Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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sábado, 5 de septiembre de 2020

Evangelio y comentario

Fuente: CATHOLIC.NET

XXIII Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
La experiencia de la comunidad cristiana

¿Por qué me tengo que preocupar de lo que hacen los demás en un mundo que nos apunta a hacer las cosas nosotros solos, a preocuparnos de nuestros asuntos sobre todo lo demás y a comprometernos con nadie más que nosotros?

La pregunta se hace palpable cuando nos encontramos con las dificultades de los demás a nuestro alrededor. No podemos vivir solos porque nos topamos con la gente y sus problemas. Desde que nacemos nos encontramos rodeados de personas, en primer lugar, de nuestros hermanos que, como son parte de la familia, nos toca cuidar de algún modo. Este cuidado surge del hecho que somos hermanos, vivimos en la misma casa y, sobre todo, por el amor y la estima que nos tenemos. Este sentimiento de ser hermanos se da porque primero somos hijos, hecho que no podemos olvidar al ser la primera cosa de la que somos conscientes. Del hecho que podemos decir que somos hijos también proviene el ser hermanos.

Dentro de la comunidad cristiana, cada persona desempaña un rol diferente y hay algunos que, por don de Dios, se les ha dado el poder de perdonar los pecados en nombre de Cristo, por lo que este perdón no es solo en la tierra, sino que también se siente en el cielo.

De estas dos experiencias que son el hecho de sentirse hijo y hermano y el perdón de Dios, nos viene la tercera que es de igual manera especial. Es la de tener la presencia de Dios por medio de la comunidad que es capaz de comunicar el mensaje y la presencia de Dios. No es solo estar juntos, sino que se note el amor de Cristo que se encarna en la comunidad.

«Como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. “Si no te escucha [tu hermano], busca una o dos personas más”, nos dice el Señor en el Evangelio. Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).

Señor, que pueda experimentar tu amor, presente en mi familia y amigos; que pueda sentir tu amor cada vez que me perdonas en el sacramento de la confesión y que sepa que estás presente en mi vida cuando encuentro gente que me ayuda a ser mejor y acercarme a ti.

Leonardo Garzón, L.C.





Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.



Mateo  18, 15-20






viernes, 4 de septiembre de 2020

“Desde que entré en la Compañía ya el P. Guerrero tenía fama de santidad”


Hermanos de las Cinco Llagas junto al grupo de peregrinos Seguidores del P. Guerrero poco antes del comienzo de la celebración


Nuestra Hermandad de las Cinco Llagas asiste a la misa anual en su memoria

Como cada año, desde nuestra ciudad acudieron, además de los familiares del Siervo de Dios Pedro Guerrero, amigos personales, cofrades de las Hermandades de las Cinco Llagas y el Amor y Sacrificio y el grupo de peregrinos Seguidores del P.Guerrero, que cada primer miércoles de mes realizan a pie los 17 kilómetros que separan Jerez de su sepulcro en la parroquia portuense de San Francisco.

El P. Francisco José Naranjo, S.I., que presidió la celebración junto a nuestro hermano diácono  Juan Luis Izquierdo Fernández, contó varias anécdotas de la vida del  P. Guerrero, pues cuando éste falleció llevaba él un año ordenado, y siempre recuerda en la Compañía que el P. Guerrero era considerado un gran apóstol,  y, más que un gran hombre,  un santo. El Evangelio del día viene como anillo al dedo porque es la llamada a San Pedro del Señor,  como al mismo Pedro Guerrero y a nosotros,  llamados también a ser apóstoles. 

Pedro Guerrero fue fundador y primer Hermano Mayor de nuestra Hermandad. No faltaron los miembros de la Asociación del Apostolado de la Oración, así como amigos venidos también desde Sevilla, Sanlúcar y otras localidades. Don Joaquín Merello, muy implicado en la causa de beatificación nos informa con alegría que la Compañía de Jesús ya trabaja en el nombramiento de un nuevo vicepostulador, pues el cargo quedó vacante tras el fallecimiento del ejemplar sacerdote jesuita Fernando García Gutiérrez, S.I.








lunes, 17 de agosto de 2020

Rogad a Dios en caridad por el alma de doña Milagros Ojeda Gordillo, señora madre de N. H. D. Rafael Argumedo Ojeda







Falleció anoche a la edad de 84 años. Sus restos mortales se encuentran en la sala número 3 del Tanatorio de El Puerto de Santa María, en cuya Capilla se celebrarán las exequias por su eterno descanso mañana martes día 18 a las 11,30 horas, y desde donde partirá para su inhumación en el cementerio portuense.


