Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Destacados del P. Alejandro Holgado en el tercer día del Triduo a Mª Stma. de la Esperanza


Foto: N.H.D. Ernesto Romero


La esperanza cristiana es la que nos levanta. La que. Va haciendo que el amor avance. En este Triduo hay mucho que pedir, mucho que ofrecer…Hemos venido a esperar por los que no quieren esperar.

La tentación nos viene a decir "mejor sin Dios", que es el susurro de toda tentación. Es la tentación de nuestro mundo que nos va envolviendo como un tsunami.

La noche siempre amanece. El día siempre prevalece en la vida de un bautizado si se mantiene en la esperanza.

José no engendró a Jesús, pero lo quiso más que si lo hubiera engendrado.

Le llamaba Juan Pablo II Custodio del Redentor. Qué buen colaborador. Cuando descubre que el que está liando algo gordo con su esposa es Dios, da un paso atrás. Pero en seguida el ángel le pide su colaboración y accede.

Hay tensión escatológica de cada instante: La Trinidad Santa quiere vivir en tí.

Dios no puede lucirse más en nuestra vida porque le hemos cerrado el paso. Pues hoy contemplamos en San José cómo se descalza y cómo colabora.

En María Santísima de la Esperanza resplandece la verdad.

La esperanza no conoce topes. Es el arma que puede vencer siempre al mundo, al demonio y a la carne.

 


martes, 17 de diciembre de 2019

Destacados del P. Alejandro Holgado en el segundo día del Triduo a Mª Stma. de la Esperanza



Foto: N.H.D. Ernesto Romero


En este segundo día, sabemos que toda noche amanece. Esa es nuestra Esperanza.

En mitad de la gratuidad, se yergue la Esperanza cristiana, que se apoya en el Señor y se apoya en María.

La esperanza cristiana es para llegar a conformar toda nuestra vida en Cristo; ella vive para darnos su luz como miembros de Cristo.

Cuántas veces hemos de reconocer que hemos intentado "puentear" para hacer una vida cristiana light.

Cristo nos promete que la esperanza no defrauda porque nos llevará a una identificación con Él. La esperanza no defrauda.

San Juan de la Cruz dedica todo un tercio de su Subida al monte Carmelo a hablarnos de la Esperanza.

San Bernardo nos dice que lo que más nos cuesta entender de Dios es que nos llena sólo de amor. necesitamos experiencia en oración para aprender de la absolutez de Dios.

La esperanza es como dejar al Señor llevar el coche de nuestra vida. Se empieza llevándole a Él, pero en cuanto vamos madurando hay que dejarle al Señor el volante de nuestra vida. Y la Virgen conoce el gps de Cristo.

¿Qué madre entrega a su hijo a sus enemigos para que éstos hereden su gloria? Sólo la Santísima Virgen.

 

lunes, 16 de diciembre de 2019

Destacados del P. Alejandro Holgado en el primer día del Triduo a Mª Stma. de la Esperanza



Foto: N.H.D. Ernesto Romero


Al entrar en la iglesia conventual de San Francisco parece que se detiene el tiempo.

María nos enseña al final del Adviento a esperar contra toda Esperanza.

“¿Hay alguna verdad más dulce que la esperanza?” dice una canción de la película Los chicos del coro. La esperanza es la que, poniéndote la verdad como punto sólido de apoyo, te garantiza la dulzura.

La esperanza es la raíz de la alegría. Los niños, con la ilusión de los Reyes Magos viven de la esperanza.

Esta es la verdad: que te conozcan a Ti, Padre, y a tu enviado Jeducristo.

La esperanza es la que nos califica como cristianos. La esperanza es la que nos levanta de nuestras caídas y nos pone en el camino de la Redención.

Nuestros deseos a veces esconden nuestro único gran deseo. Y la virtud de la esperanza lucha contra las falsas esperanzas. San Agustín: “Peor que la desesperanza es la falsa esperanza”. Es decir, una esperanza sin fundamento. No está en la mano de los novios contrayentes ratificar la promesa de fidelidad. Se necesita el apoyo en Dios.

Porque una esperanza sin fundamento es una vergüenza.

El Papa Francisco dice que la esperanza es un ave que no deja de batir las alas. La esperanza es tuya: es tu batalla personal. El que espera ora et labora.

