido en su alma todo el sufrimiento del condenado para pagar por él. Aunque puede haber parte de esto: de solidaridad con el hombre que está en el borde de la esperanza, la lectura completa del salmo nos indica otra cosa: es un salmo de esperanza en el límite del sufrimiento. Después de narrar una situación imposible, insufrible, se abre a la esperanzay grita su confianza en Dios: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

En el Evangelio encontramos la lectura de la Pasión. Es la primera vez que se lee la Pasión completa en estos días. Es una lectura para meditar durante muchas horas. Hay tantos detalles en este amplio relato de la Pasión de Jesús: la Cena, la traición, Pedro, el juicio religioso y civil… Nosotros nos centraremos en ese grito de Jesús: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Y nos fijaremos en el grado de soledad, de abandono, de tristeza.

La cruz tiene mucho contenido. Y una de sus grandes dimensiones es la soledad, la no compañía: ni de Dios ni de los hombres. La soledad en el corazón de Jesús es tremenda. Sus discípulos le han abandonado: uno le ha traicionado, otro le ha negado… Jesús desciende a los infiernos de la soledad, del abandono, de la miseria. Su cruz es un descenso a la tristeza, a las burlas de lo más profundo que Él había mostrado al hombre. La cruz es un gran signo del exilio de Dios: Dios es el gran exiliado por amor al hombre. El hombre expulsado del «paraíso» –porque él se ha expulsado– va a tener ahora una compañía: la compañía de Dios que se expulsa del «paraíso» por amor y con amor.

¡Qué mejor súplica a Dios para estos días que pedirle que introduzca en nuestros corazones los sentimientos de su Hijo en la cruz, como la carta de san Pablo a los filipenses! ¡Sería un regalo tan hermoso! Que el Señor nos conceda los sentimientos de Cristo, que penetren en nuestro corazón, que se hagan carne de nuestra carne, que suframos con Él y en Él, que sintamos en sus sentimientos. ¡Qué Semana Santa sería más distinta! ¡Y qué vivencia del misterio pascual tan hermosa! Solo entonces el Señor nos hará comprender el sentido tan profundo de aquello que miramos y contemplamos: la cruz.

 

 

JUAN ANTONIO RUIZ RODRIGO

Director de la Casa de Santiago de Jerusalén

 

 

 

 

 

Evangelio

 

En aquel tiempo, Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le responde: «Tú lo dices». Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «No encuentro ninguna culpa en este hombre». […] Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió. […] Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. […] Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo: «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». Ellos vociferaron en masa: «¡Quita de enmedio a ese! Suéltanos a Barrabás». […] Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». […] Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?». Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él. Y cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suertes. […] Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró.


 

Lucas 23, 1-49






viernes, 8 de abril de 2022

Horario de misas y oficios de Semana Santa en San Francisco

 





DOMINGO DE RAMOS (Misa de Palmas): 11,00 horas

JUEVES SANTO (Celebración de la Cena del Señor): 17,00 horas

VIERNES SANTO (Celebración de la Pasión del Señor): 17,00 horas

SÁBADO SANTO (Vigilia Pascual): 20,00 horas

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (Misa de Pascua): 11,00 horas




martes, 5 de abril de 2022

Rico Pavés sugiere, ante la Semana Santa, que "también los sentidos necesitan purificación"





En el siguiente enlace:


https://www.cope.es/emisoras/andalucia/cadiz-provincia/jerez/el-espejo-de-jerez/audios/rico-paves-obispo-jerez-cuaresma-purificacion-sentidos-ano-jubilar-20220401_1905855



domingo, 3 de abril de 2022

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

V Domingo de Cuaresma (ciclo C)

Un juicio de misericordia

 

Celebramos el quinto domingo de Cuaresma. El próximo domingo será Domingo de Ramos. La Cuaresma está llegando a su culminación. Estamos finalizando un periodo de gracia y de preparación a la Pascua del Señor. Al igual que los dos domingos anteriores, el Evangelio de hoy es una invitación a meditar sobre la misericordia de Dios, capaz de recrearnos y de reabrir un futuro donde tal vez ya no hay esperanza, empujándonos siempre a la conversión de nuestro corazón.

Al amanecer Jesús va al templo de Jerusalén, y la gente se precipita hacia Él para escuchar sus enseñanzas. Ahí acontece este precioso relato del Evangelio. Van a juzgar a una mujer sorprendida en adulterio. ¿Nos imaginamos la escena? Una mujer desgreñada, humillada, golpeada, sollozando, con gemidos… La traen a empujones, entre insultos. La tiran ante Él violentamente. Ella está en el suelo. Los demás –todos aparentemente dignos–, a su alrededor. Entonces se acercan a Jesús algunos escribas y fariseos para interrogarle, porque no pueden soportar que Él «viniera a llamar a los pecadores y no a los justos» (cf. Lc 5, 32), ni pueden comprender que «acoja a los pecadores y coma con ellos» (cf. Lc 15, 2).

