Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

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sábado, 13 de julio de 2019

Jerez y el regreso de la Esperanza


Magnífico artículo de N.H.D. Marco A. Velo publicado en Diario de Jerez sobre lo vivido por nuestra Hermandad el pasado viernes 5 de julio

Foto: N.H.D. José Soto


 La atardecida es epidérmica. La atardecida ya no acaricia el lomo de las andanzas sin rumbo. Ya no bascula entre el gris mate y el azul oscuro casi negro. Porque ahora todo brota color verde Esperanza. La atardecida ya no es una singladura desorientada. Ni una lengua vernácula que cabrillea dársenas y melindres. La atardecida tiene algo de sustracción del calendario. Y de media verónica a la retrospectiva del tiempo. En la jerezana Capilla del Voto, este pasado viernes día 5. Regresaba la Virgen tras meses de ausencia en un adiós de ida y vuelta que nos sustrajo a los cofrades de las Cinco Llagas como en una especie de concatenación de vacíos sin visualizaciones compensatorias. Como en la antítesis del abrigo materno: como en una extraña vacuidad de las emociones: ¿verdad que sí, María y Alicia y Carmen Ruiz-Henestrosa?

Meses de ausencia de Ti: ausencia que dimanaba de ese (acrisolado) rincón de San Francisco -entonces puntiagudo como nunca, entonces tendente al horror vacui- que ha encarnado la arritmia de la nostalgia. Cada mañana, a las claritas del día, rezar al Divino Nazareno y besar la ingravidez de su talón alzado y, al dirigirte a su derecha, toparte con la nada… Y sacudirte en un amén los versos de Gerardo Diego: “Un día y otro día y otro día./ No verte./ Poderte ver, saber que andas tan cerca,/ que es probable el milagro de la suerte./ No verte./ Y el corazón y el cálculo y la brújula,/ fracasando los tres. No hay quien te acierte./ No verte./ Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,/ no respirar, no ser, no merecerte./ No verte”.

Y regresó la Esperanza: ¡y cómo la recibimos en unción trascendental el equipo de gobierno durante la noche del jueves y cómo se acristalaron de nuevo sus retinas de Mediadora y cómo se humedeció -por el agua bendita de la devoción- nuestra ocular dimensión!: ¿digo verdad Ernesto Romero, Pepe y Cristóbal Barrera, José Andrade? ¡Qué trabajo cum laude de las doctoras en Cirugía de las Cosas de Dios Cristina Espejo y Pepa Segura! ¿Sí o sí, Pepi Guerra e Isabel Mateos, Maribel y Mercedes Rendón?

Cuando la observaba, tan Reina y tan llena de Gracia, durante la eclosión vespertina del viernes, yo estaba contemplando a la misma vez las ciento y pico de miradas de espartos a la cintura que, en madrugadas de Luna de Nisán y tras el anonimato del blanco antifaz, rezan a la Virgen en su palio de plata y oro. ¡Sus hijos nazarenos de sandalias color avellana! Y a los costaleros de Eduardo Torné -¡vamos con Ella, valientes!- y a los de Manolo Campos -cireneos de amor-. Y en todos ellos -nazarenos y costaleros- también el eco de la magistral obra ‘Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen’ del teólogo francés Luis María Grignion de Montfort.

Y, a sus plantas de Soberana, presentí asimismo, -¿verdad que sí Pepe Soto: ¡qué bonita charla sabatina nos regalamos!?- a quienes ya no vemos a simple vista pero que habitan en el fuero interno de las actas de la memoria: ¿acaso en cada flor ofrendada por los niños y bebés de la Hermandad no germinaron al punto los apellidos Martínez Arce, los Guerrero, Fernández de Bobadilla, Soto, Tamayo, Gil, Oteo, Santaolalla, Piñán, Holgado, Atalaya, Quirós, Álvarez Adame? Y en esta remembranza de los hermanos difuntos flotaban de nuevo las páginas de ‘Las Glorias de María’ de San Alfonso María de Ligorio. ¿Estáis conmigo mis Hermanos Mayores Rafael Cordero, Paco Barra y Juan Lupión?