La esperanza nos tiene que poner en pie el testimonio de esta alegría que nos viene de Cristo.




jueves, 12 de diciembre de 2019

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Domingo III de Adviento (ciclo A)
«Lo que estáis viendo y oyendo»

Con las palabras Gaudete in Domino (Alegraos en el Señor), ha comenzado tradicionalmente la celebración eucarística del tercer domingo de Adviento. Se trata de un canto cuyo texto pertenece a la carta de san Pablo a los filipenses y que da nombre a este domingo. El gozo de este tiempo de espera en el Señor se condensa en este día, en el que las oraciones y las lecturas también expresan con alegría que la salvación de Dios llega. En el Evangelio aparece en primer plano Juan Bautista, que tiene interés por conocer si Jesús es realmente el Mesías: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». La pregunta de Juan se encuadra en una serie de pasajes en los que se plantea la cuestión de la identidad del Señor. En este caso es Juan el que manda a sus discípulos a preguntarle a Jesús, pero en otros pasajes es el mismo Jesús el que interroga a sus discípulos sobre su persona.

La salvación ha llegado
La respuesta del Señor alude de modo inmediato a la novedad traída por su persona. Si siglos antes el profeta Isaías había predicho el final del destierro en Babilonia con el ambiente de alegría que refleja la primera lectura de este domingo, ahora Jesús solo pide mirar alrededor para constatar que la acción de Dios ha llegado de modo definitivo y radical. Si el profeta Isaías acude a imágenes poéticas, estableciendo un paralelismo entre la alegría del campo en primavera y la novedad de la salvación, la respuesta del Señor se centra sobre todo en lo que afecta a los hombres. Y antes de enumerar cuáles son las obras de salvación, hace referencia a «lo que estáis viendo y oyendo». El Señor es directo en su afirmación y no idealiza un futuro más o menos remoto, sino que quiere que fijemos la mirada en la acción real de Dios en la historia. En realidad, el Señor acude al mismo modo en el que el pueblo de Israel había sido consciente de la presencia de Dios en su historia: reconocían a Dios porque eran salvados de sus enemigos, fueran estos el faraón o los babilonios; y esto solo podía ser obra de un Dios mayor que los dioses extranjeros. La llegada de la salvación produce, por lo tanto, una transformación en el hombre: «los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen», son algunas de las novedades realizadas por el Señor, de las cuales todos eran testigos y suponían el cumplimiento de la profecía anunciada en la primera lectura.

Una salvación no deslumbrante
El Evangelio de este domingo constata que con el comienzo del ministerio público del Señor ha comenzado la salvación, pero también que esa salvación se hace desde lo pequeño y humilde. La frase «los pobres son evangelizados» refleja que a ellos se dirige especialmente la buena noticia del Señor, que es un mensaje de esperanza para las personas más alejadas de la alegría, ya que no esperan nada de la vida. Lo pobre aparecerá siempre en el Evangelio, tanto para referirse a las personas más humildes como a lo pequeño, lo insignificante, lo oculto, que será lo que tantas veces dé los mayores frutos para el Señor: el grano de mostaza; el grano que cae en tierra y muere; la sal, que no se ve, pero da sabor; la levadura en la masa. Muchos en tiempos de Jesús pensaban que el Mesías llegaría al son de trompetas, como si se tratara de un héroe victorioso. Sin embargo, la venida del Señor va a traer consigo la bondad, la misericordia y el amor de Dios hacia los más pequeños. Esto es algo que podía decepcionar a quienes esperaban un Mesías destinado a imponerse sin más espera. Y esta es la otra gran enseñanza de este tiempo: la espera del Señor exige paciencia. El que no se escandaliza del Señor es el que sabe aguardar y comprende que a menudo nuestros tiempos no son los de Dios y confía todo a los momentos y ritmos que la salvación de Dios va marcando en la historia de cada uno y de toda la sociedad.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».