Le preguntan acerca de su opinión sobre la legislación mosaica que pide apedrear a las adúlteras. No es una teoría, es real. La mujer está condenada, va a morir. Ellos recurren a la ley de manera correcta (cf. Lv 20, 10; Dt 22, 22-24), pero en sus corazones hay odio y maldad. En el fondo no les importa la mujer, sino que buscan desprestigiar a Jesús, siempre. Le preguntan sobre cómo se sitúa Él frente a la ley de Moisés. ¿Es un verdadero judío, o en el fondo es un enemigo del pueblo? Como si la ley fuera el último criterio para determinar quién es quién. Como si el templo fuera la morada de la ley, y no de la misericordia y del perdón. Están en el templo, pero en realidad están profanándolo. Jesús no responde. Se limita a escribir irónicamente con el dedo en el suelo. Pero como le insisten levanta la mirada, los observa cara a cara, y les dice: «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». ¿Os imagináis la mirada de Jesús? Debía de ser terrible. Y ante esa mirada, la cobardía, el miedo y la huida.

Así, los acusadores se marchan, «uno por uno, comenzando por los mayores», y dejan a Jesús solo con ella. Y entonces viene la conclusión tan extraordinaria de este relato evangélico: «Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?”. Ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”».

¿Qué sería de aquella mujer? ¿La recibiría su familia? ¿O se convertiría en una mendiga o en una prostituta al ser rechazada por todos? No conocemos esta información. Pero sí sabemos que en el corazón de aquella mujer quedó grabada para toda su vida la mirada compasiva de Jesús: quedó marcado su perdón.

Juzgar es valorar, evaluar, a una persona. Se trata de calificar no un acto suyo, sino su fondo personal. El Evangelio de este domingo nos hace caer en la cuenta de que juzgamos muchas veces sin saber lo que en realidad es juzgar. Porque juzgar a una persona exige en primer lugar conocer el corazón de esa persona, su fondo último, su alma.

¡Cómo nos sorprenden las personas a lo largo de la vida! Personas en quien habíamos puesto toda nuestra confianza y de pronto nos decepcionan con sus malas acciones. Y al revés: personas sencillas, que en situaciones difíciles –guerras, persecuciones, desgracias familiares,…– dan la vida, salvan a otros, se arriesgan. Son héroes. Pero, ¿quién es quién? ¿Y quién soy yo? Porque hay días que nos parece que somos buenos, pero otros no vemos nuestra bondad por ningún sitio. El fondo personal del corazón, el núcleo íntimo y hondo de cada persona, solo es conocido de verdad por la mirada de Dios.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nuestro hermano, si estamos cargados de pecado, de intereses, de prejuicios? El juicio humano es un acto de ignorancia porque es hablar de lo que no se sabe, es un acto de soberbia porque es ponerse en el lugar de Dios, y es una agresión, un ataque al corazón del otro, una negación de la misericordia. Sólo Dios puede juzgar, porque sólo Dios conoce el interior de cada persona, y ama con un amor único, que recrea y recompone. La persona que nunca juzga ni de pensamiento ni de palabra, tiene en su corazón a Dios: tiene dentro la gracia, tiene dentro el amor.

En el Evangelio de este domingo Jesús se abstiene de juzgar: «Yo no te juzgo» (Jn 8, 11; cf. Jn 12, 47). Su misericordia emerge porque no condena. No juzguemos. Seamos misericordiosos, y encontraremos misericordia.

 

 

JUAN ANTONIO RUIZ RODRIGO

Director de la Casa de Santiago de Jerusalén

 

 

 

 

 

Evangelio

 

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

 

Lucas 8, 1-11





sábado, 2 de abril de 2022

viernes, 1 de abril de 2022

La alcaldesa Mamen Sánchez se reúne con los hermanos mayores de la Semana Santa de Jerez




 

Fuente: UUHH

 

La alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, mantuvo en la tarde del martes un encuentro protocolario con la Unión de Hermandades y los hermanos mayores de las hermandades que realizarán su estación de penitencia en esta Semana Santa 2022.

Este encuentro se ha desarrollado en dos sesiones en la sede de la Unión de Hermandades, en calle Curtidores, como toma de contacto de la primera autoridad de la ciudad, previa a la celebración de una Semana Santa procesional por las calles de Jerez tras dos años de suspensión a causa de la pandemia.

La alcaldesa ha deseado a hermanos mayores y al Consejo Local de la Unión de Hermandades que puedan realizar sus respectivas estaciones de penitencia hacia la Catedral de Jerez con la máxima normalidad posible y manteniendo las medidas de seguridad sanitaria oportunas.

En paralelo, el Ayuntamiento está manteniendo reuniones técnicas para garantizar el normal desarrollo de una cita de especial significación para la ciudad tanto desde el punto de vista religioso como cultural y turístico. De hecho, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional el 25 de febrero de 1993.