Y en Ella -tan bellamente engalanada por Jesús Tamayo- atisbé la Spes Nostra del mundo: los niños. Porque en chiquillos y adolescentes debe hoy sustentarse cualquier proyecto de Hermandad. ¿O acaso aún no hemos leído ‘María, el Carpintero y el Niño’, de Pedro M. de Iraolagoitia? La Esperanza de San Francisco, ya restaurada, tiene título de libro de Pemán: ‘Lo que María guardaba en su corazón’. Un corazón que sigue irrigando luz. Verdad. Vida.


viernes, 12 de julio de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)
«Anda y haz tú lo mismo»

Nos encontramos con una página del Evangelio, de sobra conocida, en la que el Señor, una vez más, da un nuevo sentido a la cuestión que le plantea uno de sus interlocutores. La parábola del buen samaritano es propia de Lucas, ya que es el único evangelista que la recoge, y guarda un estrecho paralelismo al inicio con el encuentro entre el Señor y el joven rico. Sin rodeos, este maestro de la ley formula a Jesús la pregunta clave: «¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». La pregunta pide una respuesta concreta para la cuestión más importante que el hombre puede plantearse: su propia salvación. Puesto que su interlocutor es un maestro de la ley, sabe de sobra lo que Moisés establecía al respecto. Por eso, el Señor fundamentará su repuesta a partir de lo escrito en la ley. Obviamente, el maestro de la ley sabía que el mandamiento más importante de todos era amar a Dios «con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo».
«Quién es mi prójimo»
Una vez establecido el fundamento del obrar en el amor a Dios y al prójimo, el maestro de la ley, «queriendo justificarse», pregunta a Jesús quién es su prójimo. Tras su excelente respuesta tratará de que el Señor precise los límites del amor que se debe tener hacia los demás. Entre los judíos había discusiones sobre si el amor debía circunscribirse a los miembros de la familia o ampliarse a los de la misma ciudad o, como máximo, llegar hasta los habitantes de la misma nación. Por eso la respuesta-parábola de Jesús es magistral. Comienza afirmando que «un hombre» bajaba de Jerusalén a Jericó. Nada más se nos dice sobre esta persona. No sabemos ni su procedencia, ni su posición, ni sus creencias. Para Jesús nada importa quién fuera. Únicamente se indica que estaba en una situación de extrema necesidad. Es entonces cuando Jesús alude a los dos personajes que pasaron de largo. Es interesante destacar que tanto el sacerdote como el levita eran personas cuyo comportamiento se presumía ejemplar. Y probablemente tenían una buena excusa para no atender al misterioso herido que estaba medio muerto. Una de las razones para pasar de largo podría ser evitar el contacto con la sangre, lo cual implicaría incurrir en impureza legal, inhabilitándose así para el culto, según la ley. Por el contrario, el samaritano, que será el que se detenga, es el paradigma de persona despreciada por los judíos. Sin embargo, de él dice Jesús que «se compadeció», «le vendó las heridas» y «lo cuidó». El Evangelio insiste, por lo tanto, en que la actitud del samaritano no se reduce a un diagnóstico o a experimentar lástima por el gravemente herido, sino que se puso manos a la obra para procurar restablecerle hasta que se curara.
Jesús, el Buen Samaritano
La parábola del buen samaritano cambia por completo el sentido de la pregunta inicial realizada por el maestro de la ley, ya que el Señor pone en el foco de atención no al herido, como prójimo, sino al samaritano, como quien se ha comportado a modo de verdadero prójimo. La respuesta final de Jesús, «anda y haz tú lo mismo», supone una advertencia del Señor a todos los que escuchamos este texto de Lucas. No es posible vivir un amor a los hombres genérico y sin concreción. Para «heredar la vida eterna», pues, no son suficientes las buenas intenciones o propósitos. Es imprescindible hacerse el prójimo, de manera real, de quien nos necesita. Si alguien se ha comportado como verdadero prójimo con nosotros es Jesús, quien nos ha mostrado la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, y quien asumiendo en todo la condición humana, salvo en el pecado, nos cura, nos lleva en su propia cruz y nos cuida constantemente. Una vez más, el reconocimiento de Jesucristo como modelo de vida nos ayuda a practicar la misericordia con quien está necesitado de nuestro auxilio.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». Él respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con todo tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”». Él dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».


Lucas 10, 25-37






sábado, 6 de julio de 2019

Masiva asistencia ayer viernes a la Santa Misa de Hermandad en la que homenajeamos a nuestra Madre María Santísima de la Esperanza con una Ofrenda floral

Fotografías de N.H.D. José Soto Rodríguez














Magnífica galería fotográfica de nuestra Amantísima Titular realizada por N.H.D. José Soto Rodríguez

























Satisfacción unánime en nuestra Hermandad de las Cinco Llagas por el espectacular resultado de la restauración de María Santísima de la Esperanza.