Mateo  11, 2-11






Rogad a Dios en caridad por el alma de don Pedro Ríos Sánchez, padre de N. H. Dña. Mercedes Ríos Montánchez y del Consejero delegado de la Madrugada D. José Carlos Ríos Montánchez






Las exequias por su eterno descanso se celebrarán en el tanatorio de Jerez mañana viernes a partir de las 10,00 horas.





miércoles, 11 de diciembre de 2019

martes, 10 de diciembre de 2019

jueves, 5 de diciembre de 2019

Evangelio y copmentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

Solemnidad de la Inmaculada Concepción/Domingo II de Adviento (ciclo A)
«Alégrate, llena de gracia»

Desde hace siglos, España conmemora de modo singular esta solemnidad de santa María, de tal modo que se nos concede interrumpir el ritmo de los domingos de Adviento para que prevalezca esta fiesta de la Virgen. Aun así, con esta celebración no se introduce una temática nueva en este tiempo de espera del Señor. Más bien se pone el acento en el comienzo de la salvación que llega a través del Señor gracias al  de María. El pasaje del Evangelio de este domingo presenta el fundamento bíblico del reconocimiento de María como concebida sin pecado. Al llamarla el ángel «llena de gracia», antes incluso de pronunciar su nombre, se está reconociendo en ella –como nos ha recordado el Papa recientemente–, el rasgo que prevalece sobre su propio nombre. La plenitud de gracia de María, que se confiesa en esta página evangélica, será algo propio en el recuerdo y celebración de la Madre de Dios en la vida de la Iglesia.

María, presencia de Dios
El Evangelio comienza situando a María, a través de la aparición del ángel Gabriel, en Nazaret. También sabemos que esta Virgen estaba desposada con José, quien pertenecía a la casa de David. Varias son las realidades que merecen nuestra atención. En primer lugar, al igual que ocurre con otros acontecimientos relacionados con el nacimiento del Señor, la narración del evangelista nos sitúa en unas coordenadas espacio-temporales concretas, con la finalidad de destacar que se trata de un hecho real y no de una fantasía. Ese es el motivo, principalmente, por el que se ubica con precisión la localización de Nazaret. En segundo lugar, se vincula a María con José, perteneciente a la casa de David, pues de este linaje debía nacer el Mesías. En tercer lugar, tanto el lugar de la anunciación como María misma eran irrelevantes para los contemporáneos de la Virgen. El único motivo que se da para que el ángel sea enviado a María es el haber encontrado gracia ante Dios. Y precisamente en esta gracia se percibe la continuidad con lo que va a suceder: «llena de gracia», significa también «el Señor está contigo». El Evangelio está señalando a María como lugar de la presencia de Dios. Si María estaba ya, desde su concepción, llena de esta presencia del Señor, a partir de su respuesta afirmativa a las palabras del ángel, será morada y habitáculo del Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo. De hecho, la visión de María como portadora del salvador llevará a aplicarle a través de los siglos calificativos utilizados también para señalar los lugares donde Dios habitaba. El ejemplo más significativo es la designación de María como templo de Dios o su asociación con Sion, el monte en el que el Señor habita.

La belleza de la gracia
María es preservada del pecado original como preparación para ser la madre de Jesús. Este hecho nos permite llenarnos de admiración y contemplar lo que supone que exista una criatura humana sobre la que el mal no ha tenido poder. En realidad, esta gracia anticipa la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, es un fruto adelantado del Misterio Pascual. Por eso escuchamos como primera lectura el relato del pecado original del libro del Génesis. Aplastando la cabeza de la serpiente, María representa el triunfo anticipado sobre todo lo que condena al hombre. Además, en la tradición cristiana, la belleza de María, toda hermosa, ha sido el modo en el que a lo largo de los siglos la piedad ha reflejado la gracia y la humildad de María. Si ella es el punto culminante de esta hermosura, lo es porque Dios la ha revestido de esta belleza, que remite a Él. Puesto que humanamente la belleza atrae, la humildad de María ha reclamado también la atención de Dios, que ha mirado su humildad, como cantamos en el magníficat. Así pues, a través de este atributo se representa la limpieza del pecado y la humildad que adornan a María. Mirándola a ella, a los cristianos se nos impulsa a responder a la gracia, como al mayor don que podemos recibir del Señor.



  Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia de Madrid




Evangelio

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, «porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.



Lucas 1, 26-38






lunes, 2 de diciembre de 2019

El pasado sábado disfrutamos de un reconfortante Retiro de Adviento

Fotos: N.H.D. Ernesto Romero y N.H.D. Diego Parra







domingo, 1 de diciembre de 2019