Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jerez de la Frontera

viernes, 17 de julio de 2015

Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XVI Domingo del Tiempo ordinario
Venid vosotros solos

El mundo va cada vez más deprisa. Es impresionante pensar que ahora podemos viajar a la India en unas pocas horas y sin despeinarnos. Hace cuatro siglos, para el mismo viaje, san Francisco Javier estuvo casi un año a merced de las olas y de los vientos, pasando necesidades en un barco de madera, la mitad de cuyos pasajeros murieron por el camino sin haber podido llegar nunca a su destino.
La Tierra se ha convertido en una gran ciudad, cuyas calles están llenas de gentes que van y vienen. Las rutas aéreas y marítimas mueven a miles de millones de viajeros en todos los sentidos.
Lo mismo pasa dentro de cada país, en nuestros pueblos y ciudades, y en nuestras casas. La movilidad y la comunicación son cada vez más intensas y rápidas. La gente se mueve muchísimo. Quien no viaja siente como si le faltara algo vital. Además, las personas están muchas veces como ausentes, colgadas siempre de los mensajes que les llegan por sus teléfonos móviles o por otros instrumentos de última generación. A quien no recibe tuits o no los manda, le parece que está fuera de la corriente de la vida.
En medio de esta apresurada marabunta, ¡qué bien suena la invitación de Jesús!: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Podemos pensar que estas palabras son el comienzo de esa tradición cristiana, tan fecunda, del retiro espiritual. El Señor nos invita a retirarnos del trajín de la vida para estar un poco solos con Él.
El modelo del retiro espiritual nos lo ofrece el mismo Jesús. Los evangelios nos hablan con frecuencia de su costumbre de interrumpir su actividad apostólica para retirarse a estar a solas con el Padre en tardes y noches de oración. Además, el largo tiempo que precede a su vida pública, bien puede ser considerado como un prolongado retiro de treinta años, dedicados al trabajo oculto y a las cosas del Padre. El tiempo del anuncio público del Reino de Dios lo comenzó con cuarenta días de oración y ayuno en el desierto.
La vida de Jesús es, por sí misma, una denuncia del activismo y de las prisas. Es cierto que la misión apremia, que no podemos estar mano sobre mano, cuando la mies es tan inmensa y los trabajadores tan pocos. Pero también es cierto que el trabajo apostólico y, en general, el trabajo humano, no podrá ser verdaderamente fecundo si se rige sólo o principalmente por la prisa de hacer, por la fiebre del movimiento y de la comunicación.
La razón es bien sencilla. Tan importante es ser como actuar; tan fundamental es recibir como dar; tan bueno es padecer como hacer; tan hermoso es contemplar como proyectar. El pecado nos engaña y nos lleva al error de pensar que lo único que realmente importa es actuar, dar, hacer y proyectar. Pero sin ser, recibir, padecer y contemplar perdemos el alma, nos convertimos en seres carentes de corazón, incapaces de hacer las cosas bien.
Respondamos a la invitación de Jesús a estarnos solos con Él. No tengamos miedo. No perderemos el tiempo ni se debilitará nuestra personalidad. Por el contrario, sólo así podremos ser cristianos y humanos. Entonces, la misión será fecunda. Como la de Javier.


+ Juan Antonio Martínez Camino



Evangelio

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo:
«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.


Marcos 6, 30-34




lunes, 13 de julio de 2015

Virgen del Rosario de Montesión en la Campana de Sevilla 2015 HD

Selección de instantáneas de la visita de nuestra Hermandad de las Cinco Llagas a la Hermandad de Montesión, de Sevilla, el pasado día 21 de junio






















Fotografías de Nuestras Sagradas Imágenes tras su último cambio



La Hermandad de las Cinco Llagas felicita a Manuel Muñoz Natera, nuevo Hermano Mayor de la Sagrada Cena, y a los miembros de su Junta de Gobierno, a los que les deseamos toda clase de éxitos en su legislatura