 

lunes, 3 de agosto de 2020

Evangelio y comentario durante este mes






El equipo de redacción de este blog oficial remite a todos aquéllos que para su meditación del Evangelio del Domingo se dirigen a este medio a un enlace en el que encontrarán también la meditación de  las lecturas de la Misa de cada día, para que  así durante el descanso vacacional se unan cada día al Señor con la meditación de las lecturas de la Santa Misa.

Pinchando en el siguiente link:

sábado, 1 de agosto de 2020

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA
XVIII Domingo del tiempo ordinario (ciclo A)
«¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta?»

El título que encabeza estas líneas no procede del Evangelio, sino de la primera lectura del próximo domingo. Sin embargo, toca de lleno un tema central que aborda el pasaje de san Mateo. Tenemos ante nosotros uno de los seis relatos de la multiplicación de los panes, uno de los textos más atestiguados de la tradición evangélica, algo que muestra la amplia resonancia que tuvo en los discípulos desde las primeras comunidades y que, al mismo tiempo, ha influido tanto en la comprensión de la Eucaristía a través del vínculo pan–Eucaristía. Pero no solo. El pasaje presenta al mismo tiempo las claves fundamentales para entender cómo es cualquier don que Dios da a los hombres.

La condición es la escucha
El marco en el que se desenvuelven este episodio y, en consonancia con él, la primera lectura, está dominado por la riqueza y, en cierta medida, por el exceso. Y no solamente de los dones que Dios nos da, sino también de las personas que van a beneficiarse de los mismos. Y este es un dato interesante. Aunque tenemos ejemplos de signos realizados en ámbitos particulares o familiares, como, por ejemplo, en las bodas de Caná, la multiplicación de los panes se realiza ante la «multitud». En ese grupo caótico de personas están representados todos aquellos que, a lo largo de los siglos, han sido y están siendo beneficiados por la acción de Dios. No resulta difícil imaginarnos la escena, con personas de todo tipo y condición, y con varios puntos en común: no pertenecen a un grupo privilegiado, humanamente hablando; se han encontrado con Jesús; y están necesitados, no solo de alimento, sino, ante todo, de compasión, de salud o de esperanza. Lo que a los ojos de los discípulos, en el diálogo con Jesús, puede ser considerado como una masa informe, reflejada en el término «multitud», para Jesús es, sin embargo, objeto de un amor particular. De hecho, lo primero que hizo el Señor al desembarcar es compadecerse de ellos y curar a los enfermos. Así pues, es evidente que la acción de Jesús no busca en primer término cumplir con sus oyentes, realizando una especie de acto de cortesía para que vuelvan a sus casas cenados. Pero tampoco pretende únicamente proporcionar un alimento meramente físico. Cuando la primera lectura, de Isaías, hace una llamada a los sedientos y a los que no tienen dinero y les dice: «inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis», está proclamando qué es lo que sacia de verdad el corazón de hombre. El profeta se refiere con claridad a la Palabra del Dios como el verdadero alimento a través del cual tendremos vida. La condición, pues, para ser alimentado, es la escucha.

«Comieron todos y se saciaron»
Uno de los puntos que más destacan en el Evangelio de este domingo es el manifiesto paralelismo entre algunas de las expresiones utilizadas en el mismo y la celebración eucarística. Las locuciones «alzando la mirada al cielo» y «pronunció la bendición», así como los verbos «tomando», «partió» y «dio» revelan una nítida asociación entre la multiplicación de los panes y la celebración eucarística. Además, este alimento se presenta como el que es capaz de saciar realmente. Frente al lugar desierto en el que se realiza el milagro, que concuerda con el lugar de los sedientos de la lectura de Isaías, Jesús se ofrece como el que puede colmar el hambre y la sed más profunda. Para ello pronuncia una bendición dirigida al Padre, a modo de acción de gracias de quien reconoce la desproporción entre lo poco que tiene y lo mucho que puede recibir de Dios. Este elevar la mirada al cielo, esperándolo todo del Señor, corresponde con la hondura y confianza con las que debe nacer la oración cristiana. A pesar de que la seguridad de que Dios va a otorgarnos su don debe prevalecer en nuestra oración, Jesús nos pide también colaborar con él. El «dadles vosotros de comer» supone una nítida llamada, en primer lugar, a ser conscientes de que podemos colaborar con la acción de Dios en beneficio de los hombres y, en segundo lugar, a ser testigos con nuestra propia vida de la compasión y misericordia que Dios realiza en nuestro favor.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.




Mateo 14, 13-21