Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ
BLOG OFICIAL DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LAS SAGRADAS CINCO LLAGAS DE CRISTO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA VÍA-CRUCIS Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA
Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera
domingo, 13 de septiembre de 2020
La Fe y los Sacramentos centrarán la temática de la XXXI Semana Diocesana de Teología
Fuente: DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ
El Obispado de Asidonia-Jerez abre el curso con
una nueva edición de
El orden de las jornadas, la temática y los
ponentes serán los siguientes:
14 de septiembre: “Necesidad de la fe y de los sacramentos”, por Mons.
Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba y Dr. en Teología.
15 de septiembre: “Hacer cristianos en tiempos de increencia (La maternidad de
16 de septiembre: “La belleza de la vida en gracia (Sentido del pecado, conversión y perdón)” , por D. Jesús Balmori Blanco, Lic. Teología y profesor en el IST. De
Toledo.
17 de septiembre: “Sin el domingo no podemos vivir”, por D.
Antonio Prieto Lucena, Dr. en Teología y Vic. General de Córdoba.
Todos aquellos que deseen diploma de
asistencia, podrá solicitarlo previo pago de un donativo de 10 euros.
sábado, 12 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: ALFA Y OMEGA
XXIV
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
Perdonar
la ofensa al prójimo
Probablemente, la asociación más inmediata que realiza
nuestra mente al oír hablar del perdón hacia los demás surge de la oración que
el Señor nos ha enseñado y que todos los cristianos hemos aprendido desde bien
pequeños. El «perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden» aparece en nuestra vida como algo que nos permite confiar en
la permanente misericordia de Dios, pero que, al mismo tiempo, implica una
tarea por nuestra parte.
Un perdón sin límite
El pasaje evangélico de este domingo se desarrolla a
partir de una pregunta clave que Pedro formula a Jesús: «Señor, si mi hermano
me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Tal y
como sabemos al acercarnos al Antiguo Testamento, y en particular por la
primera lectura de la liturgia de este día, la llamada al perdón del hermano
aparecía como uno de los puntos más reiterados en la Palabra inspirada por Dios.
En efecto, en ella encontramos una insistente llamada al perdón de las ofensas
del prójimo y se asegura que Dios nos perdona, siempre y cuando nosotros seamos
capaces de perdonar. Para reforzar esta realidad, el libro del Eclesiástico
señala que «rencor e ira también son detestables» y que «el vengativo sufrirá
la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados».
Sin duda, la pregunta por el perdón a los demás no tendría
sentido si no estuviera unida a la conciencia de la necesidad de ser perdonados
por Dios. Por lo tanto, el perdón debe ser visto como el vínculo que nos une
con Dios y con nuestros hermanos. Cuando Pedro plantea al Señor el número siete
como límite de perdón, ya está siendo generoso, ya que esa cifra estaba
asociada a perfección y totalidad. Sin embargo, al responder Jesús «hasta 70
veces siete» está yendo más allá, reforzando la idea de un perdón sin límite,
exactamente como es el amor que Dios ofrece a los hombres. Más de un número
concreto, aunque sea elevado, el Señor nos quiere hacer ver que el perdón ha de
ser absoluto.
La compasión de Dios
Siguiendo el modo que Jesús tiene para revelarnos cómo es
el Reino de los cielos y Dios mismo, el Señor narra una parábola en la que
inmediatamente se identifica al rey de la narración con Dios Padre. Aplicando
criterios de justicia, el criado no podría quedar liberado hasta que no pagara
los 10.000 talentos, una deuda imposible de pagar en la práctica. ¿Qué es lo
que mueve al rey a condonar la gran deuda? La compasión ante la súplica sincera
del criado. Con esta enseñanza podemos comprender cómo es el corazón de Dios:
un corazón que, en primer lugar, escucha al hombre afligido cuando lo llama y
le pide auxilio; un corazón que es tremendamente misericordioso y que no deja
jamás sin respuesta a quien ha puesto su confianza en Él. Por el contrario,
Jesús nos previene en la segunda sección de la escena ante la cortedad y falta
de misericordia que tantas veces rigen la relación entre las personas.