Previas periodísticas de la ponencia de José Jácome González con motivo del ciclo de ponencias formativas enmarcada en el programa del LXXV Aniversario de la Reorganización de nuestra Hermandad de las Cinco Llagas



Evangelio y comentario

Fuente: ALFA Y OMEGA

XV Domingo del Tiempo ordinario
Un bastón y nada más

Las vacaciones son para muchos un tiempo de ponerse en camino. Se deja la casa y el lugar habitual de la vida para irse a otra parte a desconectar por algunos días del ambiente ordinario. Incluso quienes no pueden o no quieren moverse de su sitio, procuran modificar sus hábitos para poner en movimiento su mente y su espíritu.
Hacer los caminos de la tierra y del alma es la condición inevitable de la vida humana. Resulta tópico decir que somos naturalmente peregrinos. Aunque no nos demos cuenta o no lo pretendamos, nuestra existencia es siempre un movimiento hacia otros lugares y otros horizontes de vida. Algunas personas no se mueven nunca del sitio, como los monjes y las monjas que hacen voto de estabilidad. Pero tampoco para ellos hay un día igual que otro, ni dejan de moverse hacia el futuro que se les acerca.
Si nuestra condición es la de caminantes, no parece muy razonable que nos carguemos con demasiadas cosas que llevar con nosotros. La lengua clásica llama impedimenta a los equipajes y avituallamientos que se llevan para la marcha. Porque, efectivamente, esas cosas impiden que el camino pueda hacerse con ligereza e incluso pueden entorpecer por completo el avance si llegan a ser realmente excesivas.
Jesús envió a los Doce de dos en dos para una primera experiencia apostólica. Y «les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más». Es decir, los envía sin nada que pudiera entorpecer el camino de su misión.
El camino de los cristianos no es otro que el camino que todo ser humano está llamado a recorrer en su condición de peregrino. Vamos hacia la casa del Padre, hacia el Cielo. Nuestra existencia perdería su sentido si la concibiéramos como un vivir clausurado en el mundo, absolutamente cerrado por la muerte. El espíritu humano se mueve hacia el Infinito. El corazón humano late movido por un amor sin límites; por el Amor divino que ha impreso en él el anhelo del reconocimiento incondicional. Todo el mundo sería poco para tal movimiento y tal anhelo. Somos peregrinos hacia Dios.
«Un bastón y nada más». Nos basta lo necesario para mantener la marcha. Nos sobra lo que nos impide caminar. En realidad, nos basta con la Gracia y el Amor de Dios. Todo lo demás es, al final, prescindible. Todo lo demás se puede convertir incluso en un lastre que haga fracasar nuestra existencia de peregrinos y nos hunda en el abismo de una quietud sin Dios en la que se cifra el horror posible de la perdición absoluta.
Nada de este mundo nos ha de atar a él. Nada. Pero el Señor los envió «de dos en dos». El camino ha de iluminarse con la compañía del Resucitado. En el otro se encuentra al Viviente. En el rostro del prójimo encontramos ya de algún modo al Dios hacia el que caminamos. Está también la Iglesia, ese otro humano-divino, sujeto social de la presencia sacramental del Espíritu, que nos orienta y mantiene en el camino.


+ Juan Antonio Martínez Camino



Evangelio

En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:
«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa».
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


Marcos 6, 7-13




domingo, 5 de julio de 2015

Recordatorio: Próximo viernes 10 de julio, Santa misa de Hermandad y conferencia del oficial de la Hermandad de la Vera-Cruz y miembro del CEHJ José Jácome González

El próximo viernes día 10 de julio, a las 20,30 horas, esta Santa Hermandad celebrará Santa Misa de Hermandad.