Los asistentes del equipo de Gobierno junto a las restauradoras Dña.Cristina Espejo y Dña. Pepa Segura
Foto: D. Víctor Velo





Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)
«Poneos en camino»

La designación por parte del Señor de 72 discípulos, que son enviados delante de Él para preparar el ambiente, es una peculiaridad del Evangelio de San Lucas. Movido por su interés en subrayar la universalidad de la misión, Lucas nos hace ver en los nuevos discípulos a todos los pueblos a los que debe ser anunciado el Evangelio, ya que este número simboliza esta totalidad. La razón de ello es que 72 era el número de las naciones enumeradas en el libro del Génesis. Esta multiplicación de discípulos nos hace tomar conciencia de la necesidad de testigos y misioneros que exige la predicación del Evangelio desde su inicio, al mismo tiempo que nos permite tomar conciencia de que esta tarea nunca se ha detenido en la vida de la Iglesia. En la actualidad, en los 72 se puede ver a todo el pueblo de bautizados que seguimos siendo animados a llevar la Palabra y la salvación de Dios hasta los confines de la tierra. La conocida frase «la mies es abundante y los obreros pocos» atestigua que nunca sobrarán personas dedicadas al anuncio del Evangelio. Sin embargo, no es esta una tarea que pueda ser realizada por propia iniciativa. El discípulo de Cristo ni decide él mismo de manera autónoma trabajar en la viña del Señor, ni aquello que anuncia va desligado en ningún momento de la enseñanza de Jesucristo, transmitida por la Iglesia.

Las indicaciones para la misión
Lejos de realizar un envío indeterminado, Jesús da unas pautas claras y precisas sobre el modo de llevar a cabo la misión; una labor que antes de Pentecostés no irá más allá del ámbito judío. No es difícil hallar un fuerte paralelismo entre la actitud del discípulo y la propuesta de las bienaventuranzas, dado que la llamada a la humildad, la pobreza, la paz y el aceptar la persecución se presentan como las guías de este camino que ahora empieza. Aparte de ser conscientes de que han sido enviados, a los discípulos se les pide no llevar demasiado equipaje, tal y como muestra la frase «no llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias». Para ser auténtico mensajero del Señor se requiere conducirse con sobriedad, así como libre de intereses y posesiones. En definitiva, vivir sin ataduras que pueden restar impulso al anuncio del Evangelio. Este es el sentido, por ejemplo, de los votos religiosos. Quien dedica su vida a la misión que el Señor le envía es capaz de renunciar a todo lo que dificulte esa labor. El pasaje evangélico destaca que esta tarea no se desarrolla en soledad, sino apoyados los unos en los otros. Por eso Jesús no envía a los discípulos individualmente, sino de dos en dos. La compañía de los demás no se considera nunca un estorbo, sino un instrumento necesario que ayuda a valorar, calibrar esfuerzos y discernir. El Evangelio de este domingo refleja un fuerte optimismo, según se ve en el retorno con gran alegría de los 72. Con todo, el Señor les advierte de cuál es la realidad en muchas ocasiones, y los anima a buscar esa alegría no en el éxito mundanamente entendido, sino en saber que han cumplido la misión para la que han sido destinados. Otra de las características de este pasaje es la comparación que hace el Señor para mostrar el modo en el que son enviados: «como corderos en medio de lobos». Con ello se está indicando que el anuncio que van a llevar a cabo parte con una desventaja de poder humanamente entendido. No cuentan con propaganda y el Señor tampoco admite la violencia o la imposición a la fuerza del Evangelio. Sin embargo, los discípulos cuentan con la promesa de comunicar la paz. Este ha de ser el atractivo de la misión y el medio para convencer al mundo. Jesucristo es el rey de la paz. La paz es el primer saludo de Jesucristo resucitado. Y ello no es simplemente por cumplir con una formalidad en el saludo judío, sino porque la paz engloba los dones que Dios ha destinado a quienes le siguen.


  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, designó el Señor otros 72 y los mandó delante de Él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».


Lucas 10, 1-9





lunes, 1 de julio de 2019

Galería del Corpus de Minerva 2019

Fotos amablemente cedidas por D. Eduardo Rodríguez Mestre