Jesucristo como ejemplo
Una de las tentaciones que con más fuerza se puede
presentar en nuestra vida es la de pensar que no somos capaces de perdonar, ya
sea por la magnitud de la ofensa recibida, ya sea por la dificultad de olvidar
a la persona o la situación concreta que aún nos inquieta. La solución ante
esta doble limitación pasa siempre por levantar la mirada hacia el Padre
eternamente misericordioso y tratar de imitar a Jesucristo, quien con sus
enseñanzas y su propia vida nos muestra que lo que parece imposible al hombre
no lo es para Dios. La parábola del hijo pródigo, el encuentro de Jesús con la
mujer pecadora o la escena de Jesús perdonando a sus verdugos poco antes de
morir han servido a muchos cristianos a lo largo de los siglos, especialmente a
los mártires, a poder perdonar sin condiciones al encontrarse en situaciones
similares a las que Jesús nos muestra en el Evangelio.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid
Evangelio
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le
preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta:
«No
te digo hasta siete veces, sino hasta 70 veces siete. Por esto, se parece el
Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía 10.000 talentos. Como no
tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus
hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus
pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se
compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía
100 denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me
debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la
cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido,
quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces
el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné
porque me lo rogaste. ¿No debías tener tú también compasión de un compañero,
como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los
verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre
celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Mateo 18, 21-35
viernes, 11 de septiembre de 2020
Recomendación de aplicación para el móvil: ePrex para rezar la Liturgia de las Horas
Se trata de una aplicación gratuita de Google play que además
de tener el oficio divino completo de cada día contiene las lecturas de la misa.
Absolutamente recomendable para participar de la Oración pública de la Iglesia (como llama la Sacrosanctum Concilium
nº 98 a la Liturgia de las horas) en
cualquier lugar sin necesidad de llevar el breviario.
jueves, 10 de septiembre de 2020
miércoles, 9 de septiembre de 2020
martes, 8 de septiembre de 2020
lunes, 7 de septiembre de 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
sábado, 5 de septiembre de 2020
Evangelio y comentario
Fuente: CATHOLIC.NET
XXIII
Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
La
experiencia de la comunidad cristiana
¿Por qué me tengo que preocupar de lo que hacen los demás
en un mundo que nos apunta a hacer las cosas nosotros solos, a preocuparnos de
nuestros asuntos sobre todo lo demás y a comprometernos con nadie más que
nosotros?
La pregunta se hace palpable cuando nos encontramos con las dificultades de los demás a nuestro alrededor. No podemos vivir solos porque nos topamos con la gente y sus problemas. Desde que nacemos nos encontramos rodeados de personas, en primer lugar, de nuestros hermanos que, como son parte de la familia, nos toca cuidar de algún modo. Este cuidado surge del hecho que somos hermanos, vivimos en la misma casa y, sobre todo, por el amor y la estima que nos tenemos. Este sentimiento de ser hermanos se da porque primero somos hijos, hecho que no podemos olvidar al ser la primera cosa de la que somos conscientes. Del hecho que podemos decir que somos hijos también proviene el ser hermanos.
Dentro de la comunidad cristiana, cada persona desempaña un rol diferente y hay algunos que, por don de Dios, se les ha dado el poder de perdonar los pecados en nombre de Cristo, por lo que este perdón no es solo en la tierra, sino que también se siente en el cielo.
De estas dos experiencias que son el hecho de sentirse hijo y hermano y el perdón de Dios, nos viene la tercera que es de igual manera especial. Es la de tener la presencia de Dios por medio de la comunidad que es capaz de comunicar el mensaje y la presencia de Dios. No es solo estar juntos, sino que se note el amor de Cristo que se encarna en la comunidad.
«Como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. “Si no te escucha [tu hermano], busca una o dos personas más”, nos dice el Señor en el Evangelio. Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).
La pregunta se hace palpable cuando nos encontramos con las dificultades de los demás a nuestro alrededor. No podemos vivir solos porque nos topamos con la gente y sus problemas. Desde que nacemos nos encontramos rodeados de personas, en primer lugar, de nuestros hermanos que, como son parte de la familia, nos toca cuidar de algún modo. Este cuidado surge del hecho que somos hermanos, vivimos en la misma casa y, sobre todo, por el amor y la estima que nos tenemos. Este sentimiento de ser hermanos se da porque primero somos hijos, hecho que no podemos olvidar al ser la primera cosa de la que somos conscientes. Del hecho que podemos decir que somos hijos también proviene el ser hermanos.
Dentro de la comunidad cristiana, cada persona desempaña un rol diferente y hay algunos que, por don de Dios, se les ha dado el poder de perdonar los pecados en nombre de Cristo, por lo que este perdón no es solo en la tierra, sino que también se siente en el cielo.
De estas dos experiencias que son el hecho de sentirse hijo y hermano y el perdón de Dios, nos viene la tercera que es de igual manera especial. Es la de tener la presencia de Dios por medio de la comunidad que es capaz de comunicar el mensaje y la presencia de Dios. No es solo estar juntos, sino que se note el amor de Cristo que se encarna en la comunidad.
«Como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. “Si no te escucha [tu hermano], busca una o dos personas más”, nos dice el Señor en el Evangelio. Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).
Señor, que pueda experimentar tu amor, presente en mi
familia y amigos; que pueda sentir tu amor cada vez que me perdonas en el
sacramento de la confesión y que sepa que estás presente en mi vida cuando
encuentro gente que me ayuda a ser mejor y acercarme a ti.
Leonardo Garzón, L.C.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás
salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos
personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos.
Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le
hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.
Mateo
18, 15-20
viernes, 4 de septiembre de 2020
“Desde que entré en la Compañía ya el P. Guerrero tenía fama de santidad”
![]() |
| Hermanos de las Cinco Llagas junto al grupo de peregrinos Seguidores del P. Guerrero poco antes del comienzo de la celebración |
Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas asiste a la misa anual en su memoria
Como cada año, desde nuestra ciudad acudieron, además de los familiares del Siervo de Dios Pedro Guerrero, amigos personales, cofrades de las Hermandades de las Cinco Llagas y el Amor y Sacrificio y el grupo de peregrinos Seguidores del P.Guerrero, que cada primer miércoles de mes realizan a pie los 17 kilómetros que separan Jerez de su sepulcro en la parroquia portuense de San Francisco.
El P. Francisco José Naranjo, S.I., que presidió la celebración junto a nuestro hermano diácono Juan Luis Izquierdo Fernández, contó varias anécdotas de la vida del P. Guerrero, pues cuando éste falleció llevaba él un año ordenado, y siempre recuerda en la Compañía que el P. Guerrero era considerado un gran apóstol, y, más que un gran hombre, un santo. El Evangelio del día viene como anillo al dedo porque es la llamada a San Pedro del Señor, como al mismo Pedro Guerrero y a nosotros, llamados también a ser apóstoles.
Pedro Guerrero fue fundador y primer Hermano Mayor de nuestra Hermandad. No faltaron los miembros de la Asociación del Apostolado de la Oración , así como amigos venidos también desde Sevilla, Sanlúcar y otras localidades. Don Joaquín Merello, muy implicado en la causa de beatificación nos informa con alegría que la Compañía de Jesús ya trabaja en el nombramiento de un nuevo vicepostulador, pues el cargo quedó vacante tras el fallecimiento del ejemplar sacerdote jesuita Fernando García Gutiérrez, S.I.

miércoles, 2 de septiembre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
El próximo jueves día 3 de septiembre nuestra Hermandad acudirá, como cada año, a la Misa Conmemorativa del XLVII aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios Pedro Guerrero González, S.I., primer Hermano Mayor tras la Reorganización y santo sacerdote jesuita que se celebrará a las 20,30 horas en la Parroquia de San Francisco de El Puerto de Santa María (Jesuitas)
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