Y dentro de la programación de los actos conmemorativos de la actual efemérides del LXXV Aniversario de la Reorganización de esta señera corporación nazarena, a continuación tendrá lugar la sexta de las ponencias mensuales que en esta ocasión protagonizará, a partir de las 21.00 horas, el sr. don José Jácome González, oficial de la Junta de Gobierno de la jerezana Hermandad de la Vera-Cruz y miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, quien dictará la conferencia titulada ‘Historia de la Antigua Hermandad de las Cinco Llagas de 1561’


Selección de fotografías, cedidas por varios hermanos, de la visita y encuentro institucional de nuestra Hermandad de las Cinco Llagas y la sevillana Cofradía de Jesús de la Pasión

















Publicación en Diario de Jerez de la noticia del encuentro institucional de nuestra corporación nazarena con la sevillana de Jesús de la Pasión

De la edición de Diario de Jerez del pasado lunes 29 de junio


La Hermandad de las Cinco Llagas felicita muy fervientemente al recientemente elegido Hermano Mayor de la Hermandad del Cristo de la Expiración, José Manuel García Cordero, deseándole toda clase de éxitos y venturas en esta su segunda legislatura


Evangelio y comentario

XIV Domingo del Tiempo ordinario
En su casa

Estar en casa es muy bueno. Los humanos necesitamos un lugar donde reposar, donde respirar tranquilos, donde vivir a gusto, en un ambiente acogedor y protegido. La casa propia es como un oasis en medio de desierto. Porque, a veces, el mundo se presenta hostil. Tanto las condiciones climáticas como las sociales no siempre son favorables. Por eso, es tan vital el hogar familiar o la casa en la que vivir. En casa podemos florecer.
Es triste no tener casa. Es dramático lo que les pasa a algunas familias que pierden su casa: una lesión muy seria a la dignidad humana. Lo mismo sucede con la casa común de la Humanidad. No deberíamos perderla, ni siquiera ponerla en peligro. Lo acaba de recordar el Papa Francisco en su segunda encíclica, Laudato si. La naturaleza es como la casa común de todos los hombres. No podemos ser irresponsables con ella, maltratándola al antojo de una voluntad desmedida de poder.
Además de la casa familiar y de la casa universal, existe también la casa personal. Los individuos tampoco vivimos a la intemperie de los deseos o de la voluntad para organizar a nuestro arbitrio nuestras condiciones de vida. Tenemos también una naturaleza personal, que merece reconocimiento y cuidado. Es irresponsable hacer cualquier cosa con nuestro cuerpo y con nuestras relaciones. Hemos de cuidar también la ecología personal, porque, si no, lesionamos nuestra dignidad y hacemos más difícil, o incluso imposible, nuestra propia vida y la de los demás.
Jesús se queja, dolorido, de que no fue bien recibido precisamente «en su casa», en su pueblo de Nazaret. «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». Son palabras inquietantes, que nos advierten de la fragilidad de nuestra vida en el mundo.
Ni siquiera en casa podemos estar del todo tranquilos. También allí se halla presente el enemigo de Dios y del hombre. Es más, justo en casa es donde el mal actúa de modo más peligroso, sibilino y persistente. La casa de la propia persona se halla amenazada por la soberbia del corazón. En la casa familiar anida el demonio de la discordia entre los padres y de la envidia entre los hermanos. Los pueblos se dividen en grupos y se enfrentan violentamente con otros pueblos con pretextos diversos que ponen en peligro la casa universal. También la Iglesia, la casa del Señor, es profanada a veces, incluso para dar pábulo al pecado público bajo la falsa apariencia de la caridad personal.
Pero no perdemos nunca la esperanza. Sabemos que nuestra casa verdadera es la casa del Padre, el Creador infinitamente bueno, que nos ha preparado el camino de la victoria. El desprecio que Jesús sufrió en su casa de Nazaret no era más que un adelanto del rechazo que lo iba a llevar en Jerusalén a la Cruz y a la Gloria. Aunque se derrumbe nuestra casa terrenal, tenemos una mansión eterna en el Cielo. Movidos por la fuerza de esta fe, no nos cansamos nunca de comenzar siempre de nuevo en el cuidado de nuestras casas de este mundo.


+ Juan Antonio Martínez Camino



Evangelio

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas, no viven con nosotros aquí?»
Y desconfiaban de Él.
Jesús les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos, y se extrañó de su falta de fe.


Marcos 6, 